SOBRE LA ALEGRÍA DE LOS SACRIFICIOS

ESTUDIO DE LA PARASHÁ: Vaikra 5786

KEDUSHAT LEVI

Esta semana comenzamos el Libro de Levítico con una descripción detallada de los distintos tipos de sacrificios que se presentaban en el altar del Tabernáculo. Los sacrificios animales se complementan con libaciones vegetales en forma de vino y ofrendas de harina. Las categorías de ofrendas animales y vegetales son comparadas y contrastadas por el Rebe Levi Itzjak de Berditchev en el Kedushat Levi.

Rav Ginsburgh amplía el análisis del Berditchever y, con su estilo y método característicos, lo amplía para incluir dos categorías más de ofrendas llevadas al altar, creando un modelo de cuatro partes que se corresponde con las cuatro letras del Nombre esencial de Di-s, Havaia. El modelo terminado se contempla a continuación para obtener un entendimiento más profundo de la alegría inherente al servicio Divino.

Este artículo apareció por primera vez en el número Vaikra 5782 de Nifla’ot en hebreo.

Levítico está dedicado principalmente a los distintos aspectos del servicio en el Tabernáculo y por ello también se le conoce como Torat Cohanim, la Torá de los Sacerdotes. El Rebe Levi Itzjak de Berditchev, al comienzo de su comentario sobre Levítico, se esfuerza por explicar la diferencia entre los sacrificios animales, korvanot (קָרְבָּנוֹת) y las libaciones, nsajim (נְסָכִים), que se elaboran íntegramente con productos vegetales. Los animales representan la abundancia que viene de Arriba. Es, “la abundancia que Di-s concede con Su gran bondad, sin ninguna acto por parte de los que están por abajo al respecto.” En consecuencia, una ofrenda animal, un korban, es una expresión abierta del principio “daLe de lo que es Suyo”[1], ten lo misheló (תֵּן לוֹ מִשֶּׁלּוֹ). Sin embargo, los productos vegetales representan la abundancia que se obtiene del trabajo humano (arado, siembra, etc.). Lo que produce el trabajo humano es más limitado, pero ahí reside la esencia de la experiencia de la alegría, nacida del sentimiento de colaborar junto a Di-s, por así decirlo; por ello, se dice en relación con las libaciones que “solo se recita el canto solo sobre vino”,[2] lo que significa que una expresión plena de alegría solo es posible cuando se ofrece una libación en el altar.

En el desierto, el pueblo judío se sostenía únicamente por la bondad de Di-s, comiendo del maná y bebiendo del pozo de Miriam, y por tanto la ofrenda principal era el sacrificio animal, simbolizando una vez más el sustento desde Arriba. Pero en la Tierra de Israel, se requiere trabajo humano. Por eso se introducen las libaciones tras el Pecado de los Espías,[3] como parte del anuncio de la futura entrada en la Tierra de Israel a pesar del decreto de que los israelitas vagarían por el desierto durante 38 años más. Teniendo en cuenta el contexto en el que aparecen, las libaciones tienen por objeto reparar el Pecado de los Espías, al revelar las maravillas de la Tierra de Israel y la importancia del trabajo humano en ella.

Ahora ampliemos la reflexión del Kedushat Levi sobre la diferencia entre sacrificios animales y libaciones vegetales. Los animales y las plantas son dos de los elementos que componen el conocido modelo de la naturaleza, que se divide en los reinos inanimado, vegetal, animal y humano. Este modelo también es conocido por su acrónimo Datzjam, domé tzomeaj jai mudbar (דּוֹמֵם צוֹמֵחַ חַי מִדְבָּר). Sus cuatro partes se corresponden con las cuatro letras del Nombre esencial de Di-s, Havaia:

 letra de Havaiacategoría de la creaciónOfrenda
“Las cosas ocultas (י־ה) son para Havaia nuestro Di-s”Iudhablante (humano) 
HeiAnimalSacrificio
“y las cosas reveladas (וְהַנִּגְלֹת) nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos por siempre.”VavVegetalLibación
Heiinanimado 

Por tanto, los sacrificios animales pertenecen al ámbito de “las cosas ocultas son para Havaia, nuestro Di-s”,[4] mientras que las libaciones vegetales pertenecen al reino de “las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos”, la vav de Havaia, a la que se llega gracias a nuestro propio esfuerzo (que, aunque conlleva un sacrificio, es a través de ello se expresa la alegría del corazón).

