ESTUDIO DE LA PARASHÁ: Itró
DIMENSION INTERIOR DEL TANAJ
En este artículo nos centraremos en la conexión intrínseca entre la Creación y los Diez Mandamientos en general, y específicamente, en cómo el concepto cabalístico de tzimtzum, o contracción de la luz de Di-s, es decir, Su revelación, juega un papel crucial en ambos.
Comenzamos con un profundo Rashi que vincula la Creación con los Diez Mandamientos. Al concluir el sexto día de la creación, la Torá dice: “Y fue la noche y fue la mañana el sexto día.”[1] Al concluir el relato de lo que ocurrió en cada uno de los demás días de la Creación, la Torá también declara que “fue la noche y fue la mañana” y menciona que fue el “segundo”, “tercero”, “cuarto” o “quinto” día, respectivamente. Pero en ninguno de los otros días se utiliza el artículo definitivo “el”. Rashi explica el uso único del artículo definido solo en el sexto día de la Creación, citando la explicación de los sabios de que “el sexto día” es una referencia al conocido sexto día, es decir, el sexto día del mes de Sivan, el día en que Di-s entregó la Torá en el monte Sinaí.
Más importante aún, este fue también el día en que los israelitas aceptaron recibir la Torá comprometiéndose a seguir sus mandamientos. Los sabios utilizan esta explicación para revelar que cuando Di-s creó la realidad, condicionó su existencia continua a la aceptación de la Torá por parte del pueblo judío en el Monte Sinaí en ese sexto día de Sivan. Ese día, la Creación fue validada y dotada de justificación, pues la Torá y el hombre cumpliendo sus mandamientos, reflejando la voluntad de Di-s, son el verdadero propósito de la Creación.
Pero la conexión entre la Creación y los Diez Mandamientos es multidimensional. También se refleja en la estructura de los versículos de la Torá que introducen cada uno. El primer versículo de la Torá, “Al principio, Di-s creó los cielos y la tierra”[2], Bereshit bará Elokim et Hashamaim veet HaAaretz (בְּרֵאשִׁית בָּרָא אֱ־לֹהִים אֵת הַשָּׁמַיִם וְאֵת הָאָרֶץ), se considera un versículo introductorio. Rashi escribe que debemos leerlo como si dijera: “En el principio, cuando Di-s creó los cielos y la tierra.” Los Diez Mandamientos, tal como están en la parashat Itró, tienen un versículo introductorio claro: “Di-s pronunció todas estas cosas, diciendo”[3], vaiedaber Elokim et col hadevarim haele lemor (וַיְדַבֵּר אֱ־לֹהִים אֵת כׇּל הַדְּבָרִים הָאֵלֶּה לֵאמֹר). Estructuralmente, ambos versículos tienen 28 letras y 7 palabras.
Contracción y revelación
Lo que también tienen en común los dos versículos es el Nombre de Di-s, Elokim, que aparece en ellos y que es el Nombre usado exclusivamente a lo largo del relato inicial de la Creación. Es sorprendente que la Torá utilice el Nombre tan fuertemente asociado a la Creación para introducir los Diez Mandamientos. Los Diez Mandamientos comienzan: “Yo soy Havaia vuestro Di-s”, Anoji Havaia Elokeija (אָנֹכִי י-הוה אֱ-לֹהֶיךָ), refiriéndose a Di-s con Su Nombre esencial de cuatro letras, Havaia.
Además, uno de las guematriot más conocidas es que el valor de Elokim (אֱ־לֹהִים) es equivalente numéricamente a “la naturaleza”, hateva (הַטֶּבַע), lo que indica que Di-s como Creador, como Amo del Universo, está oculto dentro de (las leyes de) la naturaleza. La Entrega de la Torá representa el tránsito de conocer a Di-s solo a través de la naturaleza – entender a Di-s como la fuerza que hay detrás de la naturaleza – a conocer la voluntad de Di-s, a ver más allá de la naturaleza. ¿Por qué entonces los Diez Mandamientos se introducen mediante un versículo que se refiere a Di-s como Elokim, el nombre asociado a la naturaleza?
El pensamiento jasídico responde a esta profunda pregunta con la idea de que el nombre Elokim actúa para ocultar a Di-s dentro de la naturaleza mediante el acto místico de contracción Divina (tzimtzum). Cuando el pensamiento de la Creación surgía en la mente de Di-s, era necesario abordar un problema fundamental. Ninguna realidad puede existir más allá (o fuera) de la infinita e ilimitada todo abarcadora de Di-s, así que ¿dónde podría existir un mundo finito e independiente?
