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Hay cuatro revoluciones en la historia del estudio de la Torá: la revolución de la escritura de la Torá oral, la revolución del salario por estudiar de la Torá, la revolución del estudio de la Torá para las mujeres y la cuarta revolución en nuestra generación: el estudio de la Torá para las naciones del mundo. Cada una de las revoluciones tiene una razón externa-necesaria de la que se dice: “Es hora de hacer en aras de Dios, trasgredieron tu Torá”, pero internamente refleja una elevación en santidad. La cuarta revolución en realidad delinea una escalera por la cual toda la humanidad puede y debe ascender, desde Bnei Adam y Bnei Noaj hasta el nivel de Israel. Nueva Meditación sobre la Cuarta Revolución.

En una reunión jasídica festiva en la Tumba del rey David, el 24 de Tevet de 5775, 15/1/2015, el rabino Ginsburgh arrojó una ‘bomba’: para lograr la rectificación del mundo, Tikún Olam, llegó la hora de difundir toda la luz de la Torá también a todos los pueblos del Mundo.

¡Esta es una ‘revolución’, que se entiende y justifica en el contexto de las tres revoluciones anteriores en el transcurso de las generaciones en el estudio de la Torá, que tuvo lugar sobre la base de que “¡es hora de hacer en aras de Di-s, trasgredieron tu Torá!” Por lo tanto, la revolución de la difusión a los gentiles es de hecho La Cuarta Revolución, una frase que se ha convertido en la ‘marca’ de la revolución. 

En su momento, se dieron una serie de lecciones sobre las cuatro revoluciones: sus causas, su significado interno, sus implicaciones para la Torá y el pueblo de Israel, su orden interno y más (y los puntos principales aparecerán como un libro), y desde entonces el tema se repite con nuevos énfasis. Al cumplirse los siete años de la revolución, volvemos en pocas palabras a explicar las cuatro revoluciones, y resumiremos la novedad que se agregó este mes:

Las cuatro revoluciones

La primera revolución es la más ‘antigua’: la escritura de la Torá Oral. Durante generaciones estuvo prohibido escribir palabras orales de la Torá, y se transmitió fielmente en el centro de estudios, el beit midrash, de maestro a alumno: “Las palabras orales de la Torá no se te permiten decirlas por escrito”. La revolución principal la hizo Rabi Iehuda el presidente del Sanhedrín, quien realizó la versión final y completa de la mishná y la escribió como libro. Esto era necesario porque la Torá comenzaba a ser olvidada y el centro de la Torá en la Tierra de Israel enfrentaba dificultades y la dispersión del exilio, y por lo tanto “¡es hora de hacer en aras de Di-s, [que la Torá no sea olvidada] trasgredieron tu Torá [la prohibición de escribir la Torá]”. En profundidad, no se trata solo de una segunda opción, sino un hecho consumado y una etapa positiva del ‘desarrollo’ de la Torá, la Torá oral alcanzó una etapa final de madurez, a partir de la cual comenzó a crecer la ‘biblioteca judía’.

La segunda revolución también es un hecho consumado, aunque vuelve a surgir una y otra vez en medio de una tormenta: el estudio de la Torá con un salario. En los días de los Tanaim y los Amoraim, como regla general, la Torá no servía como un medio de sustento, “¡No hagas un hacha para cortar con ellos”! Maimónides fue muy severo con esto y definió el sustento de los sabios por parte de la comunidad como mancillar el Nombre de Dios. Pero la mayoría de los grandes sabios dictaminaron diferente, los que estudian Torá y los maestros pueden, y a veces necesitan, recibir un apoyo de los demás (bajo determinadas condiciones). A la cabeza de los que permitieron estaba el autor del Shulján Aruj, Marán Habeit Iosef, Rabi Iosef Caro, que contestó las palabras del Rambam y decidió la disputa con “¡es hora de hacer en aras de Di-s, trasgredieron tu Torá”. Para la preservación de la Torá es necesario que haya tener estudiantes que estén libres de las preocupaciones de ganarse la vida. Aquí, también, no se trata solo de ‘un descenso de las generaciones’, sino de una elevación interior, confiando en la intención de los estudiantes ‘en aras de la Torá’ y viendo a los estudiantes de la Torá y a quienes los patrocinan como un solo cuerpo.

La tercera revolución todavía está en pleno apogeo: el estudio de la Torá para mujeres. El deber del Estudio de la Torá, Talmud Torá, como mitzvá independiente es para los hombres y no para las mujeres. Los sabios incluso declararon que “todo el que enseña Torá a su hija como si estuviera enseñando vanidades”. Hay muchas excepciones: las mujeres deben decir la bendición por el estudio de la Torá, debe conocer las halajot prácticas y el temor a Hashem, y también hubo mujeres estudiosas en todas las generaciones, pero la realidad es que por lo general las mujeres de Israel no pudieron estudiar Torá de forma ordenada. Y también las condiciones de vida en el pasado no les permitían dedicarse mucho al estudio: el esposo estudiaba Torá y la esposa lo ayudaba. Todo esto tenía que cambiar en la realidad dinámica de las últimas generaciones: “¡es hora de hacer en aras de Di-s…”. No puede ser que una joven judía se ocupe de las materias seculares a un nivel superior, pero de la Torá no te ocupes… y si quieres que sigan construyendo casas judías fieles, con una educación en Torá y mitzvot, es obligatorio cambiar la educación de las niñas. En esta revolución resaltan en especial el Jafetz Jaim, que era la autoridad rabínica más grande en ese momento que falló a favor del establecimiento de las escuelas para niñas Beit Iaacov. Y el Rebe de Lubavitch, que explicó que se trata aquí de una elevación interior de estatus de la mujer, el “ascenso del reinado” hacia la redención.

