ZOHAR A LA LUZ DEL JASIDUT LA VIDA DE SARÁ

 *MIÉRCOLES 24 DE MAR JESHVAN 4-11-2026*

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  En la parashá de esta semana, el Zohar trata del “cántico nuevo” (shir jadash) que cantaremos precisamente en la resurrección de los muertos. Es un cántico que proviene de la raíz del alma de Sará, la primera alma judía cuyo fallecimiento se menciona en la Torá, en una parashá que entera habla de vida: “Jaiei Sará”, “la vida de Sará”.

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DVAR TORÁ – PARASHAT JAIÉ SARÁ

“Avraham era anciano, venía con sus días”

La parashá de esta semana tiene un versículo que, a primera vista, no nos dice nada nuevo: “Y Avraham era anciano, venía con sus días” (Génesis 24:1).

Si ya sabemos que era anciano, ¿para qué añadir “venía con sus días”? ¿Acaso alguien llega a la vejez sin sus días?

Los maestros jasídicos, en la línea del Baal Shem Tov, responden que sí: hay personas que llegan a la vejez sin sus días. Han vivido muchos años, pero muchos de esos días quedaron vacíos y pasaron sin dejar huella. Avraham fue distinto. Llegó a la vejez acompañado de todos sus días. Cada uno estaba lleno de bondad, de fe y de actos de jésed. Ninguno se perdió.

El Baal Shem Tov enseñaba que cada día es una misión única que Dios nos confía. Ese día nunca volverá, y lo que podemos hacer en él no lo puede hacer nadie más.

Esto se ve en la misma parashá. Eliezer sale a buscar esposa para Itzjak, y la Torá describe con mucho detalle su camino, su oración junto al pozo y el encuentro con Rivká. El Baal Shem Tov nos recuerda que “los pasos del hombre son dirigidos por Dios”. No llegamos a ningún lugar por casualidad. Cada encuentro, cada conversación y cada pequeño gesto, como el de una joven que da de beber a un extraño y a sus camellos, puede ser el momento para el que fuimos enviados.

Por eso Rivká fue elegida. No hizo nada extraordinario: aprovechó un momento sencillo para hacer el bien de todo corazón.

El mensaje para nosotros: no hace falta esperar grandes ocasiones. La grandeza está en llenar cada día, como Avraham, y en reconocer en cada momento sencillo, como Rivká, una oportunidad que Dios nos pone delante.

Que esta semana podamos vivir de modo que, al final de nuestra vida, también nosotros “vengamos con nuestros días”, con todos ellos llenos de luz.

¡Shabat Shalom!

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RESUMEN DE LA PARASHÁ

La parashá Jaiei Sará (Bereshit 23:1 – 25:18) se puede resumir en cinco partes.

1. La muerte de Sará y la Cueva de Majpelá (cap. 23)
Sará muere a los 127 años en Kiriat Arbá, que es Hebrón. Abraham hace duelo por ella y llora, y después pide a los hijos de Jet un lugar para sepultarla. Efrón el jitita le ofrece regalada la Cueva de Majpelá, pero Abraham insiste en pagar el precio completo, “cuatrocientos siclos de plata”. Así, la primera propiedad del pueblo judío en la Tierra de Israel se compró con dinero, delante de todos. Allí sepulta a Sará.

2. La misión del servidor: buscar esposa para Itzjak (cap. 24)
Abraham ya es anciano y “Di-s lo había bendecido en todo”. Hace jurar a su servidor, que según la tradición es Eliezer, dos cosas: no tomará para Itzjak una mujer cananea, sino de la tierra y la familia de Abraham, y no llevará a Itzjak fuera de la Tierra.

El servidor llega a Aram Naharáim con diez camellos. Junto al pozo reza y pide una señal: la joven que le dé de beber a él y también a sus camellos será la elegida. Antes de que termine de rezar sale Rivká, nieta de Najor, y hace exactamente eso. El servidor le da un pendiente de nariz y brazaletes, y la familia lo recibe en la casa, con Labán corriendo a su encuentro.

3. “¿Irás con este hombre?” “Iré”
En la casa, el servidor vuelve a contar toda la historia. Betuel y Labán reconocen que “de Di-s salió la cosa”. Quieren retener a Rivká, pero le preguntan a ella, y ella responde: “Iré”. La despiden con la bendición “hermana nuestra, sé tú millares de miríadas”.

