NO DUDEN DEL SANTO ARI

HISTORIAS DE TZADIKIM

Rabi Moshe Cordovero (el Ramac)

Rabi Moisés Cordovero nació en el año 5282 (1522), siendo hijo de Rabi Iaacov. Se desconoce su lugar de nacimiento, aunque su apellido indica que su linaje se remonta a la ciudad de Córdoba, en España. Creció y vivió en Tzfat, donde estudió Guemará y derecho judío con Rabi Iosef Karo. Según una tradición, recibió la ordenación rabínica de Rabi Iaacov Berav, quien renovó la institución de la semijá. Se casó con la hermana de Rabi Shlomo Alkabetz y, a los veinte años, comenzó a estudiar Cabalá bajo la tutela de su cuñado. Tras unos años, comenzó a dirigir una ieshivá en Tzfat. Entre sus alumnos se encontraban Rabi Jaim Vital y Rabi Eliahu de Vidas, autor del Reishit Jojmá.

La obra del Ramac, el Pardes Rimonim, se imprimió en vida del autor y se convirtió en un texto fundamental para el estudio de la Cabalá, mientras que sus otras obras – Eilimah y Shi’ur Komah, que exponen su sistema cabalístico – se imprimieron mucho más tarde. En sus escritos, el Ramac sintetiza los enfoques cabalísticos de los Rishonim, dialogando y dirimiendo entre ellos. Asimismo, compuso un comentario sobre el Zohar y el Tikunei Zohar titulado Or Iakar, así como una obra de musar llamada Tomer Devora, fundamentada en los trece atributos de misericordia Divina y el imperativo de «y andaréis en Sus caminos». En el año 5322 (1562), a la edad de cuarenta años, nació su hijo, Rabi Guedaliah. Rabi Moshe Cordovero falleció el 23 de Tamuz de 5330 (1570), a la edad de 48 años, y fue sepultado en el cementerio de Tzfat.

El día en que el Ramac, de bendita memoria, partió de este mundo, sus discípulos y los demás sabios de la generación fueron a visitarlo. Él les dijo: «Sabed, maestros míos, que un hombre surgirá después de mí e iluminará vuestros ojos con la sabiduría de la Cabalá. Y aunque podáis percibir que contradice mis palabras, no es así, pues todo es uno. En mis días, los canales de la santidad aún estaban sellados, y escribí mis enseñanzas con gran secretismo, en términos de sefirot.

Pero después de mi partida, esos canales se revelarán más plenamente, y ese hombre expondrá sus enseñanzas en términos de partzufim (personalidades) y demás. Es por esta razón que os pueda parecer que se aparta de mis palabras. Por lo tanto, os advierto: no le contradigáis, pues tal fue la Torá que su alma recibió del Sinaí – y con mayor razón aún, puesto que la chispa de su alma proviene de Rabi Shimon bar Iojai, de bendita memoria».

Cuando sus alumnos oyeron estas palabras, le insistieron en que revelara la identidad del hombre, pero él se negó, diciendo: «Como él mismo no desea ser revelado, tampoco yo deseo revelarlo. Sin embargo, les daré una señal: quien merezca contemplar la columna de nube que camina delante de mí féretro, ese es el hombre del que Di-s ha hablado, para que sea príncipe y guía de Su pueblo, Israel».

Cuando los portadores del lecho en el que yacía el cuerpo del Ramac llegaron al cementerio, intentaron preparar su tumba cerca de la de los grandes sabios de la época. Pero Rabi Itzjak Luria, el Ari, les dijo: «Este no es su lugar, pues la columna de nube que precede al ataúd ha seguido su camino y se ha posado en otro sitio». Al instante comprendieron que se trataba del hombre del que había hablado el Ramac, de bendita memoria.

*

Una noche, el santo Ari estaba enseñando Torá ante la congregación, y entre los presentes se encontraba un estudiante de Rabi Moses Cordovero. Este estudiante intervino respecto a la enseñanza que el Ari estaba exponiendo, y dijo que el Ramac tenía una opinión diferente. El santo Ari se apartó y guardó silencio. El estudiante preguntó: “¿Por qué el maestro permanece en silencio?”. Él respondió: “Sabed que el alma del Ramac está sentada en un trono en este mismo lugar, escuchando vuestras palabras y os ha dicho que estáis mintiendo”. El estudiante dijo: “¿Quién puede dar fe de esto?”. El maestro dijo: “Esperad”.

El santo Ari volvió a dirigirse hacia allí y habló con el alma del Ramac; luego, se volvió hacia el estudiante y le dijo: «Esto es lo que me dijo el Ramac: ve a ver a su esposa y pídele que te dé un libro en particular, ábrelo en una página y columna específicas, y allí encontrarás su razonamiento en total concordancia con mis palabras». El estudiante así lo hizo, y encontró el texto escrito exactamente como el santo Ari lo había dicho.

(Toldot HaAri)

En esta maravillosa historia se pueden apreciar muchas cosas: la humildad del Ramac, el Ru’aj HaKodesh del Ari y la enorme distancia que separa, por un lado, las disputas imaginarias y, por otro, la auténtica consideración mutua y la complementariedad. Resulta también sorprendente que, si bien el Ramac había escrito sobre partzufim – uno de los sellos distintivos de la Cabalá del Ari -, no publicara estas obras hasta que el Ari llegó y reveló sus propias enseñanzas, tal como se refleja en la historia, donde el manuscrito en posesión de la viuda del Ramac confirmaba las palabras del Ari. ¿Por qué la guía Divina dispuso las cosas de tal manera que solo el Ari revelara toda la profundidad de la intención del Ramac?

