EL REBE RASHAB
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Biografía breve:
El Rabino Shalom Dovber Schneerson de Lubavitch, el quinto Rebe en la dinastía de Jabad, nació de sus padres, el Rabino Shmuel Schneerson (el Rebe Maharash) y la Rebetzin Rivka, el 20 de Jeshván de 5621 (1860). En su pacto de circuncisión, su abuelo, el Rebe Tzemaj Tzedek, le dio el apodo de “Rashab”. Tras el fallecimiento de su padre, asumió el liderazgo de forma parcial y, después de 11 años, de forma plena. Fundó la Yeshivá Tomjei Tmimim en Lubavitch y la Yeshivá Torat Emet (primero en Hebrón y luego en Jerusalén). Falleció el 2 de Nisán de 5680 (1920) y fue enterrado en el cementerio de Rostov. Su lugar fue ocupado por su único hijo, el Rebe Rayatz. Fue conocido por la extensión y profundidad de sus enseñanzas jasídicas, siendo apodado “El Rambam del Jasidismo”. Entre sus libros más conocidos están: Hemshej Ayin Beit, Hemshej Samej Vav, Kuntres HaAvodá, Kuntres Umaayán y Kuntres Etz Jaím.
El relato (contado por su hijo, el Rebe Rayatz):
El procedimiento para recibir nuevos alumnos en la Yeshivá “Tomjei Tmimim” consistía en que, tras finalizar las admisiones, se preparaba una lista detallada de los alumnos aceptados. Como director de la Yeshivá, yo le entregaba la lista a mi padre junto con un informe general y particular, detallando las opiniones de los miembros del comité de examen público y de los miembros del comité secreto sobre cada alumno individualmente. Mi padre se interesaba por conocer todos los detalles de cada uno de ellos.
Cuando llegó al nombre de un alumno en particular, mi padre mostró un interés especial. El joven tenía muy buenos talentos, pero según el informe del comité de revisión secreto, se señalaba que poseía rasgos de carácter “toscos” (groseros) y que sus facciones no eran muy refinadas. Mi padre reflexionó profundamente y luego dijo que debía ser aceptado, pero que había que “llevarlo con mano firme”. Inmediatamente después de la aprobación de la lista, alrededor de la mitad del mes de Jeshván, establecí para este alumno un régimen de estudio especialmente estricto, e instruí a los supervisores de los estudios de la Torá (Revelada y Jasidismo) que lo vigilaran de manera especial. Así continuó durante todo el invierno.
Al comienzo de la primavera, cuando debía comenzar la selección del trigo para la Matzá Shmurá, mi padre me escribió en una de sus cartas que asignara a ese alumno todo el trabajo físico pesado relacionado con los preparativos de la Shmurá, y que le informara cómo realizaba el trabajo. Aquel año, mi padre llegaría a Lubavitch solo unos pocos días antes de Pésaj. Además de lo informado por carta, cuando mi padre regresó a Lubavitch, se interesó específicamente por aquel alumno.
Cumplí todas las instrucciones con esmero. Toda la labor pesada de seleccionar el trigo, preparar los molinos de mano y la molienda misma, se la encargué a dicho alumno, hasta el punto de que durante dos semanas no tuvo un momento de descanso, ni de día ni de noche. Todo se organizó de tal manera que él no sintiera que se trataba de una orden específica dirigida a él. Así fue también durante el horneado de la Matzá, en la limpieza y purificación (Hejsher) de la panadería previa, y en la noche de la búsqueda del Jametz (Bedikat Jametz).
El fruto del esfuerzo
Cuando terminaron todos los trabajos, lo llamé a mi oficina a las cinco de la tarde y le ordené que estudiara a fondo el discurso jasídico (Maamar) titulado “Sheshet Iamim”, Los Seis Días, del Sidur con notas de Jasidismo. Le dije que al día siguiente —el primer día de Pésaj— viniera a verme a las siete de la mañana para estudiarlo juntos.
Yo sabía que él era uno de los encargados de organizar las mesas del Séder en el Zal (salón de estudio) grande, y que hasta después del Séder, que seguramente se extendería hasta las dos de la mañana, no tendría ni siquiera quince minutos libres para estudiar. Todo el asunto era para probar hasta qué punto le importaba el estudio del Jasidismo.
A las siete de la mañana ya estaba el discurso captado en su mente, de acuerdo con su nivel de conocimiento de entonces. Estudié con él hasta las ocho. Cuando entré después a ver a mi padre y le conté todo lo sucedido, quedó muy satisfecho y me dijo: “Hemos plantado, con la ayuda de Dios, un árbol que da frutos; espero que crezca y se multiplique, y aunque pase mucho tiempo, al final sus ramas serán abundantes con muchos frutos y descendencia de descendencia”.
En Ajarón shel Pésaj (el último día de la festividad), durante la comida festiva con los alumnos de la Yeshivá en el salón grande, mi padre me dijo (señalando al joven mencionado sin que nadie se diera cuenta): “¡Yosef Itzjak! ¡Mira el efecto del sudor de una Mitzvá! Él ha adquirido un rostro completamente diferente. La tosquedad (Gasut) ha sido eliminada, y ahora se ve un rostro humano”.
(Likutéi Diburim, Vol. 1)
Análisis: ¿Cómo lo cambió el camino difícil?
