*JUDAÍSMO PARA TODOS*
*📖 CABALÁ Y JASIDUT*
*DOMINGO 29 TEVET 5786 – 18-1-2026*
🕘*21:00 HORAS DE ISRAEL*
*📖Con el Rabino Jaim Frim*
🌍 En vivo desde Israel
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*Abierto para todos, sin conocimientos previos.
Sumate y conectate con la sabiduría eterna de la Torá.*
*”Salir de Egipto” hoy significa no permitir que nuestra lógica o nuestras circunstancias limiten nuestra conexión con lo Divino. Como el Alter Rebe demostró con su propia vida (especialmente tras su liberación de la cárcel), la verdad espiritual puede vencer cualquier decreto físico.*
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MATERIAL DE ESTUDIO
Nigún n.º 18
Nigún de Bar Mitzvá
para su hijo Jaim Iosef – 28 de Nisán 5744
Este nigún expresa el momento de transición espiritual del bar mitzvá, cuando el alma comienza a cantar por sí misma. No es un canto de palabras, sino de interioridad: la melodía surge allí donde la emoción antecede al intelecto. En la Jasidut se enseña que el nigún abre canales del corazón que el lenguaje no puede alcanzar, y por eso tiene la fuerza de elevar al alma sin intermediarios. El “canto del Rabino” no busca impresionar, sino despertar en quien escucha la chispa esencial que reconoce su nueva responsabilidad y su conexión viva con Hashem.
ניגון מס’ 18 – גַּל עֵינַי – השער לפנימיות התורה
1 MES DE SHEVAT –
Shevat: El Despertar de la Savia Interior
El Mes de la Renovación Invisible
El mes de Shevat llega en el corazón del invierno, cuando el mundo exterior todavía parece dormido y los árboles están desnudos. Sin embargo, los sabios de Israel nos enseñan que es precisamente en este mes cuando ocurre un milagro oculto: la resurrección de la savia.
Aunque por fuera no se ve ningún cambio, dentro del árbol el agua de las lluvias de invierno comienza a subir por el tronco, llevando la vida necesaria para los frutos que vendrán. Shevat es, por lo tanto, el mes del potencial latente y de la preparación silenciosa.
El Hombre es un Árbol del Campo
La Torá compara al ser humano con el árbol del campo (Ki haadam etz hasadé). De esta analogía, el Jasidut extrae tres lecciones fundamentales para nuestra vida en este mes:
- Las Raíces (La Fe): Un árbol es tan alto como profundas son sus raíces. Nuestra fe (Emuná) es nuestra raíz. En Shevat, se nos invita a fortalecer nuestra conexión con lo invisible, aquello que nos sostiene cuando llegan los vientos del desafío.
- El Tronco (La Torá y Mitzvot): Es el canal por donde fluye la savia. Nuestra conducta diaria es lo que permite que la vitalidad divina pase de la raíz a los frutos.
- Los Frutos (Las Buenas Acciones): El fruto es lo único que el árbol produce para otros, no para sí mismo. El propósito de nuestra existencia no es solo crecer, sino dar algo dulce y nutritivo al mundo que nos rodea.
Tu BiShvat: La Rectificación del Placer
El punto culminante del mes es el día 15, Tu BiShvat, el Año Nuevo de los Árboles. En este día, acostumbramos a realizar un “Seder” comiendo frutos de la tierra, especialmente aquellos por los que la Tierra de Israel es elogiada.
Desde la perspectiva de la Cabalá, este acto es una rectificación del pecado del Árbol del Conocimiento. Al comer una fruta con la bendición adecuada y con la intención de elevar su chispa divina, transformamos el acto físico de comer en un acto de servicio espiritual. Aprendemos que el placer de este mundo no es un fin en sí mismo, sino un medio para reconocer la bondad del Creador.
La Letra Tzadi y el Justo
Según el Sefer Ietzirá, el mes de Shevat corresponde a la letra Tzadi (צ), que representa al Tzadik (el justo). Se dice que el Tzadik “come para satisfacer su alma”. El Tzadik es aquel que sabe extraer la esencia espiritual de lo material, aquel que, como el árbol en invierno, mantiene su vitalidad incluso cuando el entorno parece frío o indiferente.
Conclusión: El Despertar de la Alegría
Shevat nos enseña que el crecimiento real suele ser invisible al principio. No debemos desanimarnos si no vemos resultados inmediatos en nuestros esfuerzos espirituales o personales. Si estamos “conectados a las aguas” de la Torá, la savia está subiendo.
Este mes, el desafío es confiar en el proceso. Así como el árbol confía en que la primavera llegará, nosotros debemos confiar en que cada pequeña acción buena, cada palabra de aliento y cada momento de estudio está alimentando un fruto dulce que pronto se revelará.
Que en este mes de Shevat, podamos ver el despertar de nuestra propia savia espiritual, y que tengamos el mérito de florecer y dar frutos de bendición, alegría y redención para todo el mundo.
Reflexión para el mes: ¿Cuál es ese “fruto” que quiero dar al mundo este año, y qué “agua” (estudio, plegaria, bondad) necesito darle hoy a mis raíces para que ese fruto crezca sano?
IUD SHEVAT – BATI LEGANI
EL DIVORCIO Y EL JARDINERO
“Reishis Goim Amalek” – arrancar las malas hierbas que amenazan el jardín.
El Rebe, el séptimo Nasí, quien se dirige a la cosecha en su primer maamar “Basi LeGaní” – Hashem entra en Su jardín, el tercer Beit HaMikdash que hemos estado cultivando todo este tiempo.
