LAS CUATRO PREGUNTAS EXISTENCIALES EN EL CORAZÓN JUDÍO
En preparación para Pesaj la próxima semana, presentamos la primera parte de un farbrengen celebrado por el Rav Ginsburgh hace unos años. Este fue uno de los ejemplos más contundentes del método del Rav para establecer correspondencias entre conjuntos de elementos aparentemente inconexos que los sabios habían agrupado. En este farbrengen se centró en conjuntos de 4 elementos, incluyendo los 4 Hijos en la Hagadá y las 4 Copas de Vino. Muchas de las revelaciones de este fundamental farbrengen se incluyeron en la Hagadá en hebreo del Rav, “Sodot Min haSeder”.
El Rav Ginsburgh comenzó definiendo la esencia del Éxodo como la liberación de nuestra aspiración por saber y a continuación, repasó las Cuatro Preguntas Existenciales que habitan en lo más profundo del corazón de cada judío. La segunda mitad de este farbrengen se publicará próximamente.
Libertad para aspirar
La respiración es uno de los hábitos para la salud más importantes que poseemos. En todo el mundo, muchas diversas culturas se han centrado en las propiedades curativas de la respiración. Cuando piensas en el Éxodo de Egipto, cuando piensas en Pesaj, respirar puede que no sea lo primero que te venga a la mente. Pero si nos preguntamos cuál es el mensaje central de Pesaj, podríamos responder que el Éxodo de Egipto nos permitió volver a aspirar, tener aspiraciones de nuevo como pueblo. Romper las cadenas de la esclavitud y el exilio nos permitió convertirnos en la nación que estábamos destinados a ser. El acto de respirar también se denomina respiración. Cada vez que respiramos, en cierto sentido estamos re-aspirando. De hecho, la palabra hebrea para “inhalar”, sheifá (שְׁאִיפָה) significa literalmente ¡”aspirar”! Aspirar es la esencia del Éxodo de Egipto; es la aspiración, el anhelo. Dado que el Éxodo de Egipto es el basamento de nuestro pueblo, no sería descabellado afirmar que lo que define a los judíos es su capacidad de aspirar a algo. El alma judía aspira.
Hay muchas cosas a las que aspirar en la vida. Algunos anhelan cosas materiales, una aspiración que nunca podrá satisfacerse, como dijo en su famosa frase el rey Salomón: “Quien ama el dinero nunca se sacia con dinero.”[1] Cuando se trata de riqueza física, la regla a seguir es: “¿Quién es rico? Aquél que esté satisfecho con su parte.”[2] Pero cuando se trata del ámbito espiritual, estar satisfecho se considera una carencia. Por eso, el alma judía, aunque nunca está satisfecha con su estado espiritual actual, siempre anhela más. Este es el poder de lo infinito que reside en el pueblo judío. Es la manifestación de la bendición de “ser fecundos y multiplicaros”.[3] Y esta bendición se manifiesta con mayor fuerza en Pesaj, tal y como se insinúa en el valor compartido de “sed fecundos y multiplicaos“, pru urbú (פְּרוּ וּרְבוּ) y “el sacrificio de Pesaj”, korbán Pesaj (קָרְבַּן פֶּסַח).
Una obligación de cuestionar
La aspiración comienza con saber. Un judío aspira a saber, por eso los judíos tienen preguntas. En ningún otro lugar se hace esto más patente que en el Seder. Simplemente comenzamos la Hagadá y nos encontramos con la directiva: “Y aquí el hijo pregunta: ¿Qué…” Es bien sabido que, aunque no haya niños que expresen estas preguntas, cualquier adulto en la mesa lo hará igual de bien. Aunque uno celebre el Seder solo, está obligado a hacer las preguntas.
