CALENDARIO HEBREO: Sefirat Haomer
PSICOLOGÍA JASIDICA
El período entre Pesaj, la festividad que celebra el éxodo de Israel de la esclavitud en Egipto, y la festividad de Shavuot, cuando Israel recibió la Torá en el Monte Sinaí, se conoce como el período del Omer. En la parashá Emor, la Torá ordena que inmediatamente después del primer día de Pesaj se cosechara una medida de cebada, un omer, y se llevara al Templo en Jerusalén.[1] Los cohanim, los sacerdotes, molían la cebada y la tamizaban a través de trece tamices cada vez más finos hasta que solo la harina más fina se ofrecía en el altar del Templo a la mañana siguiente, lo que indicaba el comienzo del período de cosecha, que culminaba siete semanas después con la cosecha de trigo celebrada en Shavuot.
La Torá ordena además que contemos cada día de las siguientes siete semanas a partir del día en que se cosecha la cebada: “Y contarán para ustedes, desde el día siguiente al día de descanso [el primer día de Pesaj], desde el día en que traigan el Omer como ofrenda mecida, serán siete semanas; serán completas. Contaréis hasta el día después de la séptima semana, el quincuagésimo día, en el cual presentareis una nueva ofrenda de cereal a Di-s”.[2] Esta mitzvá de contar los cuarenta y nueve días se conoce como Sefirat HaOmer, la Cuenta del Omer.
El principio de interinclusión
La clave del crecimiento espiritual durante el período del Omer reside en la enseñanza cabalística de que cada una de las siete semanas entre Pesaj y Shavuot corresponde a una de las siete sefirot “emotivas”, los canales de influencia Divina en el mundo. Las sefirot se manifiestan en todos los niveles de la realidad, incluyendo el de la psique y personalidad humanas, las midot. Cada sefirá, según el principio de interinclusión, contiene en sí misma un aspecto de todas las demás. Por lo tanto, se nos enseña que cada día del período del Omer representa una combinación de dos midot, dos sefirot: la sefirá principal de la semana, así como una sefirá interincluida definida por el día. Esta práctica de contar y combinar las sefirot en cada día del período del Omer ha sido universalmente aceptada y aparece en prácticamente todos los libros de oraciones tradicionales.
El hecho de enfocarse en la combinación apropiada de sefirot cada día del período del Omer abre un sin fin de posibles conexiones con el poder inherente del día y ofrece claves útiles para identificar y arrojar luz aquellas áreas de nuestras vidas que requieren de una atención consciente para su rectificación y mejora.[3] Es importante señalar que la palabra raíz para Sefirat [ Haomer] es la misma que sefirá, así como sapir, “¡resplandeciente!”. Dado que el objetivo principal del período del Omer es crear recipientes adecuados – lo se manifiesta principalmente en la transformación de los rasgos de la personalidad para poder recibir la Torá de nuevo en Shavuot – estas reflexiones e introspecciones diarias son inconmensurablemente valiosas.
Un buen ejemplo de interinclusión es la sefirá de tiferet o belleza, la tercera de las sefirot emotivas, que ocupa el eje central y media entre la energía expansiva de jesed en el lado derecho y la fuerza restrictiva de guevurá en el lado izquierdo. La belleza de tiferet es la de la armonía, el holismo, la simetría y la síntesis, la idea principal y el resultado final de la interinclusión.[4] Al tomar lo mejor de jesed y guevurá y encontrar la medida adecuada entre ellas, tiferet cumple una función crucial al crear una perspectiva totalmente nueva que equilibra y crea paz entre las fuerzas contrapuestas de la psique. Tiferet también se sitúa en el medio de las sefirot desde arriba hacia abajo, y por lo tanto media e interincluye las sefirot superiores del intelecto y las sefirot inferiores del ámbito emocional. En Pirkei Avot, el Rebe Iehuda HaNasi aconseja elegir un “camino recto” que aporte dignidad (tiferet; belleza y armonía) a la persona que lo recorre y le haga merecedor de tiferet por parte de los demás.[5]
Los estudiantes de Rebe Akiva
Según la tradición, 24.000 discípulos del Rebe Akiva fallecieron durante el Omer por no haberse honrado mutuamente. Esta falta de respeto puede interpretarse como una deficiencia en la sabiduría de la interinclusión, que les habría permitido entender mejor los puntos de vista de los demás. Al no poder integrar ni tolerar adecuadamente las diferentes opiniones, desarrollaron una visión negativa entre ellos. La rectificación de sus muertes se logra cuando tomamos conciencia y nos sensibilizamos, a diario, de la interinclusión de las midot de cada día del Omer, y la manifestamos en una verdadera mejora del carácter.
