LA FOTOSÍNTESIS

“Y Sus Hojas Serán Para Remedio”

Cedido gentilmente por el Prof. Eliezer Zeiger, Director de

Torah Science Fundation – www.torahscience.org

Basado en un discurso del rabino Itzjak Ginsburgh shlita

Nota Editorial

Está dicho en Pirkei Avot (La Ética de los Padres) 3:17: “Aquel cuya sabiduría excede a sus buenas acciones, a que puede ser comparado? A un árbol cuyas ramas son numerosas pero sus raíces escasas, y el viento viene y lo arranca de la tierra y lo da vuelta; como está dicho: ‘Y será como un árbol solitario en una tierra árida y no verá cuando venga el bien; morará en un suelo árido en tierras salvajes, aislada, inhabitable (Jeremías 17:6)’. Pero aquel cuyas buenas acciones exceden a su sabiduría, a que puede ser comparado? A un árbol de pocas ramas pero de raíces numerosas, de tal manera que incluso si todos los vientos del mundo vinieran y soplaran contra él, no lo podrían mover de su lugar; como está dicho: ‘Y será como un árbol plantado cerca del agua, con sus raíces esparciéndose hacia la corriente y no sentirá cuando venga el calor, y su follaje será verde; en el año de sequía no temerá, y no cesará de producir fruto (Jeremías 17:8)”.

En la Torá abundan los ejemplos basados en las plantas. El hombre es comparado “a un árbol del campo” y en los Salmos del Rey David, un tzadik, una persona justa, es comparado a una “palmera datilera” y a un “cedro del Líbano”. Los organismos fotosintetizadores son únicos dentro de las criaturas vivientes por su capacidad de convertir la energía luminosa en alimento. En la cabalá y la filosofía jasídica, la luz es un símbolo esencial de la emanación Divina. Los organismos fotosintetizadores como las plantas, son entonces únicos por su capacidad de relacionarse y absorber directamente la energía Divina investida en la luz, sin intermediarios. Por el contrario, los seres humanos dependemos de los alimentos derivados de la luz que previamente fue asimilada por una planta.

La Fundación Torah Science se complace en presentar “Y sus Hojas serán para Remedio”: Fotosíntesis en la Ciencia y en la Cabalá” a los visitantes de nuestra página de Internet. Este novedoso artículo explora la interfase entre la fotosíntesis, uno de los procesos estudiados más ampliamente en la Tierra, y los principios básicos de la Cabalá y la filosofía jasídica. El artículo brinda un ejemplo acerca del uso de las relaciones numéricas entre conceptos científicos y cabalísticos claves como una poderosa herramienta de investigación para revelar correspondencias entre la Torá y la ciencia. También explora los maravillosos paralelos entre los conceptos cabalísticos de la unión de las aguas Superiores e inferiores y la dinámica de la fotosíntesis y el movimiento del agua en las plantas.

Un excitante descubrimiento en fotobiología de las plantas describe cómo la activación de los movimientos de los estomas (los poros) en las hojas de las plantas por medio de la luz azul es revertida por la luz verde ((Plant and Cell Physiology 41, 171-176, 2000). Como los fotones azules y verdes son abundantes en la radiación solar, este descubrimiento implica que los estomas de las hojas están oscilando continuamente entre estados activos e inactivos en la medida que absorban fotones azules o verdes. Como se describe en “y sus Hojas serán para remedio”, el color azul corresponde a la sefirá de bondad, jesed,  y el verde a la de belleza, tiferet. Esto significa que, en términos de energía Divina, los estomas están oscilando continuamente entre la Bondad y la Belleza. La Fundación Torah Science aspira a que la investigación rigurosa de estos paralelos de Torá y Ciencia nos ayuden a comprender que “en definitiva, todo en la creación está interrelacionado, [y] en cada partícula está codificado el universo”, como se afirma en el articulo Métodos de Torá y Ciencia (de próxima presentación).

1. Introducción

¿Qué se puede obtener al tratar de armonizar la Torá –la inteligencia Divina que trasciende el intelecto humano- con los descubrimientos de la ciencia?

Una respuesta detallada a esta pregunta requiere un estudio por si mismo. Identifiquemos aquí dos puntos centrales que serán desarrollados en este artículo.

