TU ESPOSA ES COMO UNA VID FRUCTÍFERA

PERLAS DEL ZÓHAR – VAIERÁ

Enseñanzas del Rabino Itzjak Ginsburgh — Parashat Vaierá 5787, 14 de Jeshván, Kfar Jabad.

¡ABRAHAM SUPERÓ SUS PRUEBAS MÁS DIFÍCILES GRACIAS A UN PODER QUE POSEÍA SARÁ!

¿Por qué Hashem le ordenó al patriarca Abraham: «Todo lo que Sará te diga, escucha su voz»? ¿Qué sabía Sará que incluso Abraham necesitaba aprender?

En esta extraordinaria enseñanza del Zóhar, explicada por el Rabino Itzjak Ginsburgh, descubriremos que el secreto de Sará no era solamente su recato, sino su conexión con un nivel divino tan elevado que permite unir los opuestos y hacer posibles milagros que desafían las leyes de la naturaleza.

Una revelación sorprendente sobre el poder espiritual de la mujer, los secretos del matrimonio y la fuerza que necesitamos para superar las contradicciones de nuestra propia vida.

RESUMEN DE LA CLASE

En la parashá Vaierá, la relación entre Abraham y Sará alcanza su punto culminante con el nacimiento milagroso de Itzjak. Una de las enseñanzas del Zóhar que trata este acontecimiento revela las virtudes de Sará, lo que Abraham debe brindarle para que esas virtudes se manifiesten y lo que él recibe de ella.

El primer capítulo examina el relato que sirve de marco a esta enseñanza: la revelación de la Torá mientras Rabí Iehudá y Rabí Iosi caminaban juntos. A partir de ello aprendemos cómo el hombre debe alentar a la mujer a revelar todo lo que permanece oculto en su interior, y cómo precisamente mediante esa revelación ambos pueden alcanzar una unión profunda.

El segundo capítulo se ocupa del contenido de la enseñanza misma, que explica cómo el recato de la mujer le concede el mérito de tener hijos semejantes a retoños de olivo. Al relacionar esta enseñanza con Sará, descubrimos que es ella quien otorga a Abraham la capacidad de contener los opuestos (nesiat hafajim), que constituye la finalidad de todas sus pruebas.

Una entrega especial de «Perlas del Zóhar», dedicada a las enseñanzas sobre la vida matrimonial que aprendemos de Abraham y Sará, en medio de la alegría de un novio y una novia en la casa del Rav.

1. «Y el trono será establecido con bondad»

La revelación de los secretos durante el camino

Rabí Iehudá y Rabí Iosi caminaban juntos. Rabí Iehudá le dijo a Rabí Iosi: «Abre tu boca y pronuncia palabras de Torá, porque la Shejiná se encuentra contigo. Cada vez que se pronuncian palabras de Torá, la Shejiná viene y se une a quienes las estudian; y con mayor razón durante el camino, cuando la Shejiná se adelanta y camina delante de las personas que merecen tener fe en el Santo, bendito sea».¹

Muchos secretos del Zóhar se revelan precisamente mientras los sabios caminan. Aquí se explica expresamente que existe una virtud especial en ocuparse de la Torá durante el camino, porque la Shejiná se adelanta y acompaña a quien merece tener fe en Hashem.

En su sentido más sencillo, cuando una persona camina, su fe consiste principalmente en reconocer que «Hashem establece los pasos del hombre y se complace en su camino» (Tehilim 37:23). Es la confianza en que Hashem supervisa su recorrido, lo envía a cumplir su misión particular y lo protege durante el trayecto.

Esto se aplica tanto a un viaje físico como a quien sale de la tienda de la Torá para cumplir su misión particular y atender los asuntos de la vida. En todos ellos debe actuar según el principio «En todos tus caminos, conócelo» (Mishlé 3:6).

El Rebe agrega que existe aquí una semejanza con otro principio: cuanto más alejados y espiritualmente bajos son los lugares a los que llega el pueblo de Israel, más profundos son los secretos de la Torá que deben revelarse allí, porque «para iluminar una oscuridad más densa se necesita una luz mayor».

La bondad despierta al reinado

La mayoría de las explicaciones de Likutei Leví Itzjak sobre el Zóhar se basan en la correspondencia entre los diez sabios mencionados en la Idrá Rabá y las diez sefirot. Así sucede también aquí: Rabí Iehudá y Rabí Iosi, que caminan juntos, corresponden respectivamente a jesed —bondad— y maljut —reinado—.

Por eso se le dice a Rabí Iosi: «La Shejiná se encuentra contigo», pues la Shejiná corresponde al atributo de maljut. También su exposición trata acerca de la virtud de la mujer, como veremos más adelante.

