VOLVIENDO A LOS DIEZ AÑOS

Ben eser kofetz kegdí – A los diez años salta como un cabrito

Las Siete Etapas de la vida del Hombre

Los invitamos a meditar sobre dos de las características del mes de Tevet, la primera es su signo zodiacal, gdi, el cabrito, y el segundo su número de orden dentro de los meses del año.

Si observamos el Tanaj (1) vemos que los meses se cuentan comenzando por nisan , de acuerdo a esto Tevet es el décimo mes. Por cierto, los sabios vieron un paralelismo entre el número diez y la figura del cabrito.

Luego de meditar sobre el verso de Kohelet (2): hevel havalim, amar Kohelet, hevel havalim hacol hevel , “Vanidad de Vanidades, dice Kohelet , vanidad de vanidades, todo es vanidad”, que revela exactamente 7 vanidades, los sabios propusieron un modelo de siete etapas del ciclo de vida del hombre.

Al año de vida, explicaron, el hombre se parece al rey a quien todos abrazan y besan; a los dos y tres años, se parece a un puerco que se revuelca en el barro; a los diez años salta como un cabrito; a los veinte años se parece a un corcel brioso, que se acicala y busca una mujer; luego de casarse se parece a un burro que trabaja duro; cuando nacen los hijos se asemeja a un perro que sale a la calle a lamer pan.

Hasta aquí seis etapas en las cuales todos los hombres se asemejan. Pero la séptima etapa es diferente y depende del camino que siguió la persona durante su vida: si fue de los amei haaratzot , “los pueblos de las naciones”, que pierden el tiempo en futilidades, se parece al mono, lo aleinu , Hashem nos proteja; pero si consagró su vida al estudio y el perfeccionamiento de sus cualidades entonces vuelve a ser, como cuando tenía un año, un rey.

Aparentemente la época de “la edad de diez años salta como un cabrito” no es más importante que las demás, pero en verdad ocupa un lugar por demás central en todo el proceso de maduración en general.

Es en esencia la época de más “vanidad” y futilidad, la edad de transición en que el niño ya posee su entendimiento y comprensión, pero aun no tiene preocupaciones y es libre de corretear como un bebé.

Así debemos ver el curso de la vida como “ hevel ”, como un conjunto de juegos en un parque donde vamos saltando de uno a otro. ¿Pero cómo se logra este estado ideal? La respuesta nos la brinda justamente este mes: estando conectados con la edad de diez años y viviendo la experiencia de “saltar como un cabrito”. Esto está insinuado incluso en la guematria de las palabras: (como un cabrito) kegdí suma 37, exactamente igual que hevel .

Pensar que “todo es vanidad” suena un poco como una expresión de desesperación o desilusión, pero para quien opta por la vida es una experiencia positiva y necesaria que justamente triunfa sobre la desesperanza. A medida que nos volvemos adultos adquirimos una tendencia a caer en la amargura y el cinismo, de ver la realidad como una pesada serie de barreras que no se pueden atravesar y perder la capacidad de jugar con ella.

Cuando nos encontramos en esa situación, recordar que la vida es también un poco de vanidad frena esta caída y nos permite rescatar al niño que tenemos en el alma, que cuida la frescura y la capacidad de renovación que todavía conservamos allí.

El invernal y lluvioso Tevet nos invita a regresar a los diez años y saltar como un gdí en los charcos, insuflar en nuestros huesos secos un poco del aliento (el significado literal de hevel ) infantil de nuestra niñez y darles vida nuevamente.

¿Mono o Rey?

Otra alusión de la importancia que tiene esta edad en el ciclo de la vida yace en el significado cabalístico del número 10. Explica la Cabalah que El Todopoderoso sostiene el mundo por medio de 10 “fuerzas” llamadas sefirot . Entre ellas, la décima y última se llama maljut o “reinado” y expresa la fuerza de materializar en los hechos las ideas espirituales.

Entonces, de alguna manera los 10 años (y el décimo mes Tevet) están asociados a la energía de maljut. Esto demuestra un nexo latente entre esta edad y las etapas de apertura y cierre del ciclo de la vida, donde en ambos se menciona al rey. De alguna manera misteriosa, el cierre del círculo entre la ancianidad correcta y la lactancia está relacionado con la edad de diez años. ¿Pero de qué manera?

Por cierto, es razonable decir que la encrucijada de caminos conducentes a los dos tipos de ancianidad que nos relata el Midrash , está ubicada en los días de nuestros diez años. En esa edad de transición se resuelve la cuestión de si las vivencias de la infancia se han de olvidar y desaparecerán o si continuarán latiendo en el espíritu de la persona. Perder esa experiencia conduce a una senectud negativa, conservarla es una garantía de una ancianidad positiva y provechosa.

