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Una palabra que se repite más veces en nuestra parashá es Venatati, “Daré” (וְנָתַתִּי), que también puede significar “Haré”.

La parashá Bejukotai contiene tanto bendiciones como maldiciones. En las bendiciones encontramos esta palabra 3 veces:

“Daré tus lluvias en su estación…. Daré paz en la tierra…. Y haré mi morada entre ustedes”
וְנָתַתִּי גִשְׁמֵיכֶם בְּעִתָּם… וְנָתַתִּי שָׁלוֹם בָּאָרֶץ… וְנָתַתִּי מִשְׁכָּנִי בְּתוֹכְכֶם

 Las tres apariciones de esta palabra corresponden a los tres patriarcas, Abraham, Itzjak y Iaacov, que se mencionan más adelante en la parashá:

“Y recordaré Mi pacto con Iaacov y también de Mi pacto con Itzjak y también de Mi pacto con Abraham recordaré.”

Esta correspondencia se ve bellamente reforzada por el hecho de que en el Libro de Bereshit, Génesis, también conocido como el Libro Recto (ספר הישר) por los patriarcas que eran rectos, esta misma palabra también aparece exactamente 3 veces.

Sorprendentemente, la primera aparición está en el verso donde Dios le dice a Abraham:

Te daré a ti y a tu descendencia la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán, como heredad perpetua y yo seré tu Dios[1]
וְנָתַתִּי לְךָ וּלְזַרְעֲךָ אַחֲרֶיךָ אֵת אֶרֶץ מְגֻרֶיךָ אֵת כָּל אֶרֶץ כְּנַעַן לַאֲחֻזַּת עוֹלָם וְהָיִיתִי לָהֶם לֵא-לֹהִים

El segundo está en el versículo en que Dios le dice a Itzjak:

“…Le daré a tus herederos todas estas tierras, para que todas las naciones de la tierra se bendigan con tus herederos[2]
וְנָתַתִּי לְזַרְעֲךָ אֵת כׇּל הָאֲרָצֹת הָאֵל וְהִתְבָּרְכוּ בְזַרְעֲךָ כֹּל גּוֹיֵי הָאָרֶץ

Y la tercera aparición está en el versículo:

y le daré esta tierra a su descendencia para que venga a una posesión eterna[3]
וְנָתַתִּי אֶת הָאָרֶץ הַזֹּאת לְזַרְעֲךָ אַחֲרֶיךָ אֲחֻזַּת עוֹלָם

La siguiente parte de nuestra parashá continúa con las maldiciones. En ella la palabra “daré” (וְנָתַתִּי) aparece 4 veces:

Y pondré Mi rostro contra ti… Y haré que tus cielos sean como de hierro… Y daré sus cadáveres… Y daré tus ciudades a la desolación”
ְנָתַתִּי פָנַי בָּכֶם…. וְנָתַתִּי אֶת שְׁמֵיכֶם כַּבַּרְזֶל…. וְנָתַתִּי אֶת פִּגְרֵיכֶם…. וְנָתַתִּי אֶת עָרֵיכֶם חׇרְבָּה

Así como se alude a los tres patriarcas en las bendiciones, se alude a las cuatro matriarcas en las maldiciones. ¿Por qué? ¡Porque las matriarcas, más que los patriarcas, tienen el poder de transformar las maldiciones en bendiciones!

En verdad, las maldiciones no son lo que parecen. La raíz de las maldiciones está en la luz Divina que es tan elevada y más allá de nuestra comprensión que no tenemos los recipientes para contenerla, y mucho menos para integrarla. Por eso, se manifiesta a nuestros sentidos como una maldición, como una luz que nos ciega en medio de la noche.

El papel del principio materno en la Cabalá (Ima) es guiar y motivar la creación de recipientes rectificados que finalmente puedan contener esta luz elevada y abundante. Al hacerlo, el principio de madre “endulza los juicios en su origen”.

Con este trasfondo en mente podemos entender el primer verso de nuestra parashá de una manera nueva:

“Si andarás con mis decretos y observas fielmente mis mandamientos[4]
אִם בְּחֻקֹּתַי תֵּלֵכוּ וְאֶת מִצְוֺתַי תִּשְׁמְרוּ וַעֲשִׂיתֶם אֹתָם

El verso comienza con la palabra “si” (אִם, im), que cuando se vocaliza de manera diferente se lee “madre” (אֵם, em), lo que sugiere que el principio de madre nos dice que seguir las leyes y los mandamientos de Dios es la manera de construir recipientes espirituales que pueden contener el efluvio infinito descrito en la primera parte de nuestra parashá, impidiendo que se desborde, por falta de recipientes, dando como resultado que se nos presente como las maldiciones descritas en la segunda parte.


[1] Bereshit 17:8
[2] Ibid. 26:4
[3] Ibid 48:4
[4] Levítico 26:3

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