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Él decía: no juzguéis solos, porque nadie puede juzgar solo excepto Uno. Y no digas “acepta mi punto de vista”, porque a ellos [la mayoría] se les permite [hacerlo] pero a ti no.

Pirkei Avot Capítulo 4, Mishná 8

Estudiamos un principio similar al comienzo de Sanhedrín: los casos monetarios deben ser decididos por al menos tres jueces, pero no por un solo juez. La excepción a esta regla es Dios, “porque nadie puede juzgar solo sino Uno”, es decir Dios, “porque Él es único en Su mundo”. Por el contrario, está escrito en el Talmud de Jerusalén con respecto a nuestra mishná:

Rabí Iehuda Ben Pazi dijo que ni siquiera Dios juzga solo, como está dicho: “Y todos los ejércitos del cielo están sobre Él, desde Su derecha y desde Su izquierda, estos se vuelven hacia un juicio favorable y aquellos hacia un juicio negativo, y aunque no juzga solo, sí firma [el veredicto] solo”.

Es posible conciliar las dos fuentes argumentando que Rabi Iehuda Ben Pazi no intenta estar en desacuerdo, sino más bien explicar que es sólo el sellado de la sentencia lo que realiza Dios únicamente, sin asesores ni jueces adicionales. Sin embargo, si este es el caso, ¿qué beneficio proporcionan las huestes celestiales al deliberar con Dios?

Para responder a esta pregunta retrocedamos a la época anterior a la creación del hombre. Allí encontramos la descripción de un “caso” presentado ante Dios y las huestes celestiales.

Rabí Simón dijo: En el momento en que Dios vino a crear al hombre, los ángeles se dividieron en grupos y facciones, algunos dijeron que no debía ser creado y otros dijeron que debía ser creado.

Hubo ángeles de verdad y paz que adoptaron el atributo de juicio severo y argumentaron que el hombre no debería ser creado. Por el contrario, hubo ángeles de bondad y justicia que argumentaron a favor de la creación del hombre. ¿Qué hizo Dios? Tomó la verdad y la arrojó a la tierra, creando una mayoría a favor de la creación del hombre, y el hombre fue creado mediante la compasión de Dios.

Si Dios tuviera que tomar la decisión de crear al hombre “solo”, Él habría tenido que presentar por Si Mismo todos los argumentos a favor de un juicio severo. En tal situación, por así decirlo, no habría podido superarlo. Por lo tanto, el objetivo de tener un tribunal de jueces en el Cielo es en realidad hacer posible romper las reglas e introducir el atributo de la compasión en el debate.

Si es así, nuestra mishná nos enseña que la razón por la que un juez debe conectarse con jueces adicionales es repartir el atributo de juicio entre tres jueces – haciéndolo más tenue y débil. Cuando esto sucede, “la bondad y la verdad se encuentran, la justicia y la paz se besan”. 

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