UNA PERSPECTIVA JASÍDICA
El Baal Shem Tov enseñó cómo purificar el estudio de la Torá y la oración de intenciones egoístas y del orgullo, pero no llegó a rectificar el manejo del dinero. El uso incorrecto del dinero por parte de los judíos contribuye al mal en el mundo y aleja a muchos de la Torá. La rectificación del dinero es una tarea crucial para la era mesiánica, ya que se necesitan grandes sumas de dinero (“el derroche de tesoros”) para la llegada del Mesías, siempre y cuando sea dinero puro y rectificado. Esta tarea está relacionada con José, quien reunió todo el dinero de Egipto y Canaán sin intereses personales. Según los sabios, la mayor parte de este dinero, un tesoro escondido para los justos en el futuro, está destinado a financiar la llegada del Mesías.
La fe en el comercio y el origen del dinero
La base de la rectificación del dinero es la fe (“¿Negociaste con fe?”). Esta fe se basa en la comprensión de que todo el dinero proviene de Dios, lo que lleva a un comportamiento honesto y a la ausencia de ansiedad en los negocios. En un nivel más profundo, el origen del dinero se encuentra en el supraconsciente (Kéter), que se manifiesta en tres fuerzas: fe, placer y voluntad, que corresponden a tres tipos de atracción: anhelo (Késef/placer oculto), deseo (placer manifiesto) y voluntad (medios para el placer).
La capacidad de recaudar “dinero bueno” depende del anhelo de realizar la fe mesiánica, que es superior a cualquier placer o voluntad consciente. La fe “va por todo” y busca la revelación total del bien mesiánico, lo que explica el deseo de acumular “todo el dinero” para la redención del mundo sin intereses personales. El Rebe de Lubavitch enseñó que en nuestra generación, todos deben esforzarse por ser ricos para traer al Mesías. Abraham, el primer judío, es la raíz de esta rectificación del dinero a través de la fe y el anhelo (Késef/Jesed). José personifica la realización completa de este proceso, reuniendo “todo el dinero” a través de la sefirá de Yesod.
Los tres tesoros de José y la compasión mesiánica
El dinero tiene su origen en el supraconsciente, pero se manifiesta en la sefirá de Tiféret (compasión). La compasión tiene tres niveles: el sentimiento, la acción y el intelecto que la genera. Los dos primeros niveles están expuestos al ego (“hay alguien que se compadece”), lo que permite que el mal se nutra de ellos. En cambio, el intelecto que genera la compasión está “oculto” y libre del ego.
Los tres tesoros de José corresponden a estos tres niveles de compasión:
- Tesoro de Antonino: Corresponde a la acción compasiva (obras públicas). El ego puede corromper el bien al buscar el beneficio propio (“todo lo que hicieron fue por ustedes mismos”).
- Tesoro de Coraj: Corresponde al sentimiento de compasión (placeres para aliviar el sufrimiento). Es fácil desviarse hacia el ego y la arrogancia (Coraj), lo que lleva a oponerse al líder de la generación que busca la redención con firmeza.
- Tesoro para el futuro: Corresponde al intelecto que genera compasión. Es dinero utilizado para un liderazgo que busca la verdadera compasión por Israel, guiado únicamente por el intelecto y sin intereses personales.
El verdadero “negociante con fe” es aquel que puede “ocultar” todo su dinero en un objetivo positivo y mesiánico, sin dejar espacio para el ego o el disfrute personal. La verdadera compasión es la compasión por la falta de conocimiento (Daat). A aquellos que no tienen Daat no se les debe tener compasión emocional o práctica, ya que no pueden apreciar ni utilizar correctamente lo que reciben. La compasión del Mesías se manifiesta en la difusión del Daat y los secretos de la Torá, lo que permitirá la redención. El Mesías cumple así el mandato de no acumular dinero para sí mismo, sino para las necesidades del reino y la redención.




