CUATRO MATICES DE LA HUMILDAD

La Universidad de la Torá

Psicología Jasídica

Los dos fundamentos de la rectificación de la psique: humildad y desinterés

Jasidut enseña que el orgullo es la fuente principal de toda impureza y que la humildad es el rasgo de carácter más básico sobre el cual se basa el servicio a Dios y con el cual se puede rectificar la psique. Este enfoque está respaldado por los versículos de la Torá, las enseñanzas de los sabios, las palabras de Maimónides, y los libros de ética que condenan el orgullo y alaban la humildad. La importancia fundamental y central de la humildad requiere una terminología que diferencie entre los diversos matices de conceptos que parecen similares, si no idénticos. Como todo tema que queremos tratar en profundidad, la humildad requiere que definamos una terminología precisa tomada de nuestras fuentes en la Torá para trazar el sutil paisaje de la psique y, posteriormente, poder navegar por él tanto personalmente, o como asesores, que ayudan a otros con sus propios problemas, a sobrellevarlo.

Debido al lugar central de la humildad en la comprensión de nuestra psicología, el texto más básico estudiado en la escuela de psicología judía de Rabi Ginsburgh conocida como Torat Hanefesh es un artículo que lleva el sencillo título de, “Un Capítulo para el Servicio a Dios” (פֶּרֶק בַּעֲבוֹדַת ה’), pero que podría denominarse más acertadamente como “Comprender y Regular el Ego”. El quid de este breve tratado escrito por Rabi Ginsburgh es que, para ser rectificado, un individuo debe ejercitar dos rasgos conocidos como desinterés (bitul) y pequeñez (shiflut) y lograr un equilibrio adecuado entre ellos. A primera vista, el desinterés y la humildad pueden parecer similares, pero en realidad son casi opuestos. El desinterés es el producto de una conciencia de la Presencia de Dios, que sirve para anular nuestra conciencia de nuestro “yo”, como separado del resto de nuestro entorno y fomenta el reconocimiento de que todo lo bueno que experimentamos e incluso todo lo bueno que hacemos, debe atribuirse sólo a Dios. La pequeñez o bajeza es la sobria autoconciencia, de nuestras carencias personales y lo alejados que nos sitúan de Dios.

Toda nuestra vida es una serie de ascensos y descensos, subidas y bajadas, como una montaña rusa. Cuando trabajamos juntos para crear un sentido rectificado del yo, el desinterés y la humildad aseguran que cuando tengamos éxito (las subidas de la vida), no inflemos nuestro ego y perdamos de vista nuestros deberes en la vida – lo que es más importante, la misión divina con la que nacimos – y que cuando experimentamos fracasos (descensos en la vida), nuestra propia imagen no implosione, llevándonos a la desesperación y la depresión.

[Tenga en cuenta que hay una diferencia entre el enfoque de Jabad hacia la humildad y el enfoque general jasídico, enseñado por otros discípulos del Ba’al Shem Tov y su sucesor, el Maguid de Mezritch. Jabad enfatiza principalmente el desinterés, que se explora en profundidad y se divide en tipos y subtipos en la literatura de Jabad (que forman la columna vertebral conceptual de las enseñanzas de Rabi Ginsburgh). Los otros discípulos se centraron más en la humildad, ejemplificada en nuestra generación por la conducta y enseñanzas del tzadik, Rabi Usher Freund, quien fue uno de los mentores de Rabi Ginsburgh en sus primeros años].

Desinterés, humildad, sumisión y pequeñez

Debido a que el desinterés y la humildad son opuestos – el primero nos salva del egoísmo engreído cuando experimentamos el éxito, el segundo interviene para evitar que nos estrellemos y nos derrumbemos cuando llega el fracaso – existen matices intermedios entre ellos. Estos atributos de transición expresan el estado de inter-inclusión entre los dos polos, lo que significa que, debido a que son parte de una estructura rectificada, el desinterés y la humildad incluyen aspectos del otro principio dentro de ellos. En los términos muy precisos que surgen del estudio en profundidad del pensamiento jasídico, los dos matices intermedios son la humildad (עֲנָוָה) y la sumisión (הַכְנָעָה). La humildad representa la cualidad de la pequeñez dentro del desinterés y la sumisión representa el desinterés que está dentro de la pequeñez.

La humildad comienza con el claro reconocimiento de que nuestras cualidades positivas son todos regalos gratuitos del Cielo. Este reconocimiento luego conduce a la comprensión de que, si una persona diferente hubiera recibido estas mismas habilidades o talentos, los usaría de manera más efectiva que nosotros mismos. Así es como Moisés, que era muy consciente de sus cualidades positivas, pudo ser “muy humilde, más que cualquier hombre sobre la faz de la tierra”. ¿Cómo se inter-incluye la humildad y la pequeñez en el desinterés? Con la humildad, un toque de autoconciencia infiltra nuestro desinterés absoluto, es decir, un toque de autoconciencia se introduce en nuestra aniquilación de la conciencia del yo. La autoconciencia aparece en nuestra capacidad para identificar y pensar en nuestras cualidades positivas. Esta autoconciencia, sin embargo, es anulada por el desinterés, que atribuye estas mismas cualidades positivas a Dios. Así, la humildad es la pequeñez dentro del desinterés.

La sumisión es el reconocimiento de que hay una verdad que está por encima de mi comprensión – una verdad con la que, debido a mi pequeñez, no puedo identificarme ni comprender completamente. Sin embargo, debo relacionarme con ello con sumisión, lo que significa que estoy obligado a obedecerlo y tratar de mantener mi vida en línea con ello. La humildad pura involucra solo al yo y sus defectos. La experiencia es de distancia existencial de la conexión con la bondad de Dios. [Esto describe la experiencia desde la perspectiva del individuo. Dios, desde Su perspectiva, tiene compasión del hombre y se preocupa por sus asuntos, por lo que el individuo está siempre cerca desde la perspectiva de Dios]. En un estado de sumisión, por el contrario, levantamos nuestros ojos a la luz de Dios que aparece en la Torá e ilumina la realidad. Dentro de la sumisión, aunque hay mucha autoconciencia, también está presente un destello de la luz de Dios (que es característico del desinterés). Incluso si no logra crear una revolución real en la personalidad propia, hace posible la mejora. Así, la sumisión es desinterés dentro de la pequeñez).

Nuestra relación con los demás

Además de la inter-inclusión aquí, podemos señalar que mientras el desinterés y la pequeñez son principalmente experiencias internas relacionadas con la relación entre el hombre y Dios, los matices intermedios resaltan la forma correcta de relacionarse con los demás. Veamos este último punto con más detalle.

La humildad es la manifestación adecuada de la abnegación hacia los demás. El reconocimiento de que todo el bien que recibo es un regalo del Cielo, desde la marca de Dios de absoluto desinterés, me hace comprender que el objetivo de todo el bien que tengo en mi vida no debo ser yo mismo y mi desarrollo personal, sino más bien, colmar a los demás con los beneficios que se pueden derivar de este bien. La humildad impulsa a aquellos que son verdaderamente desinteresados ​​a descender de las alturas del logro personal e interactuar con los demás; nos permite renunciar a nuestros logros personales y estar dispuestos a ejercer el autosacrificio. Las personas que tienen humildad están motivadas a hacer el bien a los demás, incluso a aquellos que pueden ser considerados los más bajos y hasta los pecadores (como lo hizo Moisés desde el momento en que aceptó su misión de sacar al pueblo judío de Egipto y llevarlo a la Tierra Prometida).

La sumisión, que es el resultado de la humildad, requiere nuestra entrega al bien que está por encima de nosotros. Su expresión especial está en cómo nos relacionamos con los demás. Cuando una persona reconoce su pequeñez personal, es capaz de someterse a la guía de los que son más grandes que él e incluso de someterse como “un sabio que aprende de cada uno” a la especial cualidad de bondad que ve en cualquier otra persona, que es más grande que él según su entendimiento. Así, el rey David, que dijo de sí mismo: “Seré humilde a mis ojos”, danza con entrega y sumisión ante Dios. Él relaciona a la Torá ubicada dentro del Arca de la Alianza con la sumisión y se siente honrado de estar en presencia de los más sencillos del pueblo judío.

Correspondencia con Havaiá

Al igual que con cualquier modelo de cuatro partes, este también nos invita a hacer corresponder sus elementos con las cuatro letras del Nombre esencial de Dios, Havaia, de la siguiente manera:

IudDesinterés – anulaciónבִּטּוּל
Heihumildadעֲנָוָה
Vavsumisiónהַכְנָעָה
HeiBajeza – pequeñezשִׁפְלוּת

Un punto final. Las iniciales de estos cuatro elementos que componen la psique rectificada son bet, ayin, hei y shin, que se pueden reorganizar para formar la palabra “siete”, shibá (שִׁבְעָה). El número siete de por si alude a los siete veces siete días de la cuenta del Omer – siete días al cuadrado desde el segundo día de Pesaj hasta Shavuot – cuando nos involucramos en la rectificación de nuestro carácter enfocándonos en los siete poderes emotivos de nuestro almas animales. Estos cuatro rasgos son fundamentales en ese proceso de rectificación.

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