MELAVE MALKA TETZAVÉ y PURIM

🔸Relato jasídico para la salida de Shabat🔸
🍷🕯🌿Para compartir y reflexionar🌿🕯🍷

“Si este contenido te eleva, súmate a Gal Einai en español.”

Existe una hermosa costumbre de contar, cada sábado por la noche durante la comida de Melavé Malka, un relato jasídico del Baal Shem Tov.
Esta práctica es una segulá para una buena provisión, para tener hijos y satisfacción de ellos, para una vida larga y plena, y para salud.

El justo Rabí Aharón de Títiov, de bendita memoria, nieto del Baal Shem Tov, vivía —antes de hacerse conocido como tzadik— en la ciudad de Konstantin, y por entonces llevaba una vida de gran pobreza y estrechez.

En cierta ocasión la pobreza se agravó enormemente, y cuando llegó el día de Shabat no tenía absolutamente nada de lo necesario para celebrarlo.

Rabí Aharón no pudo contener su profundo dolor y, en Shabat, se dirigió a los fieles de la sinagoga en la que rezaba, en Kabulaná:

“¿Es posible que el nieto del Baal Shem Tov esté tan abandonado y desatendido por los habitantes de la ciudad, hasta el punto de no tener siquiera pan escaso y agua caliente?”

De inmediato se despertó una gran conmoción entre los congregantes y decidieron establecerle un sustento fijo, comprometiéndose todos los dueños de casa a aportar, cada uno, semana tras semana, una suma determinada. Concluyeron que, después de Shabat, se reunirían para organizar el asunto de manera adecuada, elegir recaudadores y responsables para ello, etc.

Apenas salieron los dueños de casa de la sinagoga, Rabí Aharón reconsideró su proceder: “¿Qué es este acto que acabo de hacer? Toda mi vida me cuidé de no pedir favores a los seres humanos, confiando siempre en Hashem, bendito sea, con la certeza de que Él me enviaría Su ayuda desde lo Alto. ¿Y ahora he abandonado la confianza en Hashem y me he dirigido a carne y hueso? ¡Y además he utilizado para este fin incluso el recuerdo de mi abuelo, el Baal Shem Tov!”

Se afligió muchísimo por ello, hasta que finalmente derramó su corazón ante Hashem y suplicó en oración que los habitantes de la ciudad lo olvidaran a él y su promesa y que no hicieran nada en su favor.

Y así fue. Su plegaria fue aceptada, y los habitantes de la ciudad olvidaron por completo todo lo que habían hablado en Shabat.

El justo Rabí David Moshé de Tchortkov, de bendita memoria (hijo del Ruzhiner Rebe, de bendita memoria), solía contar esta historia y decía que, a partir de ella, se entienden las palabras del Midrash (Bereshit Rabá 89:3) respecto al jefe de los coperos:

“Dichoso el hombre que pone en Hashem su confianza y no se vuelve hacia los arrogantes…” (Tehilim 40:5) — éste es Iosef. Y esto resulta difícil de comprender, pues Iosef en verdad se dirigió al jefe de los coperos pidiéndole que lo recordara ante el Faraón.

Sin embargo, la Escritura dice: “Y el jefe de los coperos no recordó a Iosef, y lo olvidó”. La razón es que Iosef se arrepintió después de haberse dirigido a carne y hueso y actuó con su plegaria para que el jefe de los coperos lo olvidara. Por eso dice el Midrash que Iosef puso su confianza en Hashem.

(Sipuréi Jasidim, Zevin) 

Esta historia jasídica no habla solo de confianza individual en Hashem, sino que revela una enseñanza universal:

la verdadera redención —personal y colectiva— comienza cuando el ser humano aprende a no absolutizar los medios humanos, sino a reconocer la Fuente última de la bendición.

La cuarta revolución del estudio de la Torá, que lleva la sabiduría divina a todas las naciones, no consiste en imponer fe ni en borrar identidades, sino en revelar principios espirituales universales: confianza, humildad, responsabilidad moral y conciencia de que el bien proviene de lo Alto.

Así como Iosef y Rabí Aharón aprendieron que incluso el apoyo humano debe estar subordinado a la confianza en Dios, la humanidad entera está llamada a reconocer que la prosperidad, la justicia y la vida misma no son producto exclusivo del poder, la técnica o la política, sino expresión de una bendición divina que trasciende fronteras.

En este sentido, la Torá que se abre hoy a todas las naciones no es solo un texto antiguo, sino una guía viva para una civilización más humilde, ética y conectada con su Fuente.

¿Puede el decir “gracias” realmente distanciar una relación? Este artículo contraintuitivo, explora los planos espirituales ocultos dentro del Tabernáculo bíblico para responder a esta pregunta. Al examinar cómo se unían las tablas de madera del santuario, descubrimos una definición revolucionaria de la amistad: un vínculo tan profundo que nos convertimos en “gemelos”, donde la gratitud formal se sustituye por la unidad absoluta.

Más allá de las relaciones, el texto ofrece una guía práctica para el crecimiento personal. Revela una sorprendente anatomía espiritual: Por qué «vigilar» nuestras acciones físicas – la mitad inferior de nuestro cuerpo – es en realidad el secreto para proteger nuestra paz mental y claridad espiritual. Sumérjase en este viaje místico para entender cómo la arquitectura antigua encierra la clave del amor verdadero, la unidad y el dominio del yo.

Basado en una clase dada en Shabat Mishpatim 5784. Publicado por primera vez en hebreo en Nifla’ot para la parashá Terumá 5784.

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