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Desarrollar el Altruismo

julio 20, 2017
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Desarrollar el Altruismo

Para que sea completo, el altruismo debe ser desarrollado en cada una de las tres áreas de interacción humana: con Di-s, con los semejantes (siendo la relación matrimonial su forma más personal e intensa) y con uno mismo.

Con respecto a Di-s, el altruismo implica la humilde sumisión a Su voluntad. Con respecto a la esposa, encontrar en el cónyuge el alma gemela predestinada (bashert en idish) y relacionarnos con el o ella a este nivel. Con respecto a uno mismo, significa refinar el carácter.

Nuestra conciencia diaria o habitual, de acuerdo a cabalá y jasidut, es sólo una pequeña parte de la conciencia del alma, la que contiene niveles adicionales y formas de conciencia que en general no conocemos.

Se dice que estos niveles adicionales nos “rodean” o abarcan, ya que normalmente no está en nuestro focalizarnos en ellos, mientras que la conciencia normal o regular está “dentro” nuestro, denotando que podemos acceder a ella y controlarla en mayor medida.

Los niveles abarcadores son vistos como “superiores” y más “distantes”, ya que generalmente están más allá de nuestra captación o comprensión, mientras que los niveles internos son “inferiores” o más “próximos” a nuestro campo de alcance.

En general, los tres aspectos del esfuerzo espiritual requerido para cultivar el verdadero altruismo abarcan las tres grandes divisiones de la conciencia: la “conciencia abarcadora distante”, la conciencia abarcadora cercana” y la “conciencia interior”.

 

Esfera de
Rectificación
Nivel de Conciencia
Entrega a la voluntad de Di-s Abarcadora distante
Identificación de nuestra pareja del alma Abarcadora cercana
Refinamiento del carácter propio Interno

 

Concretamente, hemos aprendido que el alma comprende cinco niveles de conciencia, dos “abarcadores”, que rodean desde el exterior y tres “internos”. Estos son, en orden descendente:

 

Nivel de conciencia Nivel del alma
Nombre Hebreo Traducción
Abarcadora distante iejidáh “el singular”
Abarcadora cercana jaiáh “el viviente”
Interior neshamáh “el aliento [de vida]”
Ruaj “el espíritu”
nefesh “la fuerza de vida innata”

 

El origen del empeño judío de cumplir la voluntad de Di-s es la devoción absoluta a Él, inherente al más alto de los cinco niveles del alma, la iejidá. Esta es la esencia simple de la conciencia, que no reconoce sino la realidad absoluta y todo abarcadora de Di-s.

En la práctica raramente somos concientes de este nivel del alma, usualmente funcionamos en el contexto de los deseos y motivos de corto alcance.

Pero todos nuestros deseos se reducen en definitiva a la voluntad de existir (o de enriquecer o expandir nuestra existencia). Este deseo a su vez está basado en y permeado por el placer experimentado (o imaginado) al existir, que en si mismo está basado en la fe de que la existencia es real.

Por cuanto que la única realidad verdadera es Di-s, la iejidáh reconoce a Di-s como su fuente única de placer y el objetivo de su voluntad y deseos. Esto está subyacente en todos los pensamientos concientes. Por eso se dice que la iejidá siempre está revoloteando, “circundando” y motivando nuestra percepción conciente e influenciando a la distancia nuestro proceso de toma de decisiones.

La capacidad de reconocer nuestra verdadera alma gemela deriva de jaiáh, el segundo nivel del alma. Aquí es donde se manifiesta la sabiduría (jojmáh) innata del alma. Está también normalmente fuera de la esfera de la percepción normal y sólo se revela ocasionalmente como destellos de entendimiento inspirados divinamente. Pero como penetra la mente conciente más frecuentemente que la iejidáh, es descripta como rodeando más de cerca nuestros pensamientos concientes.

Aunque todo destello de entendimiento es una experiencia de nuestra jaiáh, es fundamental comprender que el alma de cada uno deriva de un origen común a todas las otras almas, como está dicho (Malají 2:10): “¿Acaso no tenemos todos un solo Padre?” El caso más personal de esto es el reconocimiento del alma-raíz que uno comparte con su esposa.

El proceso permanente de auto rectificación y refinamiento del carácter incluye relacionarse con los demás con un genuino amor bondadoso y altruista, a la vez que se realiza el máximo esfuerzo por anular todo motivo egoísta o interesado. Este esfuerzo concentrado de la mente y el corazón involucra los tres niveles concientes interiores del alma, la neshamáh, el ruaj y el nefesh.

En particular, la neshamáh es el nivel de la mente (la inteligencia activa del alma); el ruaj es el nivel del corazón (los atributos emocionales) y el nefesh es el nivel de acción, en general y de los rasgos de comportamiento innatos, en particular.

A través del esfuerzo espiritual concentrado, uno puede refinar su habilidad de percibir la realidad verazmente y en profundidad, sensibilizar su corazón para reaccionar apropiadamente al fenómeno de la vida y adquirir una “segunda naturaleza” rectificada al llegar a la acción y el comportamiento.

Ahora, está el principio general que “cuando más elevada es una entidad, más bajo desciende”(Likutei Toráh 2:34c). Por eso, hemos estudiado en cabalá y jasidut que el nivel más elevado del alma, la iejidáh –el origen en la conciencia de nuestro empeño en cumplir la voluntad de Di-s- se manifiesta en mayor medida en el nivel más bajo, el nefesh, a través del incremento individual de las buenas acciones.

El segundo nivel del alma, la jaiáh –la perspicacia de reconocer la unidad esencial de todas las almas judías- se manifiesta en el segundo nivel más bajo, el ruaj, al rectificar nuestras emociones y aprender a relacionarnos con los demás con cariño.

Esto deja a la neshamáh como el eje central del alma. Y, por cierto, el foco primario de nuestro esfuerzo espiritual respecto al alma es la neshamáh, que comprende el intelecto maduro y el poder de percepción de la aparentemente separada realidad. A través de la meditación concentrada, se puede entrenar la mente para percibir la realidad correctamente, tanto con respecto a ver la presencia de Di-s en el mundo, la Divina providencia, como a comprender a las demás personas y sus interrelaciones.

Nuestra percepción de la realidad refinada (neshamáh) dará origen a emociones rectificadas en el corazón (ruaj), inspirado por el jaiáh, quienes a su vez motivarán el incremento continuo de las buenas acciones (nefesh reflejando a iejidáh).