CINCO DINÁMICAS DE LIDERAZGO Parte 4

COMPASIÓN

Continuamos nuestra exploración del libro de HaRav Ginsburgh, “Despertando la chispa interior: Cinco dinámicas de liderazgo que pueden cambiar el mundo”. Tras haber abordado la visión más general del liderazgo y las dos primeras de las cinco dinámicas – el arte del compromiso y el impulso hacia la plenitud – pasamos ahora a la tercera de las cinco dinámicas: el poder de la compasión.

 La compasión inspira a otros a liderar con compasión.

Haga clic aquí para ver capítulos adicionales de esta serie.

01 https://galeinai.org/2026/03/09/cinco-dinamicas-de-liderazgo-parte-1/

02 https://galeinai.org/2026/03/12/cinco-dinamicas-del-liderazgo-parte-2/

03 https://galeinai.org/2026/03/23/cinco-dinamicas-del-liderazgo-parte-3/

El poder de la compasión para inspirar

Continuando nuestra exploración de las cinco dinámicas del liderazgo que pueden cambiar el mundo, ahora nos centramos en la tercera dinámica: el poder de la compasión para inspirar. Como se enfatiza a lo largo de esta serie, el liderazgo no se limita a figuras públicas o cargos formales de autoridad. Más bien, es un potencial inherente arraigado en la raíz del alma de cada persona. Cada persona, en su propia esfera de influencia – familia, comunidad, lugar de trabajo o sociedad en general – tiene el potencial de liderar, guiar y motivar.

En esencia, el liderazgo es la capacidad de influir positivamente en los demás. Sin embargo, la capacidad de inspirar a los demás no es algo que se pueda crear desde fuera. Surge de forma natural desde el propio estado interior. Solo cuando la inspiración está viva en el alma puede irradiarse hacia el exterior y despertar ese mismo potencial en los demás. La compasión desempeña un papel central en este proceso. Es la compasión la que permite a una persona ver más allá de las apariencias superficiales, y más allá de las limitaciones de una actitud crítica hacia los demás.

Ver el mundo con ojos compasivos es reconocer que bajo cada forma externa hay una chispa interior de vida Divina. Esta perspectiva permite al potencial líder percibir no solo lo que es, sino también lo que puede ser.

Compasión y el ideal mesiánico

El profeta Isaías describe el futuro y el líder supremo, el Mashíaj, con las siguientes palabras: “Porque el que les muestre compasión los guiará; por fuentes de agua, él los guiará.”[1] Isaías no describe al Mashíaj principalmente como un conquistador, filósofo o hacedor de milagros, sino como alguien que guía mediante la compasión. La compasión, según esta visión, es el motor que genera inspiración y guía. A través de la compasión, el liderazgo se convierte en un otorgante de vida, aquí comparado con aguas fluyentes que sostienen y refrescan.

El pensamiento jasídico profundiza esta idea identificando tres niveles distintos de compasión. El primer nivel consiste en sentir compasión por cada ser humano cuya elevada alma desciende desde su origen espiritual hacia las limitaciones de un cuerpo y de un mundo físico y no rectificado. El reconocimiento de este hecho por sí solo debería evocar compasión por uno mismo y por los demás, simplemente por el desafío que supone vivir entre límites, dificultades y ocultamiento.

El segundo nivel es la compasión por el pueblo de Israel. Esta compasión no solo surge de una identidad compartida, sino también de un análisis sincero de una historia de siglos de persecución, desplazamiento y sufrimiento.

Por último, está la compasión por el Creador Mismo y el exilio de la Shejiná, la Presencia Divina. La tradición judía habla del “dolor” que Di-s experimenta, por así decirlo, al ver que el mundo que Él creó para la armonía y la unidad, se encuentra, en cambio, sumido en tal fragmentación y desorden. Sentir compasión a este nivel es alinear el corazón con la voluntad y el propósito Divinos y anhelar la sanación de toda la Creación.

Cada uno de estos niveles de compasión suscita una correspondiente respuesta Divina. A medida que una persona refina y eleva su capacidad de compasión, Di-s responde otorgando una inspiración más profunda y una mayor capacidad para actuar de forma significativa con el fin de mejorar el mundo.

Moisés: Compasión y Altruismo Unidos

La tradición judía enseña que el alma de Moisés reaparece en el alma de Mashíaj: “Él es el primer redentor, y será el último redentor.”[2] La vida de Moisés sirve como un modelo vivo de liderazgo basado en la compasión.

Su compasión es evidente desde el principio. Aunque fue criado como príncipe de Egipto, Moisés sacrifica su posición privilegiada para defender a un compañero judío brutalmente golpeado por un capataz egipcio.[3]  Este acto de valentía moral le obliga a exiliarse, pero revela la esencia de su liderazgo: una incapacidad para permanecer indiferente ante el sufrimiento.