Este es nuestro jardín. Esto es lo que la séptima generación está haciendo crecer. Después de Yud Shevat, el día de “Basi LeGaní”, debemos hacer un inventario: ¿qué estamos cultivando realmente?
APRENDER DEL CORAZÓN DEL JARDINERO
Todos podemos recitar las enseñanzas sobre: “Y harán para Mí un santuario y Yo habitaré dentro de ellos” — el Beit HaMikdash dentro de nosotros mismos y de nuestros hogares. Sabemos intelectualmente que el tercer Beit HaMikdash crece a partir de los jardines que cuidamos a diario.
Pero conocer la teoría de la jardinería no es suficiente. Un verdadero jardinero no solo lee sobre plantas: mete las manos en la tierra. Siente el suelo, percibe cuándo regar, sabe instintivamente lo que cada planta necesita. Necesitamos interiorizar esta misión: no solo comprenderla intelectualmente, sino sentirla emocionalmente e integrarla en nuestras acciones. Para percibir verdaderamente que nutrir nuestro jardín privado cultiva el Jardín Divino de Hashem, necesitamos esta historia para plantar la idea profundamente en nuestros corazones:
EL REBE QUE QUISO DIVORCIARSE DE SU ESPOSA
Uno de los talmidim del Alter Rebe vino a recibir una bendición antes de un viaje de negocios. El Rebe le preguntó si visitaría a cierto Rebe polaco cuya corte estaba cerca de la feria. Después de completar sus asuntos, el jasid recordó la pregunta y decidió pasar Shabat con ese tzadik y sus jasidim.
En su siguiente visita al Alter Rebe, se le preguntó por su experiencia y se le pidió que compartiera algo. No pudo recordar nada particularmente destacable. Cuando el Alter Rebe insistió, mencionó algo extraño que ocurrió en el tish (la mesa) de Melavé Malka. La Rebetzin había preparado varios platos para la mesa bellamente dispuesta. El tzadik probó cada uno y ofreció críticas severas: “Esto está insípido, esto está quemado, esto no tiene sabor…”
Los jasidim quedaron conmocionados. Estaban acostumbrados a ver a su Rebe comer mínimamente, aparentemente ajeno al sabor de la comida. Su asombro aumentó cuando concluyó:
“Si la Rebetzin prepara mi comida así, no quiero vivir con ella más. ¡Traigan un sofer (escriba) para escribir un guet (divorcio)!”.
Todos se quedaron paralizados. Nadie se atrevía a hablar. Solo un sencillo agricultor judío al final de la mesa encontró su voz. Se inclinó hacia adelante, probó un poco y declaró:
“Rebe. Es verdad que necesita sal, pero no es tan terrible… y ciertamente usted no se divorcia de su esposa por cosas como estas”.
El rostro del tzadik se iluminó. Sus ojos brillaron mientras suspiraba aliviado:
“Me has revivido…”.
El Alter Rebe explicó: Esa noche estaba a punto de emitirse nuevamente un decreto severo contra el pueblo de Israel. Al igual que el dulce agricultor con su sabiduría simple, el tzadik estaba esencialmente diciéndole a Hashem:
“Dueño del Universo. Es cierto que los ‘platos’ que Tus hijos preparan pueden no tener un sabor perfecto, pero Tú no los ‘divorcias’ por eso”.
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Esto es lo que todo jardinero necesita comprender: incluso las personas “pequeñas” pueden influir en procesos cósmicos. No debemos esperar a que jardineros maestros creen paisajes elaborados. Cada uno de nosotros — incluso si nos sentimos como jardineros aficionados con más maleza que flores — puede contribuir al jardín último, el tercer Beit HaMikdash, a través del cuidado diario de nuestro santuario hogareño.
Basi LeGaní, Iud Shevat y la séptima generación:
¿Qué estamos cultivando realmente?
El maamar “Basi LeGaní”, pronunciado por el Rebe en Iud Shevat, no es solo un discurso histórico ni una introducción formal al liderazgo. Es una declaración de misión. En él, el Rebe explica que Hashem ha entrado en Su jardín —el lugar donde Su Presencia esencial desea revelarse— y que ese jardín es el tercer Beit HaMikdash, construido no de piedras sino de vidas, hogares y acciones cotidianas.
El Rebe se identifica allí como el séptimo, y con ello define también a nuestra generación: la séptima generación desde el Alter Rebe, paralela a la séptima generación desde la Creación en la que la Shejiná descendió plenamente al mundo en el Mishkán. No somos espectadores del proceso de la redención: somos los jardineros encargados de la cosecha final.
Por eso, después de Yud Shevat, el Rebe nos exige una pregunta honesta y exigente:
¿qué estamos cultivando realmente?
Saber no es suficiente: hay que sentir la tierra
El jasidut enseña que “Harán para Mí un santuario y Yo habitaré dentro de ellos”. Sabemos esto. Lo entendemos. Podemos repetirlo.
Pero el Rebe nos enseña que el conocimiento intelectual no construye un Beit HaMikdash.
Un verdadero jardinero no se limita a estudiar botánica. Mete las manos en la tierra. Siente la humedad, percibe cuándo una planta necesita agua y cuándo necesita paciencia. Así también en la avodá: no basta con saber qué es lo correcto; hay que sentir responsabilidad, dolor, amor y compromiso real por el crecimiento espiritual propio y ajeno.
