ADVERTENCIAS, CASTIGOS Y LA PERSPECTIVA JASÍDICA DEL PECADO

ESTUDIO DE LA PARASHÁ: Bejukotai

FUNDAMENTOS DE JASIDUT

La Parashat Bejukotai recoge las advertencias y castigos de Di-s que se producirán si no cumplimos los mandamientos e intentamos vivir nuestras vidas al margen de la Providencia Divina. Esta es una de las secciones más difíciles del Pentateuco y tradicionalmente es leída en silencio por el Lector Público de la Torá. Los sabios explican que estos castigos ya se aplicaban durante la destrucción de los reinos del Norte y del Sur de Samaria y Judea al final del periodo del Primer Templo. Se dice que el conjunto paralelo de advertencias y castigos que aparecen en la parashat Ki Tavó se llevó a cabo durante la larga decadencia del Segundo Templo y el Reino de Judea.

Al final, parece que las amenazas no fueron una buena disuasión. En ese caso, ¿cuál era su propósito en primer lugar? En general, ¿cómo deberíamos plantearnos el pecado en nuestra época actual, 2000 años después de la destrucción del Segundo Templo? Elenfoque jasídico es sorprendente y se presenta brevemente en este artículo, que incluye afirmaciones realizadas por el Rav Ginsburgh en un suplemento posterior al shiur el 11 de Jeshván de 5774 y extractos de un shiur del 11 de Shevat, 5786 (publicado por primera vez en hebreo en la edición de Nifla’ot para Vaikrá 5786).

Hay un dicho que es la base de nuestro trabajo espiritual – escrito también en Jabad en un estilo completamente diferente, y también en Breslov en otro estilo – que dice que cada transgresión que comete un judío es un 99% necedad y un 1% maldad, y que cada acto de arrepentimiento (Teshuvá) – somos la generación del arrepentimiento – el 99% de nuestra atención está dirigida hacia adelante y solo el 1% en el arrepentimiento por el pasado. Es un dicho muy bonito, para la que se puede encontrar fácilmente respaldo en el Tania. Respecto a explícitamente el segundo punto: el comienzo de Igueret HaTeshuvá afirma que la esencia del arrepentimiento, de acuerdo a la Torá, es simplemente el abandono del pecado – lo kmportante es seguir hacia delante. En cuanto al papel que juega la necedad en el pecado, según el Tania, se podría decir que el pecado es cien por cien necedad, siguiendo la afirmación de los sabios de que “una persona no comete una transgresión a menos que se apodere de ella un espíritu de necedad.” Según el Rebe Najman de Breslov, parece que una persona no comete una transgresión a menos que haya perdido la esperanza en algo, y como sabemos, el Rebe Najman sostiene que la desesperanza en sí misma es necedad.

Ahora, lo que nos gustaría hacer es ampliar esta hermosa afirmación. Lo que no se menciona explícitamente es la conexión causal entre ambas partes. La conexión causal entre ambas partes es que, si la transgresión es un 99% necedad y un 1% maldad, y, dado que el arrepentimiento consiste en un 99 % en mirar hacia el futuro y en un 1 % en lamentar el pasado, hay que decir que ambos aspectos se complementan mutuamente. En otras palabras, el remedio para la necedad, la insensatez, consiste en cambiar el propio comportamiento de ahora en adelante. Por el contrario, el 1% de mal se rectifica a través del 1% de arrepentimiento por el pasado. No hay nada de lo que lamentar por haber sido insensato, pero sí hay algo de lo que lamentar por haber sido malvado.

¿Cómo se puede afinar aún más este hermoso dicho, que quería explicar especialmente a los jóvenes? Según este dicho, deberíamos poner mucho menos énfasis en pensar en términos de una “inclinación al mal” y una “inclinación al bien” (ietzer hará y ietzer tov). En nuestra generación, que es una generación llena de Ba’alei Teshuvá, una generación de Teshuvá (un retorno a la observancia), a la gente no le gustan estos términos. Y aquí tenemos una fuente hermosa y de primer nivel que nos dice que, en efecto, no son tan relevantes, porque toda la “inclinación al mal” que uno pueda tener, todo el propio ietzer hará, constituye solo el 1% de nuestro carácter. El otro 99% de nuestro carácter que se refleja en nuestras transgresiones es simplemente debido a nuestra insensatez, actuamos de una forma necia, pero no somos malvados. Del mismo modo, cuando hablamos de cuál debería ser la guía para nuestra generación, la generación de la Teshuvá, se trata simplemente de un mensaje que nos anima a empezar a hacer lo que hay que hacer. Únete a una buena comunidad y empieza a actuar de forma positiva y constructiva para incidir en la realidad. El pasado ya pasó. Centra toda tu atención en el futuro y en dejar atrás tus tonterías.

