Este Shabat es llamado Shabat Shirá, el Shabat del Canto, en honor a la canción cantada por Moisés y todo Israel tras cruzar el Mar Rojo y ver ahogarse a los egipcios. Esto marca la etapa final de la salida de Egipto y la culminación de generaciones de esclavitud y opresión.[1] Se nos enseña que la revelación de Di-s en el mar fue tan grande que lo que presenció la doncella más sencilla fue incluso superior a las revelaciones de Ezequiel el profeta en su visión de la Carroza Divina (Ma’ase Merkavá), uno de los secretos más profundos de la tradición mística judía.[2] La revelación que experimentó el pueblo se transformó en alegría y canto espontáneos. Así, el canto se convierte en el vehículo o la carroza de la experiencia espiritual sublime. El Canto en el Mar está incluido en nuestras oraciones cada mañana.
La estructura de las Sefirot
Vamos a profundizar en el canto tal como se aborda en la Cábala y el Jasidut. Para ello, comenzamos con un análisis de las diez sefirot y, a continuación, cómo se relacionan con el canto. Según el Arizal, las sefirot en el Mundo de la Rectificación, nuestra realidad actual, están representadas estructuralmente a lo largo de tres ejes verticales: dos ejes exteriores y uno interior, unificador, uno. Los dos ejes exteriores parecen opuestos, mientras que el eje central sintetiza ambos. Aunque las diez sefirot pueden dividirse según varios esquemas diferentes, quizás la división más natural, especialmente cuando se analizan los diez poderes del alma, sea en tres agrupaciones principales, cada una con forma de triángulo:
- Corona (Keter), Sabiduría (jojmá) y Entendimiento (biná):los poderes intelectuales del alma.
- Bondad (jesed), fuerza (guevurá) y belleza (tiferet):los poderes emocionales del alma.
- Victoria (netzaj), Reconocimiento (hod) y Fundamento (iesod) – los poderes conductuales o instintivos del alma.
Al final del eje medio, encontramos reinado (maljut), la sefirá final recibiendo la energía de todas las sefirot que están por encima de ella.[3]
Esta disposición de las sefirot no es simplemente una representación visual de la rectificación; más bien, las tres columnas y todo lo que simbolizan son las fuerzas motrices que motivan la realidad a esforzarse por alcanzar su propósito último de rectificación (tikún). De hecho, los tres ejes más el hecho de que las sefirot están en una red triangular y forman tres triángulos están relacionados con el significado del número tres, que es rectificación (tikún) y permanencia (kium).[4] En hebreo, la palabra para “permanencia” (קִיּוּם) contiene las mismas letras que la palabra para “línea”, kavim (קַוִּים), y las dos letras centrales de la palabra “rectificación” (תִּקּוּן) pueden leerse como “línea” (קַו). Esta única “línea” a la que se refiere la palabra “rectificación” es el eje medio de la sefirot, el que integra los opuestos creando así unidad y armonía.
Conexiones entre las Sefirot y el Canto
Habiendo descrito la estructura en la que se disponen las sefirot, conectemos ahora estas ideas con el canto. El Zohar describe a las sefirot usando una división algo críptica en cuatro niveles progresivos de canto: “Un Canto simple, un Canto doble, un Canto triple y un Canto cuádruple.”[5] Lo que quiere decir el Zohar es que las diez sefirot pueden disponerse en forma de triángulo con cuatro líneas, con 1, 2, 3 y 4 sefirot en cada línea:
| CANTO SIMPLE | Corona | |||||||
| CANTO DOBLE | Sabiduría | Entendimiento | ||||||
| CANTO TRIPLE | Bondad | Poder | Belleza | |||||
| CANTO CUÁDRUPLE | Victoria | Reconocimiento | Fundamento | Reinado | ||||
Estos cuatro niveles de Canto corresponden curiosamente a los cuatro Cantos del Perek Shirá analizado en recientes ediciones. El Canto simple se considera el Canto de Di-s, el Canto doble se relaciona con el Canto del hombre, el Canto triple corresponde al Canto de los ángeles y el Canto cuádruple al Canto de la creación.[6],[7]
Esta estructura de las diez sefirot, denominadas como cuatro niveles de Canto, refuerza aún más el concepto de que el canto se halla en la esencia misma del proceso creativo Divino, en la medida en que las diez sefirot están esencialmente conectadas con las Diez Enunciaciones – las diez veces que el relato de la Torá de la creación dice: “Di-s dijo” – mediante las cuales Di-s habló, o más bien cantó, el mundo para que existiera.