Aquí entra la historia que el Alter Rebe reveló, no como anécdota, sino como modelo cósmico de responsabilidad espiritual.
El “divorcio” que nunca ocurrió
El tzadik que amenaza con divorciarse de su esposa por la comida no está hablando de gastronomía. Está dramatizando una realidad espiritual:
los “platos” que el pueblo judío ofrece a Hashem —sus mitzvot, su servicio, su refinamiento— no siempre son perfectos.
Y sin embargo, aparece un judío simple, un agricultor. No un gran cabalista, no un maestro jasídico. Alguien que entiende la tierra. Y dice lo esencial:
> “No es perfecto… pero no se abandona una relación por eso”.
Ese judío sencillo salva al pueblo entero. ¿Cómo?
Porque toca el corazón del Jardinero Supremo.
El Alter Rebe explica que esa misma noche se estaba gestando un decreto severo contra Israel. Y el tzadik, con su “representación”, estaba diciendo ante el Cielo:
> “Ribono shel Olam, Tus hijos no siempre logran el sabor ideal, pero siguen siendo Tus hijos. No los ‘divorcies’”.
—
La enseñanza para nuestra generación.
Esta historia define el rol de la séptima generación, tal como el Rebe la entiende:
No esperar condiciones ideales.
No exigir perfección antes de actuar.
No subestimar el impacto de una acción simple hecha con sinceridad.
El Rebe nos enseña que incluso quienes se sienten ‘pequeños’, desordenados o llenos de maleza pueden influir en procesos cósmicos decisivos. El tercer Beit HaMikdash no será construido solo por “jardineros expertos”, sino por personas reales, con limitaciones reales, que no abandonan el jardín.
Cada vela de Shabat, cada palabra de Torá, cada acto de bondad, cada esfuerzo por refinar el hogar —eso es jardinería mesiánica.
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La cosecha imposible
Todo jardinero planifica su jardín según lo que desea cosechar.
El Rebe nos enseñó que en Basi LeGaní estamos sembrando algo que parece imposible:
una morada para la Esencia divina en el mundo físico.
Y esa cosecha no depende de genios espirituales, sino de fidelidad diaria, de no “divorciarnos” de nuestra misión cuando algo no sale perfecto.
Ese es el llamado de Yud Shevat.
Ese es el trabajo de la séptima generación.
Ese es el jardín que estamos cultivando.
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GUEULÁ Y EL MASHÍAJ
basadas en las enseñanzas del Rebe de Lubavitch y otros maestros del Jasidut.
Elías el Profeta llega cada día
Dado que el Mashíaj puede llegar cualquier día —”lo espero cada día que venga”—, Elías el Profeta debe llegar un día antes para anunciarlo. Por lo tanto, cada día llega Elías el Profeta a Tiberíades (o a cualquier lugar donde se encuentre) y anuncia la llegada del Mashíaj (especialmente) a aquellos que se encuentran en un estado de espera de “lo espero cada día que venga”.
(De Sijot 7 de Tishrei 5751)
“Daniel” – Del exilio a la redención
Daniel, “hombre de deleites”, vivió en Babilonia, en el exilio, y precisamente en el Libro de Daniel se encuentran las alusiones más famosas sobre la redención y el cálculo del “Ketz” (el final). Esto es algo innovador respecto a otros libros sagrados, incluyendo el de los profetas (del periodo del Primer Templo), en los que este asunto solo se insinúa brevemente.
La transformación del exilio en redención se alude también en su nombre, “Dani-el”, que contiene las letras de Din (Juicio) y El (Dios/Bondad). Es decir, la transformación del juicio (Babilonia y el exilio en general) hacia el nombre El, la cualidad de la Bondad.
(Basado en Torat Menajem-Menajem Shmo Vol. 4, pág. 169)
Reuniéndose en Jerusalén primero
En el futuro por venir, habrá una nueva división de la Tierra de Israel según las tribus. Sin embargo, al principio, todos los hijos de Israel se reunirán del exilio en Jerusalén, la ciudad santa (que no se divide entre las tribus), y solo después cada uno irá a su heredad particular.
(Basado en Hitvaaduiot 5744 Vol. 4, pág. 226)
Listos para la Redención
El proceso de la redención se ha prolongado porque Dios desea que todos los hijos de Israel, sin excepción, estén listos para la revelación divina que ocurrirá en los días del Mashíaj. Sin embargo, hoy en día, esa madurez ya existe y, por lo tanto, la redención debe llegar en este mismo instante.
(Basado en Torat Menajem 5752 Vol. 1, pág. 354)
¿A qué asuntos pertenecen los niños?
Es necesario inculcar la fe en la redención y en la llegada del Mashíaj también en los niños desde temprana edad. Por supuesto, hay que explicar las cosas según su nivel de comprensión; sin embargo, incluso cuando no entienden los conceptos a la perfección, el Santo, bendito sea, aprecia especialmente el entendimiento de los niños (aunque no sea completo). En general, en las últimas generaciones se nos han otorgado fuerzas sublimes desde lo Alto para que los niños pertenezcan a los asuntos espirituales más elevados.
(Likutey Sijot Vol. 15, pág. 133)
¡La llegada del Mashíaj, literalmente!
El Rebe Maharash (el cuarto Rebe de Jabad) le preguntó una vez a su padre, el Tzemaj Tzedek: “En el año 5608 (1848), ¿qué haremos con el ‘Ketz’ (final) que se aludió para este año [en el cual debería venir el Mashíaj]?”.