Esta simple directiva, “Y aquí el hijo pregunta: ¿Qué…”, veCan haBen shoel: má… (וְכָאן הַבֵּן שׁוֹאֵל: מָה…), oculta un profundo concepto cabalístico. Las palabras para “hijo”, ben (בֶּן) y “qué”, má (מָה) son los nombres de dos rellenos del nombre esencial de Di-s, Havaia.[4] El “hijo” (מָה) representa la parte trasera, desde allí, donde aún no ha llegado la luz, de donde se hacen las preguntas. Es desde lo trasero donde uno busca y aspira a encontrar respuestas. El hecho de que comience sus preguntas con “qué”, má (מָה) alude a cómo la parte trasera busca constantemente la parte delantera, anhelando sin cesar la luz y la revelación de la esencia Divina que traerá claridad y resolución. Por ello, en la Cabalá, el relleno que equivale a “hijo” (בֶּן) busca constantemente unirse al relleno que equivale a “qué” (מָה)-las preguntas exigen respuestas y las sombras deben iluminarse.
La combinación de “hijo” y “qué” es igual a “tiempo”, zman (זְמַן). Cada momento de tiempo se describe como un producto de la dinámica Divina conocida como “tocar y no tocar”. Cada momento de tiempo es producto de nuestra aspiración de descubrir más y tocar incluso aquello que no puede ser tocado.
Conjuntos de cuatro
La Hagadá presenta cuatro preguntas. Son el primer grupo de cuatro que encontramos en la noche del Seder. Luego están los Cuatro Hijos. También hay Cuatro Copas de vino. Las fuentes rabínicas contienen referencias a otros grupos de cuatro, siendo uno de los más conocidos los cuatro sabios que entraron en el Pardés (es decir, en el Paraíso). Intentaremos mostrar cómo se conectan todos.
Una conexión sencilla es que las cuatro copas de vino están pensadas para permitirnos adentrarnos en lo más profundo de nosotros mismos y hacernos nuestras preguntas más existenciales. Los sabios dicen que “El vino entra, sale el secreto.”[5] El vino tiene la capacidad de revelar secretos. Nuestros secretos más profundos son esas preguntas existenciales que llevamos en el corazón, que nunca nos hemos atrevido a hacer. Cuando bebo cuatro copas de vino durante el Seder, de repente siento que tengo cuatro preguntas. Siento la libertad de preguntar. Pesaj es el “tiempo de nuestra libertad”, zman jerutenu (זְמַן חֵרוּתֵנוּ). Libertad en hebreo, jerut (חֵרוּת) es un acrónimo de los cuatro hijos en la Hagadá: “el Sabio, el Malvado, el Sincero y el que no sabe preguntar”, jajam, rashá, tam, veSheeinu iodea (חָכָם רָשָׁע תָּם וְשֶׁאֵינוֹ יוֹדֵעַ לִשְׁאֹל). La esencia de la libertad es la libertad de expresión y la esencia de la libertad de expresión es la libertad de preguntar; preguntar a nuestro Padre en el Cielo: “Tati, quiero hacerTe cuatro preguntas.” La psicología moderna es muy consciente de la represión y de que, a veces, lo que se reprime necesita ser liberado. En la noche del Seder, todas mis preguntas existenciales reprimidas deben salir a la luz. Esta es la aspiración que tenemos al salir de Egipto. Saber.
Preguntas reprimidas y el mal interior
El Rebe Rashab enseñó que durante todo el año debemos estar en un estado de conocimiento: “Hoy sabréis… que Havaia es tu Di-s.” Quien esté obligado a saber, debe plantear preguntas. Es precisamente en su capacidad para cuestionar donde el Talmud babilónico es superior al Talmud de Jerusalén. El Talmud de Jerusalén tiene menos preguntas y, en consecuencia, hace menos para rectificar el mal interior, porque las preguntas se originan desde el lado de la negatividad. Debido a que el Talmud babilónico se describe en el versículo “Havaia me ha hecho habitar en las tinieblas”, plantea más preguntas, puede rectificar más del mal oculto. Cuando las preguntas se plantean ante Di-s, “Tati, quiero hacerTe preguntas”, tienen el poder de aclarar y rectificar el mal más profundo. Ese también es el propósito del Éxodo de Egipto.
Las cuatro preguntas existenciales
Comenzamos identificando las cuatro preguntas existenciales de la vida. A primera vista, no están relacionadas con las cuatro preguntas planteadas en la Hagadá, pero más adelante veremos la profunda conexión entre ambos conjuntos de preguntas.