Sin embargo, dado que Rabí Iehudá es superior a Rabí Iosi —así como jesed está por encima de maljut—, no corresponde que Rabí Iosi comience a hablar delante de él sin recibir permiso. Por eso Rabí Iehudá debe decirle expresamente: «Abre tu boca y pronuncia palabras de Torá».

La relación de Rabí Iosi con maljut también está insinuada en su nombre. Iosi (יוסי) tiene el mismo valor numérico que Elokim (אלהים), nombre divino relacionado con maljut, y que hateva (הטבע), «la naturaleza», porque maljut se reviste y se oculta dentro de la naturaleza del mundo.

También equivale a hakisé (הכסא), «el trono», otra denominación de maljut, ya que el Trono de Gloria es el asiento del reinado.

A propósito de esto, Rabí Leví Itzjak cita el versículo: «Y un trono será establecido con bondad» (Ieshaiahu 16:5). La preparación del trono, es decir, de maljut, para convertirse en un asiento donde se revele la Shejiná, se realiza mediante jesed, la bondad que aquí alienta a maljut a abrir su boca y pronunciar palabras de Torá.

Revelación y unión

En Rabí Iosi, considerado por sí mismo, la Shejiná se encuentra presente, pero únicamente de manera oculta. Es necesario abrir la boca y pronunciar palabras de Torá para que esa presencia se revele y pueda unirse con su esposo: «Viene» de manera manifiesta «y se une» a la Torá, correspondiente a tiferet.

Esto significa que, para que la Shejiná se una con su esposo, debe revelar el potencial oculto en su interior. La unión se produce desde abajo hacia arriba, conforme al secreto de «En todos tus caminos, conócelo», especialmente durante el camino, como se explicó anteriormente.

La palabra «conócelo» (daehu) alude a unir maljut, la hei inferior del Nombre divino, con Zeir Anpín, correspondiente a tiferet y la Torá, representado por la letra vav. De este modo se alcanza la virtud expresada por nuestros sabios: «Cuando la mujer aporta primero su semilla, da a luz un varón», hasta llegar, en su sentido más elevado, al nacimiento del Rey Mashíaj.

Sin embargo, la revelación del potencial de la mujer y de su capacidad de unirse con su esposo, precisamente mediante un despertar desde abajo (itaruta deletata), depende del estímulo y la fuerza que recibe de su esposo.

Este primer despertar pertenece a la categoría de makif, una influencia envolvente y exterior que concede a la novia la fuerza necesaria para despertarse por sí misma. Ese despertar prepara el camino para una influencia interior, que llega como consecuencia de su propia iniciativa, tal como se explica en el discurso jasídico que se recita durante la boda.

El hombre debe decirle a su esposa, con bondad y amor: «Abre tu boca y pronuncia palabras de Torá. Así revelarás la luz que existe en tu interior y, gracias a ti, podremos unirnos», mediante un movimiento de abajo hacia arriba.

El Rebe aprende de estas palabras del Zóhar una enseñanza aplicable al servicio divino de toda persona: incluso para pronunciar palabras de Torá, y aun cuando la Shejiná se encuentre con ella, es necesario que exista previamente una manifestación de jesed.

Esta idea se destaca especialmente en la mujer, acerca de quien está escrito: «Abre su boca con sabiduría y la Torá de bondad está sobre su lengua» (Mishlé 31:26), tal como el hombre canta a su esposa cada viernes por la noche en Eshet Jail.

2. El secreto del recato

Recato y fertilidad

Rabí Iosi aceptó las palabras de Rabí Iehudá y abrió su boca. En el lenguaje habitual del Zóhar, la expresión «Rabí… abrió» también significa una nueva apertura, la revelación de una luz nueva.

Rabí Iosi comenzó diciendo: «Tu esposa será como una vid fructífera en el interior de tu casa; tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa».

«Tu esposa será como una vid fructífera»: mientras la mujer permanece en el interior de su casa y no sale afuera, es recatada y digna de dar a luz hijos adecuados. «Como una vid»: así como la vid se planta únicamente con su propia especie y no con otra, del mismo modo una mujer íntegra no realiza plantaciones con otro hombre. Así como la vid no admite injertos de otro árbol, tampoco lo hace una mujer íntegra. Observa cuál es su recompensa: «Tus hijos serán como retoños de olivo». Así como los olivos no pierden sus hojas durante todo el año y estas permanecen siempre unidas —según otra versión, húmedas y frescas—, así también «tus hijos serán como retoños de olivo alrededor de tu mesa».

