EL AMOR POR LAS CRIATURAS Y LA VISIÓN DEL BIEN
EN LAS ENSEÑANZAS DEL RAV KOOK
Rabino Itzjak Ginsburgh
Transcrito por Itiel Guiladi. Encuentro de Rabinos, 5 de Menajem Av 5786 (Parte III) – Kfar Jabad
Resumen del desarrollo de la clase
En el Encuentro de Rabinos celebrado con motivo de la hilulá del Arizal se dedicó una sección al tema del amor por las criaturas en la concepción del Rav Kook.
El capítulo I enseña cómo el amor por las criaturas constituye la base de los amores esenciales: el amor a Dios, el amor a la Torá, el amor a Israel y el amor a la Tierra de Israel, que los incluye a todos. Este amor es la manifestación y el reflejo de Dios en toda la Creación. Los cinco amores se integran en una estructura interior completa, en correspondencia con los mundos y con los cinco libros de la Torá.
El capítulo II aborda la relación entre “Sur merá veasé tov” —“Apártate del mal y haz el bien”— cuando contemplamos a un judío que, a primera vista, parece estar lleno de mal y necesitamos descubrir el bien que hay en él. Presenta cuatro niveles de esta cuestión y destaca el lugar particular que ocupa el Rav Kook.
En honor a la hilulá del Rav Kook, que tendrá lugar el próximo 3 de Elul, publicamos esta sección especial del Encuentro de Rabinos, dos partes del cual ya fueron publicadas en números anteriores.
A. EL AMOR POR LAS CRIATURAS
JABAD Y EL RAV KOOK
En un principio habíamos pensado realizar el encuentro alrededor del 3 de Elul, para ocuparnos también de las enseñanzas del Rav Kook. Pero como dice el principio “zerizim makdimim”, “los diligentes se adelantan”, adelantamos el encuentro hasta hoy. De todos modos, queríamos decir algo también en nombre del Rav Kook.
Comencemos señalando que el vínculo principal en Jabad con el Rav Kook fue el del Rebe anterior, el Rebe Rayatz, quien vivió y actuó contemporáneamente con él. El Rav Kook era quince años mayor que el Rebe Rayatz y también falleció quince años antes que él; ambos vivieron aquello que dice el versículo: “Los días de nuestros años son setenta años”[1].
Existía entre ellos una valoración y un respeto muy grandes. Cuando el Rebe Rayatz estuvo encarcelado, el Rav Kook trabajó intensamente para conseguir su liberación[2]. Al año siguiente de su liberación, publicó, junto con el Rav Iosef Jaim Sonnenfeld, una proclama llamando al público a participar en la reunión de 12 de Tamuz[3].
También el Rebe Rayatz escribió cartas expresando una gran estima y amor hacia el Rav Kook[4], y preguntaba especialmente por el bienestar del Rav Tzvi Iehudá[5]. Cuando el Rav Kook enfermó, ordenó al personal y a los alumnos de la Yeshivá Tomjei Temimim que rezaran especialmente por su curación[6].
Lo que diremos ahora conecta un aporte del Rebe Rayatz con un aporte del Rav Kook acerca de un tema conocido en el Jasidut:
Del amor a Dios al amor por las criaturas
Generalmente, en el Jasidut se enseña[7] que existen tres amores esenciales: el amor a Dios, el amor a la Torá y el amor a Israel.
El Rebe Rayatz añadió un amor más: el amor a la Tierra de Israel[8]. Tenemos entonces el amor a Dios, el amor a la Torá, el amor a Israel y, como un amor independiente que acompaña al amor a Israel, el amor a la Tierra de Israel. Es el amor de los anhelos por Tzión que acompañaron al pueblo judío durante todas las generaciones y que ahora se concretan y se intensifican al haber tenido el mérito de vivir el retorno a Tzión.
El Rav Kook añade[9] que existe todavía otro amor. No es un “amor esencial” que pueda contarse entre los tres amores —o entre los cuatro, al añadir el amor a la Tierra de Israel—, sino un amor especial y adicional: el amor por las criaturas (ahavat habriot), que también debemos encontrar en el Jasidut[10].
“Criaturas” no significa solamente judíos, sino todos. Cuando el Rav Kook habla del amor por las criaturas, se refiere a todos: no solamente a todas las personas, sino a todos los seres creados[11].
Por supuesto, él no inventó la expresión. Ya Hilel enseñó que debemos aprender de Aharón a ser “ohév et habriot”, “amante de las criaturas”[12]. Pero la idea fundamental del Rav Kook es que sin amor por las criaturas no puedes amar verdaderamente a Israel. Y, en realidad, en el amor por las criaturas existe una especie de “sofán nautz betejilatán”[13], “su final está unido a su principio”: desde ese amor regresamos al amor a Dios.
Es un círculo: “Ani Rishón veAni Ajaron”[14], “Yo soy el Primero y Yo soy el Último”. Dios es el primero y Dios es el último.
Podríamos expresarlo con una frase al estilo de las que él apreciaba[15]: el amor por las criaturas es el “trono” de todos los amores, hasta el punto de que, a través de él, llegamos nuevamente al principio, al amor a Dios.
