Parashat Bamidbar
Primero: Jesed – amor a Israel (Jibat Israel)
Como explica Rashi en todos los Jumshe Torá[1], también en el Jumash Bamidbar Rashi interpreta que el inicio del libro está relacionado con el amor de Israel y el cariño hacia ellos: “por el cariño que les tiene, los cuenta en todo momento. Cuando salieron de Egipto los contó, cuando cayeron en el becerro de oro los contó para saber cuántos quedaban, y cuando vino a hacer reposar Su Shejiná sobre ellos los contó” (y una alusión: conteo – que implica diez[2] – suma 150 = 10 veces jibá, amor). El conteo de la parashá Bamidbar – inicio del “Jumash de los conteos”[3], término que alude al conteo – es el tercer conteo, la “jazaká” (presunción de continuidad) de los conteos que revelan la bondad de Hashem, Su amor y Su cariño por Israel[4]. También por su esencia, este conteo expresa la finalidad del amor a Israel: un conteo cuyo propósito es la revelación de la Shejiná en Israel.
La valorización a través del conteo
La acción del conteo otorga importancia a Israel[5], donde la valorización y elevación mediante el número es similar a la promesa de Hashem a Abraham en el “Primero” de Lej Lejá: “Y engrandeceré tu nombre” (y como es llamado en el libro de Yehoshúa[6] “el hombre grande entre los gigantes”[7]) – “añadiré una letra a tu nombre; hasta ahora eras Avram, de ahora en adelante serás Abraham, y Abraham suma 248, correspondiente a los miembros del cuerpo humano”[8]. Asimismo, al intentar salvar a Sodoma de la destrucción utiliza múltiples números: “quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad”[9], etc. Además, Eliezer, siervo de Abraham, es considerado como equivalente a muchos hombres, como está insinuado en su nombre[10].
Tres conteos correspondientes a JGT (Jesed–Guevurá–Tiferet)
En detalle, los tres conteos corresponden al jesed del Éxodo de Egipto, al rigor de la guevurá del pecado del becerro de oro, y a “como la gloria del hombre para habitar en casa”[11], que es la presencia de la Shejiná en el Mishkán. Es decir, el jesed aquí en el “primero” es jesed dentro de tiferet. Los tres conteos también corresponden al desarrollo del pueblo según el orden de embarazo–lactancia–madurez mental: el Éxodo es el nacimiento del embrión, el pecado del becerro es la caída del lactante que se ensucia, y la presencia de la Shejiná es la madurez completa (ver también en el “tercero” que dentro de la parashá ocurre el progreso de embrión–lactancia–madurez hasta la perfección).
Linaje y anhelo
El conteo de Israel, que expresa amor, se realiza “según sus familias, según la casa de sus padres” (expresión que contiene las letras de amor[12]). El linaje de Israel depende del padre (la relación padre-madre es como jesed y guevurá[13]; el primer padre de Israel es Abraham, cuyo nombre proviene de “padre”, hombre de bondad). El primer amor mencionado en la Torá –“todo sigue el inicio”[14]– es: “toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Itzjak”[15], el amor de Abraham por su hijo Itzjak. En jasidut se explica que “padre” viene de voluntad y amor (ava). Toda persona tiene anhelo por la casa de su padre (como dice: “has deseado intensamente la casa de tu padre”[16]). En lo profundo, el linaje en Israel surge del anhelo del hijo hacia su padre[17]: del deseo interior de regresar a su raíz. Gracias a este amor (de ratzó, anhelo hacia la raíz), el hijo hereda y continúa en el mundo (en modo de shov, retorno a la realidad).
“Todo varón según sus cabezas”
Moshé es ordenado a contar “todo varón [secreto de ‘zéjer jasdó’ – recordar la bondad[18]] según sus cabezas (gulgolot)” (813), expresión equivalente a tres frases del “Primero” de Bereshit: “Y dijo Dios: sea luz y fue luz”, “Y separó Dios entre la luz y la oscuridad”, “Y dijo Dios: hagamos al hombre”. Esto corresponde al principio y final de la creación (“el final está enlazado al inicio”[19]). El hombre creado a imagen de Dios está conectado con la luz primordial oculta para los justos. El día uno (= amor) es el día que acompaña a todos los días[20], y el sexto día corresponde al justo, fundamento del mundo[21].
Las tres expresiones corresponden a sometimiento–distinción–dulcificación[22]:
“hagamos al hombre” – sometimiento (humildad),
“separó Dios” – distinción,
“sea luz” – dulcificación.
El secreto de la “gulgolta”
En el secreto místico[26], “según sus cabezas (gulgolot)” es clave del conteo. Alude a la bondad del “Atik Yomín” vestida en la “gulgolta” del Arij Anpín[27]. La cabeza simboliza la voluntad sin razón comprensible. El conteo de Israel es una mitzvá sin razón comprensible, más allá del intelecto. En un nivel más profundo, esto es “corona de la realeza”: “tres coronas son… y corona de la realeza”[28], y “la corona suprema es corona de la realeza”[30]. La gulgolta es la corona de la realeza[31], pero su raíz está aún más arriba, en el “no saber” absoluto (radlá), nivel de fe.
El conteo a partir de los 20 años también alude a la corona (keter).
“Más cuidadoso en esto” – por encima del intelecto
La Torá menciona que entre los contados hay “los príncipes de los miles de Israel”, cada uno como una gulgolta para su tribu. Esta división corresponde a los 12 aspectos de blancura en la gulgolta del Arij Anpín[33], raíz de las mitzvot[34]. Aunque las mitzvot son supra-racionales, cada tribu tiene su raíz particular.
Como explica el Tania[35], cada alma tiene su “mitzvá más cuidadosa” (zehirut tfi), que no depende de lógica sino de decreto divino, como un sorteo.
Los príncipes y sus tribus
Los príncipes transmiten la santidad a cada individuo de la tribu. “Kria” (escrito) alude al nivel oculto, y “kruéi” (lectura) al nivel revelado. Así, los 12 príncipes canalizan la santidad a cada miembro.
Como en muchas parashiot, el “Primero” establece el amor como base para el desarrollo posterior, que comienza desde la guevurá.
