RABÍ ZUSHA DE ANÍPOLI
¿Dónde fluye realmente la bendición?
La historia de Rabí Zusha de Anípoli revela un principio profundo del jasidismo: la abundancia no depende de buscar al “tzadik más grande”, sino de la conexión auténtica con el canal espiritual que nos corresponde. Entre humildad, entrega y cercanía al alma del otro, esta enseñanza nos invita a comprender cómo la bendición desciende cuando hay pertenencia, amor y fidelidad al propio Rebe.
SOBRE RABI ZUSHA
Rabí Meshulam Zusia de Anípoli nació en el año הת”צ (aprox. 1730), hijo de Rabí Eliezer Lipá y de su madre Mirel, y fue el mayor de sus hermanos. Como una de las figuras más queridas del jasidismo, circularon numerosas versiones sobre su nacimiento y el de su hermano Rabí Elimélej, así como sobre la historia de su familia: cuántos hermanos eran, si su padre fue un arrendatario rico o un humilde aguatero, y otros detalles.
Se acercó a su maestro, el Maguid de Mezritch, durante los años de exilio que recorrió junto a su hermano, y se convirtió en uno de los discípulos más destacados. Entre él y Rabí Shneur Zalman de Liadí se forjó un vínculo personal muy profundo: este lo llamaba “Sar haTorá” (Ministro de la Torá) y le pidió su aprobación para la publicación del Tania, a pesar de que Rabí Zusha se esforzaba por presentarse como una persona simple.
Rabí Zusha falleció en Anípoli el 2 de Shevat del año 1790, התק”ס, y en su lápida se escribió:
“Aquí yace el santo… servidor de Dios con amor, alegre incluso en los sufrimientos, y que hizo retornar a muchos del pecado”.
EL JASID QUE BUSCABA UN “REBE MÁS GRANDE”
Rabí Zusha de Anípoli tenía un jasid que era un hombre rico, quien solía viajar regularmente para visitarlo y sostenerlo con sus bienes. Los negocios de aquel jasid prosperaban, y él atribuía su éxito al mérito del tzadik.
Sucedió una vez que el hombre llegó a la casa de Rabí Zusha y este no se encontraba allí, pues había viajado a ver a su propio Rebe, el gran Maguid de Mezritch. El jasid preguntó a la rebetzin:
—¿Dónde está el Rebe?
Ella respondió:
—Viajó a ver a su Rebe.
El hombre quedó sorprendido:
—¿Acaso el Rebe también tiene un Rebe?
—Por supuesto —respondió ella.
—¿Y quién es?
—El gran Maguid de Mezritch.
El jasid reflexionó y pensó:
“Si viajando a mi Rebe tengo éxito, ¡con mayor razón si viajo al Rebe de mi Rebe, que seguramente es más grande, tendré aún más bendición!”
Desde entonces dejó de viajar a Rabí Zusha y comenzó a viajar al Maguid de Mezritch. Pero a partir de ese momento sus negocios comenzaron a decaer, y la bendición se apartó de él.
Tras un tiempo, al ver que su situación empeoraba, comprendió que tal vez había errado al abandonar al tzadik de Anípoli. Decidió volver a Rabí Zusha y le preguntó con humildad:
—Que el Rebe me perdone si me atrevo a preguntar: ¿por qué cuando viajaba a usted mis negocios prosperaban y cuando comencé a viajar al Rebe del Rebe —que sin duda es más grande— la bendición cesó y mis negocios fracasaron?
Rabí Zusha le respondió:
—La razón es sencilla. Yo, en verdad, no soy un tzadik. Por eso, cuando venías a mí y me dabas dinero, aunque yo no fuera digno ni adecuado, en el Cielo tampoco eran estrictos contigo y te enviaban bendición en tus actos, aunque tú tampoco fueras digno de ella.
Pero cuando comenzaste a ser meticuloso y a viajar al gran Maguid de Mezritch, que sí es un tzadik verdadero, desde el Cielo comenzaron a examinarte con rigor para ver si eras digno de recibir bendición. Y al encontrar que no lo eras, la bendición cesó…
(Relatos jasídicos)
Una enseñanza profunda
En este relato, Rabí Zusha reprende suavemente al jasid por “buscar linaje”, por querer conectarse con alguien más elevado. Sin embargo, la cuestión que plantea es profunda y esencial:
¿cómo debe sentirse un jasid frente al Rebe de su Rebe, cuando el propio Rebe se anula ante él?
La respuesta simple de Rabí Zusha es:
“Eso no es asunto tuyo”.
La relación entre Rebe y jasid es una relación de pertenencia, entrega total y amor. Es un vínculo que no se replica automáticamente de generación en generación, aunque esto no contradice el amor y el respeto hacia todos los tzadikim.
El jasidismo —y el judaísmo en general— enfatiza enormemente la cadena de transmisión: desde Moshé Rabenu o Avraham Avinu, hasta linajes específicos como el del Baal Shem Tov o Jabad. La pregunta es:
¿cómo conectarse con la cadena de los tzadikim sin perder la entrega al Rebe propio?
La respuesta puede entenderse mediante una metáfora:
La cadena es como un árbol. Una rama pequeña recibe su vitalidad de la rama grande a la que está unida, no directamente del tronco. El tronco es la fuente general de vida, pero si la rama no está conectada a él de manera efectiva, no puede nutrirse.
Así también en la avodá jasídica: el jasid recibe su influencia del Rebe con el que está verdaderamente conectado, aunque ese Rebe, a su vez, reciba su vitalidad de su maestro.
Pero hay un punto aún más profundo.
Rabí Zusha no era solo una “rama” en la cadena. Existía entre él y el jasid una cercanía esencial: en su humildad extrema, Rabí Zusha se identificaba con la pequeñez del jasid y con su mundo. El jasid estaba preocupado por asuntos materiales —sustento, éxito, bendición concreta— y precisamente allí vivía y actuaba Rabí Zusha: en la preocupación amorosa por el bienestar material del judío.
El Maguid de Mezritch, en cambio, era una fuente de influencia espiritual elevada, más distante del plano existencial inmediato del jasid. De él se recibe luz espiritual interior, no necesariamente una respuesta directa a las necesidades cotidianas.
Cuando el jasid intentó “saltear” su lugar natural y conectarse directamente con una fuente más alta, se desconectó del canal que realmente le correspondía. Y por eso, la bendición se interrumpió.
(Editado a partir de notas del Rabino Ginsburgh)