4. El encuentro de Itzjak y Rivká
Al atardecer, Itzjak sale “a meditar en el campo”. De aquí aprenden los Sabios que él instituyó la plegaria de Minjá. Rivká lo ve, desciende del camello y se cubre con el velo. Itzjak la lleva a la tienda de Sará, su madre: “la tomó por esposa, la amó, y se consoló Itzjak después de su madre”. Según Rashí, con Rivká volvieron a la tienda las tres señales que había en vida de Sará: la vela encendida de víspera de Shabat a víspera de Shabat, la bendición en la masa y la nube sobre la tienda.

5. Los últimos años de Abraham y su muerte (cap. 25)
Abraham toma otra esposa, Keturá (según Rashí es Hagar), y tiene con ella seis hijos. Le da todo lo suyo a Itzjak, y a los demás hijos les da regalos y los envía hacia el oriente. Muere a los 175 años, “en buena vejez, anciano y satisfecho”. Itzjak e Ishmael lo sepultan juntos en la Cueva de Majpelá, al lado de Sará. La parashá cierra con las generaciones de Ishmael, doce príncipes, y su muerte a los 137 años.

Haftará: Melajim I 1:1-31. El rey David está anciano, Adoniahu intenta quedarse con el trono, y Batsheva y el profeta Natán logran que se cumpla la promesa de que reine Shlomó.

Para conectar con la clase: la parashá se llama “la vida de Sará” aunque empieza con su muerte. Es lo que enseñan nuestros Sabios: los justos siguen vivos aun después de fallecer. Y en solo cinco versículos aparecen las tres veces la palabra “cuatro” que estudiamos en el artículo del Rav: Kiriat Arbá y dos veces los cuatrocientos siclos de plata.

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EL REBE

¿Por qué una parashá sobre la muerte de Sará se llama “la vida de Sará”?

La parashá empieza con el fallecimiento de Sará y sigue con su sepultura, la búsqueda de una esposa para Itzjak y los últimos años de Abraham. Casi nada ocurre en vida de Sará. Aun así, la Torá la llama Jaiei Sará.

El Rebe explica que la verdadera vida de una persona no se mide solo por los años que vive en el cuerpo, sino por lo que su vida sigue generando. La parashá muestra cómo el camino de Sará continúa: Rivká entra a la tienda de Sará y vuelven las tres señales que había en vida de ella, la vela encendida, la bendición en la masa y la nube sobre la tienda. Itzjak “se consoló después de su madre”, porque vio que lo que ella había construido seguía vivo. Cuando sus descendientes continúan su camino, se ve que Sará vive de verdad.

El Rebe también se detiene en el comentario de Rashí sobre los años de Sará: “todos fueron iguales para bien”. Su vida tuvo años muy difíciles: la esterilidad, el exilio, ser llevada al palacio del Faraón y al de Avimélej. ¿Cómo pueden ser “todos buenos”? Porque Sará vivió con una fe tan completa que también lo difícil era, para ella, parte del bien que viene de Di-s. Su vida no se dividía en años buenos y malos: era toda una sola vida dedicada a un propósito.

Para nosotros: cada día podemos preguntarnos qué de lo que hacemos hoy va a seguir vivo mañana, en nuestros hijos, alumnos y amigos. Eso es “la vida de Sará”: una vida que no termina, porque sigue generando bien.

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EL BAAL SHEM TOV Y LA PARASHÁ JAIÉ SARÁ

El Baal Shem Tov (Rabí Israel ben Eliezer, 1698–1760) no escribió libros. Sus enseñanzas sobre la Torá nos llegan a través de sus discípulos y fueron reunidas en obras como Keter Shem Tov y Baal Shem Tov al HaTorá. Estas son algunas ideas suyas que suelen estudiarse con esta parashá.

1. “Avraham era anciano, venía con sus días” (Génesis 24:1)

El versículo dice literalmente que Avraham ba bayamim, “vino con sus días”. La tradición jasídica, siguiendo al Zóhar, lo entiende así: Avraham llegó a la vejez con todos sus días completos. Ningún día quedó vacío ni perdido. Cada día de una persona es como una vestidura del alma, tejida con sus buenas acciones. El Baal Shem Tov enseñaba a vivir cada día como una oportunidad única que no se repite. El servicio a Dios no se mide en años, sino en la plenitud de cada día.

