ESTUDIO DE LA PARASHÁ:
SHEMOT
Después de que Di-s revela a Moisés en la Zarza Ardiente que ha sido elegido para guiar a los israelitas fuera de Egipto, Moisés le preguntó qué debería decirle al pueblo judío cuando le pregunten quién le envió y Di-s se nombra a sí mismo como: “Seré el que Seré.”[1] Sin embargo, en el siguiente versículo, Di-s afirma que el Tetragrámaton, el nombre esencial de cuatro letras Havaia, es el nombre por el que será conocido para siempre.
Aunque en el Tanaj nunca vuelve a referirse a Di-s como “Seré el que Seré”, la Cábala asocia este Nombre con la sefirá de corona (keter), la más alta de las diez sefirot, el aspecto más elevado y oculto de Di-s.[2] Este Nombre y su significado solo se revelarán verdaderamente después de que llegue Mashíaj. Otras tradiciones enseñan que este nombre único de Di-s también está asociado con la sefirá del entendimiento (biná), que también está relacionada con el futuro y el Mundo por venir.[3]
La conexión entre el Nombre, “Seré el que Seré”, ehie asher ehie (אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה) y Moisés es asombrosa. En primer lugar, el valor numérico de “Seré El Que Seré” (אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה) es 543, el inverso del valor numérico de Moisés (מֹשֶׁה), 345. Esto, por sí solo, sugiere que existía una relación “cara a cara” similar a un espejo entre Moisés y Di-s. Para reforzar esta idea, el nombre de Moisés (מֹשֶׁה), escrito al revés en hebreo, es “HaShem” (הַשֵּׁם), que significa “el Nombre”, la connotación usada para referirse a Di-s cuando deseamos evitar pronunciar uno de Sus Sagrados Nombres. De esto podemos inferir que, durante su conversación en la Zarza Ardiente, Di-s intentaba sacar a relucir y revelar a Moisés su potencial interior, mientras que Moisés intentaba obtener más información de Di-s.
Cuando Moisés se giró por primera vez y vio la inusual imagen de un arbusto que ardía, pero no se consumía, Di-s le llamó dos veces por su nombre: “Moshé Moshé”, instruyéndole para que se quitara los zapatos, ya que el lugar donde estaba era tierra sagrada.[4] Se explica en Jasidut que esta directiva se refería a la necesidad de Moisés de despojarse mentalmente de su naturaleza física para ascender desde su estado inicial de fisicalidad a un nivel superior de conciencia espiritual.[5]
Cuando Di-s llama a Moisés por su nombre dos veces, él es uno de las cuatro únicas personas cuyos nombres se mencionan dos veces: Abraham, Iaacov, Samuel y Moisés. En la tradición masorética y en la mayoría de los libros impresos del Tanaj hay una línea que separa los dos nombres. Esta línea es una marca llamada pesik ta’ama, y literalmente significa coma, indicando un pequeño espacio o silencio entre los dos nombres. La única excepción es Moisés.
No hay una coma que cree un espacio entre sus nombres cuando Di-s le llama. Al llamarle dos veces sin un espacio, Di-s le estaba revelando a Moisés que su yo superior (tal y como su alma permanece arriba, ante Di-s) y su yo inferior (su alma encarnada en este mundo) son idénticos. Di-s le decía a Moisés que podía materializar sus cualidades y potencial más profundos del alma en su existencia corpórea; su yo más alto y su yo más bajo podían ser realmente idénticos.
El poder del canto
Hay una profunda gema numérica asociada al nombre divino “Seré el que Seré.” El valor numérico de “Seré el que seré” (אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה) equivale numéricamente a la frase “el poder del canto”, coaj haShirá (כֹּחַ הַשִּׁירָה), ambos equivalentes a 543. Esta identidad matemática nos enseña que el potencial acumulativo y la misión de vida de una persona se despiertan a través del canto. En este sentido, cada persona tiene una canción interior, un campo vibracional interior que sintoniza y la guía para cumplir su potencial y propósito únicos, el “Seré el que seré” de su vida.[6]
Entre paréntesis, según el Zohar, Moisés sabía tocar todos los estilos de música en la plegaria.[7] Se explica en Jasidut que esto significa que Moisés podía tocar la melodía individual de cada alma.[8] Fue Moisés quien más tarde lideró a todo Israel en el Canto del Mar, uno de los momentos colectivos más inspiradores de la historia judía. No solo despertó la canción interior de cada individuo, sino que también los ensambló en una sinfonía coherente y hermosa. De hecho, Moisés es el alma arquetípica de la sefirá de victoria, netzaj (נֶצַח), que también significa “orquestar” o “dirigir”, revelando la capacidad de Moisés para unir a las personas a través de su canto interior.