La primera pregunta existencial es: ¿Por qué fui creado? Esta es una versión personal de la pregunta general: ¿Por qué Di-s creó el mundo?
Uno podría preguntarse, ¿es siquiera algo bueno ser creado? A nivel personal, los sabios dictaminan que, “es mejor que una persona no haya sido creada que haya sido creada.”[6] Dado que esto se aplica a cada judío individual, más aún se aplica a todo el mundo. Por tanto, aquí surge una enorme pregunta.
Generalmente, son los niños pequeños quienes hacen las preguntas más profundas. Por eso el Éxodo de Egipto es descrito por el profeta con las palabras: “Recuerdo tu gracia, la devoción de tu juventud, tu amor como novia, cómo Me seguiste en el desierto, en una tierra sin sembrar”[7] así como, “Me enamoré de Israel cuando aún era joven, y le he llamado Mi hijo, desde Egipto.”[8]
Este es el aspecto de juventud, o de pequeñez mental, mojin deKadnut (מוֹחִין דְּקַטְנוּת) que es la característica distintiva de Pesaj, tal como se enseña en los escritos jasídicos. La Matzá también es un ejemplo de pequeñez mental. El Creador ama a los niños pequeños porque claramente son capaces de plantear preguntas profundas, penetrantes y existencialmente desafiantes. Preguntas como: ¿Por qué Di-s creó el mundo? ¿Por qué Di-s me creó? O en otra versión: ¿Por qué estoy aquí, para empezar? ¿Cuál es el propósito de la vida? Nada despierta más el amor esencial de Di-s que la actitud sincera de los jóvenes o de quienes conservan un espíritu joven, que se vuelven hacia Di-s en momentos de pequeñez mental.
La segunda pregunta existencial es: ¿Por qué Di-s eligió al pueblo judío por encima de todas las naciones?
Ahora que Di-s me ha creado, la segunda pregunta se centra y revela una dimensión completamente diferente. Si Di-s ya está creando, si es que va a haber Creación, el ideal sería la igualdad completa. Al fin y al cabo, todos descendemos de Adán, y como Adán pecó, todos necesitamos rectificar eso. Entonces, ¿por qué se consideraría a un pueblo superior a otro?
Ahora, las enseñanzas jasídicas explican que solo un judío haría esta pregunta. Hay quienes dicen que esta es la pregunta del hijo sabio. La sabiduría en esta pregunta es que, sin importar qué rasgo especial de carácter se adujera para justificar la elección de Israel, dicho rasgo siempre es producto de un despertar Divino, de un don Divino que le ha otorgado a Israel este rasgo especial. Si sostienes que un judío es un ser bueno, que un judío tiene un alma divina, al fin y al cabo, ¿de dónde viene eso? Proviene del Santo Bendito sea. El alma Divina no es el “yo”. Decimos cada mañana: “el alma que Tú me diste es pura.” No es mía, no soy yo. Tú, Di-s, dame mi alma; Tú la diste, y la das cada día. Me das mi alma y me haces judío. Por eso todo judío debe recitar la bendición: “Bendito eres Tú Havaia… ¿Que no me ha hecho un no-judío?», porque podría haber sido, Di-s no lo quiera, lo contrario.
Podemos profundizar en nuestro entendimiento del origen de nuestro estatus especial contemplando la naturaleza de la humildad. En el versículo “los humildes aumentarán su alegría en Havaia”,[9] la tradición en Jabad, desde el Alter Rebe en adelante, es que la verdadera humildad de un judío debe extenderse incluso a un no-judío. El fundamento de la humildad en el pensamiento jasídico es que, si Di-s hubiera dado a otra persona las buenas cualidades que me dio a mí, presumiblemente esa otra persona habría sido incluso mejor que yo. Esto incluye explícitamente a todos los no-judíos también. Todo lo que identificamos como signos distintivos de ser judío, cosas que no son conscientes en absoluto, que no dependen del libre albedrío – compasión, modestia y bondad[10] – son dones de Di-s, pues son los rasgos del alma que es un regalo Suyo. Pero, si todo es por decreto Divino, entonces no hay una explicación a priori de por qué Di-s nos eligió a mí y a nosotros, señalándonos como mejores que los demás. Este pensamiento crea una contradicción dentro del propio judío. Nuestra sensibilidad interior exige y proclama igualdad. Así, esta es la segunda cuestión existencial: ¿Cómo es que Di-s favorece a unos sobre otros?