El texto explica el diagnóstico espiritual del joven basándose en un aforismo del calendario Hayom Yom:
“Quien es nulo y tosco (gras), no siente su propia tosquedad y nulidad”.
Los dos “Padres de la impureza” en el alma:
El análisis jasídico identifica dos venenos en la personalidad:
- La Tosquedad (Gasut): Es la arrogancia y el ego inflado. Aturde la mente, nubla el intelecto y convierte la elevación espiritual en una vanidad vacía.
- La Nulidad o bajeza (Nejítut): No es una condición natural, sino el estado en el que el hombre se humilla ante sus deseos mundanos, bajando de su nivel humano por un antojo bajo. Esto “entumece” el corazón; la persona actúa como un animal (Rúaj HaBehemá).
El círculo vicioso:
Como sucedió con el joven del relato, la arrogancia y los deseos bajos suelen alimentarse entre sí:
- El orgullo justifica la caída en los deseos bajo la excusa de: “Me lo merezco” o “Yo estoy por encima de las reglas”.
- La caída en los deseos ciega los ojos para no ver lo bajo de la situación, lo que a su vez fortalece la arrogancia para ocultar la vergüenza.
La medicina de Pésaj: El sudor de la Mitzvá
El Rebe Rashab no lo envió a terapia de conversación; lo envió a cargar sacos de trigo y a moler harina sin descanso.
- El trabajo físico: El esfuerzo agotador para la Matzá “quebró” la cáscara de su ego.
- La Matzá frente al Jametz: Al igual que eliminamos el Jametz (el pan inflado/ego), el sudor del joven eliminó su tosquedad.
- El resultado: Cuando el ego se reduce (la Álef pequeña que vimos antes), aparece el “Rostro Humano” (Pné Adam), que es la capacidad de conectar con lo Divino por encima de los instintos.
¿Qué se debe hacer?
La rectificación de la Soberbia (orgullo) y del Deseo (pasión material) se puede ver en las enseñanzas de dos grandes luminarias: el Baal Shem Tov y Rabí Shneur Zalman de Liadí (el Alter Rebe).
- El Alter Rebe (Jabad): Dijo que el eje principal de su misión es el Bitul (la anulación del ego). A través de profundizar el conocimiento en la grandeza de Dios, se logra anular la “existencia propia” (Ieshut), el ego. Esta es la rectificación de la Soberbia.
- El Baal Shem Tov: Vino principalmente a rectificar el Deseo, transformándolo en un “deseo sagrado”: un ansia profunda por el amor y el temor a Dios, por la Torá, las Mitzvot y la entrega al prójimo.
Dos caminos: Transformación vs. Dominio
En general, el camino del Baal Shem Tov es el servicio de los Tzadikim (justos), el camino de Ithapjá: transformar lo malo en bueno. Por otro lado, el camino del Alter Rebe es el de Itkafia: la lucha y el quebrantamiento del orgullo, un camino que pertenece incluso a quien aspira a ser un Beinoní (un hombre intermedio).
Sin embargo, hay que recordar: el Alter Rebe era sumamente cuidadoso de no romper ni siquiera objetos inanimados, sino solo desmontarlos si era necesario. Incluso cuando se lucha contra el orgullo, se puede hacer mediante un “desmontaje delicado” y no con fuerza bruta.
El caso del alumno y el Rebe Rashab
En nuestro relato, la conducta del Rebe Rashab con aquel alumno parece, a simple vista, un camino de “quebrantamiento”: trabajos forzados, falta de descanso y una prueba difícil en la noche de Pésaj (ordenarle estudiar un discurso profundo cuando no tenía tiempo).
Pero hay dos cosas que distinguen el quebrantamiento del corazón (necesario) de la autodestrucción:
- El reconocimiento del potencial: El Rebe Rashab identificó las altas capacidades del joven, quien de hecho justificó las expectativas y superó todas las pruebas.
- El propósito: El objetivo no era romper por romper, sino “ver hasta qué punto le importaba (noguía lo) el estudio del Jasidismo”.
El joven necesitaba pasar por una situación donde no hubiera lugar para el orgullo o el honor personal: cansancio, trabajo físico, obediencia y renuncia a la comodidad. En medio de ese estado, se aclara si existe en él un deseo real: si el estudio del Jasidismo realmente le importa en su esencia.
Cuando el joven llegó la mañana de la festividad con el discurso perfectamente asimilado en su mente, se demostró que ese punto de verdad existía en él genuinamente.
Conclusión para tu estudio de Pésaj:
Esta enseñanza conecta todo lo que hemos visto:
- Limpieza de Jametz: No es solo limpiar la casa, es “desmontar” el orgullo (Itkafia).
- El sudor de la Mitzvá: El esfuerzo físico en los preparativos de Pésaj sirve para limpiar la “tosquedad” del carácter.
- El objetivo final: Que después de todo el trabajo, lo que quede sea un “Rostro Humano” (el alma divina) que anhela conectarse con Dios.
Este relato nos enseña que el trabajo físico agotador en la preparación para Pésaj (el esfuerzo por la Matzá) tiene el poder espiritual de “quebrar” el ego y la tosquedad del carácter. El Rebe Rashab vio que el “trigo” que realmente se estaba refinando no era solo el de la Matzá, sino el alma del propio alumno.