La palabra hebrea “Yo seré” (אֶהְיֶה) tiene el valor numérico de 21 y se considera uno de los Nombres de Di-s por derecho propio, relacionado con la sefirá de sabiduría. Dado que “Yo seré” aparece dos veces en el nombre completo “Yo Seré el que Seré”, la Cábala señala que cuando el valor numérico de “Yo seré” (21) se eleva al cuadrado, es 441, el valor numérico de la palabra hebrea para “verdad”, emet (אֱמֶת). La canción interior propia refleja la verdad interior, las verdades esenciales y el sentido de propósito que guían a una persona a lo largo de su vida. Esto es lo que Di-s intentaba enseñarle a Moisés al revelar Su Nombre: “Seré el que seré.”
Unificar lo físico y lo espiritual
Como se mencionó anteriormente, la primera instrucción de Di-s a Moisés en la zarza ardiente fue quitarse los zapatos, simbolizando su necesidad de ascender desde la tracción descendente del materialismo a un nivel superior de espiritualidad. Es importante señalar que uno de los objetivos básicos del judaísmo es la unificación de los ámbitos físico y espiritual, tanto a nivel práctico como místico. Casi todos los mandamientos implican una acción corporal, objeto físico o habla, que también se considera una acción. Cada mitzvá (mandamiento) canaliza y revela el significado espiritual y la influencia intrínseca a esa mitzvá.
La relación entre lo físico y lo espiritual puede compararse con la de la materia y la energía. La ciencia cambió para siempre nuestra percepción de la realidad cuando reveló que la materia es, en esencia, pura energía. De manera similar, cuando la fisicalidad se despoja de su forma exterior, encontramos un núcleo interno rebosante de potencial espiritual. Lo físico y lo espiritual, como la materia y la energía, son dos caras de la misma moneda, intrínsecamente unidas.
Esta profunda observación sirve como ilustración de cómo un judío sirve físicamente a Di-s a través de acciones cotidianas, pero al mismo tiempo está íntimamente ligado a la redención final y a la tarea de Mashíaj en el mundo. El objetivo principal de Mashíaj no es el poder político ni la dominación militar, sino educar a la humanidad, introducir un cambio radical irreversible en la conciencia humana. En la era mesiánica, todo el mundo finalmente percibirá la unidad Divina que subyace a la realidad y la consumada unión entre las esferas física y espiritual.
Rashi alude a esta realidad futura en un comentario intrigante sobre el versículo que describe los preparativos de Moisés para regresar a Egipto y redimir a Israel: «Y Moisés tomó a su esposa y a sus hijos y les montó en un burro y regresó a la tierra de Egipto.»[9] Rashi explica que no era un burro cualquiera: más bien, era el mismo burro que Abraham ensilló antes de la atadura de Itzjak, y es el mismo burro que montará Mashíaj en el futuro. Obviamente, esta afirmación no debe tomarse literalmente; ¡el mismo burro no ha vivido miles de años! Más bien, esta tradición midráshica alude al desarrollo histórico continuo de una idea.
Las letras que componen la palabra hebrea para burro (jamor; חֲמוֹר) son las mismos que componen la palabra hebrea para “fisicalidad” o “materialidad” (jomer; חֹומֶר). Dominar y transformar la fisicalidad para que sirva a lo espiritual es la misión continua tanto de la humanidad como, en particular, del pueblo judío. Abraham simbólicamente comenzó el proceso ensillando el burro/la fisicalidad, mientras que Moisés fue más allá colocando a su esposa e hijos sobre él. Mashíaj completará el proceso montando el propio burro, simbolizando su dominio de lo material en el servicio a lo espiritual.
El Midrash afirma que Moisés “es el primer redentor y él [su alma reencarnada en el alma de Mashíaj] será el último redentor.”[10]Esta afirmación une las almas de Moisés y Mashíaj. La conexión entre Moisés y Mashíaj se ve reforzada aún más por el hecho de que sus nombres hebreos comienzan por las letras mem y shin. Este vínculo sugiere que a Moisés se le encomendó, y a Mashíaj se le encomendará, la misma fundamental misión: guiar al pueblo judío de la esclavitud a la libertad y del exilio a la redención, revelando la unidad esencial de Di-s y la armonía y unión entre lo físico y lo espiritual.
[1] Éxodo 3:14.
[2] Sha’are Ora; Rabi Iosef ben Avraham Guikatilla.
[3] Sha’ashuim Iom Iom; parasaht Shemot, pág. 205.
[4] Éxodo 3:4.
[5] Las Letras Hebreas, pág.176.
[6] Véase la aprobación del libro de Rabi Avraham Arie Trugman, El poder místico de la música.
[7] Zohar 2:114b.
[8] Kuntras HaHitpa’alut 1.
[9] Éxodo 4:20.
[10] Shemot Rabá 4:2.




