Sobre los Milagros y las Velas

VIVIR CON EL TIEMPO
Mes de Kislev: Jánuca
El milagro de la vasija de aceite y el milagro de la victoria se funden en una gran luz

En Jánuca nos paramos y bendecimos con solemnidad “¡encendemos esta vela de Jánuca… por los Milagros… que has realizado para nuestros padres en esos días en esta época!” Pero ¿cuál es exactamente ese milagro? De hecho, Jánuca tuvo dos milagros. Uno el milagro de la vasija de aceite. Una vasija pequeña de aceite puro, oculto a los ojos de los griegos y que alcanzaba como combustible para encender un solo día la menorá del Templo, y alcanzó para ocho días. Y el segundo, el milagro de la victoria en la guerra, como dice la oración “Por los milagros y maravillas que has hecho por nuestros padres… Has entregado a los poderosos en manos de los débiles y a muchos en manos de pocos.”

Por encima y dentro de la naturaleza

El milagro de la vasija de aceite es maravilloso, antinatural. Tenemos mucho respeto por las leyes de la naturaleza, porque Dios creó la naturaleza (presta atención a la gematría del Nombre Elokim igual a hateva, “la naturaleza”: א-להים = הטבע = 86 . Pero el milagro revela la providencia de Dios oculta detrás de las leyes. La naturaleza misma parece oscura, ciega y mecánica, y aquí llega un milagro e ilumina la realidad con luz Divina. Esta es la luz de la vela de Jánuca, que no se puede utilizar para otro propósito, como está dicho: “y no tenemos permiso para utilizarla”, sino para revelar la fe en Dios.
El milagro de la victoria no es un hecho sobrenatural, pero es famoso y visible para todos, a diferencia del milagro de la vasija de aceite silenciosa y escondida en el Templo. La victoria es un hecho político que cambia el orden mundial. En lugar del “Malvado reino de Grecia” se levanta el reino de los Jashmonaim, una independencia política que pone en pie nuevamente al pueblo de Israel y permite la observancia de la Torá y las mitzvot en público.
Se puede amar el milagro sobrenatural de la vasija de aceitem y se puede amar el milagro de la victoria que irradia coraje y heroísmo. Amamos a los dos juntos, como si se complementaran. Se puede pensar que la victoria es solo resultado de la planificación y la audacia humanas: entonces el milagro de la vasija de aceite llega y revela la iluminación de Dios. Por otro lado, uno podría pensar que no debemos hacer nada nosotros mismos: por eso el milagro de la victoria llega y enseña que Dios ama a los hijos que van a la batalla y les da la fuerza para ganar.

Luz y calor

La llama de la vela de Jánuca ilumina la oscuridad y también calienta el frío del invierno (especialmente en la menorá completa del octavo día). La luz de las velas recuerda el milagro de la vasija de aceite cuyo propósito es iluminar. Iluminar significa descubrir lo oculto, como descubrir los secretos y misterios que estaban ocultos a nuestros ojos, descubrir la dimensión divina infinita detrás del velo de la naturaleza. Y una señal de todo esto en guematria:

אור = רז = אין סוף
luz = secreto = Ein Sof

Por el contrario, el calor de las velas recuerda al milagro de la victoria. Para ganar necesitas un heroísmo activo, el calor del corazón y el fuego de batalla. Los Jashmonaim eran judíos cálidos, “ardientes”, cariñosos y sensibles que no podían quedarse indiferentes. Y una buena señal:

יהודי חם = חנֻכה
judío cálido = Janucá

La luz está relacionada con la vista y el intelecto frío. El calor está relacionado con el corazón vivo que late. Ambos también se conectan en Jánuca. Los griegos también tenían una luz mental, el esplendor de la filosofía y la sabiduría humana, pero es una luz fría, la creencia en un “dios” con quien no tenemos ningún canal de comunicación. También había calor para los griegos, todo un mundo de pasiones, emociones y vida turbulenta (en la mitología griega), pero es un calor oscuro, sin juicio de valor moral que distingue entre el bien y el mal, permitido y prohibido.

No nos gusta la luz fría y helada como una nevera, ni la oscuridad oscura como el fuego del infierno… El judaísmo es luz cálida y un calor que brilla. La gran luz de fe en Dios que calienta y enciende los sentimientos y la vida activa, y el calor del entusiasmo y heroísmo que obra al servicio de los valores eternos del pueblo de Israel, la Torá y los mandamientos.

¡Vayamos y encendamos una pequeña vela de gran fe, del judaísmo luminoso y cálido, profundo y arrollador, sabio y victorioso!
¿Feliz Jánuca

Ver más sobre Jánuca en https://galeinai.org/januca/

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