En efecto, la profunda diferencia que existe entre un “ am haaretz ” y un “ talmid jajam ”, entre un ignorante y un estudioso (literalmente un “discípulo del sabio”) no es producto de la posición social o económica de la persona sino de su propia decisión.

Un am haaretz es quien en un momento dado de su vida decide que no tiene más nada que aprender, que ya es un niño grande que lo sabe todo; como resultado de esto, se va encerrando en su punto de vista hasta que se vuelve una caricatura del hombre, un “mono”, que repite lo que ya sabía de antes.

El talmid jajam , por el contrario, es alguien que siempre siente que tiene algo más que aprender, que tomando en cuenta todo lo que no sabe, todavía es un niño. Un alumno eterno como este es digno de envejecer de manera tal que no olvida y merece el honor de un rey. En sus brincos infantiles huye del cavod , del honor y la gloria, pero justamente por ello este lo persigue.

Cada uno de nosotros necesita de vez en cuando detenerse y preguntarse a si mismo, si prefiere llegar a la ancianidad como un mono o como un rey. Si palpita aun en su interior la urgencia del niño curioso y saltarín, que se entusiasma por aprender cosas nuevas o no. Sólo depende de nosotros.

El Regreso del Rey

Lo que dijimos hasta ahora en cuanto al individuo, puede aplicarse también a nivel general respecto del pueblo. Así como el hombre adulto que olvida su niñez envejece rápidamente, también el pueblo que olvida los sueños de su infancia corre el riesgo de perder el rumbo.

Y he aquí que uno de los sueños especialmente apasionantes de la infancia de nuestro pueblo es el establecimiento de un reino, con rey y palacio y todo, pero al estilo judío.

Por supuesto, este sueño hoy parece completamente ajeno a la realidad. Porque para un niño de diez años es legítimo jugar a los reyes y súbditos, pero en etapas más avanzadas esto parece ser algo rayano en lo infradotado. De la misma manera, en épocas antiguas era comprensible y aceptable la ambición de establecer un reino, pero desear esto en una era moderna y sobria como la nuestra ya pasa a ser algo primitivo.

Dejar de lado la idea del reinado proviene por supuesto de la aprehensión por las tiranías que vimos en los regímenes totalitarios y las cortes corruptas contra los que se levantó la revolución francesa.

Pero el ideal del rey judío es completamente diferente de este modelo y recuerda la diferencia entre los dos ancianos que vimos antes: el despotismo nace dentro de quien ostenta el poder absoluto; quien no tiene ninguna autoridad por encima de si se siente como un niño y se asemeja al anciano am haaretz cuyo destino es volverse inflexible y desarraigarse de su pueblo.

Pero el rey judío, en cambio, es un soberano sometido permanentemente a las leyes del Soberano Supremo, “el Rey de los reyes de reyes”, HaMelej maljei hamelajim , y por lo tanto la supremacía sobre sus súbditos se suaviza al estar junto a ellos como compañero en su servicio a Hashem. Esto se asemeja al anciano talmid jajam , en el que perdura la experiencia del niño, garantizando que su autoridad no se “subirá a su cabeza” y que continuará oyendo y aprendiendo de los demás.

Incluso desde el punto de vista lingüístico el rey, melej en hebreo, es aquel que nimlaj , “que busca consejo”, y no se apresura a decidir todo por si mismo.

Al retornar en Tevet a los días de nuestra niñez, también podemos divertirnos este año con el sueño del soberano que no es un jefe de gobierno ( rosh memshalah ) que gobierna con la mano elevada, sino que es el melej-nimlaj , el rey que se aconseja y se transforma en parte del pueblo e insufla en él el aliento de la juventud.

Rabino Itzjak Ginsburgh

Nota 2. Se refiere a los 24 libros de la Torá, conocidos en castellano como la Biblia, compuesto por 5 Libros de Moshé, los Profetas y las Crónicas.

0 Shares

Lo nuevo de Gal Einai

Reciba las últimas actualizaciones

Suscríbase a nuestro Boletín Semanal

No hay spam, sólo notificaciones sobre nuevos artículos, actualizaciones.

{{ reviewsTotal }} Review
{{ reviewsTotal }} Reviews
{{ options.labels.newReviewButton }}
{{ userData.canReview.message }}
En tendencia

Artículos más populares

SERIE ELUL: 22 de Elul

22 ELUL LA EVOLUCIÓN DE LOS MUNDOS   En el mes de Elul, hasta la festividad de Hoshaná Ravá, leemos dos veces cada día el

EL MOLEJ MODERNO

“Y a los Hijos de Israel diles: ‘Toda persona de los Hijos de Israel o del extranjero que vive en Israel, que diera su descendencia

Ir arriba
Apoya

registrate dona

Copy link