AMALEK EN EL CAMINO

Si una persona sólo busca luz, amor y la revelación de la Divinidad, la mitzvá de eliminar a Amalek no siempre resulta tan sencilla. Sin embargo, no hay elección. Necesitamos una guerra total y despiadada contra el mal absoluto y diabólico de Amalek. Podemos entender esta guerra como una necesidad irremediable, como una etapa en el camino hacia la verdadera y completa redención, cuando Dios eliminará el espíritu de impureza del mundo y no habrá más muerte. Hay tres mandamientos que competen al colectivo judío en la Tierra de Israel, que serán cumplidos por el Mashíaj: Primero, nombrar un rey digno de gobernar sobre la nación judía. Entonces el rey debe destruir a Amalek. Posteriormente, debía construir el Sagrado Templo en Jerusalén.

Puede parecer que la destrucción de Amalek es simplemente un medio para alcanzar el fin, que es el Templo Sagrado. Pero relacionarse con algo únicamente como un medio, simplemente como el camino hacia el destino, es en sí mismo un punto de vulnerabilidad que atrae a Amalek, de quien la Torá dice, “que él (Amalek) te encontró (enfrió) en el camino. “[1]

Como regla general, Amalek enfría nuestro entusiasmo y nos separa del servicio a Dios. Él arroja dudas (safek en hebreo, numéricamente igual a Amalek) sobre nuestras acciones, nos arrebata la vitalidad y nos deja con una inquietante sensación de que hemos actuado por estricta e involuntaria necesidad. En términos de Jasidut, Amalek nos hace pasar del estado de mirar hacia adelante (expresado por la voluntad y el deseo, y mirar directamente con un semblante complaciente) a una situación de “dar la espalda” (expresado por coerción y falta de voluntad, como quien le da la espalda a su enemigo, aunque deba hablarle o darle algo). Después de que Amalek nos canaliza desde un estado de rostro al frente a un estado de dar la espalda – es fácil para él quitarnos la conciencia colectiva por completo.

A veces, sin embargo, Amalek es más sutil. Nos deja algo de calidez y vitalidad, pero afirma que actualmente estamos ocupados con los medios y aún no podemos dedicar nuestras energías al destino. Participar en los medios para lograr un fin importante puede ir acompañado de relativa vitalidad y calidez. Sin embargo, sigue siendo un estado de vuelta atrás en el que la persona se concentra en lo que sucederá más adelante. En lo que a él respecta, sería mejor estar ya en el destino y no retrasarse a estas alturas. Éste sigue siendo el sentimiento de necesidad, aunque sea más sutil. Se expresará en falta de atención al detalle – después de todo, si esto es sólo un medio para un fin, toda la atención al detalle se centra en el destino final. Los detalles caracterizan el rostro – ojos, oídos, nariz y boca. La parte trasera, por el contrario, aparece con pocos detalles destacables. En el momento en que perdemos interés en los detalles de lo que está sucediendo ahora, en el presente – y sentimos que, en cierto nivel, ocuparnos de ellos es una necesidad irritante – abrimos la puerta a Amalek, que quiere separar la cabeza/el destino final del cuerpo/la aplicación. Amalek arroja dudas sobre la importancia y necesidad de los pequeños detalles en los que nos involucramos.

Por lo tanto, para superar a Amalek, tenemos que saltarnos el punto débil de los medios o el camino – debemos relacionarnos con nuestro lugar en el aquí y ahora como una meta en sí misma. La destrucción de Amalek no es simplemente el medio para el fin del Templo Sagrado – es una directiva de Dios que se sostiene por si sola. Cuanto más nos adentremos con entusiasmo y sinceridad en nuestro servicio a Dios en el presente, éste se expande y florece en una miríada de hermosos detalles.


[1] Deuteronomio 25:18

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *