LA MONEDA EN EL BARRO |

9 de Elul, Hilulá del Santo RABÍ TZADOK HACOHEN DE LUBLIN

El santo Rabí Tzadok HaCohen de Lublin relató algo que había visto con sus propios ojos durante su juventud. De aquel episodio extrajo una enseñanza y un principio fundamental que lo acompañaron durante toda su vida. Gracias a ello logró quebrar todas las duras barreras que el ietzer hará colocaba ante él en los distintos aspectos de su servicio a Hashem, hasta que tuvo el mérito de elevarse a niveles muy altos y sublimes. Así sucedió:

Una vez, cuando era joven y caminaba por la calle, vio a un padre y a su hijo. Eran extremadamente pobres, caminaban juntos y casi desfallecían de hambre. De pronto, el padre divisó una moneda brillante que estaba tirada en el suelo, hundida en el barro, y le dijo a su hijo que la recogiera. Pero el hijo estaba tan debilitado que, además, pensando que se trataba de una moneda pequeña y de escaso valor, actuó con pereza y no quiso levantarla. Entonces su padre se agachó, la recogió y, con gran esfuerzo, consiguió limpiarla. Al hacerlo descubrió que la moneda tenía suficiente valor como para comprar algún alimento con el cual mantenerse con vida. Fue inmediatamente y compró con ella trece frutas.

Al ver que su hijo estaba casi desfalleciendo de hambre, el padre le ordenó que comiera todas las frutas. Pero el hijo se negó y le dijo: “Tú recogiste la moneda, te esforzaste con las pocas fuerzas que te quedaban para limpiarla y luego fuiste a comprar las frutas. Por derecho te corresponde comerlas todas. Yo, en cambio, fui perezoso y no hice ningún esfuerzo. ¿Por qué habría de merecer comer de sus frutos y saciarme con su bondad? Lo justo es que solamente tú las comas”.

Pero como la misericordia de un padre no tiene límites, y especialmente porque su hijo se encontraba en una situación de mayor peligro que él, el padre ideó una manera de conseguir que su hijo comiera. Se dirigió a él y le dijo que ahora debía ir solo a cierto lugar, y que quería que su hijo lo siguiera desde lejos hasta encontrarse con él en un punto determinado. Así hicieron. El padre emprendió el camino y, mientras avanzaba, dejó caer una fruta al suelo; después otra, y luego otra más, hasta que las trece frutas quedaron dispersas a lo largo del camino, hundidas en el barro.

Cuando el hijo siguió los pasos de su padre, encontró una fruta tirada en el barro. Se alegró muchísimo por el hallazgo. Ni siquiera se le ocurrió pensar que provenía de su padre, sino que supuso que otra persona la había perdido. Con las pocas fuerzas que le quedaban, se inclinó para recogerla y, con enorme esfuerzo, consiguió limpiarla del barro en el que estaba hundida hasta dejarla apta para comer.

Mientras tanto divisó, a cierta distancia, otra fruta semejante tirada en el barro. También allí se esforzó para levantarla y limpiarla. Y así continuó, trabajando y esforzándose enormemente con cada una de las frutas, hasta que, después de trece grandes y difíciles esfuerzos, consiguió finalmente revivir su alma y recuperarse del hambre…

La enseñanza que se desprende de esta historia es evidente: un solo esfuerzo realizado al comienzo puede ahorrarnos muchos esfuerzos innecesarios a lo largo del camino. Si aquel hijo se hubiera esforzado la primera vez, cuando encontraron la moneda, se habría ahorrado todos los trabajos posteriores, pues habría tenido pleno derecho a comer de los frutos adquiridos con ella. Pero como al principio actuó con pereza, después necesitó realizar muchísimo trabajo y esfuerzo para completar aquello que había omitido por su falta de diligencia.

Lo mismo sucede en la avodat Hashem, el servicio a Dios. Si la persona se esfuerza al comenzar su avodá, al comenzar su seder y al comenzar su tefilá, con ello se ahorra muchas pruebas, dificultades y luchas contra el ietzer hará que, de otro modo, se despiertan posteriormente durante el transcurso de su servicio.

(Extraído de “Zijronam Livrajá”)

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Breve reseña de su vida

Rabí Tzadok HaCohen nació el 23 de Shevat de 5583 (1823). Su padre fue el gaón Rabí Iaakov, Av Beit Din de Kreisburg. Su padre falleció cuando él todavía era niño, y Rabí Tzadok creció en casa de su tío, autor del libro Kapot Zahav, en Krinik, cerca de Bialystok. Cuando llegó a su Bar Mitzvá pronunció, con extraordinaria agudeza y erudición, cuatro discursos que posteriormente fueron impresos en su libro Meshiv Tzedek.

Cuando visitó al santo Rabí Mordejai Iosef de Izbitza, autor del Mei HaShiloaj, su alma quedó profundamente ligada a él y lo aceptó como su Rebe. Con el tiempo se convirtió en uno de sus principales discípulos. Su compañero, Rabí Iehudá Leib Eiger, fue también uno de los grandes discípulos del Mei HaShiloaj, y después del fallecimiento de éste, la mayoría de los jasidim siguieron a Rabí Iehudá Leib.

Tras el fallecimiento de Rabí Iehudá Leib Eiger en el año 5648 (1888), miles de jasidim comenzaron a acudir a Rabí Tzadok. Sin embargo, Rabí Tzadok se negaba a asumir el liderazgo como Admur y apoyaba a Rabí Abraham Eiger, hijo de Rabí Iehudá Leib, para que dirigiera la comunidad. Pero muchos jasidim lo valoraban profundamente y no desistieron de seguirlo, hasta que, contra su propia voluntad, terminó convirtiéndose en Rebe.

El séptimo día de Pesaj del año 5660 (1900) enfermó repentinamente de gravedad, y el 9 de Elul de 5660 falleció. Su lugar de descanso se encuentra en Lublin.

La historia está dedicada a la elevación del alma del querido niño Tzur Levaví Simjí z”l. ❤️

 “Me alegrará recibir sus comentarios sobre la historia. Esta historia fue enviada en el grupo BeOhalei Tzadikim – Historias. ¿Les gustó? ¡Compártanla!”


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One thought on “LA MONEDA EN EL BARRO |

  1. Só sei. Ler português. Erro tenho preguiça ler a tora a pessoa. Prenhecer a mente. Tenho 2 livro cabala. Já. Lir. Ligua hebraica só sei escrever conheço as letras algumas mas não sei falar

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