LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

Historias Jasídicas

Rabino Iehuda Arie Leib Geliner

Rabi Iehuda Arie Leib Geliner, el predicador de Polnoye, fue uno de los primeros discípulos del Ba’al Shem Tov y uno de los mayores difusores de sus enseñanzas. Incluso antes de acercarse al Ba’al Shem Tov, sirvió como maguid (predicador) y cantor en Polnoye. Cuando se acercó al Ba’al Shem Tov, fue enviado a viajar entre comunidades judías y utilizar su talento oratorio para atraer almas al movimiento jasídico. De hecho, sus sermones fueron muy impactantes y, bajo su influencia, Rabi Iaacov Iosef Katz de Polnoye, autor del Toldot Iaacov Iosef, se acercó al Jasidut, y según una tradición, también lo hizo el Maguid de Mezritch. Rabi Iehuda Arie Leib Geliner falleció en Polnoye el 21 de Tevet 5530 (1770) y fue enterrado allí. Doce años después, Rabi Iaacov Iosef de Polnoye fue enterrado junto a él, y se erigió un “ohel” sobre sus tumbas.

En su juventud, Rabi Pinjas de Koretz fue maestro en la ciudad de Polnoye, donde le llamaban der shvartzer melamed [el maestro negro]. Frecuentemente visitaba la casa del predicador de Polnoye, que le tenía mucho cariño, pues reconocía la rectitud y santidad de Rabi Pinjas que otros no. El predicador tenía una sala especial y una mikvé privada (baño ritual) en la casa de baños, separada de la gran mikvé para los habitantes del pueblo. Rabi Pinjas pidió permiso para usar su mikve cuando quisiera, de día o de noche. El predicador estuvo de acuerdo e instruyó al encargado del baño público para que admitiera a Rabi Pinjas siempre que llegara.

Una vez, Rabi Pinjas fue a la mikve para sumergirse después de medianoche, pero el asistente se negó a abrirle, ya que ese día había comprado unos gansos y los había dejado allí. Al ver que no se le permitía entrar, Rabi Pinjas levantó unas tablas del tejado, entró y se sumergió. Cuando terminó, salió por el agujero, pero como era estrecho y angosto, la viga transversal del techo se rompió y, al descender del tejado, la viga cruzada cayó sobre Rabi Pinjas y le mató. Como todo esto ocurrió en la mitad de la noche, nadie se enteró de lo que había sucedido.

El predicador despertó de repente y le dijo a su asistente: “¿Qué es este ruido que oigo fuera? ¡Sal y mira!” El asistente salió y no oyó nada, regresó y le dijo al predicador que no había ningún ruido fuera. El predicador le envió de nuevo a buscar, pues él había oído un gran ruido procedente del exterior. El asistente salió de nuevo y regresó, diciéndole al rabino que no había oído ningún ruido. Al amanecer, encontraron a un hombre muerto tendido junto a la casa de baños. Se desató una gran conmoción en la ciudad y, cuando el predicador de Polnoye se enteró del asunto, ordenó que el difunto no fuera trasladado de su lugar hasta que él llegara allí.

Entonces el predicador fue a la sinagoga a recitar los Salmos y lloró amargamente. Oró ante Di-s con estas palabras: “Señor del Universo, ¡devuélvele el alma a Rabi Pinjas y déjale vivir! Aun así, me lo agradecerás; ¡es un gran hombre temeroso de Di-s y un tzadik!” Lloró y rezó durante un tiempo, y después se dirigió al lugar donde yacía el difunto, le movió y le dijo: “¡Pinjás! ¡Levántate y ve a enseñar a tus alumnos, eres un obrero!” Rabi Pinjas se levantó y se dirigió a su casa, y presenciaron, con la ayuda de Di-s, una verdadera resurrección de entre los muertos.

“El más pequeño entre vosotros revive a los muertos” (Avodá Zara 10b) dijo el emperador Antonino a Rabi Iehudá el Príncipe. Pero, ¿qué es la vida en sí misma, y cómo la renuevan los justos después de que ha cesado?

