DAVID Y SALOMÓN: DE LOS SALMOS A PROVERBIOS

CALENDARIO HEBREO: El mes de Siván (Shavuot)

Shavuot es el iahrzeit del rey David. David fue sucedido por su hijo Salomón, quien tenía solo 12 años cuando ascendió al trono de Israel, el trono de una monarquía aún unificada. Así, Shavuot también es el día en que «salió el sol y se puso el sol» (Eclesiastés 1:5): el sol de Salomón salió, mientras que el de su padre se puso. Marca el paso de los cantos de David a los proverbios de sabiduría de Salomón, tema que HaRav Ginsburgh aborda en este artículo.

Este artículo fue pronunciado en inglés el 12 de Siván de 5785 como parte (n.º 6) de una serie de enseñanzas que sirven de introducción al Libro de los Proverbios. Se publica aquí por primera vez.

El sol salió y el sol se puso

Antes de pasar al Libro de los Proverbios, examinemos primero un versículo hacia el final de los Escritos. Allí encontramos las últimas palabras del rey David antes de su fallecimiento, encomendándolas a su hijo, el heredero al trono, el rey Salomón. Este es un punto de transición entre los Salmos y los Proverbios. Y el versículo dice lo siguiente:

Y tú, hijo mío Salomón, conoces al Di-s de tu padre. SírveLe con un corazón íntegro y con un alma deseosa.[1]

El versículo continúa, y hay varios versículos más que recogen el testamento y últimas palabras de David a Salomón.

David tenía 70 años en el momento de su muerte en Shavuot, y su hijo Salomón tenía 12 años, aún no había celebrado su Bar Mitzvá. Esto significa que Salomón nació cuando el rey David tenía 58 años. El número 58 es el valor de “gracia”, jen (חֵן). Gracia es uno de los ocho sinónimos de belleza y se refiere específicamente a la belleza simétrica, o simetría. Doce años después, el rey David falleció a la edad de 70 años. 70 es el valor de la palabra que significa “misterio”, sod (סוֹד) o “secreto”. En los Salmos[2] se nos enseña que la esperanza de vida promedio de una persona es de 70 años, y el ejemplo clásico de esto es el rey David. Así pues, ahora, una vez más, el rey David tiene 70 años, su hijo 12, y sus últimas palabras para él son: «Y tú, hijo mío Salomón, [conoce al Padre], conoce al Di-s de tu padre, y sírveLe con un corazón íntegro y un alma deseosa».

Padre e hijo

La palabra que significa “conoce”, dáa (דַּע) también significa conectar o unirse con.[3] Así pues, además de la simple lectura de lo que David le dice a Salomón – “Conoce al Di-s de tu padre”-, el hecho de que se refiera a Di-s como “el Di-s de tu padre” significa que le pide a Salomón que reconozca y sienta en su corazón el mismo sentimiento hacia Di-s que sintió su padre, David. Porque fue de acuerdo con su sentimiento más íntimo y su percepción de la Presencia de Di-s que David sirvió a Di-s. “Quiero que sigas mis pasos”, le dice David a Salomón. Dado que todo el Libro de Proverbios puede describirse como un padre enseñando a su hijo, este versículo es muy similar a Proverbios. En cierto sentido, es como una introducción general a Proverbios que afirma que “servirás a Di-s con un corazón íntegro y un alma ferviente”. Estas dos frases, “un corazón íntegro” y “un alma ferviente, deseosa”, corresponden a David y Salomón.

El corazón perfecto y el alma ferviente

El “corazón perfecto” representa a David en sus oraciones sinceras y conmovedoras a Di-s, tal como se recogen en el Libro de los Salmos. “Perfecto”, en hebreo, significa “completo” o “total”. En los Salmos, David expresa la plenitud de su corazón, todo lo que hay en él; derrama su corazón ante Di-s.

Un alma deseosa significa que una persona tiene un profundo anhelo de conocer a Di-s, de conocer Su sabiduría. El anhelo más profundo de conocer a Di-s – de conocerlLe a través de la Creación – es la motivación más íntima del alma del rey Salomón.

Dado que esta doble frase, “un corazón íntegro y un alma deseosa”, se refiere a los reyes David y Salomón, este versículo de Crónicas sirve de transición entre los dos primeros libros de los Escritos: de los Salmos a Proverbios.

