Parashá Ki Tavó y Conversión
En el marco del pacto de responsabilidad mutua (arvut) celebrado con la entrada a la Tierra de Israel, se construyó un altar de piedras sobre el cual se escribieron todas las palabras de la Torá “bien esclarecidas”, en los setenta idiomas. Esta escritura enseña que toda la Torá —con la cual el pueblo de Israel se compromete en ese momento— encierra un mensaje y una promesa para la humanidad entera.
El «punto del judaísmo» —comprometido con el cumplimiento de la Torá de Dios, con la responsabilidad mutua de Israel y con la rectificación del mundo entero (Tikún Olam)— existe de manera manifiesta únicamente en el pueblo de Israel, portador de un alma divina que es “una porción Divina de lo Alto, literalmente”. No obstante, también en los miembros de las demás naciones puede existir, en estado de ocultamiento y como una luz circundante (makif), una chispa de ese mismo punto. El encuentro con la Torá es capaz de despertar este punto, extraerlo de su ocultamiento y llevar a esa persona a convertirse conforme a la Halajá e incorporarse al pueblo judío. Por esta razón, quien se convierte es llamado en las fuentes “un prosélito que se convirtió” (y no “un no-judío que se convirtió”), pues el proceso de conversión simplemente reveló la chispa de alma que ya habitaba en su interior desde antes.
Para ser más precisos: una chispa divina reside en cada ser humano e incluso en cada creación. Hay personas en quienes la chispa está oculta, pero su presencia latente se percibe: es un potencial que se encuentra en el umbral de la consciencia, una fuerza que pugna por manifestarse y concretarse. En cambio, en otros la chispa se encuentra enteramente oculta, sin ninguna presencia activa o perceptible, siendo más exacto definirla como una «capacidad latente» que, por vía natural, jamás llegaría a revelarse.
Rabí Yehudá sostiene que la Torá se escribió sobre las piedras del altar y de inmediato se cubrió con una capa de cal que ocultó la escritura. Una escritura oculta de este tipo —que existe en la realidad pero permanece velada a la vista— tiene la virtud particular de atraer hacia sí a aquellas almas cuya chispa divina está próxima a la consciencia, latiendo bajo la superficie en busca de expresión. Su punto oculto «intuye» lo que se esconde bajo la cal y despierta para unirse al pueblo de Israel, aun sin un llamado explícito a acercarse y retornar al bien. Así funcionó la conversión a lo largo de todas las generaciones del exilio: no se realizaba ningún esfuerzo proactivo por aproximar a las naciones, y solo quien acudía por propia iniciativa —sin amedrentarse ante las advertencias y los distanciamientos iniciales— merecía ingresar al pueblo de Dios.
Rabí Shimón, por el contrario, afirma que la Torá se escribió directamente sobre la cal, visible a los ojos de todos, concluyendo con una frase que invitaba abiertamente a las naciones a aprender. Siendo el maestro de la dimensión oculta (Nistar), Rabí Shimón es sensible incluso a una chispa tan velada que carece de manifestación palpable; confía en que la exposición a la luz de la Torá —manifiesta e invitante— puede despertar incluso esa capacidad latente más profunda, revelando la chispa y acercándola. A este sendero de conversión debemos acceder en la antesala de los días del Mashíaj, cuya llegada depende del retorno de todas las chispas dispersas hacia el pueblo de Israel.
La raíz de ambos caminos se halla en el primer judío, nuestro patriarca Abraham. Mientras aún era “Avram el hebreo” (Avram HaIvrí), situado del otro lado frente a la humanidad, atraía almas hacia la fe en Dios, uniendo a todo aquel en quien reconocía una chispa en búsqueda del Creador. Sin embargo, tras el pacto de la circuncisión (Brit Milá) y el cambio de nombre a Avraham (“padre de una multitud de naciones”), recibió la fuerza de invocar el Nombre de “Havayá, Dios del mundo” (El Olám): difundir a toda la humanidad la unidad de Dios con el mundo y despertar incluso a las chispas más lejanas, hasta la consumación del destino profético: “Pues entonces transformaré el lenguaje de los pueblos en un idioma claro, para que todos invoquen el Nombre de Havayá y le sirvan hombro a hombro”.
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