La tercera y cuarta pregunta existencial, van de la mano. La tercera es, ¿por qué hay sufrimiento en el mundo? ¿Por qué hace Di-s esas cosas? ¿Por qué hay maldad en el mundo? Nuestro mundo está lleno de maldad e injusticia. Y esto no es simplemente malvado en apariencia. Y no es porque quienes lo sufren tengan siempre la culpa, de alguna manera.[11] Esta es la bien conocida cuestión del tzadik vera lo, “una persona justa que sufre.” No hay una cuestión existencial más profunda que esta. El propio Moisés hizo esta pregunta sobre Rabi Akiva, y Di-s le respondió: “¡Silencio! Esto es lo que ha surgido en Mi pensamiento,”[12] no tengo nada que decirte.
De hecho, debemos mencionar que, por ahora, ninguna de estas cuestiones existenciales tiene una respuesta completa. Representan el anhelo en el alma judía.
La cuarta pregunta, que está relacionada con la tercera, es: ¿por qué Mashíaj aún no ha venido? Esta es la pregunta que el Rebe de Lubavitch se hizo públicamente muchas veces. Todos los tiempos designados para la llegada de Mashíaj han pasado,[13] todo se ha cumplido, se ha hecho toda la teshuvá necesaria, y aun así, Mashíaj no está aquí. “¿Hasta cuándo?”, Ad matai (עַד מָתַי). Esta pregunta está vinculada a la tercera, que se remonta a Moisés. La cuestión del mal y el sufrimiento se atribuye a Moisés y también está vinculado al Mashíaj, ya que sobre Moisés se dice: “él es el primer redentor, y es el último redentor”,[14] lo que significa que Moisés es (el alma de) el Mashíaj. También están conectados porque, cuando el Mashíaj llega, una de las cosas que veremos será el fin del problema de un tzadik que sufre. El mal será rectificado cuando llegue el Mashíaj.
Una enseñanza jasídica hermosa y original es que hay 3 principios fundamentales que debemos integrar para rectificar nuestra mentalidad. Los llamamos el alef, beit y guimel del Jasidut. El alef es la expresión, “No hay nada más que Él”, ein od milvadó (אֵיןעוֹדמִלְּבַדּוֹ), que comienza con la letra alef. El beit del Jasidut es, “Para mí fue creado el mundo”, bishvili nivrá haOlam (בִּשְׁבִילִינִבְרָאהָעוֹלָם), cuya letra inicial es la beit. Finalmente, el guimel del Jasidut es: “Esto también es el bien”, gam zó leTová (גַּםזוֹלְטוֹבָה), que comienza con la letra guimel.
Estas tres expresiones fundamentales corresponden a sabiduría, entendimiento y conocimiento. Percibir la única realidad verdadera, que “no hay nada más que Di-s”, no es fácil y depende específicamente de la sefirá de sabiduría, del sentido de desinterés propio.[15] Integrar esta conciencia me permite percibir el verdadero ser dentro de mí, mi alma Divina, para cuyo servicio y dedicación a Di-s, “el mundo fue creado.” Esto corresponde a la sefirá de entendimiento, el comienzo del “ser”. Así, la relación entre los dos primeros principios es la de la nada y el ser.
Finalmente, el tercer principio se basa en nuestra sefirá de conocimiento (da’at), la capacidad de romper la realidad y revelar su verdadero propósito interior, que es ayudarme en mi servicio al Todopoderoso. El conocimiento es donde los ejes derecho e izquierdo deben unirse o incluirse uno en el otro. La cima de esta inclusión es ver tangiblemente, en la experiencia real, que incluso “esto” es para bien.