Rabí Iosi explica que la fertilidad de la mujer, «tu esposa será como una vid fructífera», depende de su recato, de permanecer «en el interior de tu casa». Por su propia naturaleza, la vid no admite mezclas ni injertos de otro árbol. Del mismo modo, la mujer que es «como una vid» posee un recato natural y esencial —una naturaleza judía que no depende de un esfuerzo adquirido—, que se expresa en su fidelidad absoluta a su esposo.

En mérito de su recato, la mujer merece hijos «como retoños de olivo», hasta llegar a la bendición con la que concluye el salmo: «Y verás a los hijos de tus hijos; paz sobre Israel».

El olivo es llamado «olivo frondoso» (Irmeiahu 11:16). Sus hojas no caen durante todo el año y permanecen siempre frescas y húmedas, como frutos que todavía no han madurado. En cada hijo que se asemeja al olivo se cumple el versículo «Su hoja no se marchitará» (Tehilim 1:3), porque «incluso las conversaciones cotidianas de los estudiosos de la Torá requieren estudio».

Esto alude a un estudio de la Torá que surge de manera natural, así como el recato de la mujer pertenece a su naturaleza. Estos hijos poseen una frescura y vitalidad constantes, el frishkeit que el Baal Shem Tov señaló como una de las funciones de la Jasidut.

El recato de Sará

De acuerdo con el contexto, los comentaristas del Zóhar explican que esta enseñanza sobre el recato de la mujer —«Tu esposa será como una vid fructífera en el interior de tu casa»— aparece aquí para señalar que el mérito del recato fue lo que sostuvo a nuestra matriarca Sará en el milagro del nacimiento de Itzjak.

«¿Acaso una mujer de noventa años dará a luz?» (Bereshit 17:17). Sará misma había dicho: «Después de haber envejecido, ¿tendré placer?» (Bereshit 18:12). Y aunque era estéril y no tenía hijos, hasta el punto de que nuestros sabios afirman que ni siquiera poseía matriz, mereció que se cumpliera: «Y Hashem recordó a Sará como había dicho, e hizo Hashem con Sará como había hablado. Y Sará concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez» (Bereshit 21:1-2).

En el lenguaje del Zóhar, particularmente en el Sifrá deTzniuta, la palabra tzniuta, recato, designa el nivel más elevado: «la cabeza que no conoce ni es conocida». Desde allí pueden provenir milagros que trascienden completamente los límites de la naturaleza.

La raíz de maljut, la novia, dentro de keter, la corona, se encuentra específicamente en Radlá —Reisha deLo Itiadá, la cabeza incognoscible—. Por eso, en ella se manifiesta el recato natural, que constituye la fuente de todos los bienes del mundo, según el secreto de «Todo proviene del polvo», como se destaca al final del discurso que el novio recita antes de cubrir el rostro de la novia.

El recato de Sará ya se menciona al comienzo de la parashá Lej Lejá, cuando Abraham le dice: «Ahora sé que eres una mujer de hermosa apariencia» (Bereshit 12:11). Rashi explica que hasta ese momento Abraham no había reparado en su belleza debido al recato de ambos: el de Sará, que no exhibía su belleza, y el de Abraham, que no la contemplaba.

Esto se relaciona con el secreto de Radlá, aquello que no es conocido por sí mismo ni dado a conocer a otros, el secreto del recato mencionado anteriormente.

La descripción del recato natural y esencial de la vid también explica por qué Abraham no temía que Sará fuera llevada a la casa del faraón y, posteriormente, a la de Avimélej. Sabía que, en su esencia, ella no recibiría influencia de ningún otro, y por eso ningún daño terminaría afectándola. Sará dominaría todas las kelipot, las fuerzas que ocultan la santidad, y finalmente todo resultaría para bien.

Incluso cuando los ángeles llegan para anunciarle a Abraham que tendrá el mérito del nacimiento de Itzjak, aluden al recato de Sará. Le preguntan: «¿Dónde está Sará, tu esposa?», y provocan que él responda: «Aquí, en la tienda» (Bereshit 18:9).

Nuestros sabios explican: «Los ángeles servidores sabían dónde se encontraba nuestra matriarca Sará, pero querían hacer conocer su recato para hacerla más querida ante su esposo». Y Rabí Iosi bar Janiná agrega que también buscaban enviarle una copa de bendición, lo cual constituye una segulá especial relacionada con «Tu esposa será como una vid fructífera».

La palabra aié, «¿dónde?», insinúa que la raíz espiritual de Sará procede del secreto de «Aié mekom kevodó», «¿Dónde está el lugar de Su gloria?», correspondiente a Radlá, el secreto del recato y la fuente de todas las bendiciones de Abraham, a quien Hashem dijo: «Y serás una bendición».

Las pruebas: alcanzar la capacidad de contener los opuestos

Al nivel más elevado de la corona, Radlá, que constituye el secreto del recato, pertenece también la capacidad de contener los opuestos (nesiat hafajim). Este nivel no es solamente la raíz de maljut y la fuente de todas las bendiciones, incluso aquellas que trascienden completamente los límites naturales, sino también el origen de la unión de realidades aparentemente contradictorias.

En la prueba de la Akedá, la culminación de todas las pruebas de Abraham, él le dice al Santo, bendito sea: «¿Puedo expresar mis palabras delante de Ti? Ayer me dijiste: “Porque por medio de Itzjak será llamada tu descendencia”. Después me dijiste: “Toma ahora a tu hijo”. Y ahora me dices: “No extiendas tu mano contra el muchacho”».

Superar la prueba significa alcanzar la capacidad de contener los opuestos, incluso cuando parece que el Santo, bendito sea, dice una cosa y luego su contraria.

En realidad, esta dimensión ya aparece en la primera prueba explícita de Abraham en la Torá: su descenso a Egipto después de haber ascendido a la Tierra de Israel. El propósito era probar si cuestionaría las palabras del Santo, bendito sea, quien primero le había ordenado dirigirse a la tierra de Canaán y luego provocaba que tuviera que abandonarla. Nuevamente, una cosa y su opuesta.

Abraham merece alcanzar esta capacidad gracias a la fuerza de Sará, su esposa recatada. Nuestros sabios destacan que Sará poseía un nivel de profecía superior al de Abraham. En términos de la dimensión interior de la Torá, la profecía de Abraham procede de Reisha deAin, la cabeza de la nada, correspondiente a las siete sefirot inferiores de Atik, mientras que la profecía de Sará procede de Radlá, las tres sefirot superiores de Atik.

De hecho, encontramos dos ocasiones en las que Abraham escucha la voz del espíritu de santidad que se encuentra en ella.

La primera ocurre cuando Sará le dice que tome a su sierva Hagar. Entonces está escrito: «Y Abram escuchó la voz de Sarai» (Bereshit 16:2). Nuestros sabios explican: «Escuchó la voz del espíritu de santidad que había en ella».

La segunda ocurre cuando Sará le pide a Abraham que expulse a Hagar junto con su hijo Ishmael. Hashem le dice: «Todo lo que Sará te diga, escucha su voz» (Bereshit 21:12). Nuestros sabios interpretan nuevamente: «Escucha la voz del espíritu de santidad que hay en ella», y de aquí aprendemos que Abraham era inferior a Sará en profecía.

Abraham sabía que Sará lo superaba en profecía. Por eso, la primera vez escuchó la voz de su espíritu de santidad sin vacilar. Pero la segunda vez necesitó una instrucción especial de Hashem, porque percibía una contradicción: Sará, que había tomado la iniciativa de que Abraham se uniera con Hagar y naciera Ishmael, ahora le ordenaba expulsar a Hagar e Ishmael.

Abraham debía superar la prueba de contener los opuestos.

La raíz de Sará se encuentra en Radlá, y lo mismo sucede con cada mujer de Israel, sus descendientes espirituales. Por eso puede expresar una cosa y también su contraria. Intentar comprender intelectualmente los misterios del corazón de una mujer, acerca del cual se dice «el corazón no revela a la boca», puede ser contrario a su recato natural, el secreto de tzniuta explicado anteriormente.

Hashem le dice a Abraham, y también a sus descendientes: «Todo lo que Sará te diga, escucha su voz». De esta manera lo prepara para descubrir la capacidad de contener los opuestos en el propio Hashem.

«Tu esposa será como una vid fructífera»

El versículo «Tu esposa será como una vid fructífera», que Rabí Iosi —correspondiente a maljut, la mujer— explica gracias al permiso y al estímulo de Rabí Iehudá —correspondiente a jesed, el hombre—, expresa también la conexión entre el hombre y la mujer.

El hombre corresponde a jesed, la bondad, de la cual se dice «Recordó Su bondad», y que incluye en sí todos los atributos, porque es «el día que acompaña a todos los días». La mujer corresponde a maljut.

Todas las cualidades divinas y maljut están incluidas en este versículo: «Tu esposa» corresponde a maljut; «vid» (guefen) alude a los tres rostros (guim panim), los tres patriarcas Abraham, Itzjak y Iaacov, que corresponden a jesed, guevurá y tiferet, como explica el Zóhar; «tus hijos» corresponden a netzaj y hod; y «como retoños de olivo» alude a su vinculación con iesod, el fundamento, ya que el olivo pertenece a las siete especies con las que fue bendecida la Tierra de Israel.

