*QUERIDOS AMIGOS*
Esta semana terminamos de iluminar con luz y alegría el mundo, inspirados en Matitiahu y sus hijos, Iehudá el Macabeo y Iehudit la heroína de Jánuca. En Shabat meditamos acerca de lo importante de compartir responsabilidades cada uno con sus habilidades, como Iosef y Iehudá, y rezamos con fuerza para que el ayuno del 10 de Tevet se transforme en banquetes y brindis de alegría con la llegada de la Redención verdadera y el Justo Mashíaj. ¿Pero hay dos Mashíaj?
El Mashíaj hijo de Iosef y el Mashíaj hijo de David pueden percibirse como dos fuerzas distintas e incluso opuestas, como dos figuras entre las que existe una continuidad e incluso una complementariedad, y también como dos aspectos de una misma personalidad.
En la parashá Vaigash se encuentran Iosef y Iehudá: Iosef es el gobernante y Iehudá está ante él suplicando, y finalmente logra lo que pide. En la haftará los roles se invierten: el “árbol de Iosef” y el “árbol de Iehudá” se unen en “un solo árbol”, encabezado por David. Cuando se habla de dos Mashíaj, el Mashíaj hijo de Iosef es el que inicia el proceso —pero no perdura—, mientras que el Mashíaj hijo de David es quien lo culmina y permanece para siempre. En los términos de la festividad de Janucá, el Mashíaj hijo de Iosef está vinculado al milagro de la victoria en la guerra, y el Mashíaj hijo de David al milagro de las luces del Templo: “He dispuesto una lámpara para Mi Mashíaj”.
Sin embargo, en la visión de Maimónides (Rambam) no existe una división en dos Mashíaj, sino que ambos se unifican como funciones distintas de una sola personalidad. Al comienzo, el Mashíaj es considerado “presunto Mashíaj”, que obliga al pueblo a caminar por el camino de la Torá y libra las guerras de Hashem —funciones del Mashíaj hijo de Iosef—, y al final es el “Mashíaj confirmado”, que construye el Templo en su lugar, reúne a los exiliados de Israel y devuelve a todo el mundo hacia Hashem —funciones del Mashíaj hijo de David—. En lo profundo, estos dos roles o aspectos de la personalidad se corresponden con dos facetas del propio Hashem: la faceta objetiva (la dimensión del jefetz) y la faceta subjetiva-personal (la dimensión del gavra). Precisamente su unificación es la que posibilita un servicio a Hashem completo y la conducción de la realidad conforme al verdadero deseo divino.
De este encuentro entre los dos Mashíaj tratan esta semana varios mensajes que te invito a disfrutar con tu familia, comunidad y contactos.
SHABAT SHALOM,
*RABINO JAIM FRIM y el equipo de Gal Einai en Español*
*INSTITUTO PARA LA DIFUSIÓN DE LAS ENSEÑANZAS DEL INTERIOR LA TORÁ*
*DEL RABINO ITZJAK GINSBURGH*
*LA DIMENSIÓN INTERIOR DE LA TORÁ*

*BLOG LOS 32 MAMANTIALES*

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*PARASHÁ VAIGASH*
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🤔 ¿Lo pensaste alguna vez?
Seguramente conoces a una persona como esta, hace, da, asume responsabilidades, y hasta se siente bien con eso, porque es alguien orientado a dar, a hacer, a liderar. Y entonces, sin aviso previo algo estalla.
La otra parte, la que recibe, empieza a sentirse incómoda. Se rebela, se resiste, ya no está dispuesta a aceptar esa conducción.
¿Y el que da? Está herido. Después de todo, dio de todo corazón.
Entonces… ¿por qué de pronto se siente tan ofensivo?
🤔 ¿Lo pensaste alguna vez?
Resulta que, a veces sin darnos cuenta, en una relación se crean dos “estatus”:
uno más alto y otro más bajo. Y en cierto punto, la altura se vive como soberbia,
y el lugar bajo como sometimiento.
Entonces, ¿qué se hace? Porque las diferencias siempre existen. Uno es más fuerte,
otro más inteligente, otro más trabajador.
La diversidad es un hecho.
En la parashá de esta semana, Parashat Vaigash, nos encontramos con un encuentro cargado de tensión entre dos figuras poderosas: Iosef y Iehudá. Iosef es el virrey de Egipto. Iehudá se inclina ante él y le suplica.
Pero en la haftará, que describe la unidad futura, se dice justamente: “Y David, Mi siervo, será su lider”. Entonces… ¿quién está por encima de quién?