Poco después, Moisés interviene de nuevo – esta vez en favor de mujeres indefensas que son acosadas por pastores en un pozo.[4] Una vez más, su compasión se expresa mediante acciones decisivas, sin preocuparse por el beneficio personal ni el reconocimiento.

Un hermoso midrash describe cómo Moisés corre tras un cordero lactante que se había escapado. Lo encuentra bebiendo agua de una pequeña grieta en una roca y se culpa por no haber atendido lo suficiente a las ovejas. Se echa al cordero exhausto al hombro para llevarlo de vuelta al rebaño. Di-s, que observa esta escena, declara: “este es el pastor que quiero para mi rebaño, el pueblo de Israel”.[5] 

Durante los cuarenta años en el desierto, Moisés se erige repetidamente como defensor del pueblo judío. Una y otra vez, intercede ante Di-s tras episodios de queja, rebeldía y desfallecimiento espiritual. Su liderazgo no se caracteriza por un temperamento dominante, sino por actuar con compasión y asumir la responsabilidad de los más débiles.

Sin embargo, aún mayor que su compasión es el sentido de altruismo de Moisés. La propia Torá lo testifica: “Y el hombre Moisés fue sumamente humilde, más que cualquier hombre sobre la faz de la tierra.”[6] La humildad y la compasión forman juntas la base del liderazgo auténtico. Aunque el Mashíaj encarnará la humildad, Isaías enfatiza que la compasión será su rasgo más definitorio – extendiéndose no solo a Israel sino, en última instancia, a toda la humanidad.

La compasión como acción

En el pensamiento judío, la compasión nunca se limita al sentimiento. La verdadera compasión exige acción. Rabi Eliezer, un sabio del segundo siglo EC, enseñó que uno debe realizar un acto de compasión antes de dirigirse a Di-s en oración.[7] Él mismo daba caridad a una persona necesitada antes de rezar cada mañana, encarnando el principio de que la elevación espiritual debe estar basada en el cuidado hacia los demás.

Este enfoque fue enfatizado y ampliado por el Ba’al Shem Tov y sus seguidores. Enseñó que servir a Di-s es inseparable de cuidar a las personas. Los actos de bondad, la implicación en el bienestar comunitario y la sensibilidad hacia las necesidades de los demás no son distracciones de la vida espiritual – sino su propia expresión. Esto supuso nada menos que una revolución para aquellos iniciados espirituales que hasta la llegada del Ba’al Shem Tov, habían considerado la búsqueda solitaria, incluso hermética, de la espiritualidad lejos de la multitud, como la cúspide del crecimiento religioso. Como es bien sabido, el Ba’al Shem Tov enseñó a estos grandes gigantes del espíritu a reorientar su energía pasando de desarrollar su propia conexión con Di-s a velar por el bienestar de los demás – primero por sus necesidades físicas y solo después por la elevación de su nivel religioso.

Compasión e inspiración Divina

Isaías describe la fuente de la verdadera inspiración como el espíritu de Di-s: “El espíritu de Di-s descansará sobre él – el espíritu de sabiduría y entendimiento, el espíritu de consejo y poder, el espíritu de conocimiento y temor de Di-s.”[8]

Este pasaje se refiere explícitamente al Mashíaj, pero implícitamente a la chispa de liderazgo presente en cada judío. Cabe destacar que el Nombre Divino usado en este versículo – “el espíritu de Havaia” – es Havaia, el Nombre de cuatro letras, el Tetragrammaton, que la Cabalá identifica como el “Nombre de la compasión”, es decir, el Nombre de Di-s que representa Su rasgo de compasión. Esto vuelve a revelar una conexión profunda entre la inspiración Divina y la compasión. Anteriormente, vimos cómo Isaías identifica al Mashíaj con la compasión y aquí, como destinatario de la inspiración Divina. Cuando se cultiva la compasión, la inspiración surge de forma natural.

El desarrollo del liderazgo compasivo

Una poderosa ilustración de la importancia de la compasión surge en la figura de Noé. Aunque se le describe como un tzadik, un individuo justo,[9] es criticado por los sabios y posteriores comentaristas por no haber implorado la misericordia de Di-s en nombre de su generación.