Un buen corazón
Rabi Iojanan ben Zakai fue una de las figuras más destacadas de la historia judía. Fue discípulo directo de Hilel y preservó la continuidad de la Torá tras la destrucción del Segundo Templo. Entre sus alumnos, cinco sobresalieron especialmente, cada uno encarnando un aspecto diferente de la grandeza espiritual. De ellos, Rabi Elazar ben Araj fue descrito como «un manantial que nunca deja de manar». Se dice que, si todos los sabios de Israel se colocaran en un lado de una balanza y Rabi Elazar ben Araj en el otro, su sabiduría pesaría más que la de todos ellos juntos.[6]
Rabi Iojanan ben Zakai pidió a sus cinco estudiantes que [salieran al mundo y] discernieran cuál es la cualidad o camino de vida más ventajoso espiritualmente al que una persona debería aferrarse. Al final, escogió la opinión de Rabi Elazar ben Araj, quien afirmó: “un buen corazón”, ya que su opinión incluía a todas las demás.[7] La expresión “un buen corazón”, lev tov, (לב טוב ) equivale numéricamente a 49, el número exacto de los días del Omer. De esto aprendemos que todo el trabajo espiritual de Sefirat HaOmer debe conducir, en última instancia, a convertirse en una persona con un “buen corazón”.[8]
En general, Jasidut enseña que la mente debe dominar al corazón. Esto significa que el intelecto debe guiar y dirigir las emociones. Sin embargo, al mismo tiempo, se reconoce que en ciertos casos el intelecto no solo debe atender los aspectos emotivos de la psique humana, sino que también debe seguir la intuición del corazón. La clave reside en refinar el corazón para que no se deje llevar por inspiraciones vacías y deseos destructivos. Esta es la verdadera labor de Sefirat HaOmer.
El mes de Iyar
Según el Sefer Ietzirá, cada mes tiene una letra asociada. Aunque contamos los días de Sefirat HaOmer durante tres meses diferentes – Nisán, Iyar y Siván -, solo durante el mes de Iyar se cuenta el Omer a lo largo de todo el mes. La letra asociada con Iyar es la vav, cuya forma es una línea vertical (ו), que alude a una escalera o a un hombre de pie.[9] Nuestra relación con Di-s, con los demás y con nuestra propia autopercepción está en constante cambio, pasando por ciclos interminables de ascenso y descenso, revelación y ocultamiento, cercanía y distanciamiento. La vav representa tanto la “luz recta”, que desciende de Di-s al mundo, como la “luz que regresa”, la energía que asciende generada por nuestro servicio espiritual. Este es el secreto del período del Omer, en el que aprendemos a reconocer e integrar ambas luces y todo lo que representan. La vav simboliza el canal y conducto que conecta a Di-s con el hombre, y la realidad superior e inferior, que se encuentran y se abrazan en el Sinaí. Shavuot, de hecho, se celebra cada año el seis de Siván; seis es el valor numérico de la letra vav.
Según el Sefer Ietzirá, el jush, o “sentido”, del mes de Iyar es hirur, una palabra sinónimo de pensamiento, majshavá. El trabajo espiritual de Sefirat HaOmer comienza en el pensamiento, se filtra hasta el corazón y finalmente se manifiesta en una acción concreta. Cuando la palabra majshavá (מחשבה) permuta, forma la palabra b’simjá (בשמחה), con alegría.[10] Aunque muchas personas creen que ser una persona feliz es una cuestión de naturaleza, innata, y que uno es feliz o no, lo cierto es que encontrarse en un estado de alegría es una decisión consciente y voluntaria. Nuestros pensamientos determinan si somos felices o no, y cualquier situación del presente o del pasado puede reinterpretarse de manera positiva. En definitiva, tenemos la posibilidad de decidir cómo queremos ver nuestra situación en la vida. El Baal Shem Tov y posteriormente los Rebes de Jabad lo articularon al afirmar en yiddish: Tracht gut, vet zein gut, uno debe “pensar bien y estará bien”.
Además, la palabra pensamiento majshavá (מחשבה) tiene el mismo valor numérico (355) que la palabra sefirá (ספירה). Esta correspondencia numérica refuerza la idea de que, mediante la práctica de un pensamiento enfocado en las sefirot del día, se revelan profundas y significativas visiones interiores que nos ayudan en el proceso gradual de sanación y rectificación del alma, inherente al período del Omer.
[1] Levítico 9:13
[2] Ibid 23:15-16
[3] Mivjar Sheurei Hitbonanut, Jodesh Iyar.
[4] Iain Itzjak, parshat Emor, sección 7.
[5] 2:1
[6] Pirkei Avot 2:11-12
[7] Ibid 2:13
[8] Iain Itzjak, parshat Emor, sección 7.
[9] Sefer Ietzirá 5:7
[10] Tikunei Zohar 67a; Mivjar Sheurei Hitbonnanut, Jodesh Iyar