2. El viaje de Eliezer y las chispas sagradas

Rashi comenta que la tierra “se encogió” para Eliezer y que llegó a Jarán el mismo día en que salió. Una de las enseñanzas más conocidas del Baal Shem Tov ilumina este relato: los pasos del hombre los dirige Dios (Salmos 37:23). Cuando una persona llega a un lugar, aunque crea que va por negocios u otro asunto, en realidad fue enviada allí. En ese lugar hay chispas de santidad que pertenecen a su alma y que solo ella puede elevar, con una bendición, una palabra de Torá o un acto de bondad. Eliezer no viajó solo para buscar esposa para Itzjak. Su camino entero formaba parte de una misión divina.

3. La providencia en los detalles

Eliezer pide una señal concreta: la joven que le ofrezca agua a él y también a sus camellos. Rivká responde exactamente así. El Baal Shem Tov enseñaba la hashgajá pratit, la providencia individual: nada en el mundo ocurre por azar, ni siquiera que una hoja caiga del árbol o que el viento la lleve a un lugar y no a otro. Cada encuentro y cada detalle de la vida tiene un propósito.

4. “La vida de Sará: todos sus años igualmente buenos”

Rashi explica que los años de Sará fueron todos iguales en bondad. En el espíritu del Baal Shem Tov se lee como hishtavut, ecuanimidad. Sará vivió el exilio, la esterilidad y el cautiverio en la casa del Faraón y de Avimélej. Aun así, todos sus años fueron “buenos”, porque veía en todo la mano de Dios. Esa es la alegría y la confianza que el Baal Shem Tov ponía en el centro de la vida espiritual.

 Idea para llevar: cada día cuenta, cada lugar adonde llegamos tiene una misión, y aun lo que parece difícil puede vivirse como parte de un camino bueno.

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 Lo que sigue es la enseñanza conocida del Arizal sobre este tema:

  • Ima tiene dos niveles. La parte superior es Biná (Ima Ilaá), unida a Aba en una unión que nunca se interrumpe. La parte inferior es Tevuná, que sale de ella como un partsuf aparte.
  • Dos niveles de recompensa. Tevuná es el Olam Habá, el mundo venidero al que va el alma después de la muerte. Biná Ilaá, más arriba, es el Leatid Lavó, el futuro por venir después de la resurrección de los muertos, cuando cuerpo y alma reciben juntos.

Por eso el artículo dice que el “futuro por venir” pertenece a Biná Ilaá, el nivel esencial de Sará como Ima Ilaá. Encaja con las dos menciones de vida en el versículo:

  • “Y fue la vida de Sará” corresponde a este mundo.
  • “Los años de la vida de Sará” corresponde al nivel de Biná Ilaá, la resurrección.

También explica por qué la nota 13 añade que Ima Ilaá está incluida en Aba Ilaá: es justamente la unión de Biná con Abba que no se interrumpe, que en la parashá es Sará incluida en Abraham.

 Etz Jaim, portal 15 (Abá e Imá), capítulo 5

Debes saber también que esta dálet que está sobre la vav, en la forma de la primera hei, ya explicamos que tiene detrás una punta (ókets) en forma de iud, que es el aspecto de Israel Sabá. Esta dálet se divide en tres partes: una iud en el medio y dos vav que salen de ella. Suman 22 (10+6+6): las 22 letras que Jojmá entrega a Biná.

Ahora hay que explicar por qué en la letra iud Biná está oculta y Jojmá revelada, y en la letra hei Biná está revelada y Jojmá oculta. Es como dijimos en otro discurso: las dos coronas de Abá e Imá están en la garganta de Arij Anpín, donde está el aspecto de Biná de Arij Anpín. También explicamos sobre el versículo “De día Havaiá ordena Su bondad” que hay dos clases de jésed. Una es el jésed superior que viene después de Biná. Su lugar está en lo alto de los hombros de Arij Anpín, antes de que se extiendan y se separen los dos brazos. Ese es el jésed superior que el Zohar llama “el día que los incluye a todos”.

Ya sabes que el jésed siempre viene del lado masculino. La luz que baja de la garganta superior de Arij Anpín se reviste en ese jésed. Cuando salió, Abá quedó en el aspecto de ese jésed, y Biná en el aspecto de la garganta, porque es Biná de Arij Anpín. Como la garganta está más alta que el jésed, la luz de la garganta se reviste en él. Resulta que Imá, que salió de la garganta, es más elevada, y está oculta dentro de Jojmá. Esa es la letra iud: en ella Jojmá se revela y Biná queda oculta.