Por qué Di-s y los Profetas son tan duros

El Alter Rebe escribe en el Tania que a veces una persona debe reprenderse a sí misma, es decir, reprender a su alma animal y a su inclinación al mal, diciéndoles: “sois malvadas y perversas, abominables, repulsivos y viles, etc.” Esto para humillar al “otro lado” (la sitra ajra), la tosquedad y herejía del alma animal, y así revelar y elevar el alma divina. Como ejemplo de esto, cita el beneficio que trajeron las palabras de Moisés al pueblo de Israel tras el Pecado de los Espías. Al principio, el pueblo no creía que Di-s pudiera llevarlos a la Tierra de Canaán, como decían los espías: “porque es más fuerte que nosotros”, es decir, más fuerte que Él, Di-s, por así decirlo. Moisés les reprendió y les dijo que Di-s estaba enfadado con ellos y había jurado que no entrarían en la Tierra de Canaán, solo sus descendientes lo harían. Como resultado, cambiaron de rumbo inmediatamente y dijeron: “Estamos listos y subiremos [a la Tierra].”[1] La reprimenda llevó al pueblo a un estado de corazón compungido, lo que significaba que humilló a la kelipá, las fuerzas negativas dentro de su carácter que se habían alzado y, movidas por el propio orgullo, se levantaron contra la instrucción de Di-s. Una vez que sus corazones se quebrantaron y se presentaron con sumisión ante Di-s, su yo judío esencial – su alma divina – se reveló, y toda la fuerza de la fe en Di-s que yace oculta en el corazón de cada judío les proporcionó el valor y la fe necesarios para conquistar la Tierra de Canaán.

El hecho de que sea necesaria una reprimenda para eliminar los elementos impuros de nuestra psique responde a una pregunta que se plantean muchos de aquellos que, al despertar, se acercan a la Torá y regresan a Di-s: ¿Por qué la Torá – empezando por los Cinco Libros de Moisés, el Pentateuco y continuando a través de las palabras de los Profetas y los Escritos y posteriormente en numerosas manifestaciones de los sabios – contiene amenazas de castigos severos, maldiciones y cosas por el estilo dirigidas a los pecadores?¿No es acaso Di-s la esencia misma del bien, y no es “la naturaleza del Bien hacer el bien”?[2] La Torá en sí es buena, como dicen los sabios, “no hay ‘bien’, sino la Torá.” De hecho, ¿qué hace todo este mal – amenazas, castigos y maldiciones – en la Torá? ¿Cómo es posible que una Torá de bondad[3] contenga tanta ira y castigo?

La respuesta es que las maldiciones y los juicios severos se consideran el método probado y contrastado de humillar al mal, y un medio maravilloso para revelar el alma divina. Las maldiciones no están destinadas a cumplirse nunca. Están pensados para asustar a la inclinación al mal. Están destinados a humillar a la kelipá, que en cada generación vuelve a levantar su cabeza (como “una raíz que produce hiel y ajenjo”).[4] Su propósito es someter la herejía y las dudas y revelar la fe.

El pueblo está encantado con escuchar todas las promesas de la Torá sobre el bien que les espera a quienes siguen las instrucciones de Di-s. Naturalmente, no sienten lo mismo respecto a los castigos severos, como los de la parashat Bejukotai y la parashat Tavó. Pero la forma correcta de responder a las duras palabras y a las reprimendas es comprender que nos exigen que fortalezcamos nuestra fe en Di-s, fe que aumenta cuando desarrollamos el reconocimiento de nuestra propia bajeza como resultado de la reprimenda. La intención es que, desde dentro de las palabras duras y reprobatorias, la fe se revele, y entonces todo se transforme en una bondad que pueda ver y experimentar.[5]

Cuando Moisés y todos los profetas posteriores nos dicen que hemos pecado y que estamos destinados a seguir pecando, su intención es reprendernos y, precisamente al conmover el corazón con estas acusaciones y esta reprimenda, salvarnos del pecado presente y futuro. En esencia, se trata de una atención profiláctica, una medicina preventiva que se aplica bien antes de que cometamos el pecado, bien para evitar que sigamos pecando mediante el arrepentimiento que realizaremos por los pecados que ya hemos cometido. A lo largo del Tanaj, encontramos que los verdaderos profetas siguen este método pesimista, mientras que los falsos profetas constantemente complacen al pueblo con optimismo, lo que a la larga (a veces incluso a corto plazo) les impide arrepentirse y, paradójicamente, los lleva a seguir pecando, de formas aún peores.

¿Tuvo éxito este enfoque? ¿Lograron Moisés y todos los profetas, mediante su amenazante reprimenda, salvarnos del pecado? En la práctica, vemos que este enfoque no funcionó tan bien (excepto, en cierta medida, entre quienes “temían a Di-s”); el pueblo llano continuó pecando. El camino de los profetas se convirtió en el camino del musar, un camino que seguían los predicadores, maguidim ó mojijim (מוֹכִיחִים o מַגִּידִים) que lanzaban discursos apocalípticos sobre sus audiencias. Esta era la forma habitual de actuar para los predicadores hasta que nuestro maestro, el Ba’al Shem Tov, abogó por un camino diferente.

Cuando a una persona se le dice que es esencialmente un pecador, “Sabía que pecarías”, acepta esto, y las propias palabras le llevan al pecado. Esto alcanza su extremo absoluto con el cristianismo, que sostenía que la esencia misma del hombre es el pecado y que toda la humanidad es esencialmente una autorreflexión del pecado primordial de Adán). Para decirlo claramente: el atributo de Moisés de juicio estricto y severo, midat hadin (מִדַּת הַדִּין) implantó una multitud mixta, erev rav, (ערב רב) de sentimiento severo en el corazón de cada judío, y el alma de Moisés debe regresar en cada generación para rectificar esto.


[1] Números 14:40.

[2] Eitz Jaim, comienzo de Sha’ar HaKelalim.

[3] Proverbios 31:26.

[4] Deuteronomio 29:17.

[5] De hecho, el valor de “fe”, emuná (אֱמוּנָה), 102 es 6 veces el valor de “bien”, tov (טוֹב), lo que significa que “fe” es el valor de las 6 posibles permutaciones de “bien” (טוב טבו בטו בוט ובט וטב) – la fe es la máxima expresión y logro culminante del bien”

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