La correspondencia es, por lo tanto, la siguiente:

SefirotExpresión del versículo
Jesed, guevurá y tiferet«Como una vid fructífera»
Netzaj y hod«Tus hijos»
Iesod«Olivos»
Maljut«Tu esposa»

También encontramos varias alusiones a Sará en este versículo. Contiene diez palabras, que equivalen al valor de su nombre mediante el cálculo numérico reducido, y cuarenta y seis letras, equivalentes al valor de Sará mediante el cálculo ordinal.

El valor numérico de todo el versículo, «Tu esposa será como una vid fructífera en el interior de tu casa; tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa», es 4064.

Este número es el producto de 32 por 127. El número 32 corresponde a lev, «corazón», mientras que 127 es la cantidad de años que vivió Sará. Además, 127 es el trigésimo segundo número primo.

Los 127 años de la vida de Sará se dividen en «cien años», correspondientes a keter; «veinte años», correspondientes a jojmá y biná; y «siete años», correspondientes a las cualidades emocionales, como es sabido.

Puntos principales de la enseñanza

  • Cuando una persona camina por su camino, su fe consiste en reconocer que Hashem dirige sus pasos, la envía a cumplir su misión particular y la protege.
  • El trono de maljut se prepara para la revelación de la Shejiná mediante jesed, la bondad.
  • Para que la Shejiná pueda unirse con su esposo, debe revelar el potencial oculto en su interior.
  • El hombre debe alentar a su esposa con amor y bondad para que revele la luz interior que posee, y así ambos puedan alcanzar una unión profunda.
  • La vid simboliza el recato natural y la fidelidad de la mujer a su esposo.
  • Los hijos comparados con retoños de olivo representan la vitalidad y frescura constantes de la Torá.
  • El mérito del recato de Sará está relacionado con el milagro de que diera a luz a los noventa años.
  • Tzniuta designa también un nivel espiritual supremo, desde el cual pueden manifestarse milagros que trascienden completamente la naturaleza.
  • La culminación de las pruebas de Abraham consiste en adquirir la capacidad de contener realidades aparentemente contradictorias.
  • Abraham sabía que Sará lo superaba en profecía. Sin embargo, cuando ella le pidió expulsar a Hagar e Ishmael, necesitó una instrucción especial de Hashem, porque parecía contradecir su indicación anterior.
  • La raíz espiritual de Sará se encuentra en Radlá, y esta cualidad se extiende a las mujeres de Israel.
  • Hashem le dice a Abraham: «Todo lo que Sará te diga, escucha su voz», preparándolo así para reconocer la unión de los opuestos en la propia voluntad divina.

Notas al pie — Capítulo 1

1. Zóhar I, 115b-116a. Rabí Iehudá y Rabí Iosi caminaban por el camino. Rabí Iehudá le dijo a Rabí Iosi: «Abre tu boca y pronuncia palabras de Torá, porque la Shejiná se encuentra contigo. Siempre que se pronuncian palabras de Torá, la Shejiná viene y se une a quienes las estudian; y con mayor razón durante el camino, cuando la Shejiná se adelanta y camina delante de las personas que merecen tener fe en el Santo, bendito sea». Para el desarrollo del primer capítulo, véanse Likutei Leví Itzjak sobre este pasaje y Tiferet Leví Itzjak, apartado 30.

3. Tehilim 37:23.

4. Mishlé 3:6.

5. Kuntres Etz HaJaim, página 84. Véase también la página 42.

9. Nitzutzei Orot, al comienzo de la Idrá Rabá, y otros lugares.

10. En sus explicaciones de este pasaje, el Rebe pregunta por qué Rabí Iehudá corresponde aquí a jesed, cuando generalmente el nombre Iehudá está relacionado con maljut y, según su significado sencillo, con hod, el reconocimiento, conforme al secreto de «ella se encuentra en hod».

El Rebe explica que esto se debe al principio de hitkalelut, la inclusión recíproca de las sefirot. Rabí Iehudá representa el jesed que se encuentra dentro de maljut, es decir, su capacidad de revelación, mientras que Rabí Iosi representa el maljut que se encuentra dentro de maljut, que por sí mismo permanece oculto. Esto concuerda con la continuación de la explicación. Otra posibilidad es que Rabí Iehudá represente maljut tal como se encuentra en Atzilut, mientras que Rabí Iosi represente maljut en su descenso a los mundos de Beriá, Ietzirá y Asiá. Y esto es suficiente para quien comprende.

13. Séfer HaLikutim, Vaiahel, capítulo 37, y otros lugares.

14. Kehilat Iaacov, entrada «Kisé» —trono—.

15. Ieshaiahu 16:5.

16. La expresión «Y será establecido» (והוכן) tiene el valor numérico de paz (פז), 87, especialmente relacionado con este año. También equivale a la suma de jesed y hod, dos aspectos de Rabí Iehudá, como se explicó en la nota 10.