Para crear espacio (conceptual), por así decirlo, para la realidad, Di-s contrajo Su revelación, ocultándola de modo que se revelara un espacio similar a un útero, aparentemente vacío de Su Presencia. Entonces podría crearse un mundo finito en este espacio. Aunque la Creación es una expresión de la revelación y la benevolencia Divina, depende simultáneamente de que Di-s contraiga Su revelación infinita para dar espacio a la existencia de una realidad finita.
La revelación de los Diez Mandamientos requiere una contracción paradójica similar. Para entregar la Torá, comenzando con los Diez Mandamientos, al pueblo judío y, en última instancia, a todo el mundo, Di-s tuvo que contraer, en el sentido de condensar, Su voluntad infinita en las letras finitas de los Diez Mandamientos para que pudieran servir como recipientes para ella. Mientras que la contracción de la Creación ocultaba a Di-s dentro de la naturaleza, la Entrega de la Torá condensaba a Di-s, por así decirlo, en las letras de los Diez Mandamientos.
La contracción asociada con la Creación oculta a Di-s y la otra, asociada con los Diez Mandamientos, Le condensa. Pero, en última instancia, funcionan de manera similar, permitiendo que la infinitud de Di-s se convierta en parte de una realidad finita. Al entregar los Diez Mandamientos, Di-s transformó la energía creativa de la Creación en un código moral específico para la humanidad al contraer y condensar Su voluntad en letras y mandamientos concretos y finitos.
Renovación constante
En el Servicio Matutino de cada día, declaramos que Di-s “renueva en Su bondad cada día perpetuamente, el Acto de la Creación.” La Cabalá y el Jasidut enseñan que la creación se renueva no solo cada día, sino en cada momento. Del mismo modo, constantemente se revelan nuevas ideas sobre Torá. Una de las fuentes de la constante renovación de la Torá se encuentra en la descripción de los israelitas que llegaron al Sinaí.
La Torá afirma: “El [primer día del] tercer mes desde que los Hijos de Israel salieron de Egipto, en este día vinieron al desierto del Sinaí.”[4] Señalando que habría sido más apropiado gramaticalmente que el versículo leyera “en ese día“, Rashi comenta que “en este día” nos enseña que las palabras de la Torá siempre deben experimentarse de nuevo como si se hubieran dado hoy.
Al contemplar las fuentes anteriores, surge un tema subyacente potente. Al conectarnos con Di-s, la Torá y las mitzvot, esencialmente nos conectamos con el propio acto de la re-creación constante. Esta comprensión por sí sola (junto con su asimilación) debería impregnar nuestras vidas con una novedad imperecedera. Sin embargo, aún más profundamente, esta conexión con Di-s, la Torá y las mitzvot promueve la renovación y el rejuvenecimiento porque proporciona a los seres humanos algo que a menudo carecen: un propósito.
La falta general de propósito en la vida es uno de los mayores factores que contribuyen al aburrimiento y al comportamiento destructivo. Cuando los seres humanos tienen propósito y dirección en la vida, cada momento es una oportunidad única para cumplir esas aspiraciones. Esta es entonces la misión del pueblo judío en el mundo: recibir, actuar y, en última instancia, revelar este mensaje contenido en la Torá al mundo para que el mundo siga siendo digno de existir.
Como se mencionó anteriormente, tanto los Diez Mandamientos como la Creación se basaron en que Di-s contrajo Su ser infinito para primero crear una realidad finita (el acto de la Creación) y luego revelar Su voluntad a la humanidad (la Entrega de la Torá).[5] Se llega a un entendimiento más profundo de los paralelismos entre ambos comparando las formas en que varios comentarios explican cómo se manifiesta este proceso de contracción.
Tzimtzum en la creación
Según una tradición citada por Rashi, todo lo que se crearía fue creado en potencia el primer día.[6] Cada día sucesivo de la creación revelaba lo que ya había sido creado en potencia el primer día.. La noción de que toda la creación está contenida y emana de un punto de partida inicial se ha reflejado en la física moderna en el Modelo Estándar del Universo, que comienza con el Big Bang. Según este modelo, todo el universo, compuesto por decenas de miles de millones de galaxias, estaba contenido en una mota casi infinitamente pequeña y condensada de casi-materia que “explotó” y que hasta hoy sigue expandiéndose – un equivalente científico de la tradición rabínica de que todo lo que se crearía existía en potencia el primer día de la Creación, descrito como “un día” en la Torá porque era un día singular y que se perpetuaba a si mismo, que incluía también todos los demás días. Esta tradición aplica así la contracción-como-condensación a la Creación.
El primer versículo de la Torá, “Al principio Di-s creó los cielos y la tierra”, contiene todo lo que se creó el primer día en forma arquetípica. Los cielos son un arquetipo de todo lo espiritual que alguna vez llegaría a existir, y la tierra es un arquetipo de todo lo material que alguna vez surgiría.
El versículo inicial de la Torá contiene la letra alef seis veces, que según los sabios alude a los seis mil años de nuestro estado actual de realidad[7] antes de la llegada de la era mesiánica, ya que el nombre de la letra alef también puede leerse como elef, que significa “mil”.
Otro ejemplo de contracción-como-condensación es evidente en la primera palabra de la Torá, בְּרֵאשִׁית (pronunciado Bereshit), que también puede leerse como la frase “Él creó seis”[8], Bará Shit (בָּרָא שִׁית), refiriéndose a los seis días de la creación que en potencia ya existen en el primer día.
Una última idea sobre la contracción-como-condensación se refiere a la letra inusualmente grande letra beit que se encuentra en un rollo de la Torá como la primera letra de la Torá, la primera letra de Bereshit (בְּרֵאשִׁית). La guematria de la letra beit es 2, que simboliza la transición desde la unidad absoluta de Di-s antes de la creación al mundo aparente de dualidad y opuestos que se encuentra en todas partes en nuestra realidad finita. Nuestra tarea es revelar la unidad de Di-s que aún impregna toda la aparente dualidad.[9]
Tzimtzum en los Diez Mandamientos
Habiendo visto ejemplos de contracción (como un estado condensado) en la Creación, centramos nuestra atención en la contracción tal como aparece en los Diez Mandamientos.
Primero, hay 620 letras en los Diez Mandamientos. Estas 620 letras corresponden a los 613 mandamientos mandatados por la Torá Escrita (el Pentateuco) y a los 7 mandamientos rabínicos ordenados por los rabinos.[10] De hecho, el Rebe de Komarna escribió un libro[11] entero dedicado a explicar explícitamente la correspondencia entre cada una de las letras de los Diez Mandamientos y su correspondiente mitzvá. Así, toda la Torá, por así decirlo, se contrae en los Diez Mandamientos. Por esta razón, nos referimos al día en que se dieron los Diez Mandamientos como el día en que se entregó la Torá.
Dado que los Diez Mandamientos, como el resto de la Torá, están compuestos tanto por mandamientos positivos como por prohibiciones negativas, todas las mitzvot de la Torá se condensan en los dos primeros de los Diez Mandamientos.[12] Todos los mandamientos positivos están encapsulados en el primer mandamiento, creer en Di-s,[13] y todas las prohibiciones de la Torá están arraigadas en el segundo mandamiento: “No tendrás otros dioses delante de Mí.”[14] Esta tradición está respaldada por la afirmación de los sabios, que enfatiza la singularidad de los dos primeros mandamientos; solo estos dos mandamientos fueron los que el pueblo escuchó directamente de Di-s.[15] El Midrash enseña que el pueblo, petrificado por la asombrosa revelación de Di-s, pidió que los otros ocho les fueran transmitidos por Moisés.[16]
A continuación, el segundo mandamiento, que prohíbe la adoración de otros dioses, se basa obviamente en que el primer mandamiento impone la creencia en un solo Di-s. Por lo tanto, no solo todos los mandamientos positivos están encapsulados en el primero de los Diez Mandamientos, en cierto sentido, sino que también lo están todas las prohibiciones negativas. Dado que las prohibiciones de la Torá sirven como peldaños para construir una relación positiva con Di-s, con otros seres humanos y con el mundo, desde cierta perspectiva, pueden clasificarse como mandamientos positivos. Así, todas las prohibiciones relativas al segundo mandamiento están, en esencia, incluidas en el primer mandamiento.
