EL TIEMPO Y EL SECRETO DE DI-S

EL CALENDARIO HEBREO y BO

Como nación, el pueblo judío recibe su primera mitzvá en la parashat Bo. Esta es la mitzvá de santificar la luna nueva y designar el mes de Nisán como el primero de los meses: “Este mes será para ti el comienzo de los meses, para ti será el primero de los meses del año.”[1] Esta mitzvá también implica la iniciación del pueblo judío en los intrincados cálculos y profundos secretos del calendario judío, que Di-s enseñó a Moisés. Junto con varias otras instrucciones, este mandamiento se dio en preparación para el Éxodo de Egipto.

La primera mitzvá otorgada al pueblo judío tiene como objetivo dotarles del poder para convertirse en amos del tiempo en lugar de sus esclavos. Esta es la distinción más significativa entre una persona libre y un esclavo. Un esclavo no es libre de decidir qué hacer con su tiempo; solo una persona libre posee esta opción. Aprender esta lección es el primer paso en el largo camino hacia la verdadera libertad. En última instancia, saber cómo usar y relacionarse con el tiempo es una de las principales diferencias entre una persona exitosa y una que no tiene éxito, tanto material como espiritualmente.

El calendario judío

El calendario judío es fundamentalmente un calendario lunar, pero también tiene en cuenta el ciclo solar. Una característica importante de las leyes que rigen el calendario judío es que no está predeterminado. No se puede imprimir el calendario por adelantado para todo el año, porque la afirmación de que ha comenzado un nuevo mes depende de la santificación de la luna nueva, función que cumple el Sanhedrín, el Tribunal Superior, basándose en el testimonio de testigos que vieron la delgada hoz de la luna nueve.[2] De hecho, este procedimiento sobrevivió hasta el siglo cuarto de la EC, cuando el Sanedrín fue disuelto y se adoptó un calendario pre calculado en respuesta a la realidad de la diáspora y a las necesidades de los judíos en todo el mundo.

La declaración mensual de la Luna Nueva, que determina cuándo tendrán lugar las festividades, establece un principio fundamental: tenemos la capacidad de controlar el flujo del tiempo – no debe tratarse como una fuerza independiente en el universo que nos controla. Este punto no puede enfatizarse lo suficiente cuando se trata de entender la relación de un judío con el tiempo. Di-s nos dio la capacidad y responsabilidad de regular el tiempo como un primer paso crucial para la salida de Egipto.

La palabra para Egipto en hebreo deriva de la raíz que significa “confinamiento” o “espacio estrecho”. El histórico Éxodo del pueblo judío simboliza el viaje que cada individuo debe recorrer desde la oscura esclavitud del tiempo y el espacio restringido, hacia la luz de la libertad y la conciencia elevada. Para el pueblo judío, esta transformación se simbolizó con su aceptación de la Torá en el Monte Sinaí, cincuenta días después de abandonar Egipto.

Renovación constante

Al reflexionar más sobre la primera mitzvá que el pueblo judío recibió como nación en preparación para abandonar Egipto, observamos que la palabra hebrea para “mes”, jodesh (חֹדֶשׁ) se escribe igual que la palabra para “nuevo”, jadash (חָדָשׁ). Solo difieren en su pronunciación. Cada mes sigue el ciclo de la luna, desde su inicio al principio del mes hasta que se llena a mediados, y desde su posterior mengua hasta que se renueva de nuevo. En consecuencia, el misterio del tiempo está intrínsecamente ligado a los conceptos de renovación y rejuvenecimiento.

La Cabalá y el Jasidut ponen gran énfasis en el hitjadshut, la capacidad de renovarse y de experimentar el tiempo y la vida como nuevos en cada momento. En los Salmos, David escribe sobre Di-s diciéndole: “Hoy Yo te he dado a luz.”[3] La experiencia de cada momento como verdaderamente nuevo, la sensación de renacer de nuevo en cada instante, es un signo de verdadera conciencia mesiánica. Según la tradición, David, de quien desciende Mashíaj, no tuvo tiempo asignado en este mundo.[4]

El Midrash relata que Adán, a quien se le dio un adelanto del futuro, vio esto y “donó” setenta años de su vida para que David pudiera vivir.[5] Así, David consideraba toda su vida como un regalo, y por ello experimentaba cada día como si “hoy te hubiera dado a luz”. Esta conciencia constante de la misericordia y energía vivificante de Di-s ayuda a explicar cómo David alcanzó cotas tan elevadas en la alabanza a Di-s.

La capacidad de renovarse es realmente uno de los grandes secretos para alcanzar la realización personal y la felicidad. Sin ella, la vida puede desgastar rápidamente a las personas, enredándolas en hábitos tediosos y aburridos, pensamientos y acciones mecánicas.

A nivel nacional, la renovación es uno de los grandes secretos de la supervivencia judía.  ¿Qué otro pueblo ha tenido que empezar de nuevo tantas veces durante su larga historia de persecución? Sea cual sea la circunstancia, el pueblo judío ha perseverado y se ha renovado innumerables veces en comunidades de todo el mundo, generación tras generación. Este poder esencial existe en cada alma judía y es uno de los cimientos que permiten la continuidad judía. La milagrosa reunión de los exiliados y la reconstrucción de la antigua patria en Israel hoy en día dan testimonio claro de esta verdad.

