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Traducido de la trilogía de historias del Baal Shem Tov de Rabi Ginsburgh, vol. II pág. 124

El Ba’al Shem Tov dijo: Incluso si el plato lleno de comida está puesto sobre la mesa, si Dios Todopoderoso no ordena comer, es imposible comer.

Reshimot Devarim vol. 4, pág. 81

 

Siempre haciendo lo que se le ordena

Un principio fundamental en las enseñanzas del Baal Shem Tov proviene del verso, “ConóceLe en todos tus caminos”[1](בְּכָל דְּרָכֶיךָ דָעֵהוּ). Un siervo de Dios vive con Él siempre, cada acción que realiza es un acto de unificación, un acto que lo acerca a Dios Todopoderoso.

En generaciones anteriores, no encontramos nada parecido a este principio fundamental: que nos enseña a actuar con la unificación en mente. No había tal guía general para aquellos que buscaban seguir el servicio Divino. La mayoría de los que se comprometieron a servir a Dios (avdei Hashem) concentraron sus energías en el cumplimiento de las mitzvot, los 613 mandamientos de la Torá. Todo lo que no estaba directamente relacionado con las mitzvot, los asuntos mundanos de la vida cotidiana y las necesidades de la vida material, se percibía como indeseable; en el mejor de los casos, podía tolerarse como una necesidad ingrata que el siervo de Dios preferiría olvidar.

El Baal Shem Tov fue enviado al mundo para avivar el alma de la Congregación de Israel, para despertarla de su estado comatoso en el que había caído después de tantos siglos de exilio. El Baal Shem Tov vino a revitalizar a los judíos y a la vida judía. Su llegada es considerada como una preparación para el tiempo del Mashíaj, cuando, como predicen los profetas: “He aquí, Dios ha creado algo nuevo sobre la tierra: la mujer perseguirá al hombre”.[2] La “mujer” representa a aquellos asuntos materiales y mundanos de la vida que habían sido ignorados en gran medida por las generaciones anteriores en su búsqueda por dedicar su vida a la Divinidad. Por eso, sus enseñanzas otorgan gran significado a las iniciativas que vienen de abajo, al encuentro con Dios Todopoderoso que brota de las propias cuestiones mundanas.

Inicialmente, Dios tejió la trama para que la humanidad pueda conectarse con Él. Ahora, mientras la Congregación de Israel asciende del desierto del exilio y se prepara para la redención completa, Él espera que nosotros hagamos nuestra parte y nos conectemos con Él viéndolo en todos los aspectos de la vida.[3]

Cuando el Ba’al Shem Tov se sentaba a la mesa para comer, sintió la dificultad de iniciar una unificación entre lo mundano y lo Divino. Estaba buscando un mandamiento, una mitzvá sobre la cual pudiera basar su conexión con Dios. El Baal Shem Tov buscó entrar en la categoría de “aquel que recibe órdenes y cumple con su obligación”.[4] Antes de que una persona llegua a un estado en el que puede iniciar la unificación con Dios por sí misma, se llena de la sensación de que, en verdad, no tiene nada propio que ofrecer.

Esta experiencia no debe confundirse con la sensación de ser nada que acompaña a la humildad. Más bien, es el estado de anulación absoluta del ser que uno experimenta ante Dios. Cuando el oído está eternamente a la espera de oír la palabra de Dios y de ser diligente en todo lo que Él manda, uno se acostumbra a estar en la posición de receptor, de alguien sobre quien Dios actúa. Uno acostumbra a decir: “Que mi boca se llene de Tu alabanza”,[5] es decir, que no puedo decirTe nada, si Tú no pones primero las palabras en mi boca.

Una persona temerosa de Dios entrena todos los órganos de su cuerpo para estar conectados y comprometidos con Dios Todopoderoso, para hacer todo lo que se le ordena y abstenerse de hacer todo lo que está prohibido. Con una mentalidad como esa, se deduce que incluso si el plato de comida se pone delante de un individuo tan temeroso de Dios, ¿qué diferencia hay? Si no existiera el argumento de la mitzvá que lo obliga a comer, no podría tocar la comida en absoluto. Porque sólo a lo que está obligado lo lleva a la acción. Simplemente desear la comida no es suficiente para que la coma.

Expresando la misma idea en términos jasídicos, diríamos que una persona necesita un despertar desde arriba antes de su propio despertar desde abajo. Para que pueda iniciar una acción, para que tenga la conciencia de que tiene algo para desarrollar que ofrecer a Dios, necesita la autorización y la seguridad de Dios. Este es el despertar requerido para llevar a comer a tal persona, como lo declaró el Baal Shem Tov en el pasaje de apertura. 

En la práctica, el “mandamiento” de comer no es una de las mitzvot de la Torá, es más bien el mandamiento más general de que en nuestra generación, Dios espera que todos y cada uno de nosotros nos mantengamos firmes y tomemos la iniciativa. En las palabras de los sabios, “esfuérzate por ser un hombre”[6] para que puedas causar satisfacción espiritual a Dios Todopoderoso, con literalmente, todo con lo que entres en contacto.


[1] Proverbios 3:6

[2] Jeremías 31:21

[3] En hebreo, la palabra que significa “conócelo”, parte del versículo citado anteriormente, “Conócelo en todos tus caminos” es דָעֵהוּ), el versículo de Proverbios 3:6 es: בכל דרכיך דעהו. La palabra דעהו puede dividirse por la mitad y escribirse como דע הו , lo que significa: Conoce hei vav, las dos últimas letras del Nombre de Dios, Havaiá, en orden inverso. Esto alude a la unificación que debemos hacer de abajo hacia arriba, de la hei a la vav, de la Shejiná que habita en los mundos creados a Dios. En hebreo, la palabra mitzvá (mandamiento) también se puede dividir por la mitad para deletrear מצ וה, la unificación de la vav con la hei, de arriba hacia abajo. Las otras dos letras de מצוה, mem y tzadik equivalen a iud – hei en el sistema de transformación de letras Atbash. Por lo tanto, la mitzvá es el secreto del Nombre de Dios que desciende y se desarrolla para vitalizar todas las creaciones.

[4] Bava Kama 38a

[5] Salmos 71:8

[6] Avot 2:5

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