Parshat Vezot haberajá

La Estructura Lógica de la Lengua Hebrea

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Cabalá, Purim y el Libro de Ester (parte 2)

El texto del Libro de Ester también está conectado especialmente con la Cabalá. Para entender esta conexión debemos decir primero algunas palabras acerca del significado de las palabras en hebreo. A diferencia de muchos lenguajes modernos, el hebreo, el lenguaje de los profetas, está estructurado lógicamente.

Las 22 letras del alfabeto forman 231 shearim , literalmente “portales” de parejas de dos letras, que son la base de los shorashim o “raíces” de tres letras, de los cuales se forman todos los verbos. Al estar estructurado lógicamente, el significado subyacente y las connotaciones implícitas de las palabras en hebreo pueden ser descubiertas encontrando la raíz de tres letras de cada palabra.

El Significado Bíblico de la palabra Cabalá

En el caso de la palabra hebrea “Cabalá”, la palabra más usada para describir las enseñanzas esotéricas y místicas de la Torá, la raíz está compuesta por las letras kufbeitlamed.

En el hebreo moderno, Cabalá es usada siempre en el sentido de “recepción”. Por ejemplo, un recibo de compra o de impuestos se llama con esta palabra. En los Cinco Libros de Moisés, sin embargo, la raíz kuf-beit-lamed es usada solamente para connotar “correspondencia”. Sólo en las últimas partes de la Biblia -los Profetas y los Escritos- que aparece como “recepción”. Por supuesto, la palabra Cabalá, en tanto enseñanza esotérica de la Torá, puede ser interpretada usando ambos significados. “Como “recepción”, alude a esas enseñanzas de la “tradición recibida”.

Como “correspondencia”, se refiere a la metodología más importante mediante la cual estas enseñanzas han de ser estudiadas. En el Libro de Ester, el uso de esta raíz, kuf-beit-lamed, revela un matiz importante del significado de la Cabalá como “tradición recibida”. Cabalá en el Libro de Ester Dicha raíz aparece en el libro de Ester en tres versos, que nos revelarán un matiz específico de la palabra Cabalá. Procederemos a examinar los dos últimos.

“Y los judíos aceptaron lo que ya habían comenzado a cumplir, y según Mordejai les había escrito.” (1)

“Los judíos recibieron y aceptaron sobre ellos y sobre su simiente y sobre todos los que se unieran a ellos, de manera tal que no se interrumpa, la observancia de estos dos días de acuerdo con lo que se les había escrito, y cada año en la fecha señalada.” (2)

Estos dos versos son lo bastante similares como para dar a entender la existencia de un principio único del cual derivan ambos. Los dos se refieren a que los judíos se comprometieron a una conmemoración continua del gran milagro y la victoria de que fueron testigos. No obstante, difieren en los términos del contexto en que se expresó ese compromiso. El primer verso enfatiza el hecho de que el compromiso de los judíos en ese momento fue una continuación de lo “que habían comenzado a hacer” antes.

Los sabios interpretan esto como una referencia a la observancia de los preceptos de la Torá recibidos en Sinaí, enfocando así el verso en el pasado distante (3). El segundo verso, por el otro lado, genera un contexto de futuro remarcando que se entendía el compromiso como vinculante para todas las generaciones futuras, y también para todo prosélito que elija unir su destino al del pueblo judío. De estos versos, se infiere que los judíos de la época establecieron que los compromisos que hicieron en el momento de la revelación del Sinaí habrían de constituir un vínculo perpetuo.

Al referirse constantemente a la revelación en el Monte Sinaí como “la entrega de la Torá”, ( matan Torá ) en vez de” la recepción de la Torá” ( Cabalat haTorá ), los sabios parecen sugerir que el acto del monte Sinaí estaría mejor caracterizado por la fuerza de la iniciativa de Dios que por la temerosa recepción de Israel. La formulación misma de tal respuesta como “haremos y escucharemos” enfatiza la acción (el cumplimiento de los preceptos) sobre la recepción (escuchar, en el sentido de recibir, como ya se discutió).

En otras palabras, como explica la sensitiva lectura de los sabios de la descripción en la Torá de la revelación del monte Sinaí, Dios literalmente obligó al pueblo judío a recibir la Torá en ese momento (4). La naturaleza coercitiva de esta entrega, que fue motivada por una aparente falta de recepción por parte de los judíos, es lo que la aceptación descrita en el libro de Ester viene a compensar. Más aún, en el tiempo de la entrega de la Torá, Moisés subió solo al monte Sinaí, mientras el resto del pueblo se quedó en la base de la montaña.

Al no haber ascendido al mismo nivel de su líder, el pueblo se encontró luego vulnerable a la ofuscación y la ilusión, como está expresado por su caída en la idolatría del becerro de oro (5). Pero casi un milenio más tarde, en el tiempo de la Reina Ester, todos los judíos ascendieron la montaña proverbial y vivenciaron juntos el mismo sentimiento de Cabalá, de “aceptación”, que tuvo previamente Moisés. (6)

Estos significativos acontecimientos afectaron no sólo la tradición revelada de la ley y la práctica de la Torá, sino también la tradición esotérica. Por ello, el Libro de Ester revela que “Cabalá” no significa simplemente una “aceptación” calculada, de mente fría y hasta coercitiva, sino más bien una real y sincera voluntad de absorber y subsecuentemente desarrollar internamente el maravilloso regalo de la sabiduría interior ofrecida por el Todopoderoso.

Una vez que la recepción de la Torá completa fue realizada con la comprensión apropiada, con una habilidad de “oír” y “aceptar” claramente su sabiduría interior, fue abierta la puerta a esta sabiduría. No es sorprendente, en consecuencia, otro aspecto de la sabiduría oculta que es revelada dentro del texto del Libro de Ester, sus numerosas alusiones a conceptos y términos que en generaciones subsecuentes devinieron en conceptos y términos básicos en el diccionario de la Cabalá.

El Libro de Ester es único entre los libros de la Biblia por la riqueza incomparable de lenguaje cabalístico. Específicamente, en lo que se refiere a los nombre de las sefirot, las emanaciones de luz y energía Divina que son las fuerzas básicas de la creación, todas menos una aparecen explícitamente en este libro. Ningún otro texto bíblico exhibe tal densidad de terminología cabalística. La palabra “sefirá” misma, posiblemente la más básica en el lexicón de la tradición cabalística, encuentra frecuente en el Libro de Ester.


Notas

  1. Ester 9:23.

  2. Ester 9:27.

  3. Shabat 88a.

  4. Avodá Zará 2b.

  5. Exodo, cap. 32.

  6. De la experiencia de Moisés en el monte Sinaí, la Mishná dice: “Moisés recibió [ kibel , de la raíz kuf-beit-lamed ] la Torá de Sinaí” (Avot 1:1).

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