18 ELUL NACE EL BAAL SHEM TOV

El justo Rabí Eliézer, padre de nuestro maestro el Baal Shem Tov, vivía en una aldea en las montañas de los Cárpatos (en Ucrania) y era sumamente meticuloso en el precepto de la hospitalidad (Hajnasat Orjim). Su costumbre era enviar emisarios para traer huéspedes a su casa y, después de saciarlos con comida y bebida, les proveía provisiones para el camino.

En las Alturas Celestiales se maravillaban grandemente de su conducta, pero los acusadores argumentaron que todavía no recibía huéspedes al nivel del patriarca Abraham y que aún no había superado una prueba real. El Satán (Samael) pidió permiso para ponerlo a prueba. Al escuchar esto, el profeta Elías (Eliahu HaNaví) intervino diciendo que no era bueno que el Satán fuera el emisario, ya que a través de él podría sobrevenir una caída espiritual (¡Dios no lo permita!), y solicitó ser él mismo el enviado.

En el Cielo aceptaron que el profeta Elías fuera el emisario. Descendió y se presentó ante el justo Rabí Eliézer un Shabat por la tarde, aparentando ser un mendigo transeúnte. Entró a la casa de Rabí Eliézer y dijo: «¡Shabatá Tabtá!» (¡Buen Shabat!). Rabí Eliézer no se enojó con él por su desfachatez —pues parecía como si hubiera profanado el Shabat abiertamente (¡Dios no lo permita!) y ni siquiera se avergonzara de sus actos—, sino que inmediatamente le sirvió la tercera comida (Seudá Shelishit), y al término del Shabat le ofreció la comida de Melavé Malká.

Al día siguiente, el domingo por la mañana, le dio una generosa limosna y no le mencionó en absoluto la transgresión del sagrado Shabat. En ese momento, Elías se le reveló y le dijo: «Sabe que yo soy el profeta Elías, y por el mérito de tu noble conducta serás bendecido con un hijo que iluminará los ojos de Israel».

(Reshimot Devarim, tomo 4, pág. 35)

La raíz del alma del Baal Shem Tov

Al leer este maravilloso relato, contemplamos la cuna del nacimiento de nuestro maestro el Baal Shem Tov y allí descubrimos el propósito de su esencia y de toda su obra en vida: «El fin de la acción estuvo al inicio del pensamiento».

¿Por qué tuvimos el mérito de recibir la luz de un justo tan elevado? Precisamente por el mérito de no hacer distinciones entre un judío y otro. El padre del Baal Shem Tov miró al mendigo que entró bajo su techo y no vio en él su pecado o su defecto, sino al judío sagrado que había en su interior: la «porción Divina de lo Alto» (Jélek Eloka Mima’al) que vive y opera en él. Precisamente gracias al amor y a la entrega dirigidos incluso hacia un judío así, descendió al mundo el líder de los judíos para las generaciones venideras.

Las tres dimensiones del Rebe

Es tradición jasídica que en todo verdadero Rebe brillan tres cualidades espirituales:

  1. Un Alma Nueva (Neshamá Jadashá): Su significado es que aquí se renueva algo asombroso, una dimensión que el mundo jamás había experimentado previamente; una luz nueva que eleva la creación a un nivel superior en el camino hacia la redención completa.
  2. Un Alma de Atzilut (Neshamá deAtzilut): El mundo de Atzilut (Emanación) es una especie de puente intermedio que une la Divinidad con los mundos creados. Por un lado es un mundo, pero por el otro nada en él está separado de Dios. Un alma arraigada en él puede elevar y conectar a los seres inferiores con Dios sin que nada interfiera en esa unión.
  3. Un Alma General (Neshamá Klalit): Un Rebe no puede ser verdaderamente la «cabeza» de los Hijos de Israel sin que su alma contenga e integre a la del pueblo entero. Debe ser un «hombre en quien mora el espíritu», capaz de sintonizar con la mentalidad y el espíritu particular de cada individuo; y esto solo es posible si está profundamente apegado en su alma a todo aquel que lleva el nombre de Israel.