Su padre le respondió: “¿Qué es lo que quieres? La llegada del Mashíaj es la revelación de la dimensión interna de la Torá, y he aquí que se ha impreso el libro Likutey Torá, que es la revelación de la dimensión interna de la Torá, por medio de la cual se revela la dimensión interna del alma”.
El Rebe Maharash insistió diciendo: “¡Pero nosotros queremos la llegada del Mashíaj aquí abajo, en el mundo físico!”.
(Likutey Sijot Vol. 18, pág. 490)
El desconocimiento de la educación – ¡Exime de castigo!
Si existen en nuestra generación judíos que nunca han tenido un pensamiento de arrepentimiento (Teshuvá), estos judíos no son culpables de su situación. Se trata de judíos que son considerados “niños cautivos” entre las naciones, que debido a circunstancias similares no recibieron noción alguna sobre su judaísmo.
Personas así están exentas de castigo por la Torá y, por lo tanto, no es posible que la redención se retrase por su causa. Por el contrario, cuando alguno de ellos logra retornar en Teshuvá, o incluso si solo cumple un único precepto, ¡esto es sumamente preciado ante el Santo, bendito sea!
(Sijat Shabat Parashat Vaerá 5751)
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2 PARASHÁ BO
En esta parashá se expresa la enorme frustración de Moshé
Parashá Bo no habla solo de salir de Egipto, sino de entrar en lo más profundo de la realidad y del alma.
Después de las revelaciones de Vaerá, Dios invita a Moshé y al pueblo a “venir” con Él al corazón del Faraón: al núcleo del ego y de la oscuridad, para transformarlos desde adentro.
La verdadera libertad comienza cuando la Divinidad deja de ser un milagro externo y pasa a habitar el tiempo, la conciencia y la vida cotidiana.
Shabat Shalom ✨
PARASHÁ BO (ÉXODO 10:1 – 13:16)
La Parashá Bo marca el clímax de la confrontación entre Moshé y el Faraón y el momento histórico del nacimiento del pueblo judío. Se divide en tres secciones principales:
- Las Últimas Tres Plagas: A diferencia de las siete anteriores (en Vaerá), estas tres atacan la esencia misma de la supervivencia y el espíritu egipcio:
- Langostas (Arbe): Devoran lo poco que dejó el granizo, destruyendo la fuente de sustento.
- Tinieblas (Jóshej): Una oscuridad tangible que paraliza a los egipcios, mientras los israelitas tienen luz. Simboliza la ceguera espiritual de Egipto.
- Muerte de los Primogénitos (Makat Bejorot): El golpe final. A medianoche, Dios mismo (no un ángel) desciende para tomar la vida de los primogénitos egipcios, rompiendo la resistencia del Faraón.
- La Primera Mitzvá y el Korbán Pésaj: Antes de salir, Dios entrega a Israel su primer mandamiento nacional: La Santificación de la Luna (Rosh Jodesh). Esto simboliza que ahora son dueños de su propio tiempo (libertad). Se les ordena tomar un cordero (la deidad egipcia), atarlo a la cama y luego sacrificarlo, pintando los marcos de las puertas con su sangre. Comen la carne asada con Matzá y hierbas amargas (Maror), listos para partir.
- El Éxodo (Yetziat Mitzrayim): El Faraón, quebrantado, urge a los israelitas a irse. Salen 600.000 hombres (más mujeres, niños y una “multitud mixta”) con gran riqueza (“Rejush Gadol“), llevando la masa que no tuvo tiempo de leudar. La parashá cierra con las leyes de la consagración de los primogénitos y la Mitzvá de los Tefilín, para recordar este milagro eternamente.
2 CONEXIÓN CON LA ANTERIOR: PARASHÁ VAERÁ
1. De la Advertencia a la Penetración (“Ve” vs. “Ven”):
- Vaerá (y apareció) relata las primeras 7 plagas. Generalmente, Moshé advierte al Faraón encontrándolo en el río o en el palacio.
- Bo comienza con el mandato: “Ven (Bo) al Faraón”. El Zohar pregunta: “¿Por qué no dice ‘Ve’ (Lej)?”. La respuesta mística es que Dios invitó a Moshé a entrar en lo más profundo del palacio, en la esencia misma del mal (la serpiente primordial), diciéndole: “Ven, entra conmigo, no tengas miedo, Yo estoy allí”. Vaerá es el ataque a la estructura externa; Bo es la entrada al núcleo para extraer las chispas de santidad atrapadas.
2. El Endurecimiento del Corazón: En Vaerá, vemos el proceso gradual donde el Faraón endurece su propio corazón. En Bo, el texto enfatiza que es Dios quien endurece el corazón del Faraón para poder mostrar plenamente Sus maravillas. Es la transición del libre albedrío a la justicia divina inevitable.
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3 CONEXIÓN CON LA SIGUIENTE: PARASHÁ BESHALAJ
1. De la Salida a la Separación Definitiva:
- Bo narra el acto físico de salir de las casas y cruzar la frontera de Egipto. Es la “libertad política” y el nacimiento.
- Beshalaj (“Cuando envió…”) narra el cruce del Mar Rojo (Kriat Iam Suf). Según el Jasidismo, en Bo salieron de Egipto, pero en Beshalaj, “Egipto salió de ellos”. La partición del mar y la muerte del ejército egipcio marcan el corte final y psicológico con sus amos, pasando de esclavos fugitivos a hombres libres bajo la guía de Dios.