Además, la Cabalá enseña que los Diez Mandamientos e incluso Di-s mismo, por así decirlo, se condensan en la palabra inicial Anoji (אָנֹכִי), que los sabios explican es un acrónimo de la frase, ana nafshi ktavit iehavit (אֲנָא נַפְשִׁי כְּתַבִית יְהַבִית), “Me he escrito a Mi Mismo y Me he entregado a vosotros.”[17] Esto no es simplemente otro ejemplo de contracción en los Diez Mandamientos, sino que es paralelo el evento épico mencionado anteriormente, en el que Di-s contrajo y condensó Su Ser infinito para permitir que la creación llegara a existir.
En la entrega de la Torá, Di-s, en cierto modo, contrae Su Ser y voluntad infinitos en las letras hebreas finitas que posteriormente se aprenden y transmiten de generación en generación. Por eso, cada vez que estudiamos Torá, descubrimos que cada palabra contiene profundidades infinitas, porque cada palabra refleja (de manera milagrosa) la naturaleza infinita del Dador de la Torá. Así como Di-s es ilimitado, así cada palabra de Su Torá es ilimitada.[18]
Finalmente, así como la beit, la primera letra de la Torá, contiene toda la creación en forma embrionaria, también la alef, la primera letra de la primera palabra en los Diez Mandamientos, Anoji(אָנֹכִי), contiene en esencia toda la Torá. Además, la primera letra de la Torá, beit, cuyo valor numérico es dos, simboliza la dualidad revelada que estructura la naturaleza, mientras que la primera letra de los Diez Mandamientos, alef, cuyo valor numérico es uno, representa la unidad esencial de toda la realidad que se revela a través de la Torá.[19]
Habiendo descrito el proceso Divino de contracción tal y como se manifiesta tanto en la Creación como en la Entrega de la Torá, ahora podemos preguntarnos: ¿Cómo podemos aplicar este entendimiento a nuestras propias vidas? Una posible respuesta es que nosotros también deberíamos vernos a nosotros mismos como un ejemplo de la contracción de Di-s, a través de la elección de Di-s de crearnos a Su imagen.
Por tanto, entender la dinámica de la Creación y la expresión de la voluntad de Di-s a través de los Diez Mandamientos nos proporciona herramientas para materializar nuestro propio potencial, así como para operar en un plano espiritual superior al interactuar con el mundo que nos rodea.
[1] Génesis 1:31.
[2] Génesis 1:1.
[3] Éxodo 20:1; véase 913: La sabiduría secreta del Génesis págs. 3-8 para un análisis profundo de la correspondencia entre estos dos versículos con una estructura idéntica.
[4] Éxodo 19:1.
[5] El Talmud habla de dos partes esenciales de la tradición oculta de la Torá: “la Obra de la Creación”, maasé bereshit (מַעֲשֵׂה בְּרֵאשִׁית) y “la Obra de la Carroza”, maasé merkavá (מַעֲשֵׂה מֶרְכָּבָה). La fuente de la primera es el relato de la Torá sobre la Obra de la Creación, mientras que la fuente de la segunda es el relato de la Torá sobre la Entrega de la Torá.
[6] Rashi sobre Génesis 1:14 basado en la opinión de Rabi Nejemías en Bereshit Rabá 12:4.
[7] Sanedrín 97a; Avodá Zará 9a; Rosh Hashaná 31a.
[8] Tikunei Zohar 11. Las Letras Hebreas, pág.103.
[9] Véase la letra beit en Las Letras Hebreas para un entendimiento más profundo.
[10] Iain Itzjak, Itró, p. 342.
[11] Otzar HaJaim, impreso con Heijal HaBerajá, siguiendo el orden de las mitzvot en la Torá.
[12] Shnei Lujot HaBerit, Torá SheBijtav, Itró, Torá Or. Tania, cap. 20.
[13] Éxodo 20:2.
[14] Ídem. v. 3. Véase Tania, loc. cit. Para más información sobre la naturaleza concentrada de estos dos primeros mandamientos.
[15] Macot 24b.
[16] Mejilta.
[17] Shabat 105a.
[18] El Ba’al Shem Tov solía conectar esta idea con el versículo “La Torá de Havaia es completa” (Salmos 19:8), explicando que significa que, independientemente de cuánto se haya profundizado en la Torá, la Torá permanece completa, es decir, completamente intacta, porque es ilimitada.
[19] Para un estudio en profundidad del proceso de tzimtzum respecto a los Diez Mandamientos analizados en este artículo, véase Sha’ashuim Iom Iom sobre Itró.