El primero concierne a la contribución que puede hacer la ciencia al estudio de la Torá. En virtud de su trato con la realidad genuina y observable (al estar basada en la experiencia), la ciencia describe mecanismos y objetos que son captados naturalmente por los sentidos humanos (y en consecuencia son comprendidos claramente por la mente). Cuando tratamos de explicar algún aspecto de la Torá, especialmente los delicados y dificultosos conceptos expresados en Torat hanefesh (literalmente, ‘La Torá del alma’, es decir la cabalá), estamos obligados a utilizar analogías que nos ayuden a concretar el tema. Si existe una correspondencia entre un concepto de la Torá y un proceso o conclusión al que se arribó a través de la ciencia, entonces tenemos un poderoso instrumento de aplicación a nuestra disposición. La abundancia de tales correspondencias, incluso respecto a un concepto en particular de la Torá, facilita la demostración de este concepto.

A nosotros incumbe, por cierto –como fue enseñado por el santo Baal Shem Tov- extraer alguna clase de lección espiritual significativa de todo con lo que nos topamos y experimentamos, incluyendo el conocimiento científico que nos es revelado. Cada cualidad que descubrimos en el mundo nos ayuda a clarificar cierta cualidad correspondiente en nuestra alma, haciendo posible aprender de la naturaleza las formas en que el hombre puede rectificarse a si mismo.

El segundo punto se refiere a destacar el efecto que tiene la sabiduría Divina de la Torá sobre el propósito del estudio científico (ver “La sabiduría del Rey Salomón”, en preparación). Esto se debe principalmente al hecho de que la realidad en general (y la realidad de la naturaleza en particular) está basada en la sabiduría de la Torá, porque “el Santo, bendito sea, miró en la Torá y creó el mundo”. (ver Zohar II, 161a). El máximo paradigma para el mundo es el propio ser humano, como está dicho en Kohelet (Eclesiastés 3:11): “… también Él puso el mundo en su corazón”, describiendo al hombre como un microcosmos. Di-s diseñó, al crear al hombre, la capacidad humana para comprender el reino completo de la naturaleza a través del uso de aquellos conceptos y arquetipos embebidos en su propio ser conciente y supraconciente.

Este ensayo se centrará más directamente en el primer punto mencionado antes. Pero de todas maneras, es nuestro deseo que la identificación de algunas de las correspondencias que existen entre los modelos científicos y los de la Torá (ver “métodos de Torá y Ciencia”) inspire a los científicos a explorar la posibilidad de utilizar la Torá para diseñar o fraguar nuevas direcciones en su trabajo científico. A medida que esas exploraciones abran nuevos horizontes, el enriquecimiento de los modelos científicos contemporáneos con aquellos hallados en la Torá expandirán de manera esperanzadora los horizontes de la investigación y ayudarán a los científicos a construir más teorías multidimensionales y complicadas, capaces de explicar el amplio espectro de los fenómenos.

2.  Oxígeno (Respiración), Alimento (Digestión)

En la Ciencia

En el proceso de la fotosíntesis, las plantas convierten la luz (la energía solar) en carbohidratos. Hay tres productos finales de este proceso: dos que son formados directamente por el proceso en si, el oxígeno y el alimento, y un tercero, el combustible (específicamente, varias formas de combustible fósil), que es un producto derivado de los carbohidratos después de un prolongado período de tiempo y que será discutido en una sección separada.

El oxígeno producido por la fotosíntesis es una fuente importante del oxígeno necesario para la respiración humana. Los carbohidratos producidos por la fotosíntesis forman la base de la cadena alimenticia; sin ellos, formas de vida complejas, como el hombre, serían incapaces de sobrevivir. A partir de la Revolución Industrial, el tercer producto final compuesto por diversos combustibles (principalmente el carbón y el petróleo), se transformó en la fuente más importante de energía inorgánica disponible para la raza humana, sin la cual la vida moderna de nuestros días no podría prosperar.

En la Cabalá

Meditaremos ahora, a través del prisma de la sabiduría interna de la Torá, acerca del significado espiritual de la producción por parte de la fotosíntesis del oxígeno para respirar y del alimento para el metabolismo. Enseña la cabalá que el sistema respiratorio humano (y la respiración en general) corresponde a la sefirá de la Corona, (keter), mientras que el sistema digestivo (y la digestión en general) corresponde a la del Reinado (maljut). El proceso completo de la fotosíntesis está, como su nombre lo dice, impulsado por la luz, radiación electromagnética visible emitida por el sol día a día, hora tras hora. Entonces se comprende que la luz del sol sea responsable del funcionamiento continuo, aquí en la tierra, de todos los sistemas que mantienen la vida, desde la respiración, que corresponde a la sefirá más elevada, hasta la digestión, correspondiente a la última, y todos los sistemas intermedios.

