La Matemática del Seder

NO SABER PREGUNTAR
Extracto de un próximo volumen de la Torá y Matemáticas
por Harav Itzjak Ginsburgh – Editado por el Rabino Moshe Genuth

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En la Noche de Pesaj, justo antes de la celebración del Seder, la costumbre de muchas familias es recitar o cantar el antiguo poema titulado: “¿Quién sabe uno?” (יֹודֵעַ אֶחָד מִי ). El poema aparece en casi todos los textos de la Hagadá, el texto recitado en esta noche especial. Está estructurado en un formato de pregunta y respuesta.

El poema comienza:

¿Quién sabe uno? Yo sé uno: Uno es nuestro Dios en el cielo y en la tierra.

En este formato, el poema continúa con cada estrofa ponderando el significado judío de los números (los enteros) de 1 a 13. La guematria de “uno” (אחד) es 13. Por eso, en esencia el poema comienza con 1 y termina con “uno” (אחד).1 La respuesta dada en el poema identifica a cada número entero con un símbolo o concepto judío muy conocido.
Es bien sabido que la Seder es uno de los rituales realizados en la práctica por casi todos los judíos, independientemente de su nivel de adherencia religiosa. Debido al lugar central que ocupa el Seder en la vida ritual judía, sería apropiado decir que la forma en que este poema trata a los números sirve en efecto como el ejemplo fundamental para la educación matemática judía.
Siguiendo el contenido del poema, podemos afirmar que el fundamento de la educación matemática judía está forjando una asociación entre números y conceptos judíos particulares con los que se relacionan. Se le enseña al niño que cada número se relaciona directamente con un símbolo judío, de tal manera que la mera mención del número hará aparecer su símbolo asociado en la mente.

Los números y el Éxodo

Podríamos preguntarnos ¿en el primer lugar, por qué aparece este poema en la Hagadá que está dedica a relatar la salida de Egipto? Para responder a esta pregunta debemos comenzar por señalar que la noche del Seder es el momento por excelencia dedicado a la educación de la familia judía. La Torá ordena a todos los padres a educar a sus hijos acerca de la salida de Egipto:

Y le dirás a tu hijo en ese día, diciendo:
“En mérito de esto, Dios hizo esto por mí en Egipto.”2

La educación es tan esencial para la noche del Seder que la educación de nuestros hijos en esta noche es considerada como uno de los 613 mandamientos de la Torá. Por lo tanto, se podría concluir que de alguna manera, educar a los niños acerca de los números está relacionado con contar la historia del Éxodo de Egipto, el cual debe incluir la mayor cantidad posible de matemática. De hecho, los sabios que compilaron la Hagadá nos dicen que: “cuanto más se cuenta la historia de la salida de Egipto, se es más digno de alabanza.”

En el momento del Éxodo, Egipto era la superpotencia mundial, el centro del conocimiento y la ciencia humanos. Cuando Dios predijo a Abraham acerca del exilio en Egipto, también le prometió que sus hijos saldrían con grandes tesoros. Gran parte de este tesoro era físico (representando los pagos atrasados ​​y la reparación de 210 años de esclavitud forzada). Pero parte de ella era más conceptual e incluyó lo que en su momento fue el más avanzado conocimiento de la ciencia de las matemáticas.

El propósito del éxodo era en última instancia la revelación de Dios y la entrega de la Torá en el Monte Sinaí. Por lo tanto, el Éxodo no puede entenderse como meramente la liberación del Pueblo judío de la esclavitud física en Egipto. Más bien, el éxodo representa el primer paso para liberar a toda la humanidad, y todo el conocimiento de la humanidad, de estar atrapada en una realidad puramente mundana. El propósito de la Torá es elevar el espíritu de la humanidad a través de reconectarnos a todos nosotros con el Creador, quien desea que lo espiritual y lo mundano existan como una sola cosa.

Un paso sumamente importante para elevar el conocimiento y la ciencia se logra revelando los profundos significados Divinos de los números. Los sabios hacen hincapié en que los números son los componentes básicos de nuestra realidad.3 Esta declaración va mucho más allá de la famosa afirmación de Galileo de que: “La naturaleza es un libro y el lenguaje del libro son las matemáticas.”

De hecho, para hacer hincapié en la importancia de los números y la necesidad de santificar su significado y su uso, nos encontramos con que el primer mandamiento que Dios dio al pueblo judío, mientras todavía estaban en Egipto, fue el precepto de santificar la luna nueva. En otras palabras, establecer el calendario judío es la base misma de la práctica judía. Este precepto más que cualquier otro, requiere una profunda comprensión de la interacción entre los números y las leyes de la naturaleza.

Por lo tanto, la primera cosa que aprendemos de la inclusión del poema “¿Quién Sabe Uno?” en la Hagadá es que el establecimiento de una relación adecuada con los números en particular, y las matemáticas en general, es la piedra angular del programa educativo de la Torá. Más adelante, cubriremos las asociaciones básicas entre números y conceptos que se encuentran en este poema y en la Torá en general. Por ahora, vamos a ocuparnos de analizar la estructura del poema. Veremos que sus contenidos no sólo están destinados a desarrollar una comprensión basada en la Torá de los números y su significado, sino que su forma también refleja algunos de los patrones más básicos utilizados para analizar textos matemáticamente.


¿Quién Sabe [el significado de] “Uno”?
continuará

Este es un ejemplo del bien conocido principio: “Su final está incerto en su comienzo (Sefer Ietzirá 1:7).

Éxodo 13:8.

El Libro de Formación afirma: “Con 32 senderos maravillosos de sabiduría, Dios… creó el mundo”.

Rav. Jaim Frim
Rav. Jaim Frim

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