A LA CABECERA DE LA MESA

El Baal Shem Tov una vez viajó con sus estudiantes y fueron a visitar una ciudad, donde fueron alojados en la casa de un judío rico. Llegó otro invitado, el tío del rico que era rabino en una ciudad lejana. El hombre rico no se encontraba con su tío, el rabino de la ciudad, desde hacía más de doce años. En honor a su visita, le celebró una comida festiva a la que invitó a todos los judíos de la ciudad. Después de la plegaria, todos los judíos de la ciudad se acercaron a la casa del rico.Su tío se sentó en la cabecera de la mesa.

El Baal Shem Tov todavía seguía rezando en un rincón de la casa. Los judíos de la ciudad habían escuchado acerca del Baal Shem Tov, pero sabían todavía de quién se trataba realmente. El rabino visitante preguntó:

  • ¿Quién es el judío que reza en el rincón de la casa?

Ellos le respondieron:

  • Es el Baal Shem Tov.

El rabino no le dio importancia al Baal Shem Tov. Tampoco invitó a los discípulos del Baal Shem Tov a sentarse con ellos en la comida. Cuando el Baal Shem Tov terminó su oración, fue donde el rabino y le dijo:

  • Tengo algo que decirle en privado.

El rabino lo acompañó a una habitación lateral. El Baal Shem Tov le dijo:

  • Tiene su excelencia cierta dificultad que lamenta.

El rabino negó las palabras del Baal Shem Tov. El Baal Shem Tov le dijo:

  • Siempre que quieres meditar al decir Shema Israel, ves ante tus ojos una cruz.

El rabino lo volvió a negar. El Baal Shem Tov le dijo de nuevo:

  • ¿Cómo puede ser esto una mentira? Hasta su excelencia ayunó por esto…

El rabino reconoció que era verdad y lloró frente a él y le suplicó que lo ayudara. El Baal Shem Tov le dijo:

  • Tu curación vendrá si dejas discutir a los grandes tzadikim.

El rabino aceptó de todo corazón las palabras del Baal Shem Tov. El Baal Shem Tov le dijo que trate de meditar en las intenciones al decir Shema Israel ahora y verá que hizo teshuvá y ahora está curado. Y así fue. Inmediatamente tomó al Baal Shem Tov y lo sentó a la cabecera de la mesa. También invitó a sus alumnos y los honró con gran respeto.

(Del libro Historias de Jasidim – S. I Zavin)

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