La supervivencia de toda la creación está encuadrada, por lo tanto, por estas dos sefirot, como lo sugiere la equivalencia numérica entre las dos frases (keter maljut) y  (bereishit bará, En el comienzo, Él creó…), ambos iguales a 1116.

Con el descubrimiento de la fotosíntesis, se volvió evidente que la luz es el fundamento físico de toda la creación (como también lo es en la Biblia, donde se identifica la luz como el primer elemento específico de la creación que Di-s llamó a la existencia: “Y Di-s dijo: ‘Sea la luz’, y fue la luz”). Por consiguiente podemos sumar el valor numérico de Luz, , or, 207, al de Keter maljut (1116) dando como resultado 1323. El valor promedio de estas tres palabras keter maljut or, (1323 / 3) es 441, el valor numérico de la palabra hebrea emet, Verdad, 441 o 212.

Ya que el proceso de la fotosíntesis es responsable de la formación de los sistemas físicos que corresponden a las diez sefirot, reflexionemos ahora sobre la relación entre la luz que impulsa ese proceso y los nombres de las sefirot “producidas” por él.

En conjunto, los nombres de las sefirot desde la corona, Keter hasta el reinado, Maljut (incluyendo el conocimiento, Daat) contienen 42 letras:

Dicen nuestros sabios que el Nombre con el cual fue creado el universo es el Nombre de 42 letras, del que está dicho (Zohar II 234 a; III 256b):

este es el portal hacia Di-s, los justos vendrán a través de él” (Salmos, 118:20), es el nombre de 42 letras, con el que fueron creados los reinos superiores e inferiores.

Hay un capítulo en el Pardés Rimonim [de rabi Moshé Cordobero, 1522-1570, conocido por su acrónimo Ramak], titulado ¿Keter es sinónimo de Ein Sof? (es decir, del Ser Infinito). Luego de deliberar acerca del asunto, el Ramak concluye que la sefirá de la Corona no es equivalente al Ein Sof, representando este un nivel incomparablemente elevado del ser Divino.

Es importante para nosotros la equivalencia numérica señalada por la Kabalá entre las palabras or y el Infinito, ein sof, que suman 207, en línea con la conclusión del Ramak, para visualizar la palabra or como por encima de los nombres de las otras sefirot, llevando en consecuencia el número total de letras a 45.

Este número es el valor numérico de hombreAdam, aludiendo a que la luz es necesaria para mantener la constelación de las sefirot metafóricamente asociadas con la forma humana [como sugiere el versículo de Eclesiastes 3:11: “también puso el mundo en su corazón“-“el hombre es un microcosmos“]. Y como veremos más adelante, la perfección del hombre en el mundo por venir está vinculada con la utilización de la luz en forma directa.

El número 45 es también el noveno número triangular, simbolizado como 9. Como tal, la palabra complementa los nombres de las sefirot tanto sustantiva, según ya explicamos, como estéticamente, al permitirnos ordenar las 45 letras en una forma geométrica triangular como esta:

Meditando sobre este triángulo, descubrimos que la suma del valor numérico de sus letras es 3549 o 3 · 7 · 13 · 13, factorizado en números primos. Adicionalmente, descubrimos que la suma de las letras desde hasta  es igual a 1729 o 13 · 19, siendo el valor de las letras remanentes desde  hasta igual a 1820, o 13 · 20. Las letras de las dos palabras , que forman la línea inferior del triángulo suman 242. El valor numérico del triángulo formado por las cuatro primeras líneas, que contiene las palabras , es 302, mientras que su eje central, compuesto por las letras , es igual a 496, el valor numérico de !

3. La Planta y la Hoja

Según la Ciencia

Las criaturas vivientes pueden ser divididas en dos categorías, basadas en la forma en que utilizan los recursos para sobrevivir. Los  organismos que necesitan comer o asimilar a otros organismos para vivir son llamados heterótrofos, y autótrofos a que sobreviven utilizando sólo materia inorgánica (inanimada).

La fotosíntesis es el proceso más importante que permite a los organismos ser autótrofos. Los autótrofos que utilizan el proceso de la fotosíntesis se denominan más específicamente fotoautótrofos. Existe un pequeño número de organismos que utilizan para sobrevivir procesos químicos diferentes al que estamos tratando, clasificados en general como quimioautótrofos.

