LA INCLINACIÓN INTERMEDIA

Psicología jasídica

Se descubre una nueva inclinación (ietzer). ¿Es esto posible? Todos estamos familiarizados con la lucha interna entre nuestra inclinación al bien (ietzer tov) y nuestra inclinación hacia el mal (ietzer ra). Sin embargo, hay una tercera inclinación que se sitúa entre ambas: la inclinación intermedia.

¿Cuál es su naturaleza? ¿De dónde proviene? ¿Cómo es la fuerza que impulsa la adicción, las redes sociales y todas las formas de modernidad? ¿Y cómo la rectificamos exactamente? Estas son las preguntas que HaRav Ginsburgh aborda en esta enseñanza fundamental de la psicología jasídica.

Esta innovadora enseñanza se publicó por primera vez en la edición Toldot 5786 de Nifla’ot. 

La inclinación inter-media

Una de las ideas fundamentales implicadas en el servicio a Di-s es entender que todo ser humano se encuentra en una batalla constante entre sus inclinaciones. Esta es la guerra permanente entre la inclinación al bien (Ietzer HaTov) y la inclinación al mal (Ietzer HaRa).

Otro principio, aparentemente no relacionado, del pensamiento jasídico es que entre cada par de extremos existe un punto intermedio. También podría describirse como el promedio entre ambos extremos.

Al unir estas dos ideas, llegamos a la conclusión de que entre las inclinaciones al bien y al mal, que representan dos extremos, debe existir otra inclinación, compuesta de una mezcla de bien y mal.

Encontramos este principio del intermedio aplicado a las cáscaras impuras – kelipot – que representan las fuerzas negativas de la realidad. En el Tania, el Alter Rebe establece una distinción entre la santidad – que da vitalidad al cumplimiento de los mandamientos Divinos y cuyo rasgo característico es su anulación ante Di-s – y las tres cáscaras absolutamente impuras, que vitalizan y sostienen todo lo prohibido. Entre estos dos ámbitos, encontramos una cáscara intermedia conocida como kelipat noga, cuya fuente se encuentra en el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Esta cáscara vitaliza y sostiene todo aquello en el mundo que es considerado permisible. Un objeto permisible es aquel que no estamos obligados a utilizar para el cumplimiento de un mandamiento, pero que tampoco está explícitamente prohibido.

Cuando traducimos este esquema de la realidad, al plano de la psique humana, descubrimos que poseemos una inclinación hacia el bien, que nos impulsa constantemente hacia todo lo sagrado en la vida, y una inclinación al mal, que nos arrastra hacia todo lo prohibido. Así como existe un ámbito de lo permisible en la realidad, también existe en nosotros una inclinación que nos atrae hacia todo lo que es permisible. A esta inclinación intermedia la denominaremos inclinación al bien-y-el-mal. Dado que esta inclinación nos atrae hacia el ámbito de lo permisible, también podemos llamarla la inclinación noga o ietzer noga (יֵצֶר נֹגַהּ) en hebreo.

La inclinación de Noga y Mashiaj

Kelipat noga es considerada una “cáscara”, porque, al igual que las tres cáscaras impuras, actúa como un velo que oculta la Divinidad. Pero como el velo de noga no es completamente opaco y deja pasar una cierta cantidad de luz (es decir, revelación Divina), se le llama noga, que literalmente significa luz “atenuada” o “silenciada”. En la práctica, esto significa que aquellas cosas que se encuentran en el ámbito de noga pueden elevarse a la santidad si se utilizan para servir a Di-s. La intención en tal caso puede ser premeditada o posterior al hecho. Por ejemplo, si uno come con la intención expresa de sustentar su cuerpo para poder servir a Di-s con él, entonces eso es una intención premeditada en aras del Cielo. Pero, incluso si no comiera con esto en mente, incluso si simplemente deseara comida que está permitida para satisfacer su apetito, esa comida puede elevarse a posteriori si la energía se utiliza de forma positiva más tarde. Lo que cuenta es cómo se utiliza la energía de los alimentos en la práctica.[1]

Lo que es cierto para la kelipat noga también es cierto para el ietzer noga, la inclinación intermedia. Fundamentalmente, también se inclina en la dirección negativa (como kelipat noga, que en esencia es un “velo” sobre la revelación Divina). Por eso puede convertirse en un puente hacia cosas absolutamente prohibidas. Sin embargo, también puede servir como puente en la dirección opuesta, ayudándonos a elevar a la santidad las chispas de Divinidad atrapadas en el mal. Este efecto es el significado interno del versículo:

“el sendero de los justos es como la luz de noga, siempre brillando cada vez más hasta [ser tan radiante como] el mediodía”[2]

Veoraj tzadikim keor holej vaor ad nejon haiom

וְאֹרַח צַדִּיקִים כְּאוֹר נֹגַהּ הוֹלֵךְ וָאוֹר עַד נְכוֹן הַיּוֹם

El hecho de que la realidad contenga un ámbito llamado noga es una cosa. Uno puede evitar caer en él de manera equivocada simplemente evitándolo por completo. Con este fin, encontramos una famosa instrucción de Jabad dada por el Alter Rebe: “Lo que está prohibido está prohibido, pero lo que es permisible es innecesario.”[3] Aun así, en nuestra generación, el Rebe de Lubavitch nos animó a hacer uso todo lo permitido para servir a Di-s.[4] Sin embargo, es algo completamente distinto afirmar que noga no se encuentra únicamente en el exterior, sino que también forma parte de nuestra estructura psicológica y que poseemos una tercera inclinación de que, al igual que noga, es una combinación de bien y mal.