Pero la principal innovación que tenemos por delante es la cuarta revolución: el estudio de la Torá para los gentiles. En la ley judía, la Halajá, hay una gran renuencia a enseñar Torá para los gentiles: “Un gentil que se dedica a la Torá tiene pena de muerte”, “no se transmiten palabras de Torá al extranjero”. Incluso las palabras de la Torá pertinentes a los gentiles, los siete mandamientos de los hijos de Noaj, apenas se difundieron. ¡Pero eso esta por cambiar! El objetivo mesiánico es el tikún olam, “la rectificación del mundo”, servir a Dios “shjem ejad”, como “hombre con hombro” de todas las naciones, con Israel ciertamente en el centro. Es por eso que el Rebe de Lubavitch despertó la necesidad de difundir los siete mandamientos de los hijos de Noaj. En efecto, para que las falsas religiones cambien y para que todos reconozcan la religión de la verdad, no es posible contentarse con el estudio limitado de los siete mandamientos, hay que revelar a los ojos de todos la verdad y la belleza de nuestra Torá en su totalidad. Más todavía, “Israel no fue exiliado entre las naciones sino para que se les agreguen conversos” y la redención se demora hasta que todas las almas de los guerim en potencia se acerquen al pueblo de Israel (junto con los millones de almas perdidas en los exterminios y la asimilación y debemos regresarlas). Por lo tanto, la cuarta revolución incluye la conversión de acuerdo con la ley de la Torá para aquellos pertinentes y que verdaderamente desean unirse a nosotros y recibir el yugo de la Torá y las mitzvot. A la luz de todo esto, hoy, en el período previo a la venida del Mashíaj, es hora de revelar la tendencia universal de la Torá y dirigirse de un principio a las naciones del mundo, con el objetivo de “se llenará la tierra con el conocimiento de Dios como las aguas cubren el mar”.

La Escalera del Ascenso

Cada una de las revoluciones tiene raíces primigenias, y cuando meditamos se puede identificar que no hay aquí una transformación que se produce en un solo momento (revolución) sino que hay un proceso gradual y de múltiples etapas (evolución). Identificar el proceso es importante no solo para justificar la revolución, sino principalmente para dar una escalera que permita un cambio real e interior. En una lección dada esta semana, unas dos semanas después del ‘Séptimo Aniversario’ de la Cuarta Revolución, el rav nos dio un hermoso ejemplo de este proceso: 

El surgimiento del pueblo de Israel de entre las naciones del mundo es un proceso de ascenso de la humanidad, luego de la caída de Adam Harishón, el primer hombre con el pecado del árbol del conocimiento. De la humanidad que cayó surgió Noaj, y tras él los tres patriarcas produjeron sucesivas depuraciones hasta el nacimiento del pueblo de Israel. Abraham Avinu, el primer judío (incluso antes de la creación del pueblo de Israel), también se define como “el padre de muchas naciones”, y por lo tanto es claro que la escalera de elevación que recorrió el pueblo de Israel, también está destinado en última instancia a toda la humanidad.

Y en pocas palabras: a Adam, el primer hombre se le dieron solo seis mandamientos, los mandamientos relacionados con la corrección de la sociedad humana. A Noaj se le añadió la mitzvá eber minhajai, el precepto de “no comer miembro de animal vivo” -una ley de cashrut que comienza a desviarse de la naturaleza. Avraham Avinu le enseña a toda la humanidad que, además de las mitzvot, uno debe seguir el camino de la “caridad y la justicia” y también difundir entre todos la creencia en “Hashem Ejad”, un Dios Uno (en el contexto de shituf, “asociación de la Divinidad”, lo cual es permisible para los hijos de Noaj). Itzjak Avinu agrega el concepto de “avodat halev”, “el servicio del corazón”, y enseña a todas las personas del mundo a “adorar a Hashem” (“con temor” y también “con alegría”). Iaakov Avinu, quien se ocupó de la Torá en las tiendas de Shem y Eber (¡los gentiles!) proporciona inspiración para la cuarta revolución: el estudio de la Torá para las naciones del mundo. Aquellos que ascienden la escalera de cinco etapas (correspondiente al ascenso del alma en sus cinco niveles Nefesh, Ruaj, Neshamá, Jaiá y Iejidá) se encuentran solo a un escalón de la conversión completa y entrada a la Congregación de Israel.

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