Para ampliar el análisis del Kedushat Levi de modo que incluya tanto la parte hablante de la Creación, es decir, la persona que trae la ofrenda, como a lo inanimado, debemos proporcionar ejemplos de ambas. La ofrenda del nivel hablante/humano de la Creación al servicio de los sacrificios se menciona en el segundo versículo de Levítico: “Cuando un hombre de entre vosotros traiga una ofrenda a Havaia.”[5] El Alter Rebe explica que la redacción del versículo sugiere que la ofrenda proviene de la persona que la trae, es decir, que la persona se ofrece a sí misma (junto con su alma animal). Cuando una persona trae un sacrificio, también debe traerse a sí misma, es decir, su alma animal y ofrecerla en el altar. Psicológicamente, como veremos, esto significa reconocer que todo lo que he logrado, todo mi éxito, realmente pertenece a Di-s. Juntos, la iud (el nivel humano) se une a la hei superior (el nivel animal) en lo que se conoce como “lo oculto”.

La categoría inanimada también aporta ofrendas llevadas al altar, específicamente las libaciones de agua (ofrecidas en Sucot) y la sal que se trae con todos los sacrificios. Junto con las ofrendas vegetales, constituyen el nivel conocido como “lo revelado” y corresponden a las dos últimas letras de Havaia, vav y hei.

La alegría de servir a Di-s

Cuanto más baja es la categoría en nuestro modelo, mayor es la alegría, de ahí la afirmación de los sabios de que, “quien no vio la alegría de la Celebración de la Extracción de Agua [que termina con la libación de agua] nunca ha visto el regocijo en su vida.”[6] Aunque la materia inanimada no implica un trabajo como el de sembrar, etc., a diferencia del pozo de Miriam en el desierto, que proporcionaba agua sin esfuerzo, el acto de extraer agua implica un gran esfuerzo, y de ello surge una gran alegría, como declara el profeta: “Sacareis agua con alegría de los manantiales de la salvación.”[7] El esfuerzo requerido para trabajar el nivel inanimado de la Creación fomenta la humildad (shiflut), en forma de disposición a descender cada vez más abajo. A su vez, la humildad produce una gran alegría, similar a la humildad del rey David – “Seré aún más humilde a mis propios ojos”[8] – y alegría – “El rey David saltaba y bailaba ante Di-s”[9] – cuando llevó el Arca de Di-s a Jerusalén. Es precisamente de esta alegría de donde Maimónides[10] deriva el modelo para la alegría de la Celebración de la Extracción de Agua:

Es una gran mitzvá maximizar esta celebración. La gente común y cualquiera que lo deseara no participaban [en estas celebraciones]; solo los más grandes de los sabios de Israel: los jefes de academias, los miembros del gran tribunal, los piadosos, los ancianos y los hombres de renombre. Ellos eran quienes bailaban, aplaudían, cantaban y se alegraban en el Templo durante los días de la festividad de Sucot. Sin embargo, toda el pueblo – hombres y mujeres – acudían para ver y escuchar.

Hay otra característica preciosa revelada en este modelo. Aunque hemos asociado al rey David con la humildad del cuarto nivel, del inanimado Extracción de Aguas y libación de aguas, siguiendo el principio de que “el fin está incluido en el principio”,[11] el rey David ocupa un lugar igual de prominente en el nivel más alto del ser humano. Es el rey David quien expresa la idea de que, “todas las cosas vienen de Ti, y de Tu propia mano Te hemos dado”[12], Ki mimeja hacol uMiiadeja natanu laj (כִּי מִמְּךָ הַכֹּל וּמִיָּדְךָ נָתַנּוּ לָךְ). Este es el equivalente bíblico de la mishná citada anteriormente respecto a los sacrificios animales, “da a Él de lo que es Suyo”, y dado que el rey David se refiere a sí mismo (y al pueblo judío), es aún más aplicable al nivel más alto – el ser humano, el hablante – cuyo todo esfuerzo debería ser reconocido como posible únicamente gracias a la bondad de Di-s.

