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La Verdadera Humildad y la Ilusoria

julio 20, 2017
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La Humildad Verdadera y la Ilusoria

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La humildad que acabamos de describir contrasta abruptamente con las trampas psicológicas, desgraciadamente bastante comunes, de la auto desaprobación y la auto imagen disminuida. Esto es resultado de la falta de sensibilidad hacia lo espiritual, por la cual uno pierde su conexión o identidad con su alma Divina o provoca que se debilite.

Cuanto menos nos identificamos con nuestra alma Divina, más nos centramos en nuestra naturaleza animal, que percibimos correctamente como un complejo laberinto de urgencias y conductas. Cuando sucede esto, nuestra conciencia es presa de una depresión subyacente y profunda que inevitablemente dará lugar a una sutil sensación de desesperación hacia la vida diaria, que en ocasiones sale a la superficie y se manifiesta de distintas formas.

Por lo tanto, el remedio obvio para una autoestima arruinada es simplemente redoblar los esfuerzos por hacer la vida más espiritual y realinear la conciencia con el alma Divina.

El cultivo de la autoestima apropiada balanceada con la humildad adecuada a la perspectiva de la Torá, es uno de los principales desafíos que encaran los padres al criar y educar a sus hijos. En menor medida, aunque de manera significativa, los amigos, los socios comerciales y por supuesto, los cónyuges, también pueden socavar o reforzar y reparar nuestra apropiada auto imagen positiva y nuestro sentido de la humildad.

En vista de la importancia de la humildad en cuanto a nuestras relaciones con las personas y con Di-s, es claramente esencial desarrollarla constantemente.

Con respecto al casamiento, cuando hay un conflicto entre el marido y la mujer, cada uno debe considerarse a si mismo la causa primaria de la dificultad, como ya se dijo. Si esto no es suficiente para resolver el problema, nuestro próximo pensamiento debe ser: “¿Qué me hace pensar que soy digno de ser tratado mejor que esto?” Uno debe recordar que todo lo que posee es un regalo inmerecido de Di-s, y esto incluye a su esposa y sus hijos, junto con todas sus posesiones materiales y espirituales.