HISTORIA JASIDICA
Rebe Ierajmiel de Peshisja
El Rebe Ierajmiel Rabinowitz de Peshisja nació en 5544 (1784) siendo su padre, el Rebe Iaacov Itzjak, el Heilige Yid (Santo Judío) de Peshisja. Fue discípulo de su padre y del Santo Saba (el Abuelo) de Radoshitz. Se casó con la hija de Rabi David Dov, rabino principal de Sadeh Lavan en Rusia, yerno de Rabi Iehoshua Iejezkel Feivel Frankel-Te’omim de Ostrowiec. Durante la vida de su padre, el Rebe Ierajmiel se ganó la vida con el comercio de relojes y su reparación. Tras el fallecimiento de su padre, el Heilige Yid, el liderazgo de la comunidad pasó al principal discípulo del Yid, el Rebe Simja Bunim de Peshisja, mientras que el Rebe Ierajmiel comenzó a dirigir una comunidad jasídica en Peshisja solo catorce años después de la muerte de su padre. El liderazgo del Rebe Ierajmiel fue más moderado que el de su padre y más cercano en carácter a otras comunidades jasídicas en Polonia. Sus enseñanzas de Torá combinan dichos breves y agudos al estilo de su padre con las tradiciones jasídicas provenientes de la casa de estudio del Vidente de Lublin. Falleció el 8 de Iyar 5596 (1836) y descansa con honor en Peshisja.
Había un sastre en las cercanías de Peshisja que era muy respetado por los nobles. Una vez, cierto noble que había comprado telas de alta calidad en París llamó al sastre y le dijo: “Esta tela es muy cara, así que asegúrate de que la prenda sea impresionante, digna de un material tan fino.” El sastre se rio y dijo: “¿Por qué mi señor siente la necesidad de decir algo así? ¡No soy yo el sastre más experto!” El noble le dio la tela y él hizo la prenda. Pero cuando el noble se la probó, él y su gente empezaron a gritar al sastre, acusándole de haber estropeado la prenda. Lo expulsaron con gran ira del recinto y también arrojaron la prenda tras él.
Finalmente, el sastre quedó en la ruina. Su esposa le dijo: “Todos van al tzadik, al Rebe Ierajmiel, hijo del Heilige id de Peshisja. ¡Escúchame y ve también a verle!” El sastre se acercó al Rebe Ierajmiel y le contó toda la historia. El tzadik le dijo al sastre:
“Descose todas las costuras de la prenda, cósela de nuevo con las mismas puntadas y llévala al noble.”
El sastre se rio para sus adentros ante este consejo, pero al darse cuenta de que probablemente no tenía otra opción, siguió las instrucciones del Rebe Ierajmiel. Cuando volvió a llevar la prenda al noble, este llamó a su esposa para que la viera también, y eso les agradó mucho. Calmaron al sastre e incluso le pagaron más de lo acordado inicialmente.
El sastre volvió al Rebe Ierajmiel y le contó lo ocurrido, el tzadik le dijo:
“Me percaté de que, la primera vez que confeccionaste la prenda, fue con orgullo y arrogancia. El orgullo carece de belleza, por eso la prenda que hiciste no agradó al noble ni a su esposa. Pero cuando acudiste a mí, vi que todo el asunto te había despertado a un estado de humildad y sumisión, por eso te dije que deshicieras las costuras del orgullo y la cosieras de nuevo con humildad, y tendría favor.”
¿Puede una prenda poseer belleza interior?
La belleza de las prendas, y generalmente la belleza que se expresa exteriormente, a veces se percibe como externa y burda: “La gracia es falsa y la belleza es vana.” Pero el Rebe Ierajmiel enseña que la belleza del alma es din duda capaz de irradiar hacia el exterior e incluso afectar al encanto de una prenda a ojos de quien la observa.
Por supuesto, dado que realmente tratamos aquí del servicio Divino y no de artimañas del oficio de la sastrería, la cuestión que nos preocupa es diferente: si la verdadera belleza es espiritual e interna y afecta incluso a objetos materiales como una prenda, entonces la belleza debe tener ciertamente un efecto en asuntos espirituales. De hecho, se podría incluso decir que todo servicio Divino proviene de nuestro deseo de adornarnos y embellecernos ante Di-s, y de encontrar gracia a Sus ojos. La pregunta es, por tanto,: ¿Qué es bello a los ojos de Di-s?