El Rav Kook escribe que no es posible alcanzar el amor a Israel si antes no eres una buena persona. Y una persona buena es alguien que ama todo, salvo que exista una razón clara y manifiesta por la cual sea necesario odiar algo determinado o dañarlo, como ocurre con una serpiente o con cualquier elemento dañino que ponga en peligro la vida de una persona o de la comunidad.
Pero fuera de esos casos, un judío es bueno, y la señal de ello es que ama todo. No odia, no tiene miedo, no vive dominado por el temor o la desconfianza: ama.
El Rav Kook afirma que, sin este amor sencillo y natural, incluso decir “amo a los judíos” es una mentira. No se puede amar a los judíos si no existe previamente una base, una naturaleza interior, de amor hacia todos.
Este es un punto sumamente importante.
El descubrimiento de la santidad en la naturaleza
¿Cómo expresamos este amor en el lenguaje del Jasidut?
¿Hay que amar la mesa? ¿Hay que amar al no judío?
¡Sí!
¿Qué significa esto?
En el Jasidut se habla de la necesidad de contemplar cómo el Creador se refleja dentro de la criatura[16]. Esto es, en esencia, aquello a lo que también se refería el Rav Kook.
Está escrito que “el sello del Santo, bendito sea, es la verdad”[17]. En la obra de la Creación[18], Dios está presente —utilizamos habitualmente la expresión “se refleja”— dentro de la criatura.
Esta es una percepción muy elevada. En última instancia, significa que todo es Dios[19].
Es decir, el amor por las criaturas es el descubrimiento de que también la naturaleza es sagrada[20]. Esto se corresponde con la conocida alusión de que “hateva” — הטבע, “la naturaleza” — tiene el mismo valor numérico que “Elokim” — אלהים[21].
El Rav Kook relaciona[22] tres “pecados” ocurridos durante la Creación:
- El pecado de la tierra, que no produjo “árbol frutal”[23], es decir, un árbol cuyo sabor fuera igual al de su fruto[24], sino que produjo un “árbol que produce fruto”[25].
- La queja de la luna, que dijo: “No pueden dos reyes utilizar una misma corona”[26].
- El pecado de Adam HaRishón.
El Rav Kook explica además que Adam HaRishón podría haber resistido la prueba si no hubiera existido el trasfondo de un mundo que ya había sido alterado por los dos pecados anteriores.
Los pecados ocurridos en la Creación ocultan la santidad de la naturaleza.
En los tres pecados, Dios había querido originalmente producir una mitigación inmediata, una realidad de igualdad:
- entre el árbol y su fruto;
- entre el sol y la luna;
- entre el hombre y la mujer, mediante la mitigación propia del Shabat Kodesh.
Pero el pecado creó una realidad de separación: nuevamente, entre el árbol y su fruto, entre el sol y la luna, y entre el hombre y la mujer, con la maldición de “y él gobernará sobre ti”[27].
Desde entonces, no existe en el mundo una realidad de mitigación sin separación, tal como explicamos siempre[28].
Para revelar la santidad que existe en toda la naturaleza, primero es necesario realizar una labor de havdalá, de separación y discernimiento.
Sin embargo, podemos decir que, para “vivir con el Mashíaj”[29], es posible y necesario que todo sea conforme a la voluntad de Dios —tal como se manifestó en la “firmeza” (jazaká) de estas tres cosas— y llegar inmediatamente a la hamtaká, la dulcificación.
“Mashíaj ahora” — Mashíaj Naú.
Este es el camino para rectificar la naturaleza: revelar, a través del amor por las criaturas, que todo es Dios.
Y en Dios mismo no existe separación: solamente hamtaká, dulcificación y unión.
Notas al pie
[1] Tehilim 90:10. Véase también Sefer HaToldot Admor Maharash, pág. 22.
[2] Véase extensamente lo citado en el libro Padé Beshalom, publicado por el Instituto BaOhalei Tzadikim.
[3] Véase Likutei HaRaaiá, vol. I, en el capítulo “Lemaán Yahadut Rusia”, pág. 295.
[4] Las cartas fueron recopiladas en Igrot LaRaaiá. Véase también Igrot Kodesh del Rebe Rayatz, vol. XIII, carta 4.287 y las referencias allí citadas.
[5] Igrot Kodesh del Rebe Rayatz, vol. II, carta 457. Véase también la carta de condolencias que le envió después del fallecimiento del Rav Raaiá, allí, vol. XVII, carta 6.402.
[6] Véase Igrot Kodesh del Rebe Rayatz, vol. III, carta 9.086.
[7] Véase Sefer HaErjim Jabad, vol. I, págs. 627-628 y las referencias allí citadas; Shaarei Ahavá VeRatzón, artículo “Tres amores que son nueve” y su explicación.
[8] Transmitido por el jasid Rabi Iosef HaLeví Weinberg, quien lo escuchó del Rebe Rayatz durante una reunión jasídica. Véase Shaarei Ahavá VeRatzón, citado anteriormente.
[9] Véase también, por ejemplo, Orot HaKodesh II, HaAjdut HaKolelet 15; Orot HaKodesh III, Derej HaKodesh 7; Midot HaReaiá, Midat HaAhavá, y muchos otros lugares.
[10] Véase Tzavaat HaRibash 12; Majshevet Jarutz 19; Pri Tzadik, artículo Kedushat Shabat 7. Véase también Shaarei Kedushá, parte I, שער ה.
[11] Véase también Orot HaKodesh IV, HaAhavá HaKolelet 20, y las referencias de la nota anterior, entre muchos otros lugares.
[12] Pirkei Avot 1:12.
[13] Sefer Ietzirá 1:7.
[14] Isaías 44:6.
[15] Véase, por ejemplo, Orot HaKodesh III, Musar HaKodesh 136, y muchos otros lugares.
[16] Véase Biurei HaZohar del Admor HaEmtzaí, Beshalaj, s.v. “Od Iesh Lomár” (43, 3); Sefer HaMaamarim 5661, pág. 191 y ss.; Hemshej Taarav II, pág. 1.144-1.145.
[17] Shabat 55a; Talmud Ierushalmi, Sanhedrín 1:1.
[18] Como es sabido, en “Bereshit bará Elokim” las letras finales de las palabras —en un orden determinado— forman אמת, Emet, “verdad”. Asimismo, en “bará Elokim laasot”, las letras finales forman אמת, Emet.
[19] Igrot Mohariá MeHomil, publicada también en Lev Ladaat, pág. 167 y ss.
[20] HaTeva Kadosh — הטבע קדוש — tiene el valor de Maljut, y constituye el triángulo de El, en el secreto de: “Y llamó allí en el Nombre de Havaia, Dios del mundo” (Bereshit 21:33). La diferencia entre HaTeva (86) y Kadosh (410) es exactamente Jai al cuadrado (324). En mispar sidurí, HaTeva equivale a Lev (32), “corazón”, correspondiente a Netivot Jojmá, mientras que Kadosh equivale a Nun (50), correspondiente a Shaarei Biná: Jojmá y Biná. Esto sigue el sentido de “Bereshit bará Elokim”, que en mispar katan suma 32 (Netivot Jojmá), y “Et hashamáim ve’et haaretz”, que suma 50 (Shaarei Biná). Y quien comprende, que profundice.
[21] Pardés Rimonim, Shaar XII, capítulo 2; Tania, Shaar HaIjud VeHaEmuná, comienzo del capítulo 6.
[22] Orot HaKodesh III, capítulo 9. Véase también allí, capítulo 97.
[23] Bereshit 1:11.
[24] Rashi allí.
[25] Bereshit 1:12.
[26] Basado en Julín 60b.
[27] Bereshit 3:16.
[28] Véase Lijyot Im HaZman, vol. III, pág. 136; Shaashuim Iom Iom, vol. III, pág. 282, y muchos otros lugares.
[29] Véase la Sijá de Shabat Parashat Balak 5751, sección 10, y muchos otros lugares.
Parte 2
Correspondencia de los cinco amores
¿Cuál es la estructura interior de los cinco amores? En primer lugar, la explicaremos de acuerdo con la estructura de las letras del Nombre Havaiá, bendito sea.
Los tres amores esenciales “originales” corresponden a las letras י-ה-ו: el amor a Hashem corresponde a la י — iud (Jojmá-Abba), según el secreto de “Havaiá con sabiduría”; el amor a la Torá corresponde aquí a “la Torá de tu madre” —con ella se relaciona especialmente el amor, como está escrito: “Que sus pechos te satisfagan en todo momento; en su amor delíitate siempre”, mientras que “la instrucción de tu padre” inspira más temor—, y corresponde a la ה superior — hei ilaá (Biná-Imma). El amor a Israel corresponde a la ו — vav (Tiferet), según el secreto de “Tiferet Israel”. El amor a la Tierra de Israel, que se suma a estos amores y los incluye, corresponde a la ה inferior — hei tataá, Maljut, que es el recipiente que recibe todos los niveles que están por encima de ella. Finalmente, el amor a las criaturas corresponde ya al descenso de Maljut hacia los mundos inferiores, Beriá-Ietzirá-Asiá — Bi”A, mundos creados por medio de Maljut que ya han salido del ámbito de la unidad divina del mundo de Atzilut.
En estos mundos resulta más difícil percibir a Hashem y, por eso, también es más difícil definir este amor como un “amor esencial”. Sin embargo, el descenso de Maljut hacia los mundos inferiores tiene como finalidad realizar el propósito del deseo del Santo, bendito sea, de tener una “morada en los mundos inferiores”. Hashem ama a las criaturas, a todos los detalles de los mundos inferiores que creó para Su gloria, y nosotros debemos asemejarnos a Él y amar a las criaturas contemplando en ellas la gloria de Hashem: “La tierra resplandeció con Su gloria”.
La propia estructura de los cinco amores concuerda —e incluso podemos decir que es necesaria— según la Cabalá del Arizal, que explica que existen cinco jasadim, cinco bondades, que se extienden desde Daat hacia las sefirot Jesed-Guevurá-Tiferet-Netzaj-Hod. Hay aquí una hermosa alusión: los cinco objetos del amor son Havaiá, Torá, Israel, Eretz Israel y las criaturas, que suman en conjunto 2628, ¡el número triangular de Jesed! Debemos, entonces, hacer corresponder los cinco jasadim con los cinco amores.
El amor a Hashem, el Rav Jesed, infinito, es la esencia misma del Jesed. Corresponde al “día uno” de la Creación, el “ioma deazil im kulhu iomin”, el día que acompaña a todos los demás días, cuando únicamente existía Hashem, el “Uno”. A Guevurá corresponde el amor a la Torá, que escuchamos “mipi haGuevurá — de boca de la Guevurá”, y cuyos preceptos están todos definidos mediante medidas y límites precisos de la Torá. El amor a Israel corresponde a Tiferet, según el secreto ya mencionado de “Tiferet Israel”. El amor a la Tierra de Israel, “Eretz HaJaim — la Tierra de la Vida”, corresponde a Netzaj, donde se encuentra el don de la vida. El amor a las criaturas corresponde a Hod, que desciende cada vez más abajo, según el secreto de “omek tajat — la profundidad inferior”, hasta “mi hod se convirtió para mí en destrucción”, con el propósito de liberar y elevar todas las chispas caídas, algo que solamente puede hacerse desde el amor a los seres inferiores.
Los cinco jasadim se encuentran también en el secreto de las cinco veces que aparece la palabra “or — luz” en el “día uno” de la Creación, correspondientes a los cinco libros de la Torá. De aquí surge otra meditación fundamental sobre los cinco amores. Bereshit, donde se relata la creación del mundo, corresponde al amor al Creador, tal como enseña el Rambam que la contemplación de la Creación despierta el amor a Hashem. Shemot, donde tiene lugar la entrega de la Torá, corresponde al amor a la Torá. Vaikrá, que en general es llamado Torat Kohanim, la Torá de los sacerdotes, dirigida a un “reino de sacerdotes”, hombres de bondad y amor mutuo, y donde particularmente se ordena “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, corresponde al amor a Israel. Bamidbar, el libro de los censos y de los viajes de preparación para llegar a Eretz Israel, conquistarla dentro de sus fronteras y repartirla como heredad, corresponde al amor a la Tierra de Israel. Finalmente, Devarim, Mishné Torá, corresponde precisamente al amor a las criaturas, pues allí aparece la mitzvá de “Veahavta — Amarás”, interpretada también como hacer que Hashem sea amado por todas las criaturas.
Esta última es una meditación muy importante y fundamental, especialmente respecto de Mishné Torá, que Moshé pronunció “mipi atzmó — de su propia boca”, mientras “la Shejiná hablaba desde su garganta”. Este es el ejemplo paradigmático del descenso de Maljut hacia los mundos inferiores de Bi”A y del cumplimiento de “Ubikashtem misham — y buscarán desde allí”. Todas las numerosas novedades en las mitzvot que aparecen en el libro de Devarim se deben al descenso de Maljut para realizar el birur, la depuración y elevación de los mundos de Bi”A.
Resumen de las correspondencias
| Amor | Nombre Havaiá / nivel | Cinco jasadim | Jumash |
| Amor a Hashem | י | Jesed de Jesed | Bereshit |
| Amor a la Torá | ה | Jesed de Guevurá | Shemot |
| Amor a Israel | ו | Jesed de Tiferet | Vaikrá |
| Amor a Eretz Israel | ה | Jesed de Netzaj | Bamidbar |
| Amor a las criaturas | Bi”A | Jesed de Hod | Devarim |
B. El secreto de “Apártate del mal y haz el bien”
Hajnaá-Havdalá-Hamtaká en relación con lo material
Pensé comenzar la clase con lo que está escrito en el calendario Haiom Iom, la recopilación de dichos jasídicos que editó el Rebe de Lubavitch antes de asumir la nesiut, compuesta principalmente por enseñanzas del Rebe Raiatz, correspondiente al día 5 de Menajem Av. El original está en idish —y siempre es preferible estudiar también el original—, pero existe asimismo una traducción al hebreo:
“Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y persíguela”.
El Baal Shem Tov dijo: en toda cosa material permitida existen bien y mal. Lo material es el mal, mientras que la vitalidad divina que da vida a lo material es el bien.
La persona que utiliza algo material debe cumplir “Sur merá — apártate del mal”, es decir, no desear el placer que se encuentra en su materialidad; y debe cumplir “Vaase tov — haz el bien”, deseando alimentarse y recibir ayuda de la vitalidad divina presente dentro de aquella cosa material.
“Bakesh shalom verodfehu — busca la paz y persíguela”: la persona que cumple “apártate del mal” y “haz el bien” debe buscar y perseguir la posibilidad de hacer la paz entre lo material y la vitalidad divina que le da vida.
Este dicho —cuya fuente está en el Sefer HaMaamarim en idish del Rebe anterior, como una meditación para el jeshbón hanefesh del mes de Elul— constituye un ejemplo maravilloso de uno de los fundamentos esenciales del camino del Baal Shem Tov: הכנעה-הבדלה-המתקה — hajnaá, havdalá, hamtaká: sumisión, separación y dulcificación. Se expresa en la estructura ternaria de “apártate del mal, haz el bien, busca la paz y persíguela”. “Apártate del mal” es la hajnaá, la sumisión del deseo por el placer material de la cosa. “Haz el bien” es la havdalá, identificar la vitalidad divina diferenciada que existe dentro de la cosa y desear recibir de ella. “Busca la paz y persíguela” es la hamtaká, la dulcificación, cuando la vitalidad divina interior y la exterioridad material llegan a complementarse y armonizarse.
La relación entre “Sur merá” y “Ase tov”
Generalmente entendemos “Sur merá vaasé tov — apártate del mal y haz el bien” como si ante la persona hubiera dos cosas distintas, el bien y el mal. Primero debe actuar frente al mal mediante “la izquierda rechaza”, y después frente al bien mediante “la derecha acerca”. Sin embargo, el dicho del Haiom Iom precisa que no estamos hablando aquí de dos cosas diferentes: el bien es la interioridad, la vitalidad y la esencia misma de aquello cuya dimensión exterior negativa debemos abandonar. Esto modifica también el “equilibrio” entre “apártate del mal” y “haz el bien”.
El dicho del Haiom Iom se refiere a toda la realidad, tal como hablamos acerca de revelar la santidad presente en la naturaleza. Pero la relación entre “Sur merá” y “Ase tov” también se aplica cuando contemplamos a otro judío, incluso a aquellos “alejados de la Torá de Hashem y de Su servicio, y por eso llamados simplemente criaturas”, como explica el Alter Rebe en el capítulo 32 del Tania respecto de “amar a las criaturas y acercarlas a la Torá”.
Rabi Najman de Breslov, en una de sus enseñanzas más famosas, explica que así debemos juzgar favorablemente a una persona: debemos identificar el punto bueno que existe dentro de ella, el punto de “veod meat veein rashá — un poco más y no habrá malvado”. De esta manera realmente la elevamos: “y contemplarás su lugar [anterior] y ya no estará [allí, porque habrá ascendido a un lugar bueno]”. Así revelamos que, aunque exteriormente pareciera encontrarse en una situación muy mala, en su interior siempre estuvo esencialmente en un estado de bien. Ese bien interior y esencial se refleja en el punto bueno que perciben los ojos de quien verdaderamente ama a Israel, como está escrito: “Sobre todas las transgresiones cubre el amor”. El amor cubre las faltas y revela el bien.
De manera semejante, el Rav Kook escribe que, aunque es necesario ejercer crítica sobre quienes pecan, debemos saber que su maldad es solamente una cáscara exterior y que el núcleo de todo judío es bueno. Por lo tanto, “Sur merá” consiste en quitar la cáscara del mal para revelar el fruto bueno. Desde el punto de vista de la voluntad interior, solamente existe el deseo de “Ase tov”, hacer el bien: juzgar favorablemente y ocuparse del bien. Incluso la crítica al mal está totalmente motivada por “Ase tov” y aspira a revelarlo. De esta manera se convierte en crítica constructiva y no, Dios no lo permita, en crítica destructiva.
El Rav Kook propone, siguiendo el orden literal del versículo, comenzar con “Sur merá”, retirando la cáscara para revelar el “Ase tov”. En Rabi Najman, en cambio, existe una conciencia general de que exteriormente gran parte no parece buena y que en el interior se encuentra apenas un “poco de bien”; sin embargo, no nos ocupamos de todo aquello que aparece como negativo, sino que “perforamos” todas las capas exteriores del mal y llegamos directamente al bien, sin “la izquierda rechaza”, sino únicamente con una “derecha que acerca”, que excava hasta encontrar el bien.
En general, esta concepción deriva del camino global del Jasidut, según el cual debemos realizar “Sur merá” mediante “Ase tov”: “Un poco de luz rechaza mucha oscuridad”, y con mayor razón mucha luz elimina completamente la oscuridad y termina transformándola en luz. No obstante, podemos distinguir diferentes enfoques. Según el camino del Baal Shem Tov, lejatejilá no hay ninguna ocupación con el mal —hasta llegar al enfoque de Izhbitz, según el cual en esencia no existe mal, tal como se revelará en el futuro—. El Rav Kook, en cambio, conserva el sentido literal de “Sur merá”: existe una realidad de mal que debe ser retirada, pero enfatiza que la fuerza interior para retirarla proviene del pensamiento puesto en “Ase tov”.
La estructura interior
Aquí encontramos una estructura completa según el secreto del Nombre Havaiá. En el mundo de Atzilut, correspondiente a la י — iud, se dice “Lo iegurjá ra — el mal no habitará contigo”: allí no existe el mal en absoluto; todo es bien. En el mundo de Beriá, donde “su minoría es mal”, ciertamente existe el mal, pero no es necesario ocuparse de él; hay que buscar y encontrar únicamente el bien. Mediante la contemplación del bien, el juicio se dulcifica automáticamente en su raíz, en Biná, la ה superior, que mora en Beriá.
En el mundo de Ietzirá, mitad bien y mitad mal, ya no es posible ignorar el mal. Es necesario ejercer crítica sobre él para retirar la cáscara y descubrir el bien, que constituye la finalidad. Este es el secreto de “la construcción de Zeir Anpin —la ו del Nombre, que mora en Ietzirá— a partir de los jasadim”: incluso las guevurot de Zeir Anpin nacen de una motivación de Jesed, de la relación con el bien interior. Esto puede realizarse mediante la crítica del mal exterior, según el método del Rav Kook, o mediante la “excavación” directa hacia el bien, según el método de Rabi Najman.
Finalmente, el sentido literal de “Sur merá vaasé tov”, comenzando literalmente por “la izquierda rechaza”, corresponde al mundo de Asiá, cuya mayoría es mal, “af asitiv”. Esto procede de las guevurot que construyen Maljut, la ה inferior del Nombre.
La estructura queda así: י — no existe mal en absoluto. ה superior — “Sur merá” mediante la ocupación exclusiva en “Ase tov”. ו — retirar el mal exterior para revelar el “Ase tov” interior. ה inferior — “Sur merá” mediante “la izquierda rechaza” y “Ase tov” mediante “la derecha acerca”.
Tenemos aquí dos niveles de “Hanistarot laHavaiá Elokeinu — las cosas ocultas pertenecen a Hashem nuestro Dios”, que sacan a “Sur merá” de su significado literal, y dos niveles de “Vehaniglot lanu ulvaneinu — las cosas reveladas son para nosotros y nuestros hijos”, donde “Sur merá” conserva su sentido literal. El camino del Rav Kook corresponde aquí al nivel superior —Jesed y amor— de “las cosas reveladas”, como corresponde a su camino de unir lo revelado y lo oculto.
“Toda tú eres hermosa, amada mía”
De acuerdo con esta enseñanza podemos interpretar el versículo del primer día de la Creación, el día de Jesed: “Y fue tarde y fue mañana, día uno”. “Y fue tarde — vaiehí erev” alude a “Kol Israel arevim ze bazé — todo Israel es responsable uno por el otro”, pero también puede entenderse en el sentido de arevut, dulzura y agrado. La comunidad de Israel no muere, porque las faltas del conjunto son necesariamente solamente cáscaras exteriores. Al mismo tiempo aparece “vaiehí boker — y fue mañana”, la crítica constructiva que finalmente revela que todo es “iom ejad — día uno”: todo es día, todo es luz y “ki tov — porque es bueno”.
Finalmente se revela: כֻּלָּךְ יָפָה רַעְיָתִי וּמוּם אֵין בָּךְ — “Toda tú eres hermosa, amada mía, y no hay defecto en ti”, un versículo especialmente querido por el Rav Kook. “Kulaj — toda tú” significa tu esencia, tu verdadera identidad, tu verdadero “yo”, y esa esencia es “iafá — hermosa”. “Y no hay defecto en ti” porque finalmente se revela que todos tus defectos, mum, se encuentran en el secreto del Nombre מום, el nombre número 72 — ע”ב, el Nombre de Jesed, que concluye los 72 Nombres del Santo, bendito sea, según el principio de que “todo sigue al final”.
Los 72 Nombres se revelan en la partición del Iam Suf, revelación de la raíz de Atzilut dentro de las almas de Israel, donde se descubre que verdaderamente todo es bueno y que “el mal no habita contigo”. El primero de los 72 Nombres es והו — Vav-Hei-Vav, cuyo valor numérico es tov, 17, y el último es מום — Mem-Vav-Mem. והו-מום suman 103, mientras que todo el versículo “Kulaj iafá raiatí umum ein baj” suma 1030, diez veces 103. Así se revela que aquello que aparecía como mum, defecto, en su raíz es tov, bien, e incluso el bien más profundo.
Puntos centrales de la enseñanza
Cuando el Rebe Raiatz estuvo encarcelado, el Rav Kook trabajó intensamente para conseguir su liberación; y cuando el Rav Kook enfermó, el Rebe Raiatz indicó al equipo y a los alumnos de la ieshivá Tomjei Temimim realizar una tefilá especial por su recuperación.
El Rav Kook agrega que existe otro amor que no constituye un “amor esencial”, pero que es un amor especial adicional: el amor a las criaturas. Su vort es que sin amor a las criaturas tampoco amarás verdaderamente a Israel. Un judío es bueno, y una señal de ello es que ama a todos: no odia, no teme, no sospecha; ama.
Sin ese amor sencillo y natural, incluso decir “amo a los judíos” resulta falso. No es posible amar realmente a los judíos si no existe como fundamento una naturaleza de amor hacia todos. En el lenguaje del Jasidut, debemos contemplar cómo el Creador se refleja dentro de la criatura. En esencia, a esto mismo apuntaba el Rav Kook.
En los tres pecados [primordiales], Hashem deseaba una dulcificación inmediata, una realidad de igualdad: entre el árbol y su fruto, entre el Sol y la Luna, y entre el hombre y su esposa; el pecado produjo una realidad de separación. Para “vivir con Mashíaj”, es posible y necesario aspirar a que todo se realice de acuerdo con la voluntad de Hashem, llegando inmediatamente a la hamtaká, la dulcificación: “Mashíaj now”.
Hashem ama a las criaturas, a todos los detalles de los mundos inferiores que creó para Su gloria, y debemos asemejarnos a Él y amar a las criaturas contemplando en ellas la gloria de Hashem: “La tierra resplandeció con Su gloria”. El amor a las criaturas corresponde a Hod, que desciende hasta los niveles más bajos para liberar y elevar todas las chispas caídas, algo que solamente puede realizarse desde el amor a los seres inferiores. Y Jumash Devarim, Mishné Torá, corresponde precisamente al amor a las criaturas, pues contiene la mitzvá de “Veahavta”, hacer que Hashem sea amado por todas las criaturas.
El dicho estudiado constituye una meditación para el jeshbón hanefesh de Elul y un ejemplo maravilloso del fundamento del camino del Baal Shem Tov: hajnaá-havdalá-hamtaká. No existen aquí dos cosas completamente diferentes, sino que el bien es la interioridad, la vitalidad y la esencia de aquello cuyo aspecto negativo debe ser abandonado. El bien interior y esencial se refleja en el punto bueno que perciben los ojos de quien verdaderamente ama a Israel: “Sobre todas las transgresiones cubre el amor”. El amor cubre las faltas y revela el bien.
El Rav Kook enseña que debemos criticar las transgresiones, pero sabiendo que el mal es solamente una cáscara exterior y que el núcleo de todo judío es bueno. “Sur merá” significa retirar la cáscara para revelar el fruto bueno. Rabi Najman, por su parte, enseña a no ocuparse de la mayoría exterior negativa, sino a “perforar” directamente todas las capas hasta llegar al bien. El Rav Kook mantiene el sentido literal de “Sur merá”, pero enfatiza que su fuerza interior procede de “Ase tov”.
Notas — desde la número 30
30. Basado en Zóhar III 7a; 232a; 265a; Shemot Rabá 3:15; Mejilta sobre Shemot 18:19, y en otros lugares.
31. Devarim 4:29.
32. Maamar “Ani Ledodí” 5702 (1942), Sefer HaMaamarim Idish, pág. 75; citado también en los agregados a Kéter Shem Tov, sec. 61.
33. Kéter Shem Tov (Kehot), sec. 28.
34. Tehilim 34:15.
35. Sotá 47a; Sanhedrín 107b; Zóhar III 177b.
36. Likutei Moharán, 282.
37. Tehilim 37:10: “Y un poco más y no habrá malvado; contemplarás su lugar y ya no estará”. Todo el versículo suma en guematria 2176, tov veces beinoni, “la medida de todo hombre” según Tania, cap. 14. Esencialmente, todo judío es bueno: “Ciertamente Dios es bueno para Israel” (Tehilim 73:1), “Hashem hace el bien a los buenos” (Tehilim 125:4).
Las letras iniciales y finales del versículo suman 949, Ahavat Israel, equivalente a ahavá multiplicado por Jojmá. Para percibir el “poco de bien” que existe dentro de un judío hacen falta simultáneamente sabiduría y amor. Las letras centrales señaladas en el versículo forman עשו — Esav, el malvado, quien también en el futuro será elevado e incluido en la santidad de Israel con la llegada de Mashíaj Tzidkeinu, como es sabido.
Desde la ע de Esav hasta la ש hay siete letras; desde la ש hasta la ו hay catorce, siete más siete; y desde la ו nuevamente hasta la ע, cerrando el círculo, otras catorce. Se forma así un “jen” de 14-7-14. Las restantes letras del versículo suman 851, Jaiá por Iejidá, equivalente también a expresiones como “Esto es lo que Hashem ordenó”, asociada a la profecía de Moshé; “Beitá-ajishena — a su tiempo, la apresuraré”; y “Kol Israel javerim — todo Israel son compañeros”.
38. Mishlei 10:12.
39. Véase también Derej Mitzvoteja, prohibición del odio a Israel y mitzvá del amor a Israel, cap. 2.
40. Véase también Igrot HaReaiá, vol. I, carta 555; vol. IV, carta 318, y en otros lugares.
41. Beit Aharón, Likutei 146a, en nombre de Rabi Aharón de Karlin. Véase también Kedushat Iom Tov, Parashat Metzorá.
42. Migdal Oz, del Iaavetz, Beit Midot, Aliat Ijud HaMaasé, cap. 5; Tania, cap. 12, y otros lugares. En el original aparece aquí también un signo de interrogación editorial.
43. Tehilim 5:5: “Porque Tú no eres un Dios que desea la maldad; el mal no habitará contigo”. La expresión “Ki lo El jafetz resha atá” suma 1246, siete veces jefetz; “lo iegurjá ra” suma 534, tres veces jefetz. El versículo completo equivale, por lo tanto, a diez veces jefetz, una plenitud de deseo dividida entre las siete sefirot inferiores y las tres superiores.