Esta frase también exhibe un fenómeno numérico de lo más sorprendente. La guematria, el valor numérico, de las palabras “servidLe con corazón perfecto y alma deseosa”, veavdehu belev shalem uvenefesh jafetza  (וְעׇבְדֵהוּ בְּלֵב שָׁלֵם וּבְנֶפֶשׁ חֲפֵצָה) es 1118, que es el valor idéntico del versículo más central y esencial de todo el Tanaj, que es: “Escucha, oh Israel, Havaia es nuestro Di-s, Havaia es uno”[4]  (שְׁמַע יִשְׂרָאֵל י-הוה אֱ-לֹהֵינוּ י-הוה אֶחָד ). Este versículo es conocido como el Shemá (siguiendo su primera palabra en hebreo) y se considera la declaración esencial de fe en la unidad y unicidad de Di-s.

Lo sobrenatural y lo natural son uno.

El significado matemático y espiritual de este número, 1118, es que es el mínimo común denominador (es decir, el primer número que es múltiplo tanto de 26 como de 86), específicamente es el producto de 43 veces 26 y 13 veces 86. 26 es el valor del Nombre esencial de Di-s, el Tetragrámaton (י-הוה) y 86 es el valor numérico del Nombre de Di-s, Elokim (אֱ-לֹהִים).

Elokim es el único Nombre de Di-s que se registra en el relato inicial de la Creación en el Libro del Génesis.[5] En el relato de los primeros seis días de la Creación, cuando todo fue creado, el Nombre Elokim aparece 32 veces. En el Shemá, este es el Nombre que traducimos anteriormente como Di-s en: «es nuestro Di-s, Havaia es uno». La palabra final del versículo, «uno», significa que ambos Nombres, Havaia y Elokim, son esencialmente uno y el mismo.

En la Cabalá, las 32 apariciones de Elokim en el relato de la Creación corresponden a los 32 Senderos de Sabiduría con los que Di-s creó el mundo. La traducción aramea de la primera palabra de la Torá, «En el principio», es «con sabiduría», bejujma (בְּחוּכְמָא), lo que significa que el primer versículo de la Torá puede interpretarse como: «Con sabiduría creó Di-s los cielos y la tierra». Existe un principio en el estudio de la Torá según el cual lo que se afirma implícitamente en el Pentateuco se encuentra explícitamente en los Profetas y los Escritos, y así encontramos la idea de que Di-s creó el mundo con sabiduría en el versículo: «Los has creado a todos con sabiduría».[6] 

El valor 86 de Elokim es también el valor de la palabra para “la naturaleza”, hateva (הַטֶּבַע ). Así pues, como se ha explicado, nuestra declaración de fe en un solo Di-s, y que el Nombre Havaia y el Nombre Elokim son esencialmente uno y el mismo, significa que la manifestación sobrenatural de Di-s, Su Nombre Havaia, y Su manifestación natural son una y la misma. Ese es el significado subyacente del Shemá: Di-s es absolutamente uno, pero se le conoce por diferentes Nombres, cada uno de los cuales se refiere a una forma o manifestación distinta de Su revelación al hombre.

Unificando a David y Salomón

Como se ha señalado, el Tetragrámaton, Havaia, cuyo valor es 26, se refiere a la revelación sobrenatural de Di-s, mientras que Elokim, cuyo valor es 86, se refiere a la revelación natural de Di-s. El Shemá, que afirma que el Tetragrámaton y Elokim son uno, indica que ambos Nombres son uno y el mismo. La revelación sobrenatural y la revelación natural están incluidas en la unidad absoluta del Tetragrámaton, Havaia, bendito sea Él.

En otras palabras, la naturaleza misma contiene lo sobrenatural. El Baal Shem Tov, cuyo iahrzeit coincide con Shavuot, dedicó su vida a enseñar que la propia naturaleza es un milagro divino, demostrando abiertamente que Di-s está re-creando continuamente, creando algo de la nada, ex nihilo, en cada instante. Ese es el profundo significado del Shemá, la declaración de fe esencial de la Torá. Esta es la declaración de fe universal de todos los hijos de Abraham – de todos los que creen que Di-s es uno.

Nuevamente, el valor de este versículo, el Shemá, es 1118, y este es también el valor de la frase que marca la transición de David a Salomón: «ServidLe con un corazón íntegro y un alma ferviente». El principio que David enseña a su hijo Salomón es: el corazón íntegro proviene de mí, tu padre, David, y “un alma ferviente” eres tú, mi hijo, Salomón.

Esta frase representa, por tanto, la unificación de las dos mentalidades de David y Salomón: derramar el corazón en oración, como se describe en los Salmos, y la búsqueda de profundas reflexiones y enseñanzas morales, tal y como se revelan en el Libro de Proverbios.


[1] 1 Crónicas 28:9.

[2] Salmos 19:10

[3] Como en “Adán conoció a su mujer, Eva” (Génesis 4:1), donde “conoció” se refiere a un acto de unión matrimonia

[4] Deuteronomio 6:4.

[5] 1:1 hasta 2:3 inclusive.

[6] Salmos 104:24

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