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La alegría en la casa del Baal Shem Tov aumentó enormemente: uno de sus fiel seguidores, Rabi Najman de Hordenka, se comprometió con la hermana del tzadik Rabi Itzjak de Drohobich. Todos sabían que se trataba de un shiduj, un emparejamiento del cielo, ya que el shadján, el casamentero que ofreció la unión y lo llevó al final feliz fue el santo Baal Shem Tov. Rabi Itzjak tuvo el privilegio de acercarse a Baal Shem Tov, junto con su hijo, Rabi Iejiel Mijl, “el Maguid de Zlotchov”. El acercamiento de Rabi Itzjak comenzó cuando llegó a sus oídos el rumor de que en la ciudad de Mezhibuz vive un “Baal Shem” que obra salvaciones a través de cameas, amuletos…

Rabi Itzjak sospechaba que el Baal Shem Tov estaba usando un juramento con los Nombres Sagrados de Hashem, y actuó para detener su efectividad y los amuletos dejaron de funcionar…  El Baal Shem Tov investigó la razón por la cual sus amuletos dejaron de ser útiles, hasta que descubrió que la boca de Rabi Itzjak estaba en el asunto. El Baal Shem Tov convocó a rabi Itzjak a Mezibuz por su sí mismo para el próximo Shabat Kodesh.

Para las comidas de Shabat, Rabi Itzjak fue hospedado en la Casa Baal Shem Tov, y al final del Shabat fue invitado a la Malve Malca, la comida de despedida del Shabat. Durante la comida, el Baal Shem Tov se dirigió a él y le preguntó qué y por qué había quitado el poder de los amuletos diseñados para sacar a la gente de su angustia. Rabi Itzjak respondió que, en su opinión, no se debería usar de ninguna manera un juramento con los Nombres Sagrados. El Baal Shem Tov le trajo sus amuletos, los abrió ante sus ojos y le mostró que estos no eran juramentos, sino que en ellas solo estaban escritas cuatro palabras:

“Israel Ben Sará BaSh”T”

Rabi Itzjak eliminó su reparo y los amuletos volvieron a funcionar.

Los discípulos de Baal Shem Tov notaron que Rabi Itzjak no era una persona común, y entendieron que, si él tiene el poder de revertir la voluntad del Tzadik Iesod Olam, el Justo Fundamento del Mundo, el santo Baal Shem Tov, entonces seguramente él era un gran tzadik. Incluso el Baal Shem Tov les respondió:

– “¿Y qué puedo hacer si Rabi Itzjak de Drohobich es ahora el justo de la generación y todos los mundos superiores actúan de acuerdo con lo que sale de su boca?” Aunque no me gustan algunas de sus conductas, tengo que guardar silencio.”

La hermana de Rabi Itzjak también era una tzadeket, una justa, recibió su educación en la casa de sus padres, ni más ni menos que Rabi Iosef de Sporbidlov [un hombre de la verdad] y su esposa, la Rabanit Rivka, quien era apodada “Tente la Profetisa”.

Cuando llegó a su momento se casó con uno de los más grandes de la generación que ameritó Torá y riqueza, pero desafortunadamente su esposo no vivó mucho y murió en su juventud sin dejar descendencia. La mujer que su marido dejó en sus manos todas las posesiones, empezó a buscar una pareja decente. La riqueza y el honor no le hablaban a su corazón, porque los tenía en abundancia. Su esperanza era casarse con un jasid reconocido, un kadosh Elión, un santo supremo, similar a su justo hermano. Cuando pasaron muchos días y no lograba nada, se dirigió a la ciudad de Mezibuz. Entró en lo del santo Baal Shem Tov, y le pidió que él mismo encontrara para ella una pareja decente entre sus santos discípulos. El Baal Shem Tov envió a llamar a su discípulo Rabi Najman de Hordenka y le preguntó si estaba dispuesto a casarse con esta mujer justa cuyo único deseo en este mundo es solo la Torá y el servicio a Di-s.

– “Estoy de acuerdo con este partido”

– Rabi Najman respondió: “Con la condición de que no tenga que ocuparme de su dinero y sus bienes, mi alma realmente desea sólo la Torá y el servicio al Creador”.

La tzadkanit aceptó los términos y con gran alegría se celebró fiesta del compromiso en la casa del Baal Shem Tov. Los estudiantes le desearon a la santa pareja que tengan generaciones rectas y bendecidas, y el Baal Shem Tov también otorgó su bendición a los novios, quienes tuvieron el privilegio de ver hijos y nietos grandes y justos. Rabi Najman se volvió hacia su maestro y rabino, el Baal Shem Tov, y le hizo una pregunta medio en serio, y medio en broma:

– “¿Qué pide el señor como tarifa por el emparejamiento?” El Baal Shem Tov le respondió:

– “Cuando te nazca un hijo y a mí me nazca una hija, que se casen”

Y en la otra habitación se sentaba la tzadkanit Eidl, la hija del Baal Shem Tov, las palabras llegan a sus oídos, y las guardó con ella hasta que llegó el momento…

Pasaron muchos años desde entonces, el Baal Shem Tov ya había partido a su morada eterna, y de hecho así sucedió:

Rabi Simja, hijo de Rabi Najman de Hordenka, se casó con la Srta. Feiga, hija de Eidl, la hija del Baal Shem Tov.

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