21. Ievamot 62a; Avodá Zará 5a; Nidá 13b.

22. Véase también Tosafot, Avodá Zará 5a, comentario que comienza «Ein ben David ba».

23. Berajot 60a; Nidá 31a.

24. Véanse Or HaJaim HaKadosh y Likutei Torá, al comienzo de la parashá Tazría; Beatá Ajishena, páginas 282-283.

29. El discurso jasídico «Lejá Dodí» del año 5714.

31. Mishlé 31:26.

33. Véase Jasdei David HaNeemanim, tomo 18, página 117.

Notas al pie — Capítulo 2

35. Traducción del Zóhar: Rabí Iosi comenzó diciendo: «Tu esposa será como una vid fructífera en el interior de tu casa; tus hijos serán como retoños de olivo alrededor de tu mesa». «Tu esposa será como una vid fructífera»: mientras la mujer permanece en el interior de su casa y no sale afuera, es recatada y digna de tener hijos adecuados. «Como una vid»: así como la vid se planta únicamente con su propia especie y no con otra, una mujer íntegra no realiza plantaciones con otro hombre. Así como la vid no admite injertos de otro árbol, tampoco lo hace una mujer íntegra. Observa su recompensa: «Tus hijos serán como retoños de olivo». Así como los olivos no pierden sus hojas durante todo el año, y estas permanecen siempre unidas —según otra versión, húmedas—, así también «tus hijos serán como retoños de olivo alrededor de tu mesa».

37. En la palabra guefen (גפן), «vid», las dos primeras letras corresponden a las iniciales de «guefen poriá», «vid fructífera», según un procedimiento que aparece en muchas parejas de palabras, en las que la segunda comienza con la segunda letra de la primera. La nun final (ן) alude a «el interior de tu casa». Y esto es suficiente para quien comprende.

38. Se han ofrecido distintas explicaciones sobre la diferencia entre las expresiones «Así como la vid se planta únicamente con su propia especie y no con otra, una mujer íntegra no realiza plantaciones con otro hombre» y «Así como la vid no admite injertos de otro árbol, tampoco lo hace una mujer íntegra». Véase Or HaJamá, donde se explica que aquí se requiere cuidado tanto en el pensamiento —cuando la vid no está plantada entre otras especies ni recibe de ellas humedad— como en la acción —cuando efectivamente no se injerta en otro árbol—. Examínese atentamente.

39. La conclusión «Paz sobre Israel» es idéntica a la conclusión del capítulo 125 de Tehilim, el capítulo correspondiente al Rebe de Lubavitch en este año.

40. Irmeiahu 11:16. La expresión «olivo frondoso» (זית רענן) es una de las alusiones al año 5787. Véase Rimzei Tashpaz, publicado en la edición de Rosh Hashaná de 5787.

41. Tehilim 1:3.

42. Avodá Zará 19b; Sucá 21b.

43. Siguiendo la explicación anterior, puede decirse que las hojas que permanecen siempre unidas al cuerpo del árbol representan la recompensa por la fidelidad en la acción, cuando no existe injerto de una rama de vid en otro árbol. La humedad constante representa la recompensa por cuidarse incluso de recibir humedad de otros árboles «a través del aire». Examínese atentamente.

44. Véanse Guinzei Nistarot, sección Or Israel, carta 55; Reshimot Devarim (Jitrik, 5749), tomo 4, página 61, carta 50.

53. Véase Matok MiDvash, comentario al pasaje.

54. La expresión «Sará-tzniut» (שרה־צניעות), «Sará-recató», tiene el valor numérico de 1131. Este número es el producto de 13 por 87. Trece es el valor de ahavá (אהבה), amor, y de ejad (אחד), uno. Ochenta y siete es el valor de paz (פז), oro fino; de vehuján (והוכן), «y será establecido», mencionado anteriormente; de «Aní Havaiá» (אני הוי׳), «Yo soy Hashem»; de levaná (לבנה), luna; de belimá (בלימה); y equivale a una vez y media el valor de jen (חן), gracia.

55. De las diez veces que aparece en la Torá la expresión «tu esposa», la mayoría —seis— se refiere a Sará (Bereshit 12:9-10; 17:15-19; 18:18-19, según las referencias consignadas en el documento). Esto constituye una clara alusión a que ella es «tu esposa como una vid fructífera».

La primera aparición de «tu esposa» en la Torá se refiere a Javá, de quien se dice: «Porque escuchaste la voz de tu esposa» (Bereshit 3:17), cuando indujo a Adam al pecado. Sará rectifica y endulza esta situación cuando Hashem le dice a Abraham: «Todo lo que Sará te diga, escucha su voz» (Bereshit 21:12).