A pesar de lo importantes y esenciales que son estas cuatro preguntas, es importante darse cuenta de que, incluso después de hacerlas, no se ofrece una respuesta directa durante el Seder. No obstante, el momento para hacer estas preguntas es Pesaj. Hay algo en Pesaj que supera incluso la Entrega de la Torá. La Entrega de la Torá también consiste, por ahora, sobre dar respuestas. Sin embargo, hay algo en Pesaj que da pie a preguntas que ni siquiera la Entrega de la Torá puede responder todavía, hasta que “una nueva Torá saldrá de Mí.”[16] Estas son las cuatro preguntas cuyo origen está en los niños pequeños que acaban de empezar a estudiar Torá.
Estas preguntas existenciales que se plantean los niños pequeños nos recuerdan uno de los principios que aparece en las Responsa del Rashba: al orar, imaginamos ante nosotros al mismo Di-s que el niño tendría en mente. El niño no es lo suficientemente sofisticado como para rezar a ninguna manifestación de Di-s, a ninguna de las sefirot, ni a ninguna otra cualidad de Di-s. Él o ella reza a la esencia misma de Di-s, a Su ser. Así como el niño reconoce la esencia misma de Di-s de la manera más pura y menos pretenciosa, también es capaz de plantear cualquier pregunta sin imponerse ninguna limitación. Y así, a quienquiera que el niño rece, yo también debo orar.
Además, las cuatro preguntas existenciales sobre la vida corresponden a las tres primeras sefirot: sabiduría (jojmá), entendimiento (biná) y la sefirá de “conocimiento” (da’at), que se divide en dos partes laterales conocidas como “la profundidad del bien” y “la profundidad del mal”. También son los cinco aspectos de bondad en el lado derecho de conocimiento (jasidim) y los cinco aspectos de rigor (guevurot) que constituyen el lado izquierdo de conocimiento. Estas tres sefirot, divididas en cuatro, también corresponden a los cuatro compartimentos de los tefilín de la cabeza.
La primera pregunta – ¿Por qué fue creado el mundo? – corresponde a sabiduría, siguiendo el versículo: «Los hiciste a todos [es decir, todos los componentes de la Creación] con sabiduría».[17]
La segunda pregunta – ¿Por qué el pueblo judío? – es la cuestión de entendimiento, siguiendo el principio de que, “Israel precedió a todo en el pensamiento [es decir, dentro de la facultad intelectual de entendimiento].”[18]
La tercera pregunta – ¿Por qué hay el mal en el mundo? – corresponde al lado izquierdo del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal.” Esta es la pregunta que guarda paralelo con los aspectos de rigor o severidad en la sefirá de conocimiento.
Finalmente, la cuarta pregunta – ¿Por qué no ha venido Mashíaj? -también corresponde al Árbol del Conocimiento del Bien, pero esta vez a su derecha, los cinco aspectos de bondad dentro de la sefirá de conocimiento.
De entre estas cuatro preguntas, ¿cuál es la principal? Dijimos que la pregunta más importante y, por tanto, la principal del Rebe de Lubavitch es la cuarta: ¿Por qué no ha venido Mashíaj? No lo entiende, y protesta y llora por ello cada día. De hecho, aunque hemos visto la conexión entre Moisés y la tercera cuestión, el problema del sufrimiento en el mundo, Moisés también está explícitamente relacionado con la cuestión sobre Mashíaj. ¿Cómo es eso?
Cuando Di-s intentó convencer a Moisés de aceptar la misión de salvar al pueblo de Egipto y sacarlos para recibir la Torá y heredar la Tierra de Israel, Moisés se negó. Su argumento era que si Di-s no puede convertirlo en Mashíaj, si Di-s no puede prometer que no habrá más exilio tras el Éxodo de Egipto, entonces él, Moisés, no está interesado en cumplir esta misión. Como todos los grandes líderes de cada generación, el Rebe de Lubavitch es la encarnación de “la extensión de Moisés a cada generación”, y, por tanto, para él también, la cuestión de por qué el Mashíaj aún no ha venido sería tremendamente importante. Como dijo Moisés: “Por favor, envía [la redención] por medio de quienquiera Tú envíes.”[19] No quiero redimir a esta nación como el primer redentor, ¡si no puedo ser el último redentor aquí y ahora!