Esto enseña que El, la Esencia Divina, no desea en absoluto la maldad, sino que “Jafetz Jesed Hu — Él desea Jesed” (Mijá 7:18). Hashem es la esencia misma del bien y, por consiguiente, Su deseo interior y esencial se dirige únicamente al bien. “Tzadik” equivale a doce veces tov, según el conocido secreto de que, al crear el mundo, Hashem “consultó con las almas de los tzadikim”, mientras que “Tu pueblo, todos ellos son tzadikim”.
“Todo cuanto Hashem deseó, hizo” (Tehilim 135:6): todo aquello que Hashem hizo —asá, también con sentido de rectificación, según el secreto de Atzilut— es bien y no mal. El Jasidut explica que jefetz, deseo profundo, constituye la interioridad del ratzón, es decir, el placer divino contenido dentro de la voluntad. Ratzón en arameo es raavá, y mediante numerosos tzimtzumim y pantallas, ocultamientos del Rostro Divino, de allí puede derivarse aquello que aparece como ra, mal, aunque en verdad pertenece al koaj hamedamé, el poder de la imaginación. Véase extensamente la clase del 11 de Kislev de 5759 y otros lugares.
44. Etz Jaim, Shaar 43, introducción, y en otros lugares.
45. Véase, por ejemplo, Pri Etz Jaim, Shaar HaShabat, caps. 17 y 24; Shaar Iom HaKipurim, cap. 1; Taamei HaMitzvot, Jukat, y otros lugares.
46. Véase Etz Jaim, Shaar HaKlalim, cap. 7; Shaar 25, drush 2; Shaar 34, cap. 3; Shaar Maamarei Rashbi, Parashat Balak, y otros lugares.
47. Ieshaiahu 43:7.
48. Devarim 29:28.
49. Véase Sod Hashem Lireav, Shaar 2, cap. 1, y otros lugares.
50. Sin embargo, si precisamos más, justamente aquí el núcleo bueno —que corresponde al punto bueno, el “od meat” de Rabi Najman— es el individuo rodeado por el conjunto, según el principio hermenéutico “klal ufrat uklal, i atá dan ela keein haprat” — “general, particular y general: solamente puedes juzgar de acuerdo con aquello semejante al particular”. Esta es la sexta de las trece reglas mediante las cuales se interpreta la Torá, correspondiente a “verav Jesed” dentro de los Trece Atributos de Misericordia.
Luego, mediante la avodá de “un poco más y no habrá malvado; contemplarás su lugar y ya no estará”, se llega al principio: “Todo aquello que estaba incluido en una regla general y salió de ella para enseñar, no salió para enseñar solamente acerca de sí mismo, sino acerca de toda la regla”. Esta es la octava de las trece reglas de interpretación de la Torá y corresponde a “Notzer Jesed” dentro de los Trece Atributos de Misericordia, el mazal elión, acerca del cual se dice “Ein mazal leIsrael”, como es sabido. Véanse el relato y la explicación en la sección Sipurei Tzadikim del número anterior, Reé 5786.
51. Tana deBei Eliahu Rabá, cap. 11, y en otros lugares. “Kol Israel arevim” suma 913, equivalente a Bereshit. Sumado a “Kol Israel javerim”, que vale 851, da 1764, 42², equivalente asimismo a “Vejashav majashavot levilti idaj mimenu nidaj — Él concibe pensamientos para que ningún desterrado permanezca alejado de Él” (Shmuel II 14:14).
Debido a que “Kol Israel” incluye también al Santo, bendito sea, Él es nuestro arev, nuestro garante, y nuestro mejor compañero, y Él se ocupará de que todos retornemos en teshuvá completa ante Él: “Uvó leTzión Goel — y vendrá a Tzión el Redentor”. Solamente las letras iniciales y finales suman 338, el doble del cuadrado de 13 —ejad-ahavá, unidad-amor—, mientras que las letras restantes suman dos veces teshuvá, correspondientes a teshuvá tataá y teshuvá ilaá, la teshuvá inferior y superior.
52. Véase Horaiot 6a; Temurá 15b; Sifrá, Diburá deJataot, sección 6.
53. Véase también Toldot Iaakov Iosef, Bereshit, sobre el versículo “Vaiehí erev”, y Likutei Torá, Vaetjanán 7d. Allí, sin embargo, “Vaiehí erev vaiehí boker” son explicados de manera inversa; estúdiese atentamente.
54. Shir HaShirim 4:7.
55. Véase, por ejemplo, Orot Israel 4:3; Eretz Jefetz 7, y otros lugares.
56. Berajot 12a.
57. Shemot 14:19-21.
58. Véase Likutei Torá, Tzav 16d, y otros lugares. Véase asimismo Maaián Ganim, segunda serie —publicado en el número de Pesaj 5779—, del farbrenguen de la noche de Shevií shel Pesaj 5756.
59. Shemot 2:2.
60. Tehilim 82:6.
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