Pero cuando los dos brazos de Arij Anpín empezaron a revelarse (a dividirse) y a extenderse, el jésed se revistió en guevurá, y de allí salieron Israel Sabá y Tevuná. Entonces fue al revés: Abá quedó más oculto y escondido que Biná. Por eso se aluden en la letra hei, donde Jojmá está oculta y Biná revelada. Es lo que dice la Idrá Zutá (p. 290), en palabras parecidas: “después se encontraron Jojmá, Abá; Biná, Imá”. Primero están ocultos, Biná dentro de Jojmá; “después”, cuando se extendieron los brazos de Arij Anpín, se revelaron Abá e Imá. Así quedan bien explicados Biná y la primera Tevuná, y Abá e Israel Sabá, aludidos en las dos primeras letras, iud-hei, del Nombre Havaiá.

Debes saber que las tres partes de Biná (Biná, la primera Tevuná y la segunda Tevuná) son todas un solo partsuf. El primer embarazo (ibur) de Zeir Anpín ocurrió en esta primera Tevuná. En ese momento Zeir Anpín está en el aspecto de “tres incluidos en tres”, como se sabe. Esta Tevuná es la primera hei del Nombre. Como las tres partes forman un solo partsuf, la primera Tevuná es del pecho hacia abajo de todo el partsuf. Allí está el lugar del embarazo, el vientre en el que se forma el hijo. Pero en la Biná superior no hay embarazo ni gestación.

La Biná superior se llama sámej (ס) y la primera Tevuná se llama mem cerrada (ם). La Biná superior tiene la medida de las seis sefirot superiores: Kéter, Jojmá, Biná, Dáat, Jésed y Guevurá. Como provienen de Jojmá, que es iud (10), cada una incluye diez, y por eso se llama sámej, 60. Tevuná tiene solo la medida de las cuatro inferiores, cada una con diez, y por eso es mem cerrada, 40. También se llama mem cerrada porque “está echada sobre los hijos” (rovetset al habanim).

Por esta misma razón, esta primera Tevuná se llama Olam Habá, el mundo venidero. Las femeninas se llaman “mundo” (olam), como dice el Zohar en Vaiejí sobre “del mundo hasta el mundo”. Tevuná se llama Olam Habá, almá deatéi, “el mundo que viene”, porque desciende hacia abajo y se revela siempre. Pero la Biná superior se queda arriba y no desciende; por eso Biná se llama Leatid Lavó, el futuro por venir. Los mojín superiores de Zeir Anpín, revestidos en el Nétsaj, Hod y Iesod de la Biná superior, vendrán más adelante. Será cuando crezca su nivel y tenga mojín superiores de Biná y no de Tevuná, y entonces será Leatid Lavó.

En cambio, los mojín del Nétsaj, Hod y Iesod de Tevuná le llegan siempre: para siempre se extienden y vienen. Ese es el sentido de Olam Habá, almá deatéi: siempre se extiende y viene. Esa es la diferencia entre Olam Habá y Leatid Lavó: uno está en Tevuná y el otro en Biná, en el Nétsaj, Hod y Iesod de cada una, que se vuelven los mojín de Zeir Anpín. Es lo que dice el Séfer Habahir: los alumnos le preguntaron a Rabí Rejumai qué es el mundo venidero, y él respondió: “un mundo que ya vino”. Con lo que escribí, se entiende.

Cómo se relaciona con el artículo

Hay algo que debo corregir de mi respuesta anterior. Este capítulo no menciona la resurrección de los muertos. La diferencia que plantea es otra:

  • Olam Habá (Tevuná) es lo que baja y llega siempre, “un mundo que ya vino”.
  • Leatid Lavó (Biná superior) se queda arriba y no baja. Sus mojín superiores llegarán recién en el futuro, cuando Zeir Anpín crezca.

Unir el Leatid Lavó con la resurrección es el paso que da el artículo, siguiendo la Jasidut. No está escrito en este texto.

Para la clase, esto encaja muy bien:

  • Las dos vidas de Sará. “Y fue la vida de Sará” corresponde a lo que llega siempre. “Los años de la vida de Sará” corresponde a la Biná superior, que está oculta y se revelará en el futuro. Es el mismo “cántico nuevo” que todavía no se dijo desde la creación del mundo.
  • El cántico de Maljut en Atzilut. La Biná superior “se queda arriba y no desciende”. Se parece a cómo describe el Admur Haemtzaí ese cántico: no es el de su expansión hacia abajo, en Briá, Ietzirá y Asiá.
  • La madre y los hijos. “Está echada sobre los hijos” puede conectarse con “que venga la madre y limpie la suciedad de su hijo”. Esta conexión es mía, no del texto.

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