El versículo afirma que “el temor de Di-s [es la fuente] de la vida” (Proverbios 19:23), pero la vida misma es “vida y bondad” (Deuteronomio 30:15). De esto aprendemos que la experiencia de la vida comienza con un momento de temor porque la fuerza vital, al entrar, sacude y golpea el alma, pero después la conciencia de la vida está presente en su benevolencia, haciendo que uno perciba el bien que impregna toda la realidad. Cuando la experiencia de la vida despierta la atracción por el bien, transforma el punto inicial de temor en una experiencia completa de amor. Por lo tanto, el amor, y en última instancia el amor a Di-s – el Bien Absoluto – es la expresión completa de la experiencia de la vida. En cambio, enfatizar el mal que nos rodea surge de una experiencia general que tiende más hacia la muerte. Pero todo esto está relacionado con la propia experiencia, así que ¿cómo conduce el amor al avivamiento de los muertos?

Tres niveles de amor a Di-s

La Torá nos instruye: “Ama a Havaia, tu Di-s.… pues Él es vuestra vida y la duración de vuestros días” (Ibid. v. 20). Este amor se revela en tres niveles: vida del cuerpo, vida del alma y vida de vida. Cada nivel de la vida comienza con un punto inicial de temor, que sacude el recipiente y lo lleva a un estado de pulso vital.

A nivel de vida corporal, la sensación de que “Di-s es tu vida” proviene de la conciencia de vitalidad arraigada en la realidad física, especialmente en la propia vida corporal. Para el judío, la experiencia completa de vitalidad que fluye por todas las partes del cuerpo está relacionada con servir a Di-s en cada movimiento corporal y en cada respiración. Jasidut enseña que la experiencia física del amor a Di-s puede y debe provocar un aumento del ritmo cardíaco y de la respiración, similar a la experiencia física de amar a otra persona. Como escribió el anterior Rebe de Lubavitch (Haiom Iom 20 Av),

Así como ocurre con la mitzvá de tefilín, por ejemplo, hay un lugar designado para ellos en la cabeza y el brazo, y se siente el peso de la tefilá de cabeza y la presión de la tefilá de mano, así también con las mitzvot del amor y el temor…. El grado de cumplimiento de estas mitzvot es que haya una sensación corporal, que la propia carne del corazón realmente siente; igual que cuando uno se encuentra con un amigo verdaderamente leal. Uno no solo se siente bien y se olvidan todos sus problemas, sino que incluso disfruta de una vitalidad interior y un optimismo recién despertados, todo ello derivado de su alegra estado de ánimo.

El segundo nivel de amor a Di-s proviene del sentido de vitalidad arraigado en el alma misma. En este nivel, uno está ocupado con la conciencia y la preocupación por el bienestar espiritual de otras almas, que están inherentemente conectadas con la propia alma. Para conectar verdaderamente con el amor hacia otra alma, se requiere transcender por encima de la experiencia del cuerpo (e incluso del alma-cuerpo, es decir, la imagen que uno tiene de su propia alma, como explicó el Rebe de Lubavitch). Aquí, el amor y el servicio a Di-s son realizados conjuntamente por todas las almas, como un todo orgánico con el tzadik de la generación como su corazón. Una persona que experimenta este amor siente la vida que fluye desde el tzadik hacia todo Israel y hacia sí misma entre ellos.

Pero cuando uno experimenta amor y vida a nivel del cuerpo, o incluso del alma, es incapaz de superar la muerte. Su vitalidad es limitada y, por tanto, susceptible a la muerte, y ciertamente no tiene el poder de resucitar a otra persona. Sin embargo, en el tercer nivel, la presencia de Di-s se revela plenamente, y se siente que la vida misma debe vivir dentro de Di-s. Esta es la sensación de que toda vitalidad depende de su conexión con la fuente de toda vida, con Di-s como la vida de la vida. Existe cierta conciencia de esto en todos los niveles de amor a Di-s; de lo contrario, incluso la experiencia espiritual de la vida del alma podría degenerar en una vitalidad corporal vacía e incluso en la muerte real. Pero después de que el tzadik alcanza la conciencia perfecta de la Vida de la vida, recibe de la mano del Santo Bendito Sea, “la llave para la resurrección de los muertos” (véase Ta’anit 2a).

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