YO CREÉ LA INCLINACIÓN AL MAL

Nuestros sabios de bendita memoria (Jazal) dicen: «Yo creé la inclinación al mal [Yétzer HaRá] y creé para ella la Torá como condimento [Tavlín]». ¿De qué inclinación se trata aquí? Es difícil decir que se refiere a «la inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud» [1], la cual existe desde los días de la creación del mundo, pues de ser así, ¿cómo se le exigió a las generaciones anteriores dominar su inclinación si aún no habían sido dignas de recibir la Torá?
Por lo tanto, parece ser que en el momento mismo de la Entrega de la Torá (Matán Torá) fue creada y revelada una inclinación al mal completamente nueva —«Yo creé la inclinación al mal»—, y sin ninguna demora (e incluso quizás a modo de anteponer el remedio antes de la herida) recibimos el poder que la equilibra: «y creé para ella la Torá como condimento». De este modo también es posible comprender cómo, a pesar de que «al estar Israel al pie del Monte Sinaí cesó su impureza espiritual» [2] (la anulación de la impureza de la inclinación al mal que la serpiente inyectó en Eva), el pueblo de Israel pecó con el Becerro de Oro. En su dimensión exterior, ciertamente «cesó su impureza», pero en su dimensión interior se renovó y cobró fuerza una inclinación al mal nueva que provocó la caída.
En el sentido literal (pshat), «Yo creé la inclinación al mal», junto con la recepción de los 613 preceptos (Tariag Mitzvot), representa la inclinación a rebelarse contra aquello a lo que el ser humano está obligado. Debido a esta inclinación al mal se dictaminó que «es más grande quien cumple estando comandado, que quien cumple sin estar comandado» [3]. Y aún más: con todo el inmenso temor reverencial de la Entrega de la Torá, precisamente en la festividad de Shavuot debemos ocuparnos también del placer corporal e instintivo: «Todos concuerdan respecto a la festividad de Atzeret [Shavuot] que se requiere también que sea “para vosotros” [Lajem]» [4] (es decir, dedicado al placer material de comer y beber).
Incluso toda la santificación que precedió a la Entrega de la Torá —durante los días de limitación (Yemei HaGbalá) y de abstinencia— se “desvanece” inmediatamente después de esta, cuando los hijos de Israel reciben el mandato: «Regresad a vuestras tiendas» [5], para continuar viviendo la vida de este mundo terrenal con toda la materialidad e impulsos que le son propios. ¿Por qué motivo precisamente con el «creé para ella la Torá como condimento» se renueva el «creé la inclinación al mal»?
El Zohar Santo declara que la inclinación al mal es necesaria para el mundo no solo para el propósito de establecer generaciones (la procreación), sino porque sin ella no existiría la alegría en el estudio (Jedvata deShemeta). La alegría, la irrupción y el deleite que se requieren para cumplir el “fructificad y multiplicaos” en lo material, al engendrar hijos, se requieren asimismo para cumplir el “fructificad y multiplicaos” en lo espiritual, al dar nacimiento a conceptos y revelaciones renovadas en la Torá (Jidushéi Torá).
En el momento mismo de la Entrega de la Torá nos encontramos bajo la condición del alumno que se sienta ante su maestro y sus labios destilan mirra —con pavor, temor, temblor y estremecimiento—; pero una vez que la Torá nos es entregada, debemos crecer y desarrollar en ella nuevos conceptos, y para este propósito se requiere de alegría y creatividad, del “picante” (pilpel) que provee la inclinación al mal.
Al crecer en la Torá, crece también la inclinación: «Todo aquel que es más grande que su prójimo, su inclinación es más grande que él» [6]; no obstante, no hay que temer a esto. Al contrario, precisamente el buen gusto, el placer y el deleite en el estudio de la Torá —los cuales constituyen una parte esencial y principal del estudio (conforme a la célebre introducción del libro Égley Tal [7])— representan la protección (¡la única!) frente al placer que proviene de la corteza (klipá). La Torá es el “condimento” que otorga la fuerza para lidiar con la inclinación, e incluso para condimentar-endulzarla (lemitוק) y elaborar a partir de ella manjares para la Presencia Divina (Shejiná) (los manjares de la subyugación [itjafia] y la transformación [itjajfaja], tal como se halla explicado en el libro del Tanya).
La raíz de la inclinación al mal se encuentra en las Luces de Caos (Orot deTohu), en una alegría y una potencia capaces de romper los límites y quebrar las vasijas; sin embargo, para traer al Mashíaj requerimos de «Luces de Caos dentro de Vasijas de Rectificación» (Orot deTohu beJelim deTikún). Cuando se logra introducir las luces de caos de la inclinación al mal dentro de las vasijas de rectificación de nuestra santa Torá —bajo la “alegría del precepto” (simjá shel mitzvá) en la mitzvá del estudio de la Torá, y hasta alcanzar la “alegría en su pureza” en los deleites ilimitados de la Torá—, se alcanza el mérito de revelar conceptos nuevos de la Torá del Mashíaj, sobre la cual se declaró: «Una Torá nueva emanará de Mí» [8] (y la alusión en guematria: Yétzer HaRá [580] junto con Simjá [353] suman exactamente Torá Jadashá [933]).
¡Que tengamos el mérito de recibir la Torá con alegría (Luces de Caos) y en nuestra dimensión interior (Vasijas de Rectificación)!
Notas al pie:
[1] Génesis 8:21.
[2] Shabat 146a.
[3] Kidushín 31a.
[4] Pesajim 68b.
[5] Deuteronomio 5:27.
[6] Sucá 52a.
[7] Obra halájica del Rebe de Sochatchov, Rabi Avrohom Bornsztain. En su introducción explica que el deleite y disfrute en el estudio no invalidan la pureza de la mitzvá, sino que son un componente vital de esta.
[8] Vayikrá Rabá 13:3.

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