Moisés también quiere que venga el Mashíaj. Esto corresponde a los cinco aspectos de bondad en conocimiento. También incluye los cinco aspectos de rigor, ya que Moisés vincula la venida de Mashíaj con el problema del sufrimiento: “¿Por qué has causado sufrimiento a esta nación? ¿Por qué Tú me has enviado?”
Encapsulando las dos preguntas de conocimiento, Moisés pidió conocer el rostro de Di-s[20] – porque no hay nadie como Moisés que anhele saber. Dijimos que el comienzo de la aspiración es la aspiración por saber, como en, “Conoce al Di-s de tu padre y sírveLo.”[21] Todo nuestro servicio es de acuerdo a la sefirá de conocimiento. Cada día buscamos un nuevo conocimiento de Di-s. Esta aspiración por saber más sirve como principio fundamental para gran parte del sendero jasídico revelado por el Ba’al Shem Tov. ¿Cómo es eso?
Los sabios revelan que, “el Mashíaj viene para traer a los justos a hacer teshuvá.”[22] Existe una parábola bien conocida atribuida a Rabeinu Saadia Gaon. El Ba’al Shem Tov se identificó tanto con él que dijo que era su reencarnación. La parábola pretende ilustrar lo que significa que uno debe arrepentirse cada día, incluso si no ha pecado. El arrepentimiento diario puede ser resultado de conocer más a Di-s día a día. Cuando reconozco, cuando conozco a Di-s mejor hoy que ayer, siento que, relativamente hablando, todo mi servicio de ayer fue como “nada” y que hoy debo empezar a servirLe de nuevo, arrepintiéndome por mi falta de conocimiento de ayer. En cierto sentido entonces, la venida de Mashíaj es la capacidad de aspirar continuamente a alcanzar un mayor conocimiento de Di-s.
Cuando Moisés le pidió al Todopoderoso: «Por favor, muéstrame Tu gloria»,[23] Di-s le respondió: «Verás Mi espalda», porque ahora solo verás la espalda.
Según la dimensión interior de la Torá, es la esencia de Iosef la que tiene el poder de transformar la parte trasera en la parte frontal. Por eso Moisés cumplió la petición de Iosef: “Sacarás mis huesos de aquí.”[24] Iosef exhorta a todo Israel. Se entiende que los huesos de Iosef representan el poder de abandonar Egipto. Moisés toma los huesos de Iosef para transformarlos de nuevo en la parte frontal. Al final, cuando Moisés pide ver el rostro de Di-s, como si fuera, Di-s responde: “Veréis mi espalda, y no se verá Mi rostro.”[25] Por ahora.
¿Cuándo verá Moisés el “frente” de Di-s, por así decirlo? Solo al final de su vida, cuando llega a la quincuagésima puerta. Es entonces cuando merece morir por un beso divino (מיתת נשיקה) y a través de ese beso, merece, por así decirlo, ver el rostro de Di-s.
Cerca de Pesaj, leemos la parashá Ajarei (Levítico 16), que relata la muerte de Nadab y Avihu, dos de los hijos de Aharón, el Cohen Gadol, cuando buscaban servir a Di-s de una manera no ordenada. Al morir, Moisés le dijo a Aarón, Nadab y Abihu eran más grandes que nosotros dos. ¿Cómo es eso?, preguntó Aaron. La respuesta que dijo Moisés es que esperamos pacientemente a que el beso llegue a nosotros (así se sintieron Moisés y Aarón). Pero Nadab y Abihu, no podían esperar. Anhelaban y deseaban con una aspiración y voluntad más genuinas que las nuestras, hasta el punto de que ellos mismos se acercaron al beso.
Los cuatro que entraron en los Pardés
Ahora llegamos a otro conjunto famoso y conocido de 4 mencionado por los sabios rabínicos. Nos cuentan una experiencia mística que incluyó a cuatro de los más grandes líderes rabínicos de su época: Rabi Akiva, Ben Azai, Ben Zoma y Rabi Elisha ben Avuiá (más tarde conocido como Ajer, es decir, “el otro”). Entraron en el reino místico del Pardés – un huerto figurado de conocimiento esotérico – cada uno planteando una pregunta diferente. El Arizal explica que el propósito de estos sabios al entrar en el Pardés era rectificar el pecado de Adán; los cuatro querían acelerar la llegada de Mashíaj rectificando el pecado de Adán. Pero cada uno tomó una dirección diferente, investigó un tema distinto, y planteó una pregunta diferente.
