¡MIRA!

Los medios de comunicación son cada vez más planos: todo debe ser visual. Incluso Moshe Rabenu dijo “Mira”, porque es la única forma de llegar a todo el pueblo, y así actuará también el Mashíaj.

Escrito por: Itiel Giladi

Categoría: Reé

Moisés nuestro Maestro (Moshe Rabenu) reprende a Israel (“de su propia boca”): “Mira, yo pongo hoy ante vosotros la bendición y la maldición”. Explica el santo Ohr HaJaim que Moisés se dirige a los hijos de Israel para que elijan el deleite del mundo superior y no se dejen tentar por los deleites de este mundo, y para ello utiliza la palabra “Mira” (Re’é). El poder de la vista es la identificación certera de la esencia misma de las cosas: una “percepción sensorial” (en sus palabras) o “visión de la esencia” (en el lenguaje del Jasidismo).

Para influir verdaderamente en el público en general y guiarlo a elegir el bien verdadero, se necesita a alguien como Moisés, que ‘ve’ las cosas, las experimenta de forma directa y no solo las conoce por su intelecto; alguien que contagie a todos con su experiencia de la verdad. Muchos rabinos y buenos judíos dan clases y discursan durante largas horas sobre palabras de Torá, pero sus palabras no ‘mueven’ a la mayoría de los oyentes, porque quien los reprende no ‘está allí’ él mismo; no está mintiendo, pero no logra transmitir una percepción sensorial.

A primera vista, la visión es un sentido muy elevado, perteneciente a la Sefirá de Jojmá (a diferencia del oído, que pertenece a Biná). En efecto, cuanto más elevado es un sentido, más capaz es de expresarse y manifestarse incluso en la dimensión más baja y material. El sentido de la vista es el principal influyente en nuestro mundo: todo es visual y tangible, y los medios de comunicación en desarrollo presentan cada afirmación e idea como una exhibición que se puede contemplar.

Uno podría ‘quejarse’ de la superficialidad del discurso y del ‘aplanamiento’ de los mensajes, pero se puede ver (en el doble sentido de la palabra) la ventaja de lo visual: tal vez apunta al denominador común más bajo, pero precisamente en ello radica su poder para llegar no solo a los individuos profundos, sino a todo el pueblo como una unidad. Así pues, la reprimenda de Moisés —el “primer redentor”, a cuya semejanza el Mashíaj, el “último redentor”, enseñará Torá— es una demostración clara ante los ojos que no se puede negar, ¡una prueba contundente!

Ampliando este punto: la aparente ‘superficialidad’ del sentido de la vista se expresa en la afición de la mayoría de la gente por los milagros (moftim) y en su apego a los Tzadikim hacedores de milagros. Existieron corrientes en el Jasidismo que criticaban el deseo de milagros por considerarlo un apego a ‘trucos’ externos. Así, en Kotzk (la más agudo de las escuelas jasídicas de JaGaT – emociones) decían que “las señales y los milagros pertenecen a la tierra de los hijos de Cam” y sostenían que el mayor milagro de un Tzadik es tomar un tronco de madera y transformarlo en un ser humano.

También en el Jasidismo de Jabad, de corte más intelectual (JaBaD, Jojmá-Biná-Daat), por lo general no les gustaba ‘hacer un gran asunto’ de los milagros (los cuales conmueven al nivel más bajo del alma, el nivel básico que se impresiona por cualquier alteración de las leyes de la naturaleza). Y sin embargo, en el milagro hay algo grande, similar a la “visión de la esencia”, al punto de que el Rebe de Lubavitch dijo que en nuestra generación parte del camino para traer la Redención es la publicación y difusión de los milagros.

En particular, el milagro abarca todos los niveles del alma:

  • En el nivel de las facultades intelectuales (Mojin / JaBaD): El milagro contundente es una demostración racional equivalente a la visión ocular, que genera una ‘visión sensorial’ del intelecto, como la visión de la Divinidad de Moshe Rabenu.
  • En el nivel emocional (Morgash / JaGaT, Jesed Guevurá Tiferet): Un milagro es una acción que despierta un sentimiento de amor, temor o misericordia. El milagro intelectual, al revelar con claridad que ‘existe Dios’, transforma el tronco de madera en un ser humano capaz de relacionarse con la Divinidad también en su corazón.
  • En el nivel práctico (Ma’así / NeHI, Netzaj Hod Iesod Maljut): En última instancia, el milagro se expresa en el plano de la acción. Para aquel para quien la Divinidad es algo tangible, le resulta fácil alterar el orden de la naturaleza (y de ese modo mostrar a todos la Presencia de Dios).

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