Encontramos que, en el pasado, al abordar la batalla constante en la psique entre las inclinaciones al bien y al mal, esta inclinación intermedia casi nunca se discutía. Pero, como se ha señalado, a medida que nos acercamos a la era de Mashiaj y la realidad se acerca a su rectificación, se vuelve imprescindible hablar de la inclinación noga, ya que en su uso adecuado reside la clave para rectificar toda la realidad. La inclinación noga es el puente, que todas las chispas de santidad atrapadas en la realidad deben cruzar. La hermosa alusión a este principio puede verse en el valor de “la inclinación noga“, ietzer noga (יֵצֶר נֹגַהּ), que es el mismo valor que “Mashiaj” (מָשִׁיחַ), ¡358!

La inclinación a saber

¿Cuál es la definición de la inclinación noga? El término “inclinación”, ietzer (יֵצֶר) es común en los textos rabínicos. Siguiendo la terminología ampliada de sus predecesores, el Alter Rebe en el Tania adopta el término nefesh, que literalmente significa anima (en latín), o fuerza vital. En lugar de hablar simplemente de dos inclinaciones, el Alter Rebe eleva la batalla interna que libran la mayoría de las personas a una lucha entre el ánima animal (que la mayoría traduce como “alma animal” para evitar la repetición confusa) y el ánima divina (que, de nuevo, suele traducirse como “alma Divina”). Al enfrentar ánimas (nefashot, en hebreo) entre sí, el Alter Rebe introduce el concepto de ánima intermedia, el ánima intelectual o alma intelectual. El alma intelectual se inclina naturalmente hacia el alma animal (de hecho, se desarrolla a partir del alma animal en los primeros 13 años de vida) y, por lo tanto, proporciona una racionalización y justificación internas para la inclinación negativa del comportamiento de nuestra alma animal. Pero el alma intelectual puede ser dirigida a asistir al alma Divina mediante el estudio de la Torá y el entendimiento de aquello que Di-s (y no el alma animal) desea de nosotros. Si el alma intelectual se convierte en asistente del alma Divina, puede transformarse en el puente hacia la rectificación última del alma animal, explicándole, en su propio lenguaje, por qué debe servir a Di-s.[5]

Teniendo esto en cuenta, ahora podemos afirmar que la inclinación noga tiene su origen en el alma intelectual e identificarla con la curiosidad innata del intelecto. Cada inclinación representa una atracción. La inclinación al bien se siente atraída hacia la santidad, la inclinación al mal se siente atraída, obviamente, hacia el mal. La atracción de la inclinación al bien se alude en las palabras, “el espíritu de los hombres, se esfuerza por elevarse”,[6] y la atracción de la inclinación al mal se alude a continuación, “y el espíritu del animal, se esfuerza por descender hacia la tierra.” La intermedia inclinación noga, cuyo origen espiritual proviene del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, se siente atraída por el conocimiento. Quiere saber todo lo que hay que saber, sea bueno o malo.

El Rebe Isaac de Homil escribe[7] que la inclinación al bien se siente atraída por lo que está por encima de la realidad – el ámbito de la santidad y la Divinidad del cual surge la realidad; la inclinación al mal se siente atraída por lo que está por debajo de la realidad – el ámbito de lo impuro, el ámbito de la no-existencia, donde la realidad se niega y se convierte en imaginaria.[8] Ampliando esta observación, decimos que la inclinación noga se siente atraída por la propia realidad. Desea conocer todo lo que existe, tal como es, recopilar conocimiento y experimentar con la realidad.

Para decirlo de otra manera, la inclinación al bien anhela el Nombre sagrado, Havaia, el Nombre esencial de Di-s y su instrucción: “Havaia es uno.”[9] La inclinación al mal ansía falsos dioses, elilim (אֱלִילִים), cuyo equivalente en hebreo significa literalmente “inexistente”.[10] La inclinación noga es un anhelo por el Nombre de Di-s Shakai (שַׁ-דָּי), un acrónimo de “¡Quien dijo ´Basta´!” a Su mundo.” Este es el Nombre de Di-s que limita la naturaleza, haciendo posible que la mente humana limitada la conozca y entienda. Pero, de la santidad de Shakai también deriva el “demonio”, shed (שֵׁד), la dimensión negativa del ámbito de noga.