Cuantitativamente, la fotosíntesis produce aproximadamente 160 mil millones de toneladas de carbohidratos por año, por lo que es el proceso químico más productivo sobre la tierra.

Según la Cabalá

La respiración humana actúa en forma opuesta a la de la fotosíntesis en las plantas: estas absorben dióxido de carbono en presencia de luz y liberan oxígeno, que es absorbido por los humanos emitiendo dióxido de carbono.

Así también respecto a los hidratos de carbono, que son sintetizados por las plantas en presencia de luz, y los humanos sólo lo pueden digerir y metabolizar pero no producir.

Cuando no están en contacto con la luz las plantas son como los humanos, utilizando los alimentos que sintetizan con la fotosíntesis durante el día. Los humanos en nuestro mundo son definidos como heterótrofos.

Sin embargo, la Torá habla de una persona futura, el Mesías, ( Mashíaj) que funcionará como las plantas, como un autótrofo, más específicamente un fotoautótrofo. El primer indicio de esto es que el Mashíaj es llamado por los profetas y por nuestros sabios como una “planta” (tzemaj).

Nuestros sabios han descripto el “Mundo por Venir” (olam habá) como un lugar donde “los justos están sentados con sus coronas en sus cabezas, disfrutando [o nutriéndose] del resplandor de la Shejináh [donde se inviste la presencia de Di-s]”

La expresión “sus coronas en sus cabezas” alude a la sefirá de la Corona que, como ya se dijo corresponde al sistema respiratorio humano. Por lo tanto, nutriéndose sólo con la luz Divina (el resplandor de la Shejináh) y el aire, en el Mundo por Venir los Justos (Tzadikim), aquellos individuos que se conducen de una manera justa, tendrán cualidades similares a los organismos fotoautótrofos, las plantas de nuestros días.

La luz en este caso es “el resplandor de la Shejináh, o en otras palabras, la revelación Divina futura que permeará toda la creación y será contemplada por toda carne, y esta “luz” Divina revelada será utilizada como la fuente de alimento físico. 

4. El Fototropismo y el Futuro de la Humanidad

Ciencia

El proceso de la fotosíntesis hace uso de tres componentes: luz, agua (H2O) y dióxido de carbono (CO2). Hay dos tipos primarios de foto autótrofos en la naturaleza: (1) plantas terrestres y (2) plantas acuáticas y microorganismos, como los protistas unicelulares y ciertas algas.

En el caso de las plantas terrestres la luz es absorbida por las hojas, el agua a través de las raíces y el dióxido de carbono a través de los pequeños poros de las hojas llamados estomas. La mayoría de las plantas absorben el dióxido de carbono abriendo sus estomas durante las horas del día. Pero hay plantas, como los cactus y otros que sobreviven en lugares desérticos, que abren sus estomas durante la noche para evitar la pérdida excesiva de agua durante las calurosas horas del día.

Cabalá

Ya nos hemos referido al hecho de que el Mashíaj (el prototipo del hombre Justo del futuro) es conocido simbólicamente como una “planta”. El profeta Ezequiel, en su visión del arroyo que habrá de fluir desde el templo Sagrado en el futuro por venir (  , l’atid lavó), hace referencia también a la vegetación de los tiempos mesiánicos (Ezequiel 47:12):

Y a lo largo del arroyo, en ambas orillas, brotarán toda clase de árboles frutales; sus hojas no se marchitarán y sus frutos no fracasarán; brindará nuevos frutos cada mes, porque sus aguas manarán del santuario y sus frutos serán para alimento y sus hojas para remedio.”

Nuestros sabios comentaron la expresión “Y sus hojas serán para remedio”, como sigue (Sanedrín 100a):

“…Rabi. Isaac bar Abudimi y Rabi Hisda [argumentaron a este respecto]: Uno dijo [que la hoja será remedio] liberando nuestro orificio superior [es decir la boca] mientras que el otro dijo [que será para remedio] liberando nuestro orificio inferior. También fue dicho: Jizquiáh dijo: [que será para remedio] liberando la boca del mudo, y Bar Kapara dijo [que será para remedio] liberando el orificio de la esterilidad.”