Dando un paso más allá, al romper las cadenas de la esclavitud emocional y psicológica, nos posicionamos para trascender los estrechos confines de Egipto, símbolo del tiempo lineal, y saltar “por encima del sol” para experimentar una visión más Divina del tiempo. A pesar de la enorme importancia de la renovación, el poder de trascender nuestra realidad normativa e incluso alcanzar nuevas perspectivas y revelar nuevas energías espirituales es un logro aún mayor. Esto es lo que implica el versículo en Eclesiastés cuando afirma que “no hay nada nuevo bajo el sol.”[6] Cuando la vida se vive bajo el peso de hábitos mecánicos y rutinas fijas, uno percibe “nada nuevo bajo el sol”. Sin embargo, cuando uno ve la vida desde una perspectiva más elevada del tiempo y se inspira por el poder Divino de la renovación, siempre se puede encontrar algo nuevo “por encima del sol”. Curiosamente, el Zohar comenta que puede que no haya nada nuevo bajo el sol, pero la luna siempre está cambiando y renovándose, lo que implica que siempre ¡hay algo nuevo bajo ella! 

El secreto de Di-s: El tiempo

El versículo mencionado anteriormente, “Este mes será para ti el comienzo de los meses, para ti será el primero de los meses del año”, es el versículo 1820 de la Torá. El número 1820 es el resultado de 70 por 26. 70 es el valor de la palabra hebrea para “secreto”, sod (סוֹד) y 26 es el valor del Nombre esencial de cuatro letras de Di-s, Havaia (י-הוה). Estas dos palabras aparecen juntas en la frase: “El secreto de Di-s es [revelado] para Sus temerosos”[7], sod Havaia lireav (סוֹד י-הוה לִירֵאָיו), lo que sugiere que 1820 es el secreto del Nombre esencial de Di-s. Sorprendentemente, el Nombre esencial de Di-s, Havaia, aparece exactamente 1820 veces en el Pentateuco. Así, al santificar el mes de Nisán e intercalar el calendario judío, el pueblo judío accede al “secreto de Di-s” y en el secreto del tiempo.[8]

El “secreto de Di-s” al que se alude este versículo se refiere a la manera en que vinculamos nuestra experiencia del tiempo con su fuente Divina. Cada día en el Servicio Matutino, afirmamos lo siguiente: “Él renueva en Su bondad cada día perpetuamente la obra de la creación.” La Cabalá y el Jasidut enfatizan que la creación se renueva no solo cada día, sino en cada momento. La ciencia moderna confirma ahora que las partículas subatómicas aparecen y desaparecen continuamente, algunas durante apenas una milmillonésima de segundo. Estas partículas, que animan misteriosamente los cimientos de la realidad física, son la manifestación de la renovación perpetua de Di-s de la obra de la Creación.

La tradición judía enseña que para Di-s, pasado, presente y futuro ocurren simultáneamente. De manera significativa, las cuatro letras del Nombre esencial de Di-s también forman las conjugaciones hebreas de “ser” en pasado, presente y futuro: “Él fue”, haia (הָיָה), “Él es”, hové (הֹוֶה) y “Él será”, ihie (יִהְיֶה).[9] Di-s, que crea y renueva continuamente el mundo y el tiempo, está simultáneamente “en el mundo” y “por encima del mundo”.  Así, cuando un ser humano se acerca a Di-s, puede experimentar el tiempo a un nivel cada vez más Divino.

Este entendimiento del “secreto de Dios” es verdaderamente revelador, porque el poder de renovación implica conectarse con un aspecto de la Divinidad, donde el tiempo y toda la creación se renuevan en cada momento. Meditar sobre la renovación constante de la Creación, tanto a nivel literal y físico, como espiritual, abre la posibilidad de integrar esa energía internamente en cada momento. Esto, a su vez, conduce a una vida de constante renovación e inspiración y se traduce, a nivel práctico, en aprovechar al máximo nuestro tiempo.

El secreto de Di-s: la Alegría

La frase, “El secreto de Dios es para Sus temerosos” revela otro importante “secreto de Di-s” (סוֹד י-הוה לִירֵאָיו), ya que su valor numérico es igual al de la palabra primaria para “alegría”, simjá (שִׂמְחָה). En cierta medida, solo tenemos una opción fundamental sobre cómo experimentar la vida. O elegimos una actitud alegre y positiva o un enfoque más pasivo, fatalista y, en última instancia, infeliz.

Además, las letras de la palabra para “pensamiento”, majshavá (מַחְשָׁבָה) pueden reorganizarse para formar “con alegría”, beSimjá (בְּשִׂמְחָה).[10] Aunque mucha gente piensa que ser una persona feliz es una cuestión de naturaleza innata y que uno o es feliz o no, lo cierto es que estar en un estado de alegría es una decisión consciente y voluntaria. Nuestros pensamientos determinan si somos felices o no, y cualquier situación presente o pasada puede replantearse de forma positiva. El “secreto de Di-s” es que una vida de renovación e inspiración constante es sinónimo de una vida alegre; una vida centrada en utilizar el tiempo de la forma más productiva posible conduce a la realización y la felicidad.


[1] Éxodo 12:1.

[2] Mishná Rosh Hashaná capítulos 1-2.

[3] Salmos 2:7.

[4] Véase también el extracto de clase en este número.

[5] Ialkut Shimoni, Bereshit 41.

[6] Eclesiastés (1:9).

[7] Salmos 25:14.

[8] Mivjar Shi’urei Hitbonenut vol. 3.

[9]. La suma de estas tres palabras, “Él fue, Él es y Él será” (הָיָה הֹוֶה וְיִהְיֶה) es 72, el valor de “bondad”, jesed (חֶסֶד), lo que indica que toda la existencia es un bondadoso regalo de Di-s.

[10]. Tikunei Zohar 67a.

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