2. Del Milagro a la Prueba de Fe:
- En Bo, los milagros son realizados unilateralmente por Dios (las plagas) para sacar al pueblo. El pueblo es pasivo (solo pone la sangre y espera).
- En Beshalaj, comienza la interacción dinámica. El pueblo debe tener fe para entrar al mar antes de que se abra; deben luchar contra Amalec; deben confiar para recibir el Maná. Bo es el nacimiento (donde el bebé es cargado); Beshalaj son los primeros pasos (donde el niño debe aprender a caminar).
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2. LA FRUSTRACIÓN DE MOSHÉ: “PESADO DE BOCA”
El Jasidut explica que la lucha de Moshé Rabenu con su habla y su aparente “fracaso” inicial ante el Faraón no eran defectos físicos o estratégicos, sino niveles espirituales profundos que debían ser rectificados.
Hasta ahora los sabios se las veían con el Faraón y Aharón con el pueblo, Ahora Moshé tenía que ir a hablar con el Faraón pero:
Moshé le dice a Hashem: “No soy hombre de palabras… porque soy pesado de boca y pesado de lengua”. En el Jasidut, esto se explica como el concepto de “Luz de Tohu en recipientes de Tikún”.
- El origen de su alma: El alma de Moshé provenía de un nivel espiritual tan elevado (el mundo de Tohu) que el lenguaje físico de este mundo no podía contener sus ideas. Sus conceptos eran “demasiado grandes” para las palabras.
- El exilio de la palabra: El exilio en Egipto no era solo físico, sino que el habla (el habla de la santidad) también estaba en el exilio. Si el líder no podía hablar con fluidez, era un reflejo de que el pueblo aún no tenía la capacidad de expresar su conexión con Dios.
- La frustración: Moshé sentía que, al no poder hablar con claridad, no lograría despertar el corazón de los judíos ni doblegar al Faraón. Sentía que su limitación bloqueaba la Redención.
2. Las plagas y la “dureza” del corazón del Faraón
Las plagas “no hicieron efecto”. Desde el Jasidut, esto se entiende a través del concepto de Ratzo v’Shov (correr y retornar) y la naturaleza del ego (el Faraón).
- El Faraón como el “Ego Absoluto”: El Faraón representa la Kelipá (cáscara) que dice: “El Nilo es mío y yo me hice a mí mismo”. Un ego de ese calibre no se quiebra con milagros externos.
- El propósito de las 7 plagas: El Faraón tenía 10 niveles de impureza (las 10 coronas de la impureza). Las primeras 7 plagas afectaron sus emociones (Midot). El Faraón sentía el dolor, se asustaba y prometía dejar ir al pueblo, pero en cuanto la plaga cesaba, su “corazón se endurecía”.
- Por qué no “funcionaban”: Porque el cambio era solo externo, por miedo al castigo, no una transformación interna. El Jasidut enseña que las primeras plagas servían para separar al judío del egipcio, más que para convertir al Faraón. Era un proceso de “refinamiento” de la realidad material.
3. Cómo Hashem convence a Moshé: “Bo el Paró”
El momento clave ocurre al principio de la Parashá Bo. Hashem no le dice a Moshé “Ve (Lej) al Faraón”, sino “Ven (Bo) al Faraón”.
- El miedo de Moshé: Moshé no temía al Faraón como hombre, sino a la “raíz espiritual” del Faraón (el “Gran Cocodrilo”). Temía que la luz de la santidad no pudiera penetrar en un lugar tan oscuro.
- El argumento de Hashem: Hashem le dice: “Ven conmigo”. Le revela que el Faraón no tiene poder propio, sino que es solo un instrumento para que se revele la Gloria Divina.
- La unión de la Sabiduría: Hashem le asegura que Él estará en su boca (“Yo seré con tu boca”). Le convence de que su “limitación” en el habla es precisamente lo que permitirá que las palabras que salgan de él no sean “palabras de Moshé”, sino palabras de Dios.
4. El secreto del “Tartamudeo” y la Redención
El Jasidut enseña algo asombroso: Moshé no fue “curado” de su tartamudez porque su silencio era un nivel más alto que el habla.
Al final, Hashem convence a Moshé mostrándole que la Redención no depende de la elocuencia humana, sino de la entrega total (Bitul). Cuando Moshé acepta ir a pesar de su frustración, transforma su “pesadez de boca” en el vehículo para entregar la Torá, que es la palabra eterna.
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4 ¡Y FUE LUZ!
Antes de las plagas, la Torá relata la liberación de Israel de Egipto, la renovación de la luna y la festividad de Pésaj. Y aunque en la plaga de la oscuridad está escrito: “y habrá oscuridad”, aun así, “para todos los hijos de Israel había luz en sus moradas”. No está escrito “y no vio nadie a su hermano” ni “nadie se levantó de su lugar”, sino que “para todos los hijos de Israel había luz en sus moradas”.
En ese mismo tiempo, el Midrash explica que ocurrieron dos milagros: oscuridad espesa para los egipcios, de modo que no podían levantarse de su lugar, y una gran luz para el pueblo de Israel.
Esta era una luz especial que permitía a los hijos de Israel entrar en las casas de los egipcios y ver todos sus tesoros: oro, plata y demás objetos valiosos. Y cuando llegó el momento de la salida de Egipto, los judíos pidieron a los egipcios sus pertenencias, y estos supieron con claridad que los judíos decían la verdad, pues ya los habían visto antes.