Solo puede ser que, dentro de la Cabalá del Ramac, tal como se presenta, se oculte un secreto, uno que permanece profundo y relevante incluso después de las enseñanzas del Ari. Para entender de qué se trata, comencemos con una historia jasídica:

En ocasiones, cuando el Baal Shem Tov enseñaba Torá, el Toldot – Rabí Iaacov Iosef de Polonne – exclamaba repentinamente: “¡El Ari escribe otra cosa!”. Una vez, en una noche de Shabat, el Baal Shem Tov estaba estudiando un discurso junto con el Ari, y despertó al Rebe Ze’ev Kitzes, que dormía cerca, para que pudiera verlo y servir de testigo de que el santo Ari efectivamente lo había estudiado con él, en caso de que el Toldot afirmara más tarde que no estaba escrito así en el Ari.

Y así fue: al día siguiente, cuando el Baal Shem Tov repitió el discurso, el Toldot exclamó: “¡Esto no es lo que está escrito en el Ari!”. Ante esto, el Baal Shem Tov llamó al Rebe Zev Kitzes para que testificara que esto era precisamente lo que le había oído aprender junto con el santo Ari.

La historia se repite. La misma acusación que los estudiantes del Ramac lanzaron contra el Ari ahora la lanzan los estudiantes de la Torá del Ari contra el Ba’al Shem Tov, y exactamente de la misma manera que respondió el Ari, así responde también el Ba’al Shem Tov.

Lo que hace esto aún más asombroso es que el Baal Shem Tov se presentó como el sucesor directo del Ramac en particular. En sus propias palabras: «La enseñanza de que el bendito Ein Sof llena todos los mundos, los rodea y está dentro de ellos, y que no hay lugar vacío de Él, ni siquiera en las cosas más humildes, este es el enfoque cabalístico del Ramac, de bendita memoria, y sobre él he construido y establecido también nuestro propio camino verdadero».

Quién, entonces, es más preciso: ¿el Ari, con quien el Ramac coincidió, o el Ramac, sobre cuyos cimientos se construyó la Torá del Baal Shem Tov?, y ¿quién en la historia recibió la propia confirmación del Ari?

La verdad, tal como la enseñó el Rebe Isaac de Homel, es que el Ramac, el Ari y el Ba’al Shem Tov representan tres etapas en la evolución de la Cabalá.

La primera etapa se conoce como Hishtalshelut (posiblemente traducible como “evolución”). La Cabalá del Ramac describe las etapas de la Creación y el desarrollo de la multiplicidad desde la unidad. La cosmovisión que presenta se asemeja a una cadena de anillos entrelazados, que se extiende desde el Creador hacia abajo a través de los mundos inferiores.

La segunda etapa se conoce como Hitlabshut (“investidura-investimento”). La Cabalá del Ari describe la Creación como un sistema de partzufim (personalidades-perfiles), diversas expresiones de la “personalidad Divina” entrelazadas como un alma dentro de un cuerpo.

La tercera y última etapa es Hashra’ah («inspiración» o «inmersión»). La Cabalá del Baal Shem Tov nos muestra cómo las criaturas finitas pueden sentirse inmersas o inspiradas por lo Infinito, que habita a su alrededor y fluye a través de ellas. La Cabalá del Ari se fundamenta en la tradición cabalística anterior, interpretándola y ampliándola; y la Cabalá del Baal Shem Tov refina y profundiza lo que le precedió.

La aparente diferencia entre el Baal Shem Tov y el Ari se expresa con mayor claridad en el misterio del tzimtzum (contracción). Quien estudie los escritos del Ari podría concluir que la contracción debe entenderse literalmente: que la revelación (o luz) infinita de Di-s se retiró de la Creación y ya no está presente en ella. Pero según el Baal Shem Tov, toda la descripción de la contracción es una parábola, narrada desde nuestra perspectiva limitada; y la Presencia de Di-s y Su luz pueden percibirse incluso en el vacío de la contracción en el que vivimos. Significativamente, es precisamente en el sistema del Ramac donde el concepto de contracción no aparece en absoluto; en su lugar, solo hay una evolución continua (Hishtalshelut), un flujo ininterrumpido desde Di-s mismo hasta los confines más remotos de los mundos creados. Es de esto de donde el Baal Shem Tov extrae su inspiración, entendiendo que todas las innovaciones del Ari no deben tomarse en sentido literal.

La Cabalá del Ramac es más sencilla y fundamental, y aborda con menos profundidad matices y capas. Sin embargo, es precisamente gracias a esta sencillez que el Baal Shem Tov pudo despojar a las palabras del Ari de toda connotación material y culminar el proceso iniciado por el Ramac y continuado por el Ari. El Ari reveló la profundidad de la intención del Ramac y la riqueza latente en la Cabalá más sobria que había expuesto; y a través de la visión del Ramac – que presenta el mundo y la Divinidad como un único, continuo e ininterrumpido -, el Baal Shem Tov reveló a su vez la profundidad de la propia intención del Ari.


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