Por lo tanto, el rol de las ‘plantas’, es decir de los Justos, en el futuro por venir será el de ‘desatar’ o liberar la boca. La intención detrás de estas enseñanzas es que los Justos, especialmente el Mashíaj, enseñará a la humanidad cómo volverse ‘autotróficos’ obteniendo sustento físico directa y exclusivamente de la revelación de la luz de Di-s en el mundo.

5. Fotosíntesis y Tecnología

Ciencia

Cuando pensamos en el consumo de energía de nuestra civilización nos damos cuenta de que casi todas nuestras necesidades están abastecidas por los combustibles fósiles. Por otro lado, cada vez se hace más evidente que el uso generalizado de esta energía presenta un problema serio de polución.

Pero el límite verdadero para su utilización está basado en su disponibilidad. Está claro que nuestros recursos energéticos eventualmente deberán cambiar, probablemente en dirección a alguna clase de fusión nuclear, ya que la fisión nuclear utilizada hasta el momento también presenta problemas de polución.

La fusión es en realidad el proceso de generación de energía que se produce en nuestro sol, el cual esperamos emular utilizando la materia con que contamos en la tierra. Pero de todas maneras, en algún momento será necesario dominar la “planta de energía” de fusión del sol para abastecer las necesidades energéticas de nuestra civilización.

A la postre, incluso eso no será suficiente y por más lejos que llegue la energía de fusión, el desafío final será enjaezar el tremendo reactor nuclear que se encuentra en el corazón de nuestra propia galaxia.

En cierta medida, es posible demostrar una relación entre el desarrollo tecnológico general de la civilización y la calidad de sus fuentes energéticas, a tal punto que la transición desde un nivel de utilización de energía hacia el siguiente es un producto de  los nuevos avances tecnológicos de dicha civilización.

Cabalá

Una de las preocupaciones que acompañan el desarrollo tecnológico es el efecto que tiene sobre la humanidad. La tecnología en si misma es en su mayor parte neutral, capaz de servir tanto a nuestras inclinaciones positivas como a las negativas. Sólo depende de si el hombre la controla o es controlado por ella.

En un pasaje del Talmud que aparentemente no está relacionado con nuestro tema (BT Avodá Zará 3b 4a) encontramos lo siguiente:

Dijo rabi Shimón el hijo de Lakish: no hay gueinom (literalmente infierno) en el futuro por venir, sino que el Santo bendito sea retirará el velo del sol y ennegrecerá [los ojos], los justos serán curados por él [el sol], el malvado será juzgado por él, como está dicho (Malají 3:19): “Porque, observen, ese día está llegando, quema como un horno y todo arrogante y todo el que haga el mal será como heno y el día que está llegando los quemará dice el Señ-r de las Huestes, de manera que no les dejará raíz o rama…” y el justo será sanado por él, como está dicho (Ibid 3:20): “Pero para ti que temes mi nombre, el sol de la justicia se elevará con curación en sus alas” y no sólo eso sino que [los justos] prosperarán a causa de ello, como está dicho (Ibid): “y vosotros saldreis y brincareis como becerros que salen del establo”.

Aplicando el modelo que acabamos de describir respecto al avance tecnológico y la utilización de la energía, es posible decir que ‘retirar el velo del sol’ corresponde a la revelación y el desarrollo de nuevas formas de energía alimentando el desarrollo tecnológico de la humanidad. El ‘malvado’ puede interpretarse como aquellos individuos que no utilizan la energía de una manera beneficiosa, mientras que los ‘justos’ son aquellos que triunfan en dominarla para ponerla al servicio del bien.

La capacidad del hombre de controlar la tecnología y la modernización y no ser controlado por ella, depende de una definición clara de su mundo ético. Cuando uno vive una vida con objetivos morales claros, tales como cumplir con los mandamientos Divinos, la tecnología se vuelve un importante instrumento para alcanzar esos objetivos y además acercarnos a Di-s.

Por el contrario, si uno vive una vida sin valores, adquiriendo tecnología en aras de si misma, corre el riesgo de verse dominado por las fuerzas mecanicistas que guían ese desarrollo, a tal grado de alienarse completamente de Di-s.