La experiencia detrás de la ofrenda

Aunque actualmente no podemos llevar sacrificios al Templo, sí podemos experimentar el estado de estar asociados con cada uno de estos cuatro niveles de ofrenda: desde ofrecernos a nosotros mismos y nuestro esfuerzo hasta la libación de agua. El principio que nos guía para entender el estado de ellos es que la experiencia de recibir de Arriba, de Di-s, que es lo que acompaña al acto de traernos a nosotros mismos – es decir, nuestro esfuerzo – como sacrificio, es una experiencia del ayin (la nada). La experiencia que acompaña las ofrendas de libaciones vegetales y los ingredientes inanimados llevados al altar (el tercer y cuarto nivel) es una de asociación con el Creador y es similar a una experiencia de iesh (ser). Cuanto más ascendemos en el modelo, más experimentamos una sensación de nada (nulidad) y una menor percepción de asociación; cuanto más descendemos.

Para comprender mejor esta estructura, añadimos que la sefirá de entendimiento (biná) se considera el principio del ser,[13] el comienzo del iesh así como la encarnación de la alegría. Cuanto más siente una persona que está contribuyendo, cuanto más participa en el resultado, mayor es la alegría que experimenta. A la luz de esto, los cuatro niveles de ofrendas pueden describirse en términos de su experiencia de la nada o del ser. El nivel más alto lo describiremos como la nada de la nada (ayin de ayin). Esto es lo que se experimenta cuando una persona se ofrece a si misma, es decir, cuando alcanza un estado de completa autoanulación de todo su ser ante Di-s. El segundo nivel, la hei, puede describirse como una experiencia de ser dentro de la nada (iesh de ayin). Esta es una experiencia de la gran bondad de Di-s al otorgarnos a todos Sus dones, por ejemplo, el maná y el pozo de Miriam en el desierto. El tercer nivel, correspondiente a las libaciones vegetales, proporciona una experiencia de participación activa creciente por parte del individuo (o, ayin dentro de iesh) lo que conduce a una experiencia de “Tú [Di-s] has puesto alegría en mi corazón.”[14] Finalmente, el cuarto nivel es una experiencia de ser dentro del ser (iesh dentro de iesh), que corresponde a la humildad del rey David. Ser dentro del ser significa que el ser creado sirve como un recipiente a través del cual se revela el ser eterno del Infinito.

Ahora podemos añadir la descripción de estas experiencias a nuestro modelo anterior:

 letra de Havaiacategoría de la creaciónOfrendaExperiencia
“Las cosas ocultas (י־ה) son para Havaia nuestro Di-s”Iudhablante (humano)El mismoLa nada de la nada
HeiAnimalSacrificioSer de la nada
“y las cosas reveladas (וְהַנִּגְלֹת) nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos por siempre.”VavVegetalLibaciónNada del ser
HeiinanimadoAgua y salSer en el ser

[1] Avot 3:7.

[2] Arajin 11a.

[3] Números 15:1-16.

[4] Deuteronomio 29:28. Específicamente, los sacrificios animales colocados en el altar corresponden a la Madre Suprema (Ima Ila’ah), que representa la afirmación del Zohar (Zohar 2:239a) de que “el misterio del sacrificio asciende al misterio del Infinito” (רָזָא דְּקוּרְבְּנָא עוֹלֶה עַד רָזָא דְּאֵין סוֹף). De la gran bondad inherente a la Madre suprema, que endulzan todos los juicios duros, fluyen entonces las abundantes bendiciones de Di-s.

[5] Levítico 1:2.

[6] Sucá 51a.

[7] Isaías 12:3.

[8] 2 Samuel 6:22.

[9] Ibid. v. 16.

[10] Hiljot Sucá Velulav 8:14.

[11] Sefer Ietzirá 1:7.

[12] 1 Crónicas 29:14.

[13] Biná se considera la raíz de los recipientes de la Creación, y los recipientes son los que permiten un sentido de ser o existencia.

[14] Salmos 4:8.

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