Diez Cantos arquetípicos
Además, las Diez Enunciaciones de la creación y las diez sefirot están esencialmente conectadas con la tradición de que a lo largo de la historia se cantan diez cantos arquetípicas.[8] El Canto en el mar en la parashá de Beshalaj de esta semana es uno de los diez Cantos. Estos Cantos destacan entre todos los innumerables cantos de la tradición judía porque cada uno fue escrito en un estado de inspiración Divina o profecía y llegó en un momento culminante de transición, transformación o revelación para un individuo o para todas las personas. Reflejan algunos, o incluso todos, de los siguientes atributos: un alto nivel de conciencia de la Providencia de Di-s, un sentido de misión y propósito, y un sentido de integridad y plenitud. Son como esos momentos raros y únicos en la vida en los que todo parece encajar, cuando todo se siente perfecto, tal y como debería ser. Un momento en el que todo en la vida cobra sentido y sentimos un impulso inmediato de agradecer y alabar a Di-s.
Estos cantos acompañan la historia desde Adán, el primer humano, hasta el Mashíaj, quien guiará a Israel y a todo el mundo hacia la consumada y definitiva redención. Nueve de estos cantos arquetípicos aparecen en el Tanaj, mientras que el décimo Canto solo se revelará en el momento de la redención. Estos Cantos son cantados tanto por hombres como por mujeres, reyes y jueces, personas individuales y todo el pueblo. Ahora exploremos más a fondo estos cuatro niveles de canto mencionados anteriormente.[9]
Cuatro niveles de Canto
El Canto Simple: Según la Cabalá y el Jasidut, todas los cantos emanan de la sefirá de corona. Más concretamente, desde bondad (jasadim) de Atik Iomin, la parte superior de la corona cuya experiencia interior es el placer supra consciente. Este nivel de la corona infunde y sostiene todas las sefirot inferiores. Esto explica el gran placer que la música y el canto despiertan en el alma. Este nivel de placer Divino en la corona se denomina el Canto Simple.
El Canto Doble: Cuando Atik se viste y expresa en las sefirot intelectuales – sabiduría y entendimiento – se le llama Canto Doble. Aquí, el placer se manifiesta como destellos de visión en la sefirá de sabiduría y el placer intelectual de tomar la chispa inicial de inspiración y desarrollarla a través de entendimiento. La sabiduría y el entendimiento también se conocen como los principios Padre y Madre y en el Zohar se describen como “dos compañeros que nunca se separan.”[10]
El Canto Triple: Se relaciona con el placer tal como se experimenta en las emociones: las tres sefirot de bondad, fuerza o poder y belleza. La dimensión interior de bondad es el amor y el interés por los demás o cuidado, por lo que el placer en la bondad despierta la voluntad de dar generosamente a los demás. El miedo o el temor es la dimensión interna de poder y se relaciona con el miedo emocional a que el amor de uno pueda ser demasiado indiscriminado. Este tipo de temor despierta la compasión, la experiencia interior de belleza, que actúa como un elemento integrador entre el amor y el temor, las energías de bondad y el poder-rigor. El amor suscita un gran deleite en el alma y culmina en la acción conjunta de estas tres sefirot. La música y el canto afectan intensamente a las emociones, conmoviendo el corazón para que experimente los sentimientos de manera profunda.
El Canto Cuádruple: El aspecto final de estos cuatro niveles de Canto está asociado al placer de la autoexpresión, ya sea a través del habla o de la acción. El Canto cuádruple se refiere a las cuatro últimas sefirot que constituyen nuestras facultades instintivas o conductuales del alma. Cuando el placer de la corona entra en estas sefirot, se manifiesta como libertad de expresión, trayendo consigo fuertes sentimientos de liberación.
La música y el canto tienen la capacidad única de expresar los niveles más profundos del alma: desde las emociones hasta el intelecto, desde lo consciente hasta el subconsciente y, en última instancia, hasta los niveles más altos de superconciencia arraigada en la corona, la fuente de toda música.
[1] Éxodo 15:1-19.
[2] Mejilta 15:2.
3 Véase Música – La pluma del alma, pág105.
[4] Sod HaShem Lierei’av, Klalut Seder Hahishtalshut, págs. 77-82.
[5] Zohar 3:219b e Introducción a Tikunei Zohar 3a.
[6] Véanse El Canto de la creación parte 1 y siguientes.
[7] Véase Música: La pluma del alma, pág.106.
[8] Los diez cantos son enumerados por el Targum Ionatan como un comentario sobre el primer verso del Cantar de los Cantares, compuesto por el rey Salomón.
[9] Véase Música: La pluma del alma, págs. 108-110.
[10] Zohar 3:4a.




