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RABI IEHOSHÚA BEN ALAM

febrero 17, 2017
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Una Reserva de Residencia en el Cielo

A la cariñosa memoria de Moshe Iaacov ben Zeidl z”l
dedicada por su hija Silvia Rothschild. 

El sabio de la Mishná, el rabino Yehoshúa ben Alam, una vez le fue dicho en un sueño, “Alégrate, porque tú y Nanas el carnicero se sentarán juntos en el Gan Eden en el Cielo.”
Rabino Iehoshúa despertó alarmado: “¡Ay de mí, toda mi vida siempre he estado en un estado de temor de los Cielos, he trabajado sólo en la Torá, no caminé cuatro codos (2 metros) sin tzitzis o tefilín, y tengo ochenta dignos estudiantes. ¿Y din embargo todos mis logros sólo son iguales a los de este carnicero?”
Envió rápidamente un mensaje a sus alumnos que no iba a entrar a la sala de estudios hasta que compruebe quien era este carnicero. Fue de pueblo en pueblo preguntando por Nanas el carnicero, hasta que finalmente llegó a su ciudad. Los habitantes de las ciudades se sorprendieron de que el tzadik se interesara por este individuo ordinario. De todas maneras estaban dispuestos a traerlo, aunque él se negaba a venir, incapaz de creer que el gran sabio estuviera realmente pidiendo encontrarse con él. Rabi Iehoshúa no tuvo más remedio que ir a visitar el carnicero a su tienda.
Cuando llegó, el carnicero cayó sobre su rostro y exclamó: “¿Por qué hoy es un día tan especial que la Corona de Israel ha venido a visitar a su siervo?”
Rabino Iehoshúa le dijo que quería oír hablar de su conducta.
El hombre respondió: “Mi señor, yo trabajo de carnicero. Además, tengo dos padres ancianos que no pueden cuidar de sí mismos, por lo que cada día los visto, los alimento y los baño yo mismo.”
Al oír esto, Rabí Iehoshúa lo besó en la frente y le dijo: “¡Hijo mío! Afortunado eres tú y afortunada es tu suerte! ¡Y qué afortunada es mi suerte que se me ha encontrado digno de ser su pareja en el Cielo!”
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Fuente: Lmaan Ishmeu #230 – basado en  Seder HaDorot
Sobre la Lectura Semanal: “Honrarás a tu padre y a tu madre” (Deut. 5:16)

Nota del editor:
Mucho tiempo después, más de 1600 años o menos en la década de 1970:
En Flatbush, Brooklyn, escuché a un joven judío sefardí de ascendencia siria decirle a su amigo que había ido al experto local en la ley rabínica y le hizo una pregunta. Durante varias semanas fue responsable exclusiva de su anciana madre incapacitada, y él le estaba dando de comer regularmente y la bañaba. Le dijo al rabino que se sentía avergonzado y un poco culpable por desnudar su madre para bañarla. ¿Está realmente permitido hacerlo?
El rabino se levantó de su silla y le dijo: “Me paro ante usted porque usted es ben Olam Haba; Declaro que usted tiene un lugar garantizado en las más altos cámaras celestiales. (después de los 120)”.