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El santo rabino Itzjak Luria (el Arizal) nació en Jerusalén en 5294 (1533). Cuando era un niño su padre falleció y se mudó con su madre a la casa de su tío en Egipto. Allí estudió Torá del rabino Betzalel Ashkenazi, autor del Shitá Mekubetzet, y del rabino su rabino, el Radbaz, Rabi David ben Shlomó ben Abi Zimra.

Mientras estaba en Egipto profundizó en el sagrado Zohar. Eliahu el Profeta se le reveló y le descubrió un método nuevo y profundo en la Cabalá. De acuerdo con las instrucciones de Eliá, el Arizal hizo aliá a Tzfat y le enseñó su método de Cabalá al rabino Jaim Vital, quien escribió sus enseñanzas en forma de libro. El libro más famoso de Arizal, que incluye los puntos principales de su método, es Etz Jaim. El Arizal falleció a la temprana edad de 38 años y está enterrado en Tzfat.

Cuando el santo Arí llegó a Tzfat hacia el final de su vida (a la edad de 36 años), falleció el Ramak (Rabí Moshe Cordovero), el más grande cabalista de esa época. Hay una serie de historias sobre el Ari y el Ramak y sobre la conexión entre ambos. La versión más famosa dice que el Ari llegó a Tzfat por primera vez durante el funeral del Ramak. Después de la muerte del Ramak, el Arí sintió que la corona de la Cabalá y la dimensión interior de la Torá se habían trasladado a él. Hasta ese momento, el Ari no se había atrevido a enseñar en público, no porque careciera de atrevimiento sagrado, pero sabía que no tenía permiso del Cielo para enseñar.

Después del fallecimiento del Ramak, el Ari entendió que se le había otorgado el permiso, y entonces por primera vez comenzó a enseñar la dimensión interior de la Torá. El rabino de su rabino, el rabino David Ben Zimra (conocido como Radbaz ) ya era anciano y también vivía en Tzfat. Llamó al Ari para que viniera a él de inmediato y le prohibió continuar enseñando Torá. Pasó el tiempo y el Ari volvió a enseñar en público, a pesar de la prohibición del rabino de su rabino. Esto enfureció al Radbaz, quien lo llamó para que volviera. No sabemos qué pretendía decir o hacer el Radbaz, pero antes de que el Ari regresara a él, Eliahu el Profeta se le apareció al Radbaz (quien también fue un gran cabalista y autor prolífico sobre la Cabalá) y le reveló solo un poco de la grandeza del Arí. Cuando llegó el Ari, en lugar de reprenderlo, el Radbaz le dio completa autorización para enseñar los secretos de la Torá. “Sigue adelante con esta fuerza tuya”, le dijo, “y revela los secretos de la Torá al pueblo judío, porque la venida del Mashíaj depende de ello”.

Hacer lo contrario de lo que te instruyen tus rabinos es muy inusual. ¿Por qué el Arí hizo esto? En primer lugar, el Arizal entendió que su rabino no lo conocía completamente. Esto también es novedoso. Uno pensaría que el rabino  preeminente de una persona debería conocer a su discípulo, como Rabi Akiva le dijo a Rabi Shimon Bar Iojai que solo él y Dios conocen su valor. No obstante existen excepciones a la regla. En esta historia el Arizal sabía que su rabino no conocería su valor hasta que Eliahu el Profeta se le revelara. ¿Cuál fue la fuente del poderoso y enfocado conocimiento que el Arizal tenía de sí mismo? Esta es en realidad su innovación: que la manifestación de la Iejidá, [1] la manifestación de la verdadera esencia en el alma, es el nivel más alto que una persona puede alcanzar, más alto incluso que la revelación de Eliahu el Profeta. La audacia requerida para exponer los secretos de la Torá para disgusto de un gran tzadik que también es el rabino de uno, es más que autoconocimiento. Es más profundo: la manifestación de la iejidá en el alma. 

El Rebe de Lubavitch enseñó en varios de sus discursos que cuando se manifiesta el nivel de iejidá de una persona, no puede oponerse a ella, e incluso tiene prohibido hacerlo. La esencia de Jasidut es “no te engañes”. Una persona no debe imaginar que ha alcanzado el nivel de manifestación de iejidá. Pero quien ha merecido este nivel ha alcanzado un nivel más alto que la manifestación de Eliahu el Profeta. En cambio, si Eliahu el Profeta se le aparece a alguien y le indica que haga algo, todavía tiene que considerar si hacerlo o no.

¿Cómo sabemos esto? Se dice que el Ba’al Shem Tov fue la reencarnación de un tzadik oculto de Tzfat. Eliahu el Profeta se apareció a este tzadik oculto y le pidió que le contara lo que hizo el día de su bar-mitzvá, qué mitzvá especial había cumplido ese día. El tzadik se negó a decírselo a Eliahu, explicando que lo había hecho estrictamente solo por el honor de Dios y se negó a revelar su mérito y convertirlo en una fuente de honor para sí mismo. Esta actitud creó tanto ruido en el cielo que se decretó que el tzadik regresaría al mundo como el Ba’al Shem Tov.

De esto aprendemos que uno no siempre tiene que hacer lo que dice Eliahu. Pero, sin embargo, cuando se manifiesta la iejidá en el alma uno no puede oponerse a su dictado. Se trata de uno mismo, uno y Dios son uno. Esta es la explicación profunda de por qué Arizal pudo hacer lo contrario de lo que su rabino le había instruido. La  iejidá en su alma es la propia palabra de Dios. Como enseñan los sabios, “¿A quién debemos escuchar? ¿Al rabino o al discípulo?

Jabad llama a este nivel de manifestación de la iejidáatzmi (esencial o absoluto). Si una persona es jitzoini, (superficial) o es solo un pnimi (orientado hacia el interior) y no un atzmi, entonces no debe moverse ni un pelo de lo que su rabino le dice que haga. Pero una persona que es atzmi puede ser la excepción a la regla, como lo fue el santo Arí.

Notas:

1 Literalmente, el “único”, el nivel más alto del alma. La iejidá se relaciona con la unidad última del alma en Dios, como se manifiesta por la fe pura, la devoción absoluta y la disposición continua para sacrificar la vida por Dios.

Rabino Itzjak Ginsburgh

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