El Zohar relata que cuando Noé sale del arca y contempla la devastación causada por el Diluvio, cuestiona la justicia de Di-s. Di-s le responde llamándole “pastor insensato”, y reprendiéndole por no haber pedido misericordia mientras aún estaba a tiempo. De hecho, Di-s había retrasado el diluvio repetidamente, dándole a Noé oportunidad tras oportunidad para suplicar compasión.[10]

Existe un debate entre los sabios sobre si Noé, de haber vivido en la época de Abraham, habría sido más o menos justo de lo que fue en su propia generación. Algunos opinan que, de haber vivido en la época de Abraham, habría sido influenciado por el ejemplo de Abraham hasta llegar a ser más grande de lo que fue en su propia generación. Otros afirman, sin embargo, que solo se fue llamado justo en comparación con su generación malvada y que, de haber vivido en la época de Abraham, se le habría considerado una persona bastante corriente.[11]

La comparación con Abraham es intencionada. Cuando Di-s informa a Abraham de la inminente destrucción de Sodoma, Abraham suplica inmediatamente en nombre de sus habitantes, negociando persistentemente para salvarlos, a pesar de sus malas intenciones.[12] Aunque solo Lot y sus hijas se salvan finalmente, de esa linaje emergen Rut, el rey David y, finalmente, el Mashíaj.

La rectificación completa del error de Noé se produce a través de Moisés. Tras el Pecado del Becerro de Oro, Di-s amenaza con destruir al pueblo judío y comenzar a construir una nación desde Moisés. Moisés responde con un nivel de autosacrificio sin precedentes: “Y ahora, si Tú quisieras perdonarles su pecado, pero si no, bórrame ahora mismo de Tu libro que has escrito.”[13]

La tradición cabalística enseña que las letras de la palabra “bórrame”, mjeni (מְחֵנִי), cuando se reordenan, forman “las aguas de Noé”[14], mei Noaj (מֵי נֹחַ), aludiendo a las aguas del Diluvio. Como no buscó compasión por el pueblo de su generación, el Diluvio lleva el nombre de Noé. En ese momento, Moisés subsanó la falta espiritual dejada por Noé al no interceder por su generación. Moisés está dispuesto a sacrificar no solo su liderazgo, sino también su propio lugar en la Torá, por el bien del pueblo.

Crear un Nuevo Mundo

Cuando Noé salió del arca por orden de Di-s,[15] se encontraba en una posición única, ya que era una de las pocas personas que llegó a presenciar, literalmente, un “nuevo mundo”. La orden de que Noé abandonara el arca también implicaba que, para construir un nuevo mundo, era necesario dejar atrás una mentalidad anticuada de viejo mundo, para poder edificar una nueva.

En la medida en que las enseñanzas de la Torá son eternas y todas sus historias y personalidades son de naturaleza arquetípica, la idea de crear un mundo nuevo dejando atrás el viejo mundo tiene gran relevancia para el pueblo judío hoy en día. La Segunda Guerra Mundial y el Holocausto en gran medida pusieron fin al mundo tal y como lo conocíamos y exigieron nuevas soluciones. Esto es especialmente cierto para el pueblo judío, ya que solo tres años después del Holocausto, la soberanía judía se restableció en la Tierra de Israel tras dos mil años. Esto fue como una realidad posterior al diluvio, en la que Noé tuvo la oportunidad de crear un mundo nuevo.

Aunque Israel, desde sus inicios, ha tenido que enfrentarse a enemigos que intentan destruirlo, sin embargo, el pueblo judío se enfrenta hoy a la oportunidad de crear un mundo nuevo que conduzca a la era mesiánica. Hacerlo no significa ser ingenuo, o pasivo, frente la oposición de nuestros enemigos, sino que, así como Di-s prometió a Noé tras el diluvio que no habría otro diluvio en el futuro, Israel está llamado a confiar en que no ocurrirá otro Holocausto y a seguir adelante con nuestros asuntos sin temor, creando un mundo nuevo preparado para una verdadera redención.

El pasaje de Isaías sobre el espíritu de Di-s y el espíritu de consejo y fortaleza representa el potencial colectivo del pueblo judío para ser fuente de gran consejo y luz para las naciones. De hecho, Isaías en un versículo llama al Mashíaj “un Consejero Maravilloso.”

Como se mencionó anteriormente, la compasión implica algo más que una empatía pasiva; se trata más bien de una implicación activa en el presente. Cada persona, en su esfera de influencia, al cultivar una compasión que nos impulse a actuar de manera inspirada, puede alinearse con el espíritu de Di-s y participar en la labor continua de sanar el mundo, preparándolo para la redención definitiva, guiada por un líder compasivo que inspire lo mismo en los demás.


[1] Isaías 49:10.

[2] Shemot Rabá 4:2

[3] Éxodo 2:11-12.

[4] Ibid. 2:16 -17.

[5] Shemot Rabá 2:2.

[6] Números 12:3.

[7] Bava Batra 10a.

[8] Isaías 11:2.

[9] Génesis 6:9.

[10] Zohar (Hashmatot) 1:254b.

[11] Véase Rashi en Génesis 6:9.

[12] Génesis 18:23–33.

[13] Éxodo 32:32.

[14] Isaías 54:9, “Porque esto para Mí [Di-s] es como las aguas de Noé: Así como juré que las aguas de Noé nunca más inundarían la tierra, así juro que no me enojaré con vosotros ni os reprenderé.”

[15] Génesis 8:17.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *