JAMETZ Y MATZÁ

Tanto el Jametz como la Matzá están compuestos por los mismos ingredientes: harina y agua. Sin embargo, la gran diferencia es que el Jametz se infla (fermenta), mientras que la masa de la Matzá no lo hace.
En el plano espiritual:
• El Jametz simboliza el egocentrismo y el orgullo (Ieshut).
• La Matzá representa la anulación del ego y la humildad (Bitul). Por esta razón, la Matzá es llamada “Pan de Pobreza” (Lejem Oni).

LA DISTINCIÓN EN LA ESCRITURA: ח vs. ה
Esta diferencia también se refleja en las propias palabras: Jametz (חמץ) y Matzá (מצה). La distinción radica únicamente en las letras Jet (ח) y Hei (ה). Aunque a simple vista son muy similares, su significado es radicalmente distinto:
1. La letra Jet (ח): Está completamente cerrada por tres lados.
2. La letra Hei (ה): Tiene una pequeña abertura en la parte superior.

LA APERTURA DE LA TESHUVÁ
En la Torá encontramos la palabra “apertura” (Petaj) en el versículo: “El pecado acecha a la puerta (Petaj)”. Esto alude a una persona en una situación donde el error está a su entrada.
En la letra Hei (ה), existe una abertura hacia abajo (que representa la posibilidad de caer en el pecado), pero también posee esa pequeña abertura superior. Esto simboliza que el hombre siempre tiene una “salida” para escapar de su estado anterior y hacer Teshuvá (retorno/arrepentimiento).
Por el contrario, en la letra Jet (ח) del Jametz, no hay apertura superior; el orgullo hace que la persona sea incapaz de liberarse de su condición o de reconocer que necesita cambiar.

EL ORGULLO COMO OBSTÁCULO
Cuando una persona posee el espíritu de la Matzá (humildad), incluso si llega a pecar, comprende que debe rectificar su camino. Pero si se siente como el Jametz (inflado de orgullo), ni siquiera entiende que debe hacer Teshuvá.
Debido a su arrogancia, siempre justifica sus actos y encuentra excusas para explicar por qué todo lo que hace está bien. Incluso si entiende que no actuó correctamente, tendrá excusas para demostrar que no fue su culpa, perdiendo así la capacidad de reparar el daño. Esto no solo aplica después de cometer un error, sino también ante el cumplimiento de una Mitzvá (precepto).

EL EJEMPLO DE LA TZEDAKÁ (CARIDAD)
Un ejemplo de esto se encuentra en el cumplimiento de la caridad. El Talmud relata que el malvado Turnus Rufus le preguntó a Rabí Akiva: “Si vuestro Dios ama a los pobres, ¿por qué no los alimenta Él mismo?”. Rabí Akiva le respondió que Dios lo hace así para dar mérito a quien entrega la caridad.

EL HOMBRE ORGULLOSO (EGO-IESHUT): Utiliza la pregunta de Turnus Rufus como una excusa para evadir la Mitzvá. Siente que todo lo que posee le pertenece solo a él por derecho.

EL HOMBRE HUMILDE (BITUL): Hace un balance sincero consigo mismo. Comprende que debe compartir con otros lo que Dios le ha otorgado. Como explicó Rabí Akiva: aunque un rey esté enojado con su hijo y le prive de sustento, si un amigo del rey viene y alimenta al hijo, el rey se alegrará, pues, después de todo, sigue siendo su hijo.

Esta es la diferencia fundamental entre quien vive bajo el concepto del Jametz y quien vive bajo el concepto de la Matzá en todos los aspectos de la vida espiritual.

Fuente: Adaptado de Likutey Sijot, Vol. 1, pág. 129 en adelante.

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MAAMAR COMPLETO

Resumen de la Clase:

  1. Parashat Tzav: El servicio diligente en el Santuario.
  2. Shabat HaGadol: La preparación activa para la redención.
  3. Hagadá de Pesaj: La mecánica mística de cómo nuestras palabras y pensamientos rompen las cadenas del exilio y atraen la esencia eterna de Dios ().

La “Hagadá” (el relato) es la herramienta que nos permite tomar el “Aquel” (el Dios oculto en el exilio) y transformarlo en un “Esto” (una presencia divina palpable). Al hacer esto con diligencia (Zerizut), como vimos en Parashat Tzav, apresuramos la redención donde “toda carne verá” la gloria de Dios.

El Secreto de “Hagadá”: El Pensamiento y el Habla

En la fiesta de Pesaj, cada año, recitamos el versículo: “Y le contarás (Vehigadata) a tu hijo en aquel día, diciendo: Es por esto que el Eterno hizo por mí cuando salí de Egipto” [1]. Rashi explica: “Es en favor de que yo cumpla Sus mandamientos, tales como este Pesaj, esta Matzá y este Maror” [2].

Este versículo es el eje central de la Hagadá de Pesaj [3]. El nombre mismo de “Hagadá” proviene del precepto bíblico “Vehigadata lebinjá” (“Y le contarás a tu hijo”). Se trata de una mitzvá de relatar la salida de Egipto de forma verbal, pues no basta con solo recordarlo en el pensamiento [4]. Incluso si uno no tiene un hijo, debe preguntarse a sí mismo o decírselo a su esposa [5].

La paradoja gramatical: Ocultamiento y Revelación

Debemos profundizar en la estructura de este versículo. Existe una dificultad gramatical:

  1. “En aquel día” (Ba-yom ha-hu): El término “Aquel” es lenguaje de tercera persona (el “él”), lo cual alude a algo oculto y trascendente.
  2. “Por esto” (Ba-avur ze): El término “Esto” es lenguaje de primera persona (presente), lo cual alude a algo revelado y tangible (como cuando señalamos la Matzá frente a nosotros).

¿Cómo pueden coexistir en un mismo asunto el “ocultamiento” y la “revelación”? Además, ¿cuál es el contenido interno de la expresión “Hizo el Eterno por MÍ”? ¿Por qué la Torá precisa decir “por mí” y no simplemente “hizo el Eterno”?

El Habla en el Exilio y la Redención

El Tzemaj Tzedek [6] (quien ascendió a lo alto el 13 de Nisán de 5626/1866) explica que la salida de Egipto fue, en esencia, la liberación del Habla [7].

En la Cabalá se explica que en Egipto el “Habla” estaba en el exilio. Moisés representa la Voz (Kol), mientras que Aarón representa el Habla (Dibur). Durante el exilio, la voz y el habla estaban separados; por eso Moisés decía: “¿Cómo me escuchará el Faraón, si soy torpe de labios?”. La voz de Moisés era un sonido sin articulación (un potencial oculto), mientras que el habla estaba bloqueada.

Esta separación terminó en la entrega de la Torá en el Sinaí, donde dice: “Y Dios habló todas estas palabras”. En ese momento, la Voz y el Habla se unieron en perfección. El habla es lo que revela al otro lo que está oculto y escondido en la mente y el corazón de la persona [8].

Del mismo modo, en la profecía de Isaías sobre la redención final, se dice: “Y se revelará la gloria del Eterno, y toda carne verá conjuntamente que la boca del Eterno ha hablado” [9].

Notas al pie:

  1. Éxodo 13:8. Este es el versículo base para la obligación de narrar la historia de la salida de Egipto a las nuevas generaciones.
  2. Comentario de Rashi ad loc. Rashi enfatiza que el “esto” se refiere a los elementos físicos del Seder que están presentes frente a nosotros.
  3. El texto menciona la estructura de la Hagadá, específicamente la sección que precede al “Hallel”.
  4. Basado en las enseñanzas de Jabad y el Maguid de Mezritch, donde se explica que el pensamiento pertenece al mundo de la ocultación y el habla al de la revelación.
  5. Pesajim 116a. La obligación de la narración es universal, independientemente de si hay niños presentes.
  6. Rabí Menajem Mendel Schneersohn, el tercer Rebe de Jabad. Su obra “Tzemaj Tzedek” sobre la Hagadá analiza la liberación de la palabra (Pesaj = Pe Sáj, “la boca que habla”).
  7. Zohar, Parashat Vaerá. Explica el concepto de Galut HaDibúr (el exilio del habla).
  8. El habla actúa como un puente entre el “Aquel” (el pensamiento oculto del Creador) y el “Esto” (la realidad revelada).
  9. Isaías 40:5. Versículo que conecta la redención futura con la revelación total de la palabra divina en la materia física.

 La Revelación del Habla en la Redención

El habla es la palabra de Dios que vivifica a todos los seres creados. Durante el tiempo del exilio, esta fuerza vital no es visible de forma revelada. Sin embargo, en el futuro [9] se manifestará ante los ojos de todos.

El texto compara el estado del habla en el exilio con la profecía de Isaías: “Como oveja delante de sus trasquiladores…” [10]. Así como la oveja permanece en silencio mientras le quitan la lana, la fuerza vital divina en el exilio está “callada”, no emite una voz perceptible. Como dice el Salmo: “Para Ti, el silencio es alabanza”.

Aunque el mundo fue creado y se mantiene mediante las “Diez Expresiones” (Maamarot), en la actualidad el Creador no es evidente ni reconocido a simple vista a través de la creación. Esto se debe a los ocultamientos y contracciones (Tzimtzumím) que ocultan la vitalidad divina. Durante el largo exilio de Egipto, el habla divina estuvo en un estado de ocultamiento absoluto. Por ello, el mandamiento de “Contarás a tu hijo” (Vehigadata) tiene como fin revelar esa vitalidad oculta.

El Secreto de la palabra “Hagadá” (Gimel-Dalet)

El Admur Tzemaj Tzedek explica [11] que la palabra “Vehigadata” (והגדת) comparte la misma raíz que el término usado por Jacob cuando llamó a sus hijos [12]: “Reuníos y os contaré (veaguida) lo que os ha de acontecer…” [13].

El Zohar explica que el término Agadá (contar/relatar) encierra el Secreto de la Sabiduría (Sod HaJojmá). Este secreto reside en la conexión entre las letras Guímel ($\text{\cjheb{g}}$) y Dálet ($\text{\cjheb{d}}$):

  • La Guímel representa al dador (Gomel Jasadim – quien otorga bondad).
  • La Dálet representa al pobre (Dal), aquel que no tiene nada propio.

Místicamente, la Guímel simboliza a Zeir Anpín (las seis emociones superiores) y la Dálet simboliza a Maljut (la soberanía/el habla), que se describe como “una luna que no tiene luz propia” [15].

Cuando la Guímel se une con la Dálet sin separación, se alcanza la perfección. El acto de la Hagadá en la noche de Pesaj no es solo una narración histórica; es un unificación mística (Yijud). Al relatar la salida de Egipto, estamos “atrayendo” la luz de las emociones superiores (Guímel) hacia el habla y la acción (Dálet/Maljut).

El Maná y la palabra “Gad”

El texto concluye vinculando esto con el Maná, del cual la Torá dice que era como la “semilla de cilantro” (Zera Gad) [16]. Rashi explica que era redondo como una semilla. Místicamente, el Maná representa el alimento que viene directamente de un nivel espiritual elevado donde la bondad (Guímel) se entrega con abundancia a la vasija receptora (Dálet).

Al cumplir con “Vehigadata lebinjá”, activamos esta misma estructura: el padre (el que otorga/Guímel) transmite la luz de la redención al hijo (el que recibe/Dálet), logrando que la “Voz” y el “Habla” se unan de nuevo, rompiendo el silencio del exilio.

Notas al pie:

  1. Referencia a la Redención Final (Gueulá Amitit vehaShlemá).
  2. Isaías 53:7. Metáfora del silencio ante el sufrimiento o el ocultamiento.
  3. En su discurso jasídico (Maamar) sobre la Hagadá de Pesaj.
  4. Génesis 49:1.
  5. El Zohar (Vayejí) destaca que Jacob quería revelar “el final de los días”, pero la presencia divina se apartó momentáneamente, obligándolo a hablar de forma velada a través del “Secreto de la Sabiduría”.
  6. Tratado de Shabat 104a. Donde se explica el significado de las letras Guímel y Dálet como Gomel Dalim (benefactor de los pobres).
  7. Concepto fundamental en Jasidut sobre la Sefirá de Maljut, que recibe todo de las Sefirot superiores.
  8. Éxodo 16:31. “Y la casa de Israel lo llamó Maná; y era como semilla de cilantro (Gad), blanco…”.
  9. La palabra Gad ($\text{\cjheb{gd}}$) está formada precisamente por la Guímel y la Dálet, simbolizando la unión perfecta de la provisión divina.

 Esta sección final del texto profundiza en la mecánica de la unificación mística y cómo la luz de la sabiduría más elevada desciende hasta los niveles más bajos de la existencia, personificados en los “Cuatro Hijos” de la Hagadá.

La Unificación del “Padre” y la “Hija” (Yijud Abá ve-Barta)

El acto de la Hagadá (el relato) provoca una unificación interna entre la Guímel (el dador) y la Dálet (el receptor). En términos de las Sefirot, esto representa la conexión entre Yesod (el fundamento, la última de las emociones de Zeir Anpín) y Maljut (la soberanía/el habla).

A través de este flujo, el habla —que en el exilio estaba desconectada— se vincula nuevamente con su raíz en la Jojmá (Sabiduría) [18]. El texto subraya que cuando la Torá dice “Vehigadata lebinjá” (Y le contarás a tu hijo), se refiere a que la revelación del habla superior se extiende hasta el nivel del “Hijo”. Esta “extensión” no es un proceso ordinario de causa y efecto, donde la luz se degrada al bajar de nivel, sino que es una proyección de la esencia misma del nivel más alto (Abá / Padre) hacia el más bajo.

“Yo y no un Ángel”: La intervención directa

El texto cita al Alter Rebe (fundador de Jabad) en Likutei Torá para explicar por qué la salida de Egipto requirió la presencia directa de Dios (“Yo y no un ángel”).

  • Egipto era un lugar de impureza extrema.
  • Un “ángel” o un “emisario” solo puede transmitir una luz que ya ha pasado por el sistema de niveles (Seder HaHishtalshelut), perdiendo intensidad en cada paso.
  • Para rescatar a Israel de Egipto, se necesitó la Luz de Abá (la fuente de la Sabiduría de Atzilut), que está por encima de cualquier intermediario. Esta luz es la que permite que lo más elevado toque lo más bajo sin interrupciones.

Los Cuatro Hijos y los Cuatro Mundos

El texto conecta el precepto de “Vehigadata lebinjá” con los Cuatro Hijos de la Hagadá, quienes representan los cuatro mundos de la creación [21]:

HijoMundoExplicación Mística (Pri Etz Jayim)
Sabio (Jajam)Atzilut (Emanación)Representa la Sabiduría pura y la cercanía total a Dios.
Taimado/Simple (Tam)Briá (Creación)Representa el intelecto puro pero sencillo.
No sabe preguntarYetzirá (Formación)Recibe su luz del mundo de Briá.
Malvado (Rashá)Asiyá (Acción)El nivel más bajo, donde las “cáscaras” (Klipot) tienen más fuerza.

El Secreto de la Curación Espiritual: El texto de los escritos del Arizal [23] menciona algo fascinante: el mundo de Asiyá (el más bajo) necesita recibir luz directamente de Atzilut (el más alto), porque la luz de los mundos intermedios no es suficiente para vencer la oscuridad de este mundo físico. Por eso, el precepto de “Vehigadata” (basado en la Sabiduría/Jojmá) se aplica especialmente al hijo que “no sabe preguntar”, para abrir su boca y conectar su alma directamente con la fuente divina.

Notas al pie:

  1. En Jasidut se explica que “El Padre (Abá/Jojmá) fundó a la Hija (Barta/Maljut)”.
  2. Basado en el concepto de que la Hagadá es una continuación de la Sabiduría Divina.
  3. Explicación sobre la diferencia entre la “Luz Interna” (Pnimiyut) y la “Luz Externa” (Jitzoniyut) en las unificaciones.
  4. La Hagadá dice: “Respecto a cuatro hijos habló la Torá”.
  5. Cada hijo requiere un versículo y una respuesta diferente según su raíz espiritual.
  6. Pri Etz Jayim, Shaar Hagadá.
  7. El Rebe de Jabad (en su discurso de 11 de Nisán de 5735/1975) explica que la Sabiduría (Jojmá) debe descender hasta el nivel más bajo para que incluso el que “no sabe preguntar” sea redimido.

 Esta sección final del discurso del Tzemaj Tzedek aborda el propósito espiritual del exilio y cómo el esfuerzo de buscar a Dios en la oscuridad genera una revelación mucho más potente que la que existe en tiempos de claridad.

El “Efecto Palanca”: Elevar desde lo más bajo

El texto cita una parábola del Alter Rebe (Torá Or) sobre cómo levantar una estructura pesada:

  • Si quieres elevar las paredes de una casa, debes colocar la palanca (lever) bajo la viga más baja. Al elevar la base, todo lo que está arriba se eleva automáticamente.
  • Del mismo modo, el alma descendió a este cuerpo físico (el nivel más bajo, comparable a lo “inanimado”) para elevarlo. Al refinar la materia más densa, todos los niveles espirituales superiores que están ligados a ella también alcanzan una elevación sin precedentes. Por eso el hombre es llamado Medaber (el que habla), porque su función es “conducir” (yedaber) y elevar a toda la creación a través de su servicio.

La Paradoja: El Ocultamiento que genera Revelación

Al principio se preguntó por qué el versículo mezcla la tercera persona (“En aquel día”, oculto) con la primera persona (“Por esto”, revelado). El texto explica:

  1. El Ocultamiento (BaIom hahu): En el exilio, Dios se oculta. El término “Aquel” (Hu) alude a una distancia. Esto se compara con un padre sabio que se esconde de su hijo para probar la inteligencia de este. El padre quiere que el hijo lo busque; el ocultamiento no es para separarlos, sino para que el hijo desarrolle su propio deseo y sabiduría al buscarlo.
  2. La Revelación (Ze / “Esto”): Cuando el judío busca a Dios precisamente desde el ocultamiento del exilio, el esfuerzo transforma la oscuridad en luz. Entonces se cumple la profecía: “He aquí, ESTE (Ze) es nuestro Dios, en quien hemos esperado” [26]. El “Esto” representa una claridad tal que se puede señalar con el dedo.

El Secreto de la Luna y la Unión Final

El texto conecta esto con el precepto de la Luna Nueva (Hajodesh haze). El nacimiento de la luna representa la unión del Sol (Zeir Anpín / lo masculino) y la Luna (Maljut / lo femenino).

  • Al igual que la luna desaparece antes de renovarse, el exilio es el momento de desaparición que precede a la gran luz.
  • El final del versículo: “Hizo el Eterno por MÍ” (Asá Havayáh LÍ). Los sabios enseñan que el término “Lí” (Mí/Para Mí) indica algo que nunca cesa, ni en este mundo ni en el venidero.

Notas al pie:

  1. Explicación sobre la transición gramatical de lo oculto a lo revelado.
  2. Isaías 25:9. “Y se dirá en aquel día: He aquí, este es nuestro Dios…”.
  3. Referencia al Sheláh HaKadosh sobre la importancia de despertar el deseo de Dios en tiempos de tribulación.
  4. Likuté Torá, Parashat Shelaj.
  5. El proceso de buscar a Dios en el exilio se llama Bikaush (Búsqueda).
  6. Concepto de Teshuvá (Arrepentimiento) por amor, donde las transgresiones se transforman en méritos.
  7. La “Luz que proviene de la oscuridad” tiene una cualidad superior a la luz constante.
  8. Éxodo 12:2. “Este mes será para vosotros el principio de los meses”.

