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11 HUMILDAD. UNA MORADA PARA D-OS

Los Siete Principios de Servicio Divino para los Gentiles Rectos

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Humildad

 Una Morada para Di-s

 

Una forma de entender la diferencia que existe entre un judío y un no judío es considerar al judío como dador y al no judío como receptor.

Todas las etapas del proceso creativo (la evolución de los mundos, la interacción entre ellos y su unificación final) dependen de la dinámica de dar y recibir. La voluntad para dar y la voluntad para recibir son las dos fuerzas cósmicas fundamentales.

La voluntad de dar es el principio “masculino” en la creación, mientras que la voluntad de recibir es el principio “femenino”. La voluntad de dar es graficada en Cabalá como una proyección convexa. La voluntad de recibir, se retrata como un receptáculo cóncavo.

Para darse cuenta que uno es un recipiente vacío hay que experimentar la humildad existencial, es decir la dimensión interna del atributo Divino de reinado, el séptimo y último de los atributos emocionales del alma. Como “conclusión” de toda la experiencia emotiva, el sentido de humildad implica una dependencia total en la benevolencia de Di-s.

El deseo más profundo de Di-s en la creación es que nuestro estado de realidad (el más bajo) se transforme en una “morada” para Él, un hogar en el cual pueda revelar Su esencia absoluta, como se explicó anteriormente. La humildad en el alma es el estado de “hogar”.

El “vacío” del recipiente se eleva y atrae hacia sí mismo la “proyección” del dador. Profundo, en el inconsciente del dador está el reconocimiento que el origen del receptor “precede” (en la esencia Divina) al origen de su propio ser.

Todas las almas desean ascender del nivel de “animal” a “hombre” (para afianzarse, por así decirlo, a la “firma” de Di-s representada por Israel, “el primogénito de Di-s”). El receptor es el que eleva desde abajo (mientras permanece abajo) la voluntad del dador para hacerlo descender y entrar en el “hogar” creado por él.

De esta manera, el propósito final del mundo no judío es hacer de este mundo un “hogar” acogedor, una morada apreciable para que el pueblo judío entre y la bendiga. Con eso, el dador y el receptor se conectan y la Divina Presencia desciende para iluminar la realidad inferior.

De esta manera, concluimos con el pensamiento que la relación rectificada del judío con el no judío es una sociedad, casi como una sociedad de marido y mujer. La esposa, es la fiel compañera, y con eso, expresa su humildad y dependencia existenciales hacia su marido, mientras que el esposo, sabiendo que el origen del alma de su esposa precede a su propia alma, despliega su propia humildad y dependencia existenciales hacia su mujer.

Di-s mismo es el “tercer socio” de todo matrimonio; y gracias a su poder es que el matrimonio se consuma y fructifica.