6. Perspectiva Histórica del Rol del Oxígeno en la Fotosíntesis

Ciencia

La fórmula básica de la fotosíntesis es la siguiente:

6CO2 + 12H2O + luz solar <-> C6H12O6 + 6H2O + 6O2 Ecuación 1

Históricamente, las primeras investigaciones para determinar la fórmula exacta de la fotosíntesis presumían que el oxígeno generado en este proceso (el lado derecho de la ecuación 1) provenía del dióxido de carbono que entraba por la hoja (el lado izquierdo de la ecuación). Sin embargo, por el año 1940, con la ayuda de técnicas de trazado radioactivo, se descubrió que en realidad provenía de la escisión de la molécula de agua que entra por las raíces.

Cabalá

Los principales componentes del proceso de la fotosíntesis, la luz, el dióxido de carbono y el agua, pueden dividirse en dos grupos que podríamos llamar superiores e inferiores, de acuerdo con el sitio de absorción por el cual ingresan a la planta (las hojas o las raíces). Los superiores son el dióxido de carbono y la luz, mientras que los inferiores son las moléculas de agua.

El Midrash (Shemot Rabá 12:3) relata lo siguiente:

Cuando Di-s creó el mundo, decretó diciendo: “Los cielos, los cielos son para Di-s y la tierra El la dio a los hijos del hombre.” Cuando pretendió entregar la Torá, nulificó el decreto original y dijo: “Los reinos inferiores ascenderán hacia los superiores, y los superiores descenderán hacia los inferiores”.

La presunción misma de que el oxígeno producido por la fotosíntesis tiene su origen en las moléculas de dióxido de carbono que llegan desde arriba y no en las moléculas de agua que se absorben desde abajo refleja el propósito asociado con el primer decreto de Di-s que divorcia el reino superior de la Creación (oxígeno) del inferior (agua). El descubrimiento de que el oxígeno proviene del agua que se absorbe a través de las raíces, afirma la anulación de tal decreto, “permitiendo” así que ambos reinos se abracen en uno.

Esta correspondencia demuestra que la Torá no distingue entre las categorías cognitivas –con su apariencia de científicas, racionales y objetivas- y los valores morales (conocidas a veces como ética) adoptadas por el observador. Los mismos arquetipos metafísicos utilizados por la dimensión interior de la Torá (como son expresados por la cabalá y el jasidismo), describen y guían tanto nuestro desarrollo moral y espiritual como el crecimiento de nuestro conocimiento científico.

O en otras palabras, es posible analizar y comprender la expansión progresiva de nuestra comprensión científica del mundo material utilizando como modelos los  procesos de desarrollo del alma tratados en la Torá.

Ciencia

Releyendo nuestra discusión previa, encontramos tres ingredientes inician el proceso de la fotosíntesis: luz, agua y gas (dióxido de carbono). Los átomos de oxígeno del agua se convierten en moléculas de oxígeno (gas) al final del proceso, mientras que los átomos de oxígeno del dióxido de carbono (gas) terminan formando parte de las moléculas de carbohidratos producidos.

Cabalá

Estos tres componentes corresponden a los tres componentes básicos de la Creación tal como se pone de relieve en la cabalá: luz (or), agua (  , maim), y el firmamento (  , rakia). El firmamento es el elemento que separa la Divinidad (o luz) del mundo inferior (o agua). La relación entre estos tres elementos está descripta figurativamente en la letra alef, la primera del alfabeto hebreo, que comprende un punto superior (luz), un punto inferior (agua) y la línea diagonal que los separa (el firmamento).

Por lo tanto, podría decirse que la fotosíntesis dirige la interacción entre la energía Divina y el mundo. Esto se expresa con el descenso del dióxido de carbono y los átomos de oxígeno a los hidratos de carbono (la fuente de la dulzura en el mundo) y también con el ascenso de los átomos de oxígeno del agua (el origen de los placeres terrenales, como enseñan nuestros sabios: el agua fomenta todas las formas de placer) que se liberan por las hojas de la planta (posibilitando el placer Divino del alma, el “aliento” de Di-s).

Esta conexión entre los reinos superiores e inferiores encuentra su expresión más notable en lo que el Zohar llama: “la unión de las aguas superiores e inferiores”. De acuerdo con el comentario Ashmoret Haboker en el Zohar, esta unión representa la unificación del conocimiento de la Torá (la sabiduría superior) con el conocimiento del mundo (la sabiduría inferior) también llamada “la sabiduría de las naciones”. La hora que mejor refleja este encuentro de los reinos superiores e inferiores es la de la tercera comida del Shabat por la tarde, cuyo carácter mesiánico lo hace propicio para la contemplación del significado de la planta (tzemaj), el símbolo del Mashíaj.

continuará

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