El Maguid de Mezritch insinúa algo sorprendente: las letras finales de la frase
“Vaigash elav Iehudá” (Y se acercó a él Iehudá) forman una sola palabra: shavé — igual.
La verdadera igualdad no nace de anular las diferencias, sino precisamente a partir de ellas. Cada uno aporta sus fortalezas, pero también reconoce que en otros aspectos necesita del otro. Así no se crea un “dador” por encima de un “receptor”,
sino dos personas que realmente se encuentran, comparten y crean juntas.
Como dijo el rabino Itzjak Ginsburgh, vivimos en una generación en la que
“venaké lashavím” — “y absuelve a los que regresan”, pero también puede leerse como: “a los iguales.
Para quienes son capaces de sentirse iguales, incluso cuando hay diferencias.
¿Dónde toca esto tus vínculos personales?
Que sea un Shabat de paz y unidad,
De la academia “Torat HaNefesh”, del rabino Itzjak Ginsburgh
IOSEF Y IEHUDÁ: EL JUSTO Y EL QUE RETORNA (BAAL TESHUVÁ)
PARASHÁ VAIGASH
Rabi Adin Steinsaltz
El aspecto de Iosef es el del justo (tzadik). Existen ciertos tipos de esencias que, de por sí, nacen con plenitud. Sin embargo, puede haber una persona que tenga un lado de perfección en su esencia, pero que viva aferrada a permanecer en ese nivel. Posee todas las virtudes, pero en el momento en que se daña, no tiene la capacidad de repararse a sí misma.
La relación entre Iosef y Iehudá es la relación que existe entre el justo y el que retorna (baal teshuvá).
La historia de Iehudá y Tamar, en contraste con la historia de Iosef y la esposa de Potifar, es un ejemplo claro de ello. Iehudá va descendiendo: vende a Iosef, y eso es un acto vil. Lo que hace luego con Tamar, incluso un simple dueño de casa ve que sus intenciones requieren un análisis profundo.
Y aun así, es capaz de realizar ese gran acto de “Iehudá se acercó a él”.
He aquí una persona que carga en su conciencia muchas faltas graves —¿qué cabría esperar que ocurriera? Que se quede callado a un costado. Pero no es así. Iehudá no solo entrega su vida, sino que también está dispuesto a enfrentarse a sus actos anteriores.
En cambio, Iosef no puede cambiar, no puede apartarse de sus rasgos: es perfeccionista, y eso mismo es lo que lo quiebra.
Sobre Mordejái el judío se dice: “Mordejái no se arrodilló ni se postró”. Por un lado, esto es su gloria; pero por otro, debido a ello se complica. En el Talmud se relata que la Congregación de Israel se queja de él: “¿Por qué me metiste en todo este problema? ¡Inclínate!”. Mordejái pertenece a la raíz de Iosef. El justo no puede estar dañado; su esencia exige que sea íntegro.
En contraste con ellos, Iehudá comienza completamente desde abajo. Como se dice de David, él vino “de detrás del rebaño”. No comienza desde ningún lugar destacado. No es el primogénito, no es el grande. ¿Qué tiene entonces? Que “prevaleció sobre sus hermanos” (I Crónicas 5:2), y es él quien avanza y continúa, generación tras generación, y cada vez vuelve a hacerlo.
En cada lugar donde vemos a Iehudá y Iosef encontrarse, vemos el encuentro entre algo que posee plenitud y algo que cambia sin cesar. Aquí y en otros lugares, Iosef aparece como alguien que pertenece al Zóhar, casi a lo heroico; mientras que la tribu de Iehudá siempre camina con alguna pierna rota, siempre con algún asunto pendiente. Y aun así, Iehudá siempre logra sobreponerse.
Una pequeña reflexión, una gran comprensión
¿En qué áreas de mi vida me aferro a mi perfección como Iosef, temiendo dañarme y por eso me cuesta cambiar?
¿Y en qué lugares me atrevo a actuar como Iehudá, precisamente desde la ruptura y la carencia?
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DE LA SEMANA ANTERIOR:
¡SÉ UN MACABEO!
Jasidut para la Parashat Miketz con el Rabino Itzjak Shapira
¿Cuál es la diferencia entre los Macabeos y Iosef el Justo?
Sobre el delicado equilibrio entre la confianza en Dios y el esfuerzo personal, ¿y cómo podemos soltarnos y confiar en Dios?
La cualidad de la confianza
En este artículo, nos enfocaremos en la Parashat Miketz y la festividad de Janucá, centrándonos en un tema fundamental en el servicio a Dios que es relevante para ambos: la cualidad de la confianza en Dios.
La festividad de Janucá es en su totalidad una celebración de confianza total y absoluta en el Creador del mundo. La familia de los sacerdotes, los hijos de Matatías (la guematria de “sacerdote” es igual a la de “confianza”), salieron a luchar contra un imperio poderoso con el claro conocimiento de que no había ninguna posibilidad natural de victoria. Salieron como “héroes en manos de los débiles” y “muchos en manos de los pocos” con una confianza total y absoluta en que Dios los ayudaría a derrotar a los griegos. Sin una confianza absoluta en que Dios “intervendría” por ellos y saldría en su ayuda, no habría forma de que hubieran emprendido una guerra tan desesperada.
De manera similar, en nuestra parashá también aprendemos sobre la importancia de la cualidad de la confianza. La parashá describe cómo el copero menciona a Yosef el Justo ante Faraón, después de haberlo olvidado durante dos largos años.
En la parashá anterior, cuando Yosef interpretó el sueño del copero y le prometió que volvería a su cargo, Yosef le pidió: “Pero si me recuerdas contigo cuando te vaya bien y me haces la bondad de mencionarme a Faraón y sacarme de esta casa”. Pero el copero olvidó por completo la petición de Yosef, “y no recordó el copero a Yosef y lo olvidó”.
El olvido del copero hacia Yosef se debió a la falta de confianza de Yosef, y fue en realidad un castigo por no confiar únicamente en Dios. Así explica Rashi el versículo: “Porque Yosef confió en él para que lo recordara, se vio obligado a estar encarcelado durante dos años, como está escrito: ‘Dichoso el hombre que pone en el Señor su confianza y no se vuelve a los soberbios'”.
¿Qué espera Yosef con su petición?
A primera vista, parece que nuestros Sabios están contradiciendo el sentido literal de los versículos. En apariencia, Yosef hizo un esfuerzo mínimo y lógico para su liberación, y ¿por qué nuestros Sabios ven su esfuerzo como una falta de confianza?
Sin embargo, cuando examinamos detenidamente el sentido literal de los versículos, descubrimos que nuestros Sabios realmente han revelado la profundidad del texto, y la acción de Yosef el Justo de hecho despierta una gran perplejidad.
Yosef detalla su petición en dos partes, como está escrito: “Pero si me recuerdas contigo cuando te vaya bien y me haces la bondad de mencionarme a Faraón y sacarme de esta casa”, y luego razona: “Porque fui robado de la tierra de los hebreos y tampoco aquí he hecho nada para que me metieran en el pozo”.
Y aparentemente esto no se entiende en absoluto: qué esperaba Yosef que sucediera a través de estas afirmaciones. Por qué pensó que si le contaba al copero que había sido robado de la tierra de los hebreos, eso haría que Faraón creyera al copero que efectivamente había sido así, pues todos saben que Yosef fue vendido a Potifar, el capitán de la guardia, de manera legal. Y también, por qué pensó Yosef que Faraón le creería que lo habían metido en el pozo sin haber cometido ninguna injusticia, pues esto contradice las graves y claras acusaciones de la esposa de Potifar, que es una figura prominente en la casa de Faraón.
¡No te aferres a la paja!
Para responder a estas preguntas, examinaremos una famosa carta del Rebe Rayatz sobre la cualidad de la confianza.
Y este es el texto de la carta (citado en el libro “Lev LaDa’at”, artículo “Emuná y Bitajón”): “La confianza absoluta en Dios es cuando no hay ni sombra de indicio o fuente material de dónde vendrá la ayuda, como dice el mundo ‘el que se está ahogando, Dios no lo quiera, se aferra incluso a una paja’, pero mientras todavía hay una paja a la que aferrarse… entonces todavía no es una confianza absoluta en Dios”.
¿Qué significan estas palabras? ¿Cuándo es nuestra confianza en Dios completa, y qué significa “aferrarse a la paja”?
Cuando una persona enfrenta un problema o una gran preocupación, el pensamiento inmediato es buscar una solución natural. La persona inmediatamente trata de imaginar innumerables posibilidades de cómo saldrá del problema: tal vez esta persona me ayude, tal vez este documento me salve, tal vez este dinero resuelva el problema. Estas imágenes son la “paja” a la que se aferra el que se está ahogando.