La Eternidad de lo Divino: El Secreto de “Lí” (Para Mí)

El texto concluye citando el Midrash sobre la palabra hebrea Lí (לי – Para Mí), que aparece en numerosos contextos sagrados:

“En todo lugar donde está escrito , no se mueve (no cesa) ni en este mundo ni en el mundo venidero. Sobre los Cohanim (Sacerdotes) está escrito: ‘Y me servirán a Mí’; sobre los Levitas: ‘Y los Levitas serán para Mí’; sobre Israel: ‘Porque para Mí son los hijos de Israel’; sobre la ofrenda: ‘Y tomarán para Mí una ofrenda’; sobre los primogénitos: ‘Porque Mí es todo primogénito’; sobre el Sanedrín: ‘Reúneme (para Mí) a setenta hombres’; sobre la Tierra de Israel: ‘Porque Mía es toda la tierra’; sobre Jerusalén: ‘La ciudad que elegí para Mí’; sobre el reinado de David: ‘Porque he visto entre sus hijos un rey para Mí’; sobre el Templo: ‘Y me harán a Mí un Santuario’; sobre el Altar: ‘Un altar de tierra harás para Mí’; sobre los sacrificios: ‘Cuidaréis de ofrecerme (a Mí)’; sobre el aceite de la unción: ‘Aceite de unción sagrada será este para Mí’. Por lo tanto, el término indica algo que es eterno y nunca cambia” [33].

El Triunfo sobre el Exilio

Esta eternidad es el resultado de la unificación mística de la Sabiduría (Jojmá). Cuando tomamos el “Aquel” (Hu – el ocultamiento del exilio) y lo transformamos en un “Esto” (Ze – la revelación de la fe), generamos una luz que no puede ser apagada.

Cuando una persona vence su inclinación al mal y hace Teshuvá (arrepentimiento), sus transgresiones voluntarias se transforman en méritos. Esta luz, que nace precisamente de la oscuridad del exilio, es inmutable. Una vez que el judío ha salido de su “Egipto” personal (sus limitaciones y bloqueos), ya no vuelve a su estado anterior; la redención se vuelve eterna.

La Salida de todas las Limitaciones

La Hagadá nos enseña que la salida de Egipto (Yitziat Mitzráim) es, en realidad, la salida de todos los límites (pues Mitzráim comparte raíz con Metzarím, “estrecheces”).

  • El servicio a Dios basado en capacidades limitadas o tiempos específicos puede cesar.
  • Pero el servicio que proviene de la esencia del alma (el nivel de “Aní Havayáh lo shanití” – Yo soy el Eterno, no he cambiado) está por encima del tiempo y el espacio. Esta es la luz que “no se mueve jamás”.

Epílogo: La Sabiduría para los Niños y la Llegada del Mashíaj

El texto finaliza vinculando la palabra “Le-binjá” (A tu hijo/niño) con una profecía sobre los tiempos del Mashíaj. Se explica que hacia el final del exilio, incluso los “niños” (aquellos con menos conocimiento o los más jóvenes) podrán encontrar y comprender los secretos más profundos de la Sabiduría de la Torá (Sitri Jojmá) [34].

Esto se cumple a través de la difusión de las fuentes internas de la Torá (el Jasidismo). Como el Baal Shem Tov relató en su famosa carta sobre su ascenso de alma:

“Pregunté al Rey Mashíaj: ‘¿Cuándo vendrás, mi señor?’. Y él me respondió: ‘Cuando tus manantiales se difundan hacia afuera’” [35].


Notas al pie finales:

  1. Vayikra Rabá 2:2. El concepto de que lo que es “para Dios” es eterno.
  2. Zohar. Referencia a que en la generación previa al Mashíaj, los secretos de la Torá serán accesibles para todos.
  3. Iguéret HaKodesh del Baal Shem Tov. La condición para la redención es la difusión de la sabiduría interior de la Torá (los manantiales) a los lugares más alejados (hacia afuera).

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