Ben Azai planteó la cuestión de la sabiduría, y luego “miró y murió.”[26] Ben Zoma hizo la pregunta que corresponde a entendimiento, y luego “miró y fue afligido.” Elisha ben Avuiá hizo la pregunta correspondiente a los cinco rigores de la sefirá de conocimiento y terminó “talando las plantaciones.” Solo Rabi Akiva – que “entró en paz y partió en paz”- hizo la pregunta correcta, la más cercana a recibir una respuesta, aunque no mereciera recibirla. Esta era la cuestión de por qué Mashíaj aún no ha venido, la pregunta que corresponde a los cinco aspectos de bondad de los jasadim de da’at.
Lo sabemos porque fue Rabi Akiva quien, entre todos los sabios, realmente buscaba la venida de Mashíaj, en el sentido más literal y práctico, para traer al Mashíaj de inmediato. El Arizal dice que Rabi Akiva fue el único que entró en paz y partió en paz, porque partió del punto de partida correcto: los cinco aspectos de bondad de conocimiento – no desde sabiduría, ni desde entendimiento, ni desde los rigores de conocimiento. Aun así, a pesar de plantear la pregunta correcta, Rabi Akiva no obtuvo respuesta, pero merecía entrar en paz y partir en paz.
¿Por qué fracasó Rabi Akiva? El Arizal explica que esto se debe a que el Mashíaj debe saber dónde entrar y debe atreverse a incluir todas las preguntas juntas. Eso no lo hizo. Sabía cuál era el lugar adecuado al que acercarse, por donde empezar, como abrir la brecha – cómo reunir todas las pregunta, todas nuestras libertades juntas en una sola pregunta, eso no lo sabe. Cuando una persona realmente pregunta, va hasta al final. Una persona que pregunta algo sinceramente no se conforma con limitarse a plantear una pregunta. La esencia de una verdadera pregunta es indagar en ella, resolverla. Así como un científico se plantea una pregunta – ¿basta con tener una pregunta marcada como “requiere más investigación”, tzarij iun (צָרִיךְ עִיּוּן)? Eso no es ciencia. Un científico con una pegatina de ‘requiere más investigación’ en su investigación no está satisfecho, no sonríe porque tenga un ‘requiere más investigación’. Dedica toda su vida a resolverlo. Así también tomamos este modelo en nuestro servicio a Di-s: está la cuestión de por qué Mashíaj no ha venido. Si esta es realmente una pregunta que te angustia, que te pesa, debes resolver el problema.
(continuará…)
[1] Eclesiastés 5:9.
[2] Avot 4:1.
[3] Génesis 1:28
[4] “Hijo”, ben (בן) es numéricamente igual a 52, el valor de, יוד הה וו הה y”qué”, má (מה) es numéricamente igual a 45, el valor de יוד הא ואו הא.
[5] Eruvin 65a.
[6] Eruvin 13b.
[7] Jeremías 2:2
[8] Oseas 11:1.
[9] Isaías 29:19.
[10] Ievamot 79a.
[11] [nota del editor: Un ejemplo claro es Job, cuyos compañeros intentan convencerle de su culpabilidad, pero a quienes Di-s acaba rechazando.]
[12] Menajot 29b.
[13] Sanhedrin 97b.
[14] Shemot Rabá 2:4.
[15] Véase Tania, cap. 33.
[16] Isaías 51:4.
[17] Salmos 104:24.
[18] Bereshit Rabá 1:4.
[19] Éxodo 4:13.
[20] Éxodo 33:20.
[21] 1 Crónicas 28:9.
[22] Sanhedrin 99b.
[23] Éxodo 33:18.
[24] Génesis 50:25.
[25] Éxodo 33:23.
[26] Jaguigá 14b.