Este milagro fue necesario para cumplir la promesa hecha a Abraham Avinu, en el Pacto entre las Partes, cuando se le dijo acerca del exilio en Egipto: “Y después de eso saldrán con grandes riquezas”. Por eso, la salida de Egipto debía realizarse con bienes egipcios: “vasijas de plata y vasijas de oro”.
Con el mérito de la luz, los hijos de Israel pudieron tomar todos los tesoros egipcios y recibirlos con gracia, cumpliéndose así el versículo: “Y despojaréis a Egipto”, que nuestros Sabios explican como “los dejaréis vacíos”, pues vaciaron a Egipto de toda su plata y su oro.
Más aún, en el mérito de esa gran riqueza con la que Israel salió de Egipto, pudieron realizar posteriormente muchas acciones sagradas: construir el Tabernáculo con los tesoros de Egipto y, mediante la revelación divina, llevar a los hijos de Israel a la redención y devolver las chispas sagradas a su fuente. Gracias a ello, el Nombre Divino fue elevado y santificado incluso a partir de las chispas que estaban en Egipto.
Así como entonces el Nombre fue elevado para el pueblo de Israel, también hoy, cuando nos encontramos al final del tiempo del exilio y estamos ocupados en el servicio divino, tenemos la fuerza de transformar el mundo y elevarlo a través del servicio a Hashem. El Nombre nos da la fuerza para refinar el mundo entero, desde lo más bajo hasta lo más alto, para recibir al Mashíaj, pronto y en nuestros días, amén.
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Parashá Bo,
Rabino Ginsburgh
basada en las enseñanzas del Rebe de Lubavitch (Sijat Ajaron shel Pesaj 5712/1952).
Parashá Bo: “He aquí que sacrificaremos la abominación de Egipto ante sus ojos”
El Secreto de HaShem para quienes le temen
La Parashá Bo es la sección en la que Israel sale de Egipto. Los egipcios fueron golpeados con diez plagas: siete en la Parashá Vaerá y tres en nuestra parashá. En “la mitad de la noche” [132] se quebró el orgullo de Egipto y expulsaron a Israel de su tierra. El foco de la parashá es la ‘Sección del Mes’ (Parashat HaJodesh), que además de contener el primer precepto ordenado a Israel —el cálculo de los ciclos y la intercalación de los años—, incluye la descripción de los eventos que llevaron de forma práctica a la salida y la redención.
Se trae en los libros sagrados que, antes de la salida de Egipto, hubo una gran acusación entre los ángeles celestiales, quienes miraban con ojo crítico la redención inminente [133]. “Estos son idólatras, y aquellos son idólatras”, argumentaban contra el pueblo esclavizado física y espiritualmente. Y, de hecho, sus palabras eran ciertas. En vísperas de la salida, no se podía distinguir una diferencia esencial y visible entre Israel y Egipto. Como se dice en la Hagadá: “Y tú estabas desnuda y descubierta” [134] — estábamos desnudos de preceptos (mitzvot).
Vio Dios, bendito sea, que así era la situación, y nos dio un precepto con el cual distinguirnos: “En el diez de este mes, tomen cada uno un cordero por casa de los padres, un cordero por casa” [135]. A Israel se le ordenó atar este cordero a las patas de sus camas y sacrificarlo el día catorce del mes por la tarde. La ocupación con este precepto y lo que trajo consigo fue lo que puso a Israel bajo una luz diferente.
Aquel año, el diez del mes cayó en Shabat, y en nombre de aquel Shabat llamamos al Shabat previo a Pésaj como Shabat HaGadol (El Gran Shabat) [136] hasta el día de hoy. Por eso también se acostumbra leer Parashat HaJodesh antes de Rosh Jodesh Nisán.
El Comienzo del Mundo y de la Torá
Antes de observar las palabras del Rebe, es digno adelantar una premisa fundamental. Parashat HaJodesh, al estar ligada a los asuntos de la redención, se menciona principalmente por el precepto de tomar el sacrificio pascual y degollarlo. Pero, como se mencionó, en ella se incluye el primer precepto ordenado a Israel (el calendario), y es precisamente por su nombre que se llama la sección.
Un primer precepto tiene una importancia decisiva. Rashi se detiene en esto al inicio de su comentario a la Torá [137]: “Dijo Rabí Itzjak: No era necesario empezar la Torá sino desde ‘Este mes es para vosotros’ (el primer precepto), ¿por qué entonces comenzó con Bereshit (la creación)?”.
La Torá no es un libro de historia universal; su propósito es la construcción de la conexión entre Dios e Israel. ¡Sería apropiado, entonces, que comenzara desde el inicio del asunto: desde el primer precepto, el primer hilo que conecta el alma de la Asamblea de Israel (antes incluso de nacer como nación) con Dios!
Respuestas a la pregunta de Rabí Itzjak hay muchas [138], pero su distinción esencial permanece. Vino el Baal Shem Tov y enseñó que “Bereshit” significa “Bet Reshit” (dos comienzos) [139]: el comienzo del mundo y el comienzo de la Torá. La historia de los cielos y la tierra comenzó en la Creación, pero en cierto sentido se puede decir que “nada ocurrió” hasta este momento de “Este mes es para vosotros”. Este es el momento en que el mundo comienza a recibir significado.
Dijeron los sabios: Dios puso una condición con la obra de la Creación: “Si Israel acepta Mi Torá, bien; y si no, os devolveré al caos y al vacío” [140]. Resulta que los momentos en los que nos encontramos en la Parashá Bo son los mismos momentos en los que el mundo entero comienza a recibir realidad y sentido [143].