La manifestación en el Baal Shem Tov

Sobre el Baal Shem Tov se puede afirmar que su dimensión principal fue la de ser un Alma General. Estuvo enteramente consagrado al pueblo de Israel, integrando las tres virtudes bajo el amparo de esta cualidad:

  • La novedad de su enseñanza: La innovación principal en el alma del justo se expresa en las revelaciones de su Torá, a través de las cuales irradia una nueva luz al mundo. El Baal Shem Tov —cuya enseñanza es recibida como el destello precursor de la Torá del Mashíaj— innovó al enseñar que un judío, en su esencia, jamás peca. Todos los defectos y transgresiones son únicamente exteriores y no tienen arraigo en la esencia íntima del alma judía. De forma análoga, su padre pudo recibir a un judío que aparentemente profanaba el Shabat sin sentir hacia él ningún tipo de rechazo o distanciamiento.
  • La nobleza de Atzilut: El justo pertenece a los «nobles de los Hijos de Israel» (Atzilé Bené Israel); emana de él una fragancia espiritual distinta y posee una fuerza interior que congrega todos los corazones. El Baal Shem Tov utilizó esta virtud para atraer los corazones del pueblo hacia Dios mediante palabras de afecto y amor, de un modo completamente superior y diferente al que se acostumbraba antes de él.

Este fue otro aspecto en la hospitalidad de su padre: gracias a la actitud amorosa hacia el mendigo, logró extraer lo que estaba oculto en él: la revelación del profeta Elías. En una mirada interior, todo judío encierra una dimensión sagrada oculta que debe ser revelada a través del amor y el beneficio material y espiritual.

  • La identificación con el conjunto: El Baal Shem Tov, al observar los actos de las personas y detectar cosas indebidas, solía decir que si tuvo la ocasión de presenciar un defecto, es señal de que ese mismo defecto se encuentra de algún modo dentro de él. Identificaba al pueblo de Israel, con todos sus fallos externos, dentro de su propio ser. ¿Por qué enfadarse con quien profana el Shabat? Ese encuentro te ayuda a reconocer qué debes corregir en tu propia alma; cuando tú estés rectificado y purificado, podrás influir positivamente sobre él.

La grandeza del judío simple

Existe un relato jasídico muy conocido que se repite en varias versiones:

Un justo viajaba en tren y, debido a su pobreza, vestía ropas raídas como las de un mendigo. En su vagón viajaba un hombre adinerado que se burlaba constantemente de su aspecto. Al llegar a destino, el hombre rico vio con asombro cómo una gran multitud acudía a recibir al justo con inmensos honores; ante sus ojos, aquel caminante sencillo irradiaba una luz imponente.

Conmovido y avergonzado, el rico se abrió paso entre la multitud y le pidió perdón al justo por haberlo despreciado. El justo le respondió: «No es a mí a quien debes pedir perdón; ¿acaso sabías quién era yo? No me ofendiste a mí, sino al judío sencillo que viajaba contigo en el vagón. Es a esos judíos sencillos a quienes debes pedir perdón, y a quienes jamás debes volver a despreciar».

Esta enseñanza se aplica plenamente a nuestra historia: si nos presentáramos ante el Baal Shem Tov y nos asombráramos de cómo el mundo mereció una luz tan grande cuando su padre solo vio a un judío sencillo y le hizo un favor, él tal vez respondería:

«¿Y yo, qué soy? Mi piedad, mi Torá, mi temor al Cielo… ¿de dónde vinieron? Todo lo extraje del alma de Israel que hay en mí, el punto sagrado que habita en cada uno. ¿De qué se asombran? ¡Honraron a un judío simple, y fueron recompensados con un judío simple!».

Todo el sentido del judaísmo en la doctrina del Baal Shem Tov es la simplicidad: el judío simple (Pashut) es uno con la Esencia Divina Simple (Peshitut HaAtzmut), y esto constituye la totalidad del ser humano.

(Or Israel)


Discover more from Gal Einai en Español

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Discover more from Gal Einai en Español

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading