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“Estas son las palabras que habló Moshé a todo Israel a este lado del Iardén en el desierto, en la Arabá frente al Mar Rojo, entre Parán y Tofel y Lavan, y Jazerot y Dizahav.” (Deuteronomio 1:1)

Rabí Eleazar abrió su discurso con la cita: “Y yo soy el Señor, tu Dios, de la tierra de Egipto, y no conocerás otros dioses fuera de Mi; porque no hay otro salvador sino Yo.” (Oshea 13: 4)… Ten en cuenta que no está escrito “yo soy tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto”, sino “Yo soy tu Dios desde la tierra de Egipto”. ¿Implica esto que a partir de [que vivieron en la] tierra de Egipto Él fue su rey, mas no antes? Esto no puede ser, porque Iaacov le dijo a su familia al irse de la casa de su suegro, Labán: “Quitad los dioses ajenos que tienen entre vosotros, vamos levantémonos, y subamos a Bet-El, y haré allí un altar para Dios, quien me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he andado.” (Génesis 35:2-3) La referencia a Di-s aquí es claramente antes de que el pueblo de Israel esté en Egipto, y sin embargo nuestro texto dice: “Yo soy tu Dios desde la tierra de Egipto”!

La explicación es que el pueblo de Israel no reconoció la verdadera majestad de Dios desde los primeros días en que estuvo en el mundo. Esto ocurrió sólo después de que estuvieron en Egipto y se vieron obligados a trabajar como esclavos, y clamaron a Él. A pesar de que eran esclavos, no alteraron sus costumbres en absoluto. En Egipto nuestros antepasados fueron puestos a prueba, como el oro que se funde en el horno para eliminar su escoria. Además, fueron expuestos día a días a todo tipo de hechicerías y maldades pergeñadas para llevar al pueblo por el mal camino. Sin embargo, no se apartaron de su camino ni a derecha ni a izquierda.

A pesar de que en realidad no reconocían la gloria de Di-s, sin embargo, continuaron observando las costumbres de sus antepasados. Fue sólo después de que vieron tantas señales y milagros que Dios los llevó a ser sus siervos. Fue en Egipto donde todos vieron tantos milagros y maravillas con sus propios ojos y todos esos milagros y señales maravillosas. Esa es la razón por la que está escrito: “Yo soy el Señor tu Dios desde la tierra de Egipto” ¡Esa fue la tierra en donde Él reveló su gloria!

También se reveló a ellos cuando fueron perseguidos a las orillas del Mar Rojo. Allí vieron el esplendor de Su rostro y Su gloria sublime frente a la división de la mar y el ahogamiento de sus enemigos. Todo esto para que no vayan a decir que se trataba de algún otro dios que habló con nosotros. Más bien: “Yo soy el que hizo todas estas 10 plagas en la tierra de Egipto.” [Esto significa,] “Por lo que yo hice por ti, no conoceréis otros dioses fuera de Mi. Todo esto para que no vayan a decir que se trataba de algún otro dios que habló con ustedes, en cambio reconocerán que se trataba de Mí por siempre”.

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