Este precepto de santificar los meses expresa más que nada el destino de Israel [144]: ser quienes construyen y gestionan el mundo, dándole una validez y un significado totalmente diferente al que tenía hasta entonces. Israel santifica los tiempos, el eje sobre el cual gira toda la creación. Las almas de Israel provienen de un lugar por encima de las leyes de la naturaleza, y al descender a ella, comienzan a elevarla a su propio nivel.
Audacia de Santidad
Dos preceptos se incluyen en Parashat HaJodesh. Primero, la orden de calcular y santificar los tiempos. Luego, otra orden que, a diferencia de la anterior, no fue para las generaciones, sino solo para aquel momento: tomar el cordero cuatro días antes de su sacrificio.
El contenido de este precepto es claro: auto-sacrificio (mesirut nefesh) sin cálculos. El ganado era explícitamente el dios de Egipto, como mencionó Moisés al Faraón: “He aquí que sacrificaremos la abominación de Egipto ante sus ojos, ¿y no nos apedrearán?” [153].
Al tomar el cordero, los hijos de Israel dijeron algo contundente: “Sepan que en cuatro días tomaremos a su dios, a su creencia, y lo degollaremos”. Nosotros, los esclavos, desafiamos todo aquello de lo que ustedes se alimentan y en lo que creen. Cada judío se ponía en un peligro personal evidente al enfrentarse así a sus opresores.
Las dos matanzas de los dioses egipcios
En la práctica, los dioses de Egipto fueron “degollados” dos veces. La primera vez fue una matanza oculta: la plaga de la sangre, donde los sabios dicen que el Nilo (fuente de vida egipcia) fue golpeado. La segunda fue una matanza explícita y declarada: el cordero, arrastrado vivo y degollado públicamente.
En el Jasidut se explica que “degollar” (shajat) también significa “extraer” (moshaj) [155]. El sacrificio no es solo matar, sino extraer la vitalidad (jaiut) que está atrapada en el animal y elevarla a su fuente. Para liberar esa vitalidad, hay que destruir la “capa de tosquedad” de la animalidad.
Cuando luchamos contra la Kelipá (la cáscara del mal), no queremos solo eliminarla. Queremos liberar las luces maravillosas que ella tiene cautivas. Como dice el versículo: “Tragó riquezas y las vomitará” [158].
A diferencia del Nilo, al cordero no lo degollamos sin preparación. Lo anunciamos, lo elegimos y lo metemos dentro de nuestra propia casa. Esto nos da una visión diferente sobre la salida de Egipto: no es solo una batalla donde uno vence al otro, sino que “tomamos de ellos” para el servicio divino. Esta es la promesa: “Y después saldrán con gran riqueza” [160]. Salimos con riqueza material, pero aún más, con riqueza espiritual.
Incluso después, en la entrega de la Torá, los sabios nos asombran al decir que la palabra “Anoji” (“Yo soy”, la primera palabra de los Diez Mandamientos) ¡es una palabra de origen egipcio! [163]. El primer discurso divino se nos entregó utilizando “vasijas” que tomamos de Egipto [164]. Tan grande es el poder de la riqueza que extrajimos de allí.
Notas al pie:
- Éxodo 11:4.
- Zohar II, 170b.
- Ezequiel 16:7 (citado en la Hagadá).
- Éxodo 12:3.
- Tur, Oraj Jaim 430.
- Rashi sobre Génesis 1:1.
- Ver Siftei Jajamim ad loc.
- Tikunei Zohar, Tikun 1.
- Shabat 88a (sobre el “Sexto Día”).
- Salmos 76:9.
- Shabat ibid.
- Ver Majshavot Jarutz de R. Tzadok HaKohen.
- Sforno sobre Éxodo 12:2.
- Salmos 25:14 (término usado para el secreto del calendario).
- Génesis 1:1.
- Tania, Shaar HaIjud VehaEmuná, cap. 6.
- El nombre Elohim oculta la luz para que el mundo parezca natural.
- El nombre HaVaYaH indica que está por encima del tiempo (Pasado, Presente y Futuro).
- Génesis 28:21.
- Miqueas 7:15.
- Likutey Torá, Parashat Tzav.
- Éxodo 8:22.
- Shemot Rabá 9:9.
- Julín 30b.
- Levítico 1:2.
- Jeremías 15:19.
- Job 20:15.
- Éxodo 10:26.
- Génesis 15:14.
- Éxodo 15:1.
- Proverbios 11:10.
- Yalkut Shimoni, Itró 286.
- El lenguaje egipcio elevado a la santidad.
- Ver Torá Or, Parashat Bo.
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3 TANIA EN RELATOS
¿Cómo pudo Eliyahu HaNaví asumir el riesgo?
Relatos de nuestros Rebeím y de sus jasidim que resaltan conceptos que estudiamos en el Tanya diario. En esta entrega: capítulos 16–18.
“Va’avadtem Meheirá”
– Perder la prisa
> וזה כלל גדול בעבודת ה’ לבינונים: העיקר הוא למשול ולשלוט על הטבע שבחלל השמאלי
El servicio a Hashem de un beinoní consiste principalmente en alcanzar control sobre su corazón.
El jasid Rabí Eliyahu Reuven (de Dribin), quien ya de joven conoció al Alter Rebe, relató:
“Por naturaleza yo era obstinado, y aunque respetaba plenamente a mis maestros, no lograban influirme para cambiar mi hábito de aferrarme instintivamente a mi propia opinión. Esto empeoró con los años. Simplemente ignoraba las opiniones de los demás. Al crecer, comprendí que realmente debía prestar atención a lo que otros tenían para decir, pero nunca logré llevarlo a la práctica.