Nuestra inclinación noga, nuestra curiosidad no tiene límites. Encuentra todo interesante. Es curiosa por lo que la gente dice que es bueno y por lo que la gente dice que es malo (suponiendo que quizá no sea tan malo, etc.). La curiosidad de noga también le impulsa a experimentar. ¿Por qué confiar en los testimonios de otros cuando puedes probar algo por ti mismo? Incluso conoce un poco de Torá y afirma: “nadie es tan sabio como quien tiene experiencia.”[11] Así que, argumenta, no basta con leer sobre experiencias psicodélicas, debería experimentarlas por mí mismo. Quizá me hagan bien.

No se puede negar que la inclinación noga es cada vez más dominante en la realidad actual. Es el punto de origen de las adicciones, una de las señas de identidad de nuestra generación, especialmente de las adicciones a los medios en general y a las redes sociales en particular. Incluso cuando el contenido que se ve es aparentemente neutral, la adicción en si misma es destructiva. Ahora está impulsando a la gente a experimentar con la IA y las lleva a buscar saber algo, sobre todo. Todo esto es obra de nuestra inclinación noga.

Lo positivo y lo negativo en la curiosidad

La inclinación hacia lacuriosidad noga tiende a lo negativo. No tiene kabalat ol, lo que significa que no ve autoridad superior a la suya, por eso quiere intentarlo todo por sí mismo. No acepta las definiciones de otros sobre lo que es bueno y lo que es malo. Está interesado en experimentar por sí mismo si algo es un placer o un flagelo que hay que evitar.[12] Dicho de otro modo, la curiosidad no tiene límites y lo que no tiene límites acabará finalmente en el peor de los lugares. La maledicencia – todo tipo de comentarios negativos sobre los demás – también se origina en esta inclinación a saberlo todo sobre otras personas. Por eso todo trabajo académico debe también criticar la materia que estudia.

Aun así, la curiosidad es innata en el hombre y distingue a los humanos de todas las demás criaturas. Es responsable de todo el progreso que la humanidad ha logrado en todas las áreas. Es la raíz de toda investigación científica. Sin ella, no podríamos salir de nuestro conocimiento limitado, descubrir nueva ciencia e inventar nuevas tecnologías. Desde tiempos inmemoriales, la tecnología y el progreso se ven positivamente en la Torá, comenzando con Noé quien, al inventar el arado, trajo tranquilidad Arriba y abajo.

De hecho, en el futuro, a pesar de la tendencia negativa de la inclinación noga, el bien resultará triunfante. Esto ocurrirá cuando la curiosidad madure lo suficiente como para buscar lo bueno en la realidad. Como escribe el Izhbitzer Rebe, cuando el mandamiento de no comer del Árbol del Conocimiento se puntualiza de manera diferente – “de todos los árboles del Jardín comerás, y del Árbol del Conocimiento del bien y del mal no comerás de él”[13]– cuando nuestra ansia de conocimiento se centre en el bien, también seremos capaces de elevar el mal. Lo malo entonces no solo se transformará en “bueno”, sino que se transformará en “muy bueno”.


[1] Véase Tania cap. 8.

[2] Proverbios 4:18.

[3] Haiom Iom para el 25 de 2 de Adar.

[4] Famosa en este sentido fue la postura del Rebe sobre la tecnología.

[5] De hecho, una forma de definir el Jasidut es decir que consiste en los principios de lo Divino traducidos a un lenguaje intelectual al que el alma animal puede entender y hacia el que puede sentirse atraída.

[6] Eclesiastés 3:21.

[7] Jana Ariel, Lej Leja, “Jamishá Kinianim.”

[8] El Rebe Najman llamó célebremente a la inclinación al mal “el poder de la imaginación”, coaj hamedamé(כֹּחַ הַמְּדַמֶּה), cuyo valor numérico es igual al de “el Becerro de Oro”, eguel hazahav (עֵגֶל הַזָּהָב), la encarnación imaginaria de la Divinidad que los israelitas adoraban en el Sinaí. Aunque la imaginación inicialmente está controlada por el alma animal (que imagina la próxima comida, el siguiente placer), se nos encarga rectificarla usándola para estudiar Torá, específicamente midrashim, las interpretaciones homiléticas rabínicas de la Torá, que purifican nuestra mente al concentrarla en imaginar la Torá y sus contenidos.

[9] Deuteronomio 6:4.

[10] Véase Rashi a Levítico 19:4. Rashi continúa diciendo que, si les otorgas crédito a estos ídolos, estos llegaran a convertirse en reales como tus “dioses”.

[11] Akeidat Itzjak 14.

[12] Siguiendo el Sefer Ietzirá (2:4), que afirma que, “no hay nada superior al placer, oneg (עֹנֶג) y nada inferior a una plaga, nega (נֶגַע)”, que es cognado con noga.

[13] Génesis 3:1.

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