Otra aparición se refiere a la esposa de Lot (Bereshit 19:15). El valor numérico de Lot (לוט) equivale al de Adam (אדם), y su esposa representa el secreto de la primera Javá. Otras dos apariciones corresponden a Rivká (Bereshit 26:9-10).

La estructura interior es la siguiente: Javá corresponde a daat, conocimiento, según «Y el hombre conoció a Javá, su esposa», y en ella se encuentra el conocimiento del bien y del mal. Javá y la esposa de Lot —que miró hacia atrás— se relacionan con daat, pues el conocimiento es un aspecto posterior del cerebro. Las seis apariciones correspondientes a Sará representan la rectificación de las seis extremidades, las seis cualidades emocionales, mientras que las dos correspondientes a Rivká representan jojmá y biná.

En el resto del Tanaj, frente a «Tu esposa será como una vid fructífera en el interior de tu casa», encontramos una sola expresión opuesta: «Tu esposa se prostituirá en la ciudad» (Amós 7:17).

56. Bereshit 17:17.

57. Bereshit 18:12.

58. Bereshit 11:30.

59. Ievamot 64b.

60. Bereshit 21:1-2.

61. Véanse Etz Jaim, puerta 13, capítulo 2; Sod Iesharim, de Moharij, tomo 3, pregunta 10; Likutei Torá, Jukat 58b; Séfer HaMaamarim Ateret, página 63 y siguientes.

62. Kohelet 3:20. En esta misma línea, nuestros sabios dijeron: «Todo proviene de la mujer» (Bereshit Rabá 17:12), es decir, de maljut, que corresponde al elemento tierra.

La palabra «todo» alude a iesod, el fundamento, según el secreto de «conoce» (da), que une las letras hei y vav, como se explicó en el texto.

La expresión «el polvo-la mujer» (העפר־האשה) equivale a 666, el número triangular de 36. También es el producto de 18 por 37, donde 18 corresponde a jai (חי), vivo, y 37 a hevel (הבל), vapor. Asimismo, equivale a itrón (יתרון), ventaja, como en «la ventaja de la luz sobre la oscuridad» (Kohelet 2:13), entre otras alusiones.

73. Bereshit 12:11 y Rashi sobre el versículo. La expresión «Sará, mujer de hermosa apariencia» (שרה אשה יפת מראה) equivale a 1547, producto de 13 por 119. Trece es el valor de amor y unidad, y 119 equivale a siete veces tov (טוב), bueno, relacionado con los siete días de la Creación.

También equivale al versículo «Felices quienes habitan en Tu casa; continuarán alabándote eternamente, sela» (Tehilim 84:5), alusión a la mujer que permanece en el interior de la casa. Asimismo, corresponde al Nombre Havaiá con el zaj (זך) de su relleno, como es sabido.

74. Véanse ampliamente las referencias y explicaciones de Likutei Sijot, tomo 20, Lej Lejá, primera sijá.

77. Bereshit 18:9. «Sará, tu esposa» (שרה אשתך) equivale a 1226, dos veces 613, valor de tariag, las 613 mitzvot, y de la expresión «Elokim me ha hecho reír».

«¿Dónde está Sará, tu esposa?» (איה שרה אשתך) equivale a 1242, producto de seis por 207. Doscientos siete es el valor de or (אור), luz. Los seis representan las seis permutaciones de las letras de or.

Esto se relaciona con «Sea la luz» (Bereshit 1:3) y con la enseñanza «Abraham comenzó a iluminar» (Shemot Rabá 15:26), gracias al mérito de Sará, su esposa. Ella constituye la esencia de su luz, de la cual se dice «que era buena». Sin ella, Abraham se encontraría en oscuridad, según «No es bueno que el hombre esté solo»; por eso Hashem dijo: «Le haré una ayuda frente a él» (Bereshit 2:18). La suma de «ayuda frente a él» (עזר כנגדו) y «luz» (אור) equivale a shnei or (שני אור), «dos luces».

Si se escriben las diez letras de «¿Dónde está Sará, tu esposa?» en forma triangular:

     א

    יה

   שרה

  אשתך

Las letras de los extremos y la letra central suman 222, seis veces el valor de hevel (הבל), vapor. Las demás letras suman 1020, valor de hashgajá pratit (השגחה פרטית), providencia individual, y otras alusiones. Esto se relaciona con el secreto del Nombre del nacimiento, Ehié (אהיה), cuando la alef se calcula como 1000.

La expresión «¿Dónde está Sará, tu esposa?… Aquí, en la tienda», sumada a «Abraham-Sará», equivale a 2093, producto de 7 por 13 por 23.

