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Todas las personas del mundo fueron creadas en aras del Nombre y la gloria de Dios y están obligadas a cumplir Sus mandamientos y la Torá. Podemos dividir los diferentes tipos de personas en el mundo en tres categorías, correspondientes a los tres mundos de Creación, Formación y Acción, y comparten sus características. Las almas judías son del Mundo de la Creación, las almas de los conversos justos son del Mundo de la Formación y las almas de los gentiles justos y los residentes no judíos que siguen los 7 preceptos en la Tierra de Israel son del Mundo de la Acción.

El origen de las almas judías está en el Mundo de la Emanación, que es el mundo de la anulación completa a la Divinidad. En nuestro mundo inferior, sin embargo, las almas de los judíos como creaciones singulares son del Mundo de la Creación, las que en su mayoría son buenas con una pequeña cantidad de maldad. Cuando se instituya el Iovel, el Jubileo, los Gentiles Justos podrán ser aceptados como residentes extranjeros de la Tierra de Israel. Ellos son el pueblo de la acción en el Mundo de la Acción, nuestra realidad inferior. Este mundo es en su mayoría malo, con una pequeña cantidad de bien. Los gentiles justos pertenecen a esa pequeña cantidad de bien. 

Entre ellos están los Conversos Justos, en el Mundo de la Formación, el lugar de la guerra entre la inclinación al bien y al mal. Este mundo es mitad bueno y mitad malo.

Debido a que la realidad del Mundo de la Formación está dividida, toda conversión al judaísmo incluye una dimensión de apuesta. Nunca podemos saber completamente si el converso potencial desea convertirse por el bien del Cielo (puede que tampoco esté claro para él) y no está claro si la conversión tendrá éxito y si será absorbido por la nación judía como un judío servidor de Dios. No hay escapatoria a esta apuesta, ya que la ley judía requiere que aceptemos conversos potenciales y no los pospongamos indefinidamente. En realidad, la redención depende de la conversión de todos los conversos potenciales. Los jueces de los tribunales de justicia judíos deberían adoptar un enfoque optimista y hacer todo lo posible para creer que la apuesta de la conversión tendrá éxito.

El Mundo de la Formación es el mundo de las emociones. El converso potencial llega al umbral del judaísmo motivado por una atracción interior por la santidad. Esta emoción que palpita en él es la base de las señales por las que se reconoce al pueblo judío: son compasivos, humildes y bondadosos. Ello da testimonio del hecho de que esos conversos también estuvieron en la entrega de la Torá en el Monte Sinaí. Por un lado, “la mente gobierna el corazón” y los conversos deben aceptar la guía completa de los judíos de nacimiento para que puedan integrarse a la Nación Judía. Por otro lado, todos aquellos judíos que guían a los conversos en el proceso de conversión, los que acompañan paso a paso a los potenciales conversos, los jueces y las comunidades que integran a los recién convertidos, deben entender que, en este caso lo que rige es el fundamento emotivo, por lo que también deben ser emocionalmente receptivos.

La primera emoción que ellos necesitan es un fuerte sentimiento de voluntad de acercar a todas las personas del mundo al servicio de Dios. Esta es la emoción del amor que Abraham inculcó en su descendencia. Abraham fue “el padre de una multitud de naciones” y lo emulamos con un genuino asombro con las almas sedientas que encuentran su camino hacia Dios. Segundo, los jueces necesitan una emoción interior, casi ruaj hakodesh (inspiración Divina, espíritu de santidad) que identifique la honestidad del converso potencial. A veces “la dimensión interior del corazón controla la mente” y las facultades emotivas del juez identifican a los potenciales conversos incluso más allá del filtro del intelecto, advirtiéndole que esa persona puede ser problemática. Hilel el anciano sabía cómo identificar a estos conversos potenciales y convertiría a aquellas personas que Shamai había rechazado debido a consideraciones de la ley judía.

En última instancia, la sensibilidad hacia los conversos y la identificación con sus sentimientos son la base del acercamiento a los conversos que requiere la Torá. Todas estas emociones -junto con una actitud positiva y optimista- acompañan la conversión creativa de estas almas. Se forma un alma nueva, un alma que se despoja de forma su anterior no judía y recibe una forma judía, a medida que avanza en la senda de la rectificación del mundo entero para reconocer que Dios es el Rey.

Foto por Edge2Edge Media en Unsplash

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