Por naturaleza tenía una comprensión rápida, y con solo una mirada podía entender cualquier nuevo tema talmúdico.
“…Un día estaba sentado en el Beit Midrash de Reb Moshé estudiando. En aquellos días solía estudiar en voz alta, con una concentración muy disciplinada —y a un ritmo vertiginoso, aunque no a expensas de una comprensión profunda.
El [Alter] Rebe estaba sentado en la biblioteca, y al pasar comentó que yo estudiaba con avidez, pero demasiado rápido. Respondí que por naturaleza hacía todo rápidamente. En respuesta, él dijo que una persona debe cambiar su naturaleza. Yo protesté:
‘¡Pero no puedo cambiar mi naturaleza!’.
‘Todo judío’, dijo el Rebe, ‘posee fuerzas del alma, y puede cambiar su naturaleza mediante la aceptación del yugo (kabalat ol). Una vez que una persona se habitúa, el hábito se convierte en naturaleza, y esa naturaleza nacida del hábito cambia su naturaleza innata. La aceptación del yugo es un fundamento básico en el estudio de la Torá y en el servicio a Hashem’.
“El Rebe continuó diciendo que ese deseo exuberante de estudiar Torá que yo tenía en ese momento era un regalo del Cielo. Luego citó el versículo:
‘Serás expulsado apresuradamente de la buena tierra que Hashem te está dando’,
y procedió a explicarlo en el nivel no literal de interpretación llamado derush, de la siguiente manera:
La palabra que significa tierra (ארץ) alude a la voluntad (רצון).
‘La buena tierra (ארץ) que Hashem te está dando’ alude al deseo y la voluntad de la persona de estudiar Torá, y también a su deseo y voluntad de invertir esfuerzo en el servicio a Hashem.
Y ahora, cuando Hashem le concede a alguien ‘una buena Rabí Mendy Crombie
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“…tierra (ארץ הטובה)”, es decir, un deseo intenso de estudiar Torá, debe prestar atención a las palabras anteriores: va’avadtem meheirá.
[Estas dos palabras, tal como se tradujeron antes, significan: “serán expulsados apresuradamente”.]
Sin embargo, más allá de su significado simple, el Alter Rebe ahora lee sus vocales de manera diferente y así percibe un subtexto instructivo:
“¡Destierra la prisa!”
Uno debe estudiar Torá con placer, deleitando su alma con la dulzura de la Torá.
“Con esas pocas palabras de interpretación, el Rebe cambió mi naturaleza. Mi carácter apresurado desapareció y fue reemplazado por deliberación. Con esa transformación, el Rebe me hizo afortunado durante toda mi vida”.
(Sefer HaSichot 5700, vol. 2 (ed. inglesa), sijá de Shevií shel Pésaj, en la seudá nocturna)
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Perek 18:
¿Cómo pudo Eliyahu HaNaví asumir el riesgo?
> רק כאלה הוא דבר שאין אפשר כלל לכפור בה’ אחד
La mesirut néfesh de un judío —su autosacrificio por su fe— proviene de un lugar donde no ve ninguna otra opción posible. Para él, esa es la única elección.
Una delegación de rabinos que representaba a Agudas HaRabbonim (la Unión de Rabinos Ortodoxos de los Estados Unidos) vino a visitar al Rebe. Al concluir su encuentro, el Rebe se dirigió a ellos con una pregunta:
“Quisiera preguntarles algo. Cuando Eliyahu HaNaví reprendió al pueblo judío de su generación por sus pecados, los desafió diciendo:
‘¿Hasta cuándo vacilarán entre dos opiniones? Si Hashem es Di-s, síganlo a Él; y si es el Baal, síganlo a él’.
¿Cómo pudo Eliyahu atreverse a presentarles una elección semejante? ¿No estaba tomando un riesgo enorme? ¿No temía que, al plantear este desafío, pudiera en realidad darles justificación para continuar en la idolatría?”
Después de formular la pregunta, el Rebe guardó silencio por unos instantes. Luego continuó, respondiéndola él mismo:
“La respuesta es que Eliyahu HaNaví comprendía algo fundamental acerca del alma judía. Sabía que cuando se confronta a un judío con una elección clara y se le exige que se mantenga firme y con valentía en su fe, inevitablemente elegirá al Santo, bendito sea.
Siempre proclamará: ‘¡Hashem Hu HaElokim!’”
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Perek 16:
¿Cuál es el propósito del jasidismo?
El Rebe, el Tzemaj Tzedek, una vez preguntó a su abuelo, el Alter Rebe, durante una iejidut:
“¿Cuál es el propósito del jasidismo?”
El Alter Rebe le respondió:
“El propósito entero del jasidismo es cambiar los rasgos naturales del carácter”.
El Rebe Rayatz explicó que la pregunta no era qué es el jasidismo —ya que se sabía que el jasidismo es sabiduría divina, la dimensión interior de la Torá—. Más bien, la pregunta era cuál es el propósito del jasidismo.
Y a esto se le respondió que el propósito entero del jasidismo es cambiar los rasgos naturales del carácter. El jasidismo exige de todo aquel que lo estudia que cambie sus rasgos naturales de carácter, y le enseña cómo hacerlo.
(Likkutei Diburim, vol. 1 (ed. hebrea), p. 76)