¿Qué es un judío hermoso – A sheiner id?
Uno podría pensar que la persona más hermosa es aquella que es un tzadik perfecto – alguien que nunca ha pecado ni pecará. Encontramos que una expresión común en yidis, que significa “Un judío hermoso” (a sheiner yid), se usa para describir a un judío que parece completo en su observancia religiosa. Pero en verdad, la verdadera gracia reside en la humildad de la persona que ha regresado a Di-s, un ba’al teshuvá. Tal individuo anhela acercarse cada vez más al Todopoderoso. Incluso los verdaderos tzadikim, a pesar de su conducta perfecta, se esforzaron por vivir toda su vida con una postura psicológica interna de que “todos sus días están en teshuvá“, col iamav betshuvá (כָּל יָמָיו בִּתְשׁוּבָה). ¿Cómo puede alguien sentir la necesidad de emprender la teshuvá, el retorno a Di-s, cuando su conducta es irreprochable? La respuesta, tal como enseña el Ba’al Shem Tov a través de una historia sobre Rav Sa’adia Ga’on, es que la teshuvá también se refiere al avance constante; así, un individuo que ve el ayer, con todo el bien que ha hecho, con todos los mandamientos de Di-s que ha observado, como solo otro paso adelante, buscará perfeccionarse más plenamente hoy, y aún más mañana. Es sobre este tipo de progreso diario que los sabios dijeron: “Mejor es una hora de teshuvá y buenas obras en este mundo que toda la vida del Mundo Venidero” (Avot 4:17).
Si observamos los poderes del alma según Jasidut, vemos que la fuerza motivadora a la teshuvá es específicamente la humildad, que según el Rebe Ierajmiel puede conceder gracia incluso a una prenda. Por tanto, la superioridad de los ba’alei teshuvá sobre los tzadikim nos enseña la fuente de la verdadera gracia y belleza. A diferencia de la falsa gracia de la perfección y la seguridad en uno mismo, la verdadera gracia surge de la sensación de que uno aún está distante, que hay que crecer, que se desea acercarse. Esto también se refleja en dos versículos de Proverbios que se hacen eco uno del otro: “Quien posee un espíritu humilde alcanzará el honor” y “Una mujer de gracia alcanzará el honor.” Quien posee un espíritu humilde, el baal teshuvá, es la “mujer de gracia” de Di-s, llena de belleza interior. Como alusión a ello, las iniciales de ba’al teshuvá (בַּעַל תְּשׁוּבָה) forman la palabra “hija” (בָּת), en hebreo. En cambio, el “hijo” (בֵּן), ben, es el tzadik.
Cabe señalar que una mujer encuentra su conexión con este tipo de servicio no a través de la autohumillación, porque normalmente las mujeres tienen suficiente humildad innata que fluye naturalmente en su sangre. Entre marido y mujer, es específicamente el marido quien necesita recibir una parte de la humildad de su esposa, para que él también se llene de gracia como ella.
Otra alusión a la palabra “belleza” (יֹפִי), iofi, cuando se transforma usando la correspondencia de letras Atbash, se convierte en la palabra para “mancha” (מוּם), mum, lo que significa que el individuo más bello es aquel que al menos siente que tiene imperfecciones (espirituales). Esta idea puede encajar en el versículo (Cantar de los Cantares 4:7), “Eres completamente hermosa, mi amada, nada en ti está manchado”, culaj iafá raiati umum ein baj (כֻּלָּךְ יָפָה רַעְיָתִי וּמוּם אֵין בָּךְ), ya que puede interpretarse en el sentido de que, cuando una persona siente que todos sus logros están manchados, defectuosos, es entonces que merece experimentar una sensación de “nada en ti”, una sensación de anulación y humildad ante Di-s, que transforma ese “nada” interior en la propia Presencia Divina, revelando así ante todos su gracia y belleza.