78. Rashi sobre Bereshit 18:9, basado en Bavá Metziá 87a.

79. Véase también Berajot 51b.

80. Kedushá de «Kéter».

81. Derej Mitzvoteja, agregado a la mitzvá de impureza de tzaraat, 183b; Zóhar Jai sobre Bereshit 24:1.

82. Bereshit 12:2. «Y serás una bendición» (והיה ברכה) equivale a 253, número de miembros del cuerpo femenino, según Rabí Akiva (Bejorot 45a). En cambio, Abraham (אברהם) equivale a 248, el número de miembros del cuerpo masculino, como es sabido.

89. Biur HaGra sobre el Sifrá deTzniuta, en numerosos lugares. Véanse Shejiná Beinehem, capítulo 8, y Iain Mesameaj, tomo 5, puerta 5, en la enseñanza «Shaarei Tevilá».

90. Véase también Shejiná Beinehem, páginas 37 y 44, y otros lugares.

93. Rashi sobre Bereshit 22:12, basado en enseñanzas midráshicas de nuestros sabios, con algunas modificaciones. Véase también Likutei Sijot, tomo 35, Vaierá, tercera sijá, donde se explica que Abraham no cuestionó las palabras de Hashem, sino que pensó que no era digno de cumplir el mandamiento. Véase allí cuidadosamente.

94. Rashi sobre Bereshit 12:10.

97. Bereshit 16:2.

98. Bereshit Rabá 45:2, citado por Rashi sobre el versículo.

99. Bereshit 21:12.

100. Rashi sobre el versículo, basado en Shemot Rabá 1:1 y Tanjumá, Shemot 1.

101. Midrash Tehilim 89; Zóhar Jadash, edición Margaliot, Midrash HaNeelam 8a. Véase también Tikunei Zóhar, tikún 21, 50b.

102. Véase Shejiná Beinehem, capítulo 4, nota 3.

103. Véase Likutei Sijot, tomo 35, Vaierá, tercera sijá, nota 47, donde se relaciona la contemplación de la capacidad divina de contener los opuestos con la enseñanza de Rabí Abá: «A quien no se preocupa por el honor de su Creador, mejor le habría sido no venir al mundo».

El Talmud explica que esto se refiere a quien contempla el arcoíris (Jaguigá 16a), porque contemplarlo implica meditar sobre la capacidad de Hashem de contener los opuestos.

En un principio Hashem trajo el Diluvio porque «era grande la maldad del hombre sobre la tierra, y toda inclinación de los pensamientos de su corazón era solamente mala, todo el día» (Bereshit 6:5). Posteriormente estableció un pacto de no volver a traer un diluvio, precisamente porque «la inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud» (Bereshit 8:21).

Este es un asunto que corresponde mantener oculto y cubierto, semejante a la contemplación de los secretos de Maasé Merkavá, que trascienden el intelecto. Examínese atentamente.

111. Tehilim 98:3.

112. Véanse Zóhar III, 103a-b y 191b; Etz Jaim, puerta 25, discurso 2; Pri Etz Jaim, Shaar Jag HaSucot, capítulo 1.

113. Zóhar III, 179b; Shaar HaGuilgulim, final de la introducción 31, y otros lugares.

114. Véase Shejiná Beinehem, introducción, nota 6.

115. Véanse Séfer HaLikutim y Likutei Torá, Ekev, capítulo 8; HaZman HaPnimí, discurso «Zimrat HaAretz», y otros lugares.

121. El recuerdo de Sará comienza con «Y Hashem» (והוי׳), en «Y Hashem recordó a Sará». Véase extensamente la clase de la noche de Shabat Teshuvá, publicada en la edición correspondiente. La expresión «Y Hashem» tiene el valor numérico de 32 y, mediante el cálculo denominado mispar kidmí, equivale a 127.

122. Véase Zóhar I, 123a, y otros lugares.

123. Solamente la expresión «como una vid» (כגפן) equivale a 153, número triangular de tov (טוב), bueno, cuyo valor es 17. Es también la mitad del valor de ishá (אשה), mujer, que corresponde al número diamante de tov, según la enseñanza «Quien encuentra una esposa encuentra el bien».

La expresión «como una vid fructífera» (כגפן פריה) equivale a 448, valor de jash-mal-mal (חש־מל־מל). Este número es el producto de ocho —la cantidad de letras de la expresión— por 56, valor de iom (יום), día. Por lo tanto, 56 es el valor promedio de cada letra.

Mediante la multiplicación individual de las letras correspondientes —kaf por pe, guímel por resh, pe por iud y nun final por hei— se obtiene 3250, producto de 26, valor del Nombre Havaiá, por 125, que es cinco al cubo y corresponde al cálculo de los cuadrados individuales de las letras de Javá (חוה).


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