Pero la verdad es que todas estas imágenes no tienen un asidero real y necesario en la realidad, y no se sabe cómo Dios elegirá traer la salvación. Lo que sucede en la práctica es que cuando la persona las imagina, se aferra a ellas con gran fuerza, y trata de forzar la realidad para que se desarrolle precisamente de la manera que imaginó. En lugar de confiar en Dios, en realidad confía en la “paja” que inventó en su mente.
Por el contrario, el que confía verdaderamente en Dios se libera de imaginar las formas de salvación. Sabe que el Santo Bendito Sea puede salvarlo de innumerables maneras que no se le han ocurrido, y no limita la salvación a una forma específica. Se suelta de las preocupaciones y las imágenes, y está abierto en su corazón para aceptar la forma en que Dios elija salvarlo. Esta es la forma más realista y lógica de ser salvado, porque la persona realmente no sabe cómo saldrá de su problema, y cuál es la forma en que Dios quiere salvarlo.
Ahora, a la luz de las palabras del Rebe Rayatz, podemos entender mejor lo que sucedió con Yosef el Justo y cuál fue su pequeño error que condujo a dos años más de retraso.
Cuando Yosef el Justo interpretó el sueño del copero, inmediatamente se formó en su mente una imagen específica de cómo sería salvado de su problema y saldría de la prisión: a través del copero, que es cercano al rey Faraón. Esta imagen, que es la “paja” a la que podía aferrarse, hizo que Yosef se aferrara fuertemente a este camino. Por eso, se dirigió al copero con una petición que naturalmente no debería ayudarlo: que convenciera a Faraón de que estaba en prisión por error, en contra de todo lo que Faraón y su corte sabían. La petición no es realista, pero es una expresión de la tendencia natural que existe en todos nosotros: dejarnos llevar por la imagen de la salvación que se forma en la mente.
Nuestros Sabios nos enseñan que si Yosef el Justo hubiera actuado en la misma situación con la cualidad de la confianza absoluta según su nivel, no se habría inclinado por la imagen que se formó en su mente de cómo saldría de la prisión. En cambio, habría puesto su confianza en Dios y habría caminado a la luz del camino que Dios eligiera para él, ya fuera a través del copero o de otra manera.
Confianza: una expresión de la relación con Dios
Ahora volvamos a la festividad de Janucá, y profundicemos en la cualidad de la confianza que utilizaron Matatías y sus hijos y todos los que los siguen.
Es famosa la disputa sobre la cualidad de la confianza: ¿significa confiar en que lo que Dios hace es para bien, o significa confiar en que Dios ciertamente cumplirá mi deseo? Sobre esto existen muchas discusiones y se han escrito muchas plumas, para un lado y para el otro.
En el jasidismo se explica que, por un lado, la cualidad de la confianza no es un “cajero automático” o algún tipo de amuleto que funciona de manera mecánica, pero por otro lado, tampoco es solo un pensamiento de “todo es para bien”. Según el jasidismo, la cualidad de la confianza es otra expresión importante y valiosa de nuestra relación con Dios.
Así como Dios se alegra de que expresemos nuestra relación con Él a través de la Torá o la oración, así también Dios se alegra de que expresemos nuestra relación con Él a través de la confianza en Él. La confianza en Dios es, en realidad, una fe en que nosotros haremos lo que nos corresponde, y Dios terminará el trabajo por nosotros.
Y esta fue la cualidad de la confianza de los Macabeos: salen a luchar contra los griegos, y confían absolutamente en el Santo Bendito Sea que Él “fluirá” con ellos e intervendrá a su favor. Esta fe absoluta es una herramienta de relación que despierta una respuesta desde arriba. Dios disfruta y se alegra de la confianza que depositamos en Él, y por eso responde a ella y de hecho cambia la realidad a nuestro favor.
Según esto, en Janucá se nos renovó otra expresión central de la relación entre nosotros y Dios. Si hasta Janucá conocíamos la relación con Dios principalmente a través de la Torá, la oración y las buenas acciones, ahora en Janucá se nos renovó que podemos expresar la relación con Él de otra manera: a través de la cualidad de la confianza, a través de la confianza absoluta que depositamos en Él. Así, en Janucá ganamos otra herramienta única para traer la presencia de Dios dentro de nosotros.
¡Shabat Shalom y Janucá Sameaj!
Rabino Itzjak Shapira
Beit Midrash ‘Od Yosef Jai’










Toda